agosto 14, 2017

El compromiso literario

Ruperto Long, escritor y político uruguayo. Diario Libre/Pedro Bazil
Entrevisté al escritor uruguayo Ruperto Long el pasado viernes. En esencia, hablamos sobre su novela "La niña que miraba los trenes partir", pero durante la conversación hablamos de un tema que me ha llamado la atención con frecuencia. El compromiso en la literatura.

¿Debe un escritor militar a través de lo que escribe? Eso implicaría, creo, volver un texto propaganda y en los casos menos graves, pretender de manera explicita mandar un mensaje. Pero... ¿El escritor o escritora siempre manda un mensaje en lo que escribe? Digo, creo, que siempre hay uno aunque no sea la intención del escritor o escritora darlo. 

Claro, una cosa es que el lector saque conclusiones, todos lo hacemos cuando leemos, ese reflexionar sobre una historia que relata una novela, un cuento, un poema. Entiendo que la manera de pensar del escritor o escritora permea sin remedio en lo que escribe, así que, me pregunto, ¿qué convierte un texto en una propaganda? ¿Es un tema de estilo evitarla suponiendo que siempre se envía un mensaje (sea este interpretado de manera distinta por cada lector)?

A mí el asunto no me queda del todo claro, o mejor dicho, no me queda del todo concluido. 

Ruperto Long, quien escribe novelas históricas opina al respecto. 

"A mí no me gusta escribir con mensajes. No, para nada. Creo que la literatura es una forma de búsqueda. No es la forma de la propaganda. No se tiene que escribir para dar un determinado mensaje. Si, en la medida que uno relata estas cosas, cada uno saca sus conclusiones y me parece que es una conclusión que saca al final todo el mundo: lo parecido que somos todos. Esa niña pudo ser cualquiera de nosotros y así como otro de los muchos personajes también".

Al final de la entrevista le hice la pregunta directa sobre el tema, ya que se había referido a la cuestión y me interesaba que ampliara al respecto, más cuando la novela que presentaba está contextualizada en la época de la Segunda Guerra Mundial, una contexto dado a los muchos mensajes, intencionales o no.

- Es la línea filosófica que plantea el compromiso social o político a través de la literatura, una referencia sería Sartre. ¿Qué piensa sobre ello?
A ver. En el sentido que eso se usaba en la época del 60 y el 70, yo era jovencito (risas), yo no lo comporto. Ahí era una especie de propaganda disfrazada de literatura, y en algunos casos, trajo ejemplos increíbles de autores extraordinarios que le escriben una oda a Stalin. ¡Es increíble!
Creo que se deben separar las dos cosas. No se refiere a no poner lo comprometido en el sentido de ponerle el alma a lo que uno escribe. Ahí sí, hay que ponerle cariño, pasión a lo que se hace y hacerlo lo mejor posible, y que la historia que uno está encarando refleje lo mejor posible lo que uno está tratando de reflejar.
En la historia de Charlotte, de Domingo, de la Segunda Guerra Mundial, si meto ideas entre medio estoy banalizando, faltando el respeto a todas esas personas que vivieron esa situación. Y, además, por qué le va a decir uno a otra persona lo que tiene que pensar. Uno tiene que formar su propio pensamiento, y si una obra sirve para enriquecerse y formar nuestro propio pensamiento. Pero no tengo la autoridad para decir escribo esto pero lo que quiero es convencerte de esta cosa. Eso no me gusta.
La entrevista completa aquí Ruperto Long: “La mezcla de la realidad y la ficción es un territorio muy fascinante” 

O si prefiere, puede escucharla. Eso sí, me dispensan los gageos y muletillas. Aunque tengo que confesar que he mejorado como entrevistadora.


junio 14, 2017

Crecer

Tiempo de crecer. Melina Litauer.


Crecer

Antes contaba

gestaba pequeñas alas entre los dedos

me pensaba liviana

inocente

una estatua esdrújula

la más dolida

la más querida

la más sufrida

la menos

la del medio

la última

la única

antes contaba

guardaba señales de humo mientras miraba al Mar Caribe

esperaba la división de sus aguas

para escapar

ahora


todo es un pequeño cúmulo de hormigas sobre la mesa.

mayo 07, 2017

René del Risco: los escritores y sus biografías

Fotograma del documental "René: poeta y cumbanchero".
¿Qué dimensiona la vida de un escritor en su obra? La pregunta me la hice anoche luego de ver por segunda vez un documental sobre René del Risco Bermúdez...y la cuestión en el caso dominicano se me plantea complicada, no por el escritor o escritora a quien se busca mostrar, sino a la forma en que se hace.

Podemos sospechar, suponer y hasta asumir ciertas certezas sobre lo que pensaba un escritor o escritora a través de lo que escribe. Y muchos han dejado documentos gráficos, documentales y testimoniales de sus maneras de actuar, de ver la vida, de ser humanos, y eso incluye desde lo más excelso hasta lo más perturbador.

Hace poco veía un documental de William Burroughs, uno de los escritores famosos de la generación Beat (EE.UU.). Aplaudido y admirado por sus textos, pero con una vida personal que incluye el asesinato accidental de su esposa, la drogradición y el alcoholismo. Pero también un hombre que lloró por días la muerte de su hijo, que mostraba cariño por sus amigos, que fue cuidado por mucha gente y que influenció en la vida y obra de otras personas. Ver su documental fue tener un acercamiento a su profundidad, a las múltiples caras que conforman la vida de alguien, desde las voces distintas de quienes lo conocieron y que no solo echaron flores sobre su recuerdo.

Esto es, a mi modo de ver, casi imposible de hacer con la historia de cualquier escritor dominicano. Existe, porque lo comprobé cuando escribí sobre Jacques Viau, un afán de santificación, de montarle un altar, de no tocar una sola vibra conflictiva de ese personaje, como si hacerlo lo destruyera o lo disminuyera. Entonces, queda esa imagen plana, casi caricatura de lo humano que los definió, y que puede no ser bueno ni correcto, pero que era parte de su vida.

Por eso, mientras veía anoche el documental de René, que se presentó también en la pasadas Feria Internacional del Libro, quedé muy marcada por un recurso que utilizaron sus realizadores: darle la voz a René en un actor en un monologo que exponía, aunque por pocos minutos, ese humano conflictivo, que posiblemente hizo tanto como lo que deshizo, que nado posiblemente en lados muy oscuros al mismo tiempo que dio una luz. Que vivió con sus demonios a flor de piel, como creo que lo percibí en su poemario "El viento frío", uno que sé por algunas lecturas provocó situaciones de enfrentamientos con mucha gente.

Ojalá se pueda entender eso, que una gran obra literaria no muestra un ser humano "santo", porque los humanos que son escritores, buenos escritores, suelen ser los seres más desconcertantes que nos podemos encontrar, y es precisamente en ese desconcierto, en esa falta de pose social o en esa lucha de ellos ante el correctismo social en donde encontramos sus luces.

P.D. Alguien debería arriesgarse y cumplir la voluntad de René del Risco sobre su epitafio.

mayo 01, 2017

Los "fans" y los escritores...y viceversa

Hoy se termina la Feria Internacional del Libro 2017. Fui poco, entre las lluvias constantes y la falta de dinero, no tenía mucha motivación de ir a husmear como otros años por cada stand y buscar libros. Eso y que tengo un montón de libros sin leer...hay que huir a la tentación.

Pero las veces que fui lo hice dirigida a actividades específicas, esas que suelen ser poco promocionadas y que guardan lindas sorpresas y muchas enseñanzas. Este año, contrario a otros, vi con más ahínco estudiantes con libretas y móviles, anotando y grabando...obligados por las asignaciones escolares. ¿Bueno? ¿Malo? ¿Necesario? No tengo respuesta a eso, aunque sin duda ayudaba a que las actividades estuvieran con pocos asientos vacíos.

Sin embargo, me tocó estar en dos actividades que expresaban los polos opuestos de está tendencia del público en la FIL2017. Ambas el mismo día, con la lluvia en sus buenas. Una protagonizada por un poeta chileno y la otra por un narrador cubano. Una casi vacía y otra con el lleno a capacidad.

El poeta
El poeta era Raúl Zurita. Nunca he leído ningún poema de él, pero fui a la puesta en circulación de un libro de él en la FIL2017 por curiosidad. Algunas personas me habían dicho que era un poeta importante, relevante, aunque no me daban mayores señas.

Entré al salón con dos acompañantes. Hablaba el presentador del libro. Exponía una reseña muy intimista del autor, una especie de análisis critico de su obra (critico en el sentido de lo buena que era su obra, claro). A los pocos minutos mis acompañantes se fueron. Me quedé.

Zurita estaba en la silla del extremo izquierdo. Encorvado, con la cabeza baja. Me pareció una figura triste, una especie de Quijote derrumbado. Ansiaba escucharlo. Mire a mi alrededor y conté los que estaban en la sala junto conmigo: 10 personas.

Cuando por fin llegó el turno de Zurita traté de ponerle atención...pero fue difícil. Su voz era atropellada, y como leía sin mirarnos, sentado, encorvado...la voz del poema se perdía. Hice un esfuerzo, logré apreciar una parte del poema. Esa parte me gustó.

Luego, tras un comentario en Facebook, supe que está muy enfermo. Se me reclamó la dureza con que juzgaba su lectura. Puede ser, sí, que sea algo literal con algunas descripciones que "metaforizo". Dije "atropellaba el poema como dos patanas chocando en la autopista Duarte". Pero eso me pareció en algunos momentos. Lo extraño que la gente que me reclamaba no estuvo ahí para escucharlo, para verlo, para apoyarlo si querían. Estaba yo, y otras diez personas, quizás doce en algún momento.

Al final de su lectura me gustó que esos poquitos fans se arremolinaran a su alrededor, aunque no sé si era solo para el selfie o para lograr tener un libro de él con su autógrafo. Quizás para ambas cosas.

Les dejo un vídeo corto que grabé. No está muy bien hecho, pero recupera un momento de su poema, que hablaba sobre Mozart, el silencio, la música y el desierto.



El narrador
El narrador era Leonardo Padura.

No, tampoco lo he leído. Me lo han recomendado una que otra vez. Se que hay una serie en Netflix basada en la historia de sus libros sobre un detective en La Habana (él es cubano) que se llama Conde.

Ahí si que estaba el salón lleno, a pesar de la lluvia. Sin duda, tiene muchos fans dominicanos. Algunos cubanos entre el público que viven en República Dominicana desde hace años.

Su entrevistador, que a veces se extendía en explicaciones innecesarias y circulares, le preguntó sobre cine, libros, racismo y otros temas...fue interesante, aunque tuve que marcharme antes de que finalizará.

Estas son algunas frases que anoté de Padura.

-"Hay que darle una brecha a lector". Lo dijo al referirse a las distintas lecturas que puede hacer alguien de un texto.

- "Trato de no traicionar el habla de los personajes".

-"Tengo deudas literarias y suelo reconocerlas".

- "Creo que los novelistas norteamericanos son los que mejor saben contar historias".

- "Estoy más cerca de los autores europeos contemporáneos que de la novela policial cubana o latinoamericana".

- "No me gusta el termino critica social, prefiero decir actitud de interrogación de la realidad". Lo dijo al comentar sobre lo que proyectan las novelas o narraciones de lo social.

De Padura no hice vídeos.



abril 24, 2017

Redes sociales y literatura ¿Puente o muro?

El sábado pasado estuve en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo hablando sobre redes sociales y literatura, junto con el escritor y curador de arte Luis Graham Castillo.

La dinámica fue genial, aunque algo amenazada en principio por la falta de apoyo tecnológico. Al parecer los pabellones carecen de una laptop para hacer proyecciones. Ya otras personas invitadas como expositores a la FILSD 2017 han pasado por el mismo problema. Y es increíble que ese pase. Le diré que exigí que me facilitaran la laptop, porque sin ella no podría presentar a mis invitados internacionales, a quienes entrevisté semanas antes y cuyas entrevistas pasé horas editando.

Gracias a Thor y Yemanyá que las chicas que llevan la logística del pabellón no solo fueron diligentes, sino comprensivas. Gracias a ellas la dificultad fue sorteada.

En resumen hablé un poco de los origines de las redes sociales, que en esencia existen desde que el internet para uso público y masivo existe. Luis y yo hablamos de algunas experiencias en Geocities, Hotmail, Messenger, Hi5 hasta las actuales redes de Facebook, Twitter e Instagram (que son las que más se usan).

Hicimos algunos apuntes sobre su uso como herramienta para la literatura, aunque discrepamos en la idea de que las herramientas no crean nuevos géneros literarios. Ahí hablamos de la "blogonovela" de Hernán Casciari, de los famosos "poetuits", y de la novela por entregas del dominicano Miguel Piccini, que integró un blog y varias redes sociales

Luego de algunos comentarios más presenté a los internacionales: Memes Literarios y Alejandra Arévalo.

Los dos administradores que entrevisté de Memes Literarios (Charli y Mifune) explicaron algunos aspectos de la página en Facebook que hoy supera el millón de seguidores, lo interesante y fuera de lo común que ha sido traer a la gente a la literatura a través de los famosos memes (curioso el porqué los memes se llaman memes). No pude pasar todo el vídeo porque el tiempo apremiaba.

La segunda invitada, Alejandra, es una booktuber (termino también que tiene un pleito conmigo como el de blogger y tuitero...un sin sentido porque las redes no dan profesión, pero esto no viene al caso), pero antes de booktuber es licenciada en Letras Mexicanas, gestora cultural y fue profesora. Su entrevista no solo encantó, sino que entre el pública había seguidores de ella en Youtube.

Aquí les comparto los vídeos de ambas entrevistas. La edición fue mía, así que no es algo muy profesional que digamos, pero fue lo mejor que pude hacer con Movie Maker.

Sobre el tema, pues las redes en conclusión son lo que han sido siempre: puentes. Aunque algunos confundan el medio con el contenido (si, ya se que hay una teoría marxista o algo así de que el medio es el mensaje, pero no estoy del todo de acuerdo con ella. Creo más bien que el medio da forma el mensaje, no es el mensaje).

Memes Literarios



Sputnik (Alejandra Arévalo)


abril 17, 2017

Los escritores "bisoños"

Foto Cliff Johnson/Unsplash

Hoy en las redes algunos escritores han reaccionado en las redes sociales a las afirmaciones del ministro de Cultura, Pedro Vergés, quien en una entrevista publicada en Diario Libre (y de la cuál participé como entrevistadora) señaló a los "escritores bisoños" (o sea, jóvenes...aunque el diccionario lo aplica a inexperto y nuevo, no a alguien joven) como los "distorsionadores del mercado editorial".

De la entrevista rescato de mi transcripción la siguiente declaración de Vergés.

"La literatura dominicana como es una que no está sometida a la industria, porque la industria editorial no existe entre nosotros se compone fundamentalmente de ediciones de autor. Las ediciones de autor, cada quien es libre de cuando le dé la gana publicar un libro, pero las ediciones de autor tienden a confundir el mercado del libro. Porque junto a una gran obra que se publican, se publican muchísimas obras de escritores bisoños que no debieron haber publicado esas obras, porque en la literatura hay un tiempo. Y que si existiera una industria editorial, esos autores probablemente no llegarían al público porque la industria editorial se encarga de filtrarlos, hasta que tengan la calidad de vida, como pasa en cualquier sitio donde hay un mercado editorial".
Estos juicios han dejado a muchos no solo sorprendidos, sino con una certeza de que Vergés tiene una visión limitada y acartonada de la literatura producida en República Dominicana.

En medio de las discusiones, me dedique durante el día de hoy a buscar las edades en que publicaron por primera vez algunos de los escritores dominicanos considerados parte del "canon literario", o como quieran llamarle. Salvando contextos de época (no es lo mismo un adolescente en el siglo XIX que ha principios del siglo XX), he quedado sorprendida con algunos datos que revelan que tan poco adecuado y consistente en cuanto la producción y calidad literaria es el criterio de Vergés.

Aquí le comparto la lista con algunas anotaciones, que solo ocupa a escritores nacidos en el siglo XIX y principios del XX. Prometo extender la lista en los próximos días

  1. Salomé Ureña. Primera publicación “Poesías de Salomé Ureña de Henríquez” 1880. Tenía 30 años. Nació en 1850.
  2. Arturo B. Pellerano Castro. Primera publicación “La última cruzada”. 1888. Tenía 23 años. Nació en 1865.
  3. Fabio Fiallo. Primera publicación “Primavera sentimental” 1902. Tenía 36 años. Nació en 1866.
  4. Vigil Díaz. Primera publicación “Góndolas” 1912. Tenía 32 años. Nació en 1880.
  5. Federico Bermúdez.  Primera publicación “Oro Virgen” 1910. Tenía 26 años. Nació en 1884. Tenía 32 años cuando publicó su famoso poema “Los humildes” en un libro de igual nombre. Murió en 1821 con 36 años. 
  6. Altagracia Saviñon. Su obra se perdió y se dice como un rumor que Osvaldo Bazil robó algunos de sus poemas luego de que fuera ingresada en el siquiatrico Padre Billini. Se dice que estuvo enamorada de Bazil y que empezaban un noviazgo cuando ella fue recluida por lo que se ha reseñado era un diagnóstico de esquizofrenia paranoide. Su famoso poema “Mi vaso verde”, considerado como un poema inaugural del modernismo literario en República Dominicana, fue publicado en 1903 en la revista “La cuna de América”. Tenía 17 años cuando fue publicado. Nació en 1886. 
  7. Osvaldo Bazil. Primera publicación “Rosales en flor” 1901. Tenía 17 años. Nació en 1884. Su segundo libro “Arcos votivos” fue publicado en 1907, cuando tenía 23 años. Con 28 años publicó “Parnaso dominicano” (1912) y al año siguiente, con 29 años. “Parnaso antillano”. 
  8. Apolinar Perdomo. Sus poemas fueron reunidos en  “Cantos de Apolo”, en 1923. Sus poemas fueron publicados en periódicos y revistas antes de su muerte, en 1918. Al momento de fallecer tenía 29 años. “Sonámbulo”, monólogo publicado en la revista cuna de América el 6 de octubre de 1907, cuando tenía 18 años. 
  9. Ricardo Pérez Alfonseca. Considerado por Rubén Dario el “"Benjamín" de la poesía hispanoamericana”, aunque se reseña que sobresalió como ensayista.  Primera obra “Mármoles y lirios” 1909. Tenía 17 años.
  10. Domingo Moreno Jimenes. Primera publicación “Promesa” 1916. Tenía 22 años. Ese mismo año publicó “Vuelos y duelos”. Parte del movimiento Postumismo. 
  11. Carmen Natalia Martínez Bonilla. Primera obra “Alma adentro”. Tenía 22 años. Nació en 1917.
  12. Tomas Hernández Franco. Primera publicación “Rezo Bohemios” 1921. Tenía 17 años. Nació en 1904.
  13. Manuel del Cabral. Primera publicación “12 poemas negros” 1935. Tenía 23 años. Nació en 1912.
  14. Héctor Inchaustegui Cabral. Primera publicación “Poemas de una sola angustia” 1939. Tenía 27 años. Nació en 1912.
  15. Pedro Mir. Su famoso poema “Hay un país en el mundo” fue publicado en 1949. Tenía 36 años. Nació en 1913.
  16. Aída Cartagena Portalatín. No sé si es su primer libro, pero “Vísperas para un sueño” fue publicado en 1944. Tenía 26 años. Nació en 1918
  17. Hilma Contreras. Narradora. Sus primeros cuentos publicados fueron “Tarde de cristal” y “Los buenos se van” en 1937. Tenía 24 años. Nació en 1913.


abril 12, 2017

Once años de El diario de la rosa

Pasé el once aniversario de este blog de largo. Y es bueno, en parte.

Es bueno porque significa que estoy bien ocupada en hacer otras cosas, y en producir contenido de los temas que amo, que en celebrar el cumpleaños de una herramienta.

Pero hay otra parte que no es buena ni mala, sino sentimental. Este blog, El diario de la rosa, muestra esa maduración como escritora y periodista, además de guardar mucho de lo que he querido construir desde ambos ambiciones profesionales.

Lo alegre para mí es que no solo superé la época "del fenómeno blogger", sino que este espacio, que este medio, se ha convertido en una ventana para un crecimiento hacia dentro y hacia fuera.

El año pasado, en el décimo aniversario, pretendí preparar algo que al final se diluyó. Pero este año, y a pesar de que el "aniversario" fue hace once días, quiero compartir algunas de las entradas que han tenido un significado en este "trabajar en mi blog", van desde la muy significativas para mí, como aquellas que exponen asuntos que me parecen de interés, además de ser texto que me enorgullecen.

Agradezco a los que me leen por aquí, a los que han comentado, a pesar de que ahora las redes se hagan desde otras herramientas, pero este hogar llamado El diario de la rosa fue mi primera ventana y mi primera red, y me ha dado no solo espacio para crecer, sino para conocer y desaprender.

El tiempo es una convención, dicen algunos, pero pasa y nos marca. Se darán cuenta cuando lean estas entradas.





marzo 09, 2017

Amelia Francasci y Carmen Natalia: entrevistas a Ylonka Perdomo y Miguel De Mena

Ayer, Día Internacional de la Mujer, se publicó en Diario Libre un artículo que elaboré sobre dos escritoras dominicanas, olvidadas por el canon literario: Amelia Francasci y Carmen Natalia. Aunque no han sido del todo ninguneadas, gracias a algunos críticos, editores, escritores y ensayistas que han reseñado con más o menos datos sus vidas y obras en artículos, blogs y páginas en Facebook.

Dos de estas "rescatadores literarios" son la escritora e investigadora Ylonka Nacidit Perdomo y el editor Miguel De Mena. Ambos han abordado la historia de ambas escritora, y De Mena editó recientemente dos novelas de Francasci, gracias a lo cual me enteré de su existencia.

Publico las entrevistas que les hice a De Mena y Perdomo, vía correo electrónico, en torno a la obra y al olvido literario de estas escritoras.

Amelia Francasci (Amelia Francisca Marchena)


Amelia Francasci, 1901. Colección Ylonka N. Perdomo

Ylonka Nacidit Perdomo

P. Amelia Francasci fue, probablemente, la única mujer además de Salomé Ureña que se destacó como escritora en el siglo XIX, sin embargo es una figura ausente del canón literario dominicano. ¿Cree que el hecho de que no enfocará su escritura en el contexto dominicano ha sido la razón de este “olvido”?

R. A nuestro modo de ver,  su pregunta ha sido inducida por lo que reiteradamente “leemos”:  la opinión tradicional expresada por una “crítica” que no ha tenido  empatía con la autoría femenina, que no se desprejuició en torno a otras autoras que subvirtieron el orden, que hicieron evidente en sus creaciones  un pacto autobiográfico, no meramente intimista, y que nominativamente suprimieron el rol de  sujeto-accesorio en las tertulias,  puesto que reflexionaron desenmascarando el entorno  en el cual advertían un discurso que las narraba “románticamente”.

En el siglo XIX, específicamente en las dos  últimas décadas,  un estallido de mujeres (del norte y der sur de país) que fueron articulistas de opinión en  diarios,  y revistas literarias e ilustradas. Muchos de esos textos -producidos por ellas-  permanecen dispersos sin editarse en colecciones. No obstante, en  la nómina de autoras (poetas, narradoras, periodistas y traductoras)  debe  registrarse dos nombres significativos: Virginia Elena Ortea (1866-1903) y Mercedes Mota (1880-1964) que manifestaron, además, sus tendencias ideológicas y políticas en sus escritos, y estuvieron envueltas como polemistas en torno a un episodio de 1899, lo cual pudo acarrear un debate entre ambas autoras: el ajusticiamiento del tirano Ulises Heureaux. A ninguna de las dos, la “crítica” las define o asume como “viriles”. A Salomé Ureña de Henríquez, sí.

Amelia Francasci (1850-1941) no es la autora decimonónica arquetípica que esperaban. Ella dividió en un antes y un después la escritura de   mujer en la República Dominicana en los ochocientos. Hizo la ruptura con el ámbito de lo doméstico; desorientó a los nacionalistas; puso en crisis los dechados de “virtud” que deben adornar a una madre; se distanció –finalmente- del romanticismo; emergió como novelista para darle a la palabra-de-mujer otros significados, y excepcionalmente narró desde otro ambiente, ficticio, omniscientemente, la tensión que se vive en el mundo desde los enmascaramiento de la  realidad cuando nos enfrentamos a los que somos: contrarios, en tensión.
Amelia Francasci -la escritora que la “crítica” misoginia pretender olvidar y desmeritar-, fue quien inauguró en el país la novela experimental, de suspenso, y psicológica en 1893.

P. ¿Podríamos pensar a Amelia como una escritora rebelde frente al costumbrismo literario de su época (enfocado en narrar la dominicanidad, por decirlo así).

R. La Francasci no encarnaba a una autora simplista, sino  instruida, de consciencia con su oficio, metódica, de  lecturas suficientes;  sabía con cuáles herramientas  y técnicas narrativas suficientes y eficaces podría desde distintos planos  evidenciar a las pasiones mundanas;  cuestionar el orden social subyacente “moralista”, retrógado, etc. para  esbozarlo y  deshilacharlo.

Sus estrategias textuales  se relacionan entre-sí para motivar al lector a continuar  descodificando todos los sintagmas  conexos con el tiempo subjetivo de quien narra. Por ejemplo, independientemente de que la historia de Madre Culpable (1893) ocurra en un Madrid aristocrático, es una novela fundamental en la literatura dominicana escrita por mujer, que nos posibilita decir que con Amelia Francasci surgió un discurso distinto al tradicional, transgresor.

P. ¿Qué tan cierta fue su relación de amistad epistolaria con el escritor francés Pierre Loti? ¿Qué ha pasado con el libro que recoge la correspondencia con él? 

R. Este es un tema pendiente que en mis investigaciones  sobre Amelia Francasci: rastrear, indagar, ubicar ese epistolario, porque sería magnífico leer, de manera fascinante, su vinculación con  este excéntrico escritor-viajero. Espero que la desgracia implacable del hurto de documentos inéditos o de la destrucción no nos impida conocer ese acercamiento entre esos dos personajes de la literatura.

P. ¿Por qué cree que el movimiento feminista de República Dominicana ha obviado su mención o su reconocimiento, como de alguna manera sí ha sucedido con Salomé Ureña? 

R. Su pregunta solo tiene -desde mi perspectiva- una múltiple respuesta posible. Primero: porque las “feministas” del sistema, o agrupadas en el movimiento de mujeres de la República Dominicana,  siguen el canon valorativo de la literatura androcentrica. Segundo: validan los dicho por los otros, por quienes dirigen orgánicamente lo que equivale  semánticamente a “bueno”. Tercero: no se exigen a sí mismas conocer las voces de otras, que no sean aquellas a las cuales los varones le han asignado autoriad en el discurso.

Cuarto: razonalmente no investigan; aceptan lo convencional; no cuestionan el “canon” literario vigente. Lo “verosímil” para ellas es, lo que se ha cosificado de manera vertigionsa a través  de los mitos que validan el Estado patriarcal; son mediáticas, sufren del síndrome de “hazard objectif” (de la coherencia creada) sólo atribuíble al discurso enarbolado por los hombres, y a aquellas otras  cuyo subconsciente, memoria,  consciente, entorno exterior  y  ficional se re-afirma  –asombrosamente-  desde la perspectiva de lo masculino.

En fin,  las “feministas” del sistema  viven una realidad fáctica; sus guías  para análisis de textos no son propias, sino  interpolaciones de lo que dijo el “otro”. Al carecer de una  pluralidad de lecturas,  no le es posible reinvindicar ningún discurso-de-mujer  por falta de autenticidad, y están condicionadas lingüísticamente al discurso machista del “canon”.

Miguel De Mena

P. Amelia Francasci fue, probablemente, la única mujer además de Salomé Ureña que se destacó como escritora en el siglo XIX, sin embargo es una figura ausente del canon literario dominicano. ¿Cree que el hecho de que no enfocará su escritura en el contexto dominicano ha sido la razón de este “olvido”?

R. El problema de Amelia Francasci está en su libro “Meriño íntimo” (1926). La crítica se detuvo ahí, no vio el resto de su obra, la consideró frívola y por eso la desterró. El contenido de las dos novelas de Francasci -"Madre Culpable" (1893) y "Francisca Martinof" (1901)-, le pasó de largo a nuestros lectores, porque se detuvo en una personalidad difícil de resumir, que estaba fuera de los paradigmas tradicionales de “patria”.

P. ¿Podríamos pensar a Amelia como una escritora rebelde frente al costumbrismo literario de su época (enfocado en narrar la dominicanidad, por decirlo así).

R. La rebeldía es un tema muy relativo. Yo diría que más que rebelde ella trascendió el ambiente local, se situó en una sensibilidad postnacional, de época, se negaba a ser “dominicana” en el sentido de no incluir los conflictos tradicionales del país. En nuestro país hay una obsesión en la que el autor tiene que ser “nacional”, tratar temas de nuestra media Isla, y en su caso, al menos en su primera novela, no fue así. En “Francisca Martinoff” los referentes fueron otros. Pero aún así: quedó atrapada entre su primera novela y el libro sobre Meriño.

P. ¿Qué tan cierta fue su relación de amistad epistolaria con el escritor francés Pierre Loti? ¿Qué ha pasado con el libro que recoge la correspondencia con él?

R. Parece que sí. Ella se educó entre el francés y el castellano. Lo que pasó con esas cartas fue el paso del ciclón de San Zenón. Ella vivía sola, la mayoría de sus bienes fueron anegados por esas lluvias, de manera que se perdieron esas cartas.

P.  ¿Por qué cree que el movimiento feminista de República Dominicana ha obviado su mención o su reconocimiento, como de alguna manera sí ha sucedido con Salomé Ureña?

R. En nuestro país, la crítica literatura ha sido muy escasa en el movimiento feminista. Sólo hemos tenido tres mujeres críticas de grandes relieves: Carmen Natalia, Aída Cartagena y Chiqui Vicioso. Pero con nuestras críticas acontece algo parecido: no les ha caído el expediente “Amelia Francasci” porque ella no fue una “luchadora” en el sentido común dominicano.

P. ¿Qué valor entiende tiene la obra de Francasci dentro de la literatura dominicana, así como para la literatura femenina dominicana?

R. Yo le quitaría a Francasci el aditivo de “literatura feminista”. Ciertamente ella trata temas femeninos, pero no aboga por los temas tradicionales de la lucha feminista. Lo suyo es cierto intimismo, una condición humana que se queda dentro de la casa. En “Francisca Martinoff” trata los amores imposibles, el concepto de sacrificio, haciendo una especie de “Bildungs roman”, novela de formación. Lo interesante de la esa novela es la manera en que desarrolla la trama, la precisión del ambiente de cambio de siglo en la sociedad dominicana, el tratamiento de la política, el naciente desencanto ante los caudillismos locales. Eso es lo que la convierte en una gran novela.

P. ¿Qué elementos destacan la escritura de Amelia? 

R. Amelia Francasci se inscribe dentro de una sensibilidad bastante impresionista: ella describe situaciones, personajes, acciones, con pocos recursos, de manera bien condensada. Cuando la leía me sentía como cuando estaba leyendo el “Werther” de Goethe: ese narrar los dolores en los que tú extrañamente te implicas. En ella no hay grandes sorpresas. Su melodrama está muy bien estructurado.

Carmen Natalia (Carmen Natalia Martínez Bonilla)

Carmen Natalia, 1943. Colección Isabel Martínez Bonilla.
Ylonka Nacidit Perdomo

P. Este año se cumple un centenario del nacimiento de Carmen Natalia, ¿qué podría decirnos su trabajo literario hoy en día? ¿Una profecía cumplida o por cumplir, como destaca usted en el artículo “Es preciso soñar con la victoria”? 

R. Carmen Natalia fue una implacable opositora a la dictadura de Trujillo,  que hubiera preferido morir antes que doblegarse.  Humana, medularmente ética, sin máscaras, exploradora ontológica del sentido de la existencia; no dejó que su aliento se fatigara en la lucha, portadora de sentimientos espirituales que comunicaba, deslumbrándonos con su poesía. Ella es merecedora  de ocupar la privilegiada posición  de ser una Poeta de la Patria. Perseguida obsesivamenre por la tiranía, sólo tuvo la posibildiad del exilio, para evitar que el odio la matara a ella,  o ella matara a las hienas colocadas como estatuas de una dinastía en el Estado. 

Carmen Natalia es esteta y artista, escritora y creadora. El centenario de su nacimiento nos encuentra organizando distintas actividades para que ella alcance el tamaño de la eternidad, y su obra poética se busque, se conozca y se comente. Una sola  oración principal puede definir lo que pensamos ahora: Ella es una estrella que alumbra en el infinito,  aun transmitiendo la luz que la atormenta.
Su obra poética desafiante, de plenitud expresiva, es de una singularidad sorprendente; es inspiradora, motivadora para crear una laboriosidad  que permita en el presente derrumbar a los que siguen sedientos de poder, a los corruptibles y corruptores; a los que acosan a los pueblos con sus mentiras; a los que traen oscuros siniestros. Ella es la poeta del exilio que tiene la  dimensión literaria de más grandeza. 

P. ¿Es su poesía escrita en su exilio en Puerto Rico la que rompe con su obra anterior, o mejor dicho, la que define otra trayectoria literaria y cuyos poemas de esa época la ensayista y escritora Chiqui Vicioso la señala como su poesía “más prosaica y militante”? 

R. Carmen Natalia no dejó nunca de escribir. Sus poemas Canto a la tierra (1938),  La Miseria está de ronda (1948), No fue porque yo quise (1949), y El Grito (ca. 1949) son cuatro textos de su obra cumbre desgarradores, que clavan en el alma un aguijón estremecedor. Me pregunto ¿si otra poeta en la dictadura tuvo una  valentía similar: asestarle al monstruo un duro golpe, inquietarlo, desequilibrarlo, alterarlo como lo hizo Carmen Natalia? 

La labor que emprendemos de celebrar su centenario de nacimiento, es también para honrar en vida a Maricusa Ornes (1926)  “despositaria de sus versos”, que  llevó con su voz los versos de Carmen Natalia a distintas tierras y escenarios, al través del arte de la declamación, y que compiló su Obra Poética Completa (1939-1976).

Miguel De Mena

P. Este año se cumple un centenario del nacimiento de Carmen Natalia, ¿qué podría decirnos su trabajo literario hoy en día? 

R. Carmen Natalia Martínez Bonilla es una autora por recuperar. De ella se han recogido sus poemas (casi) completos), pero hace falta el resto de su obra, que sospecho tendrá todavía su familia. Al menos se ha publicado póstumamente “La victoria”, un gran aporte que se lo debemos al crítico Manuel Matos Moquete. Sobre ella cae siempre la estampa de luchadora trujillista. Y claro que lo fue. Pero aparte del valor documental, en su obra hay zonas que todavía son de buenísima literatura.

P. ¿Es su poesía escrita en su exilio en Puerto Rico la que rompe con su obra anterior, o mejor dicho, la que define otra trayectoria literaria y cuyos poemas de esa época la ensayista y escritora Chiqui Vicioso la señala como su poesía “más prosaica y militante”?

R. Ella se consideró siempre una luchadora antitrujillista. Sus poemas –los que escribió en la media Isla y luego los de su exilio-, responden a dos grandes principios: los de tema amoroso y los declaradamente políticos. Lo lamentable es que luego de concluido el trujillato en 1961 la poeta se apagara.

P. He leído que Carmen Natalia no está inscrita dentro de ninguno de los movimientos literarios dominicanos contemporáneos con su escritura. ¿Por qué?

R. Antes de hacerme esa pregunta me cuestionaría en torno a quién le corresponde el derecho de adjudicar escuelas y movimientos. A mí en lo particular el tema me parece secundario. A Carmen Natalia le pasó lo mismo que a Juan Sánchez Lamouth: ninguno encajó en las “escuelas de su época”. Aún así, ambos hicieron grandísimo aportes a nuestra literatura.

P.  ¿Qué elementos destacan en la escritura de Carmen Natalia? 
No me he tenido mucho en la zona más conocida de Carmen Natalia, la poética, porque me seduce particularmente. De su narrativa y su ensayística te podría decir que estamos ante  una autora que destaca por la originalidad en el tratamiento de los temas, pudiendo ser estos en algunas ocasiones bastante “sentido común”. Me explico: en su novela “La libertad” ella le da continuidad a un artículo que había sido incluido en su libro de ensayos “Veinte actitudes y una epístola”: un estudio sobre la escultura “la victoria de Samotracia”. 

Es toda una alegoría al tema de la libertad y la justicia social, las dos grandes banderas contra el trujillato. Ella trata órdenes éticos pero sin caer en una simple denuncia. “La victoria” es una de las grandes novelas dominicanas, por su dinámica, el ritmo y la simpleza de las situaciones que construye. Y sobre todo: porque no te sientes que estás leyendo dentro de una barricada, aunque lógicamente que en su caso, hay una abierta actitud de cuestionamiento al orden social del trujillato.

P.D. Pueden comprar dos de las novelas de Amelia Francasci en Amazon, editadas por Miguel De Mena bajo el sello editorial Cielonaranja. (Para obtener el libro dar click en la imagen).




marzo 05, 2017

Un cuento de Juan Bosch convertido en canción

No he leído todos los cuentos de Juan Bosch. En mi pequeña biblioteca tengo solo un de sus ensayos históricos, sobre la Guerra de la Restauración de 1863. Los cuentos que he leído de él son los publicados de manera dispersa en ediciones escolares, en la internet. Creo que he leído una veintena de ellos así.

Más allá de esto, los cuentos de Juan Bosch son una puerta para descubrirse y descubrir. Los amo, no solo porque están bien escritos, sino porque Bosch tenía la capacidad de lograr una descripción vivida, una manera de convertir sus personajes en palpables, en figuras que salen de las páginas y cobran vida en tu cabeza. Es literatura de la buena. 

Siempre me he quejado de que su afán político aniquiló a su "yo escritor", uno que probablemente de haber seguido con vida nos hubiera regalado mucho más, y quien sabe si hasta un premio Nobel. Y aquí también apunto algo: su literatura es bastante política. 

Pero lo que no fue no será, así que están los cuentos que si están, y unos que han inspirado obras de teatro y hasta música. Y de esto último vengo a traer aquí: una canción hecha desde uno de sus cuentos.

El compositor y cantante es mi esposo, Waldo Rincón, cuyo talento escapa a cualquier vidrio empañado que pueda exponer mi lazo con él (que el amor nos pone ciegos, dicen, aunque muchas veces nos hace también ver con claridad). El cuento es "Un niño" y es bueno que lo lean antes de escuchar la canción, compuesta para un proyecto cultural en que participaron otros compositores y cantantes, todos desconocidos por el establisment cultural dominicano.

UN NIÑO
(Más cuentos escritos en el exilio, 1964)

      A poco más de media hora, cuando se deja la ciudad, la carretera empieza a jadear por unos cerros pardos, de vegetación raquítica, que aparecen llenos de piedras filosas. En las hondonadas hay manchas de arbustos y al fondo del paisaje se diluyen las cumbres azules de la Cordillera. Es triste el ambiente. Se ve arder el aire y sólo de hora en hora pasa algún ser vivo, una res descarnada, una mujer o un viejo.
          El lugar se llama Matahambre. Por lo menos, eso dijo el conductor, y dijo también que había sido fortuna suya o de los pasajeros el hecho de reventarse la goma allí, frente a la única vivienda. El bohío estaba justamente en el más alto de aquellos chatos cerros. Pintado desde hacía mucho tiempo con cal, hacía daño a la vista y se iba de lado, doblegándose sobre el Oeste.
          Sí, es triste el sitio. Sentados a la escasa sombra del bohío, los pasajeros veían al chofer trabajar y fumaban con desgano. Uno de ellos corrió la vista hacia las remotas manchas verdes que se esparcían por los declives de los cerros.
          —Allá –señaló– está la ciudad. Cuando cae la noche desde aquí se advierte el resplandor de las luces eléctricas.
          En efecto, allá debía estar la ciudad. Podían verse masas blancas vibrando al sol, y atrás, como un fondo, la vaga línea donde el mar y el cielo se juntaban. Pasó un automóvil con horrible estrépito y levantando nubes de polvo. El conductor del averiado vehículo sudaba y se mordía los labios.
          De los tres viajeros, jóvenes todos, uno, pálido y delicado, arrugó la cara.
          —No veo la hora de llegar –dijo—. Odio esta soledad.
          El de líneas más severas se echó de espaldas en la tierra.
          —¿Por qué? –preguntó.
          Quedaba el otro de ojos aturdidos. Fumaba un cigarrillo americano.
          —¿Y lo preguntas? Pareces tonto. ¿Crees que alguien pueda no odiar esto, tan solo, tan abatido, sin alegría, sin música, sin mujeres?
          —No –explicó el pálido–; no es por eso por lo que no podría aguantar un día aquí. ¿Sabes? Allá, en la ciudad, hay civilización, cines, autos, radio, luz eléctrica, comodidad. Además, está mi novia.
          Nadie dijo nada más. Seguía el conductor quemándose al sol, golpeando en la goma, y parecía que todo el paisaje se hallaba a disgusto con la presencia de los cuatro hombres y el auto averiado. Nadie podía vivir en aquel sitio dejado de la mano de Dios. Con las viejas puertas cerradas, el bohío medio caído era algo muerto, igual que una piedra.
          Pero sonó una tos, una tos débil. El de ojos aturdidos preguntó, incrédulo:
          —¿Habrá gente ahí?
          El que estaba tirado de espaldas en la tierra se levantó. Tenía el rostro severo y triste a un tiempo. No dijo nada, sino que anduvo alrededor del bohío y abrió una puerta. La choza estaba dividida en dos habitaciones. El piso de tierra, disparejo y cuarteado, daba impresión de miseria aguda. Había suciedad, papeles, telarañas y una mugrosa mesa en un rincón, con un viejo sombrero de fibras encima. El lugar era claro a pedazos: el sol entraba por los agujeros del techo, y sin embargo había humedad. Aquel aire no podía respirarse. El hombre anduvo más. En la única portezuela de la otra habitación se detuvo y vio un bulto en un rincón. Sobre sacos viejos, cubierto hasta los hombros un niño temblaba. Era negro, con la piel fina, los dientes blancos, los ojos grandes, y su escasa carne dejaba adivinar los huesos. Miró atentamente al hombre y se movió de lado, sobre los codos, como si hubiera querido levantarse.
          —¿Qué se le ofrece? –preguntó con dulzura.
          —No, nada –explicó el visitante–; que oí toser y vine a ver quién era.
          El niño sonrió.
          —Ah –dijo.
          Durante un minuto el hombre estuvo recorriendo el sitio con los ojos. No se veía nada que no fuera miserable.
          —¿Estás enfermo? –inquirió al rato.
          El niño movió la cabeza. Después explicó:
          —Calentura. Por aquí hay mucha.
          El hombre tocó su bracito. Ardía, y le dejó la mano caliente.
          —¿Y tu mamá?
          —No tengo. Se murió cuando yo era chiquito.
          —¿Pero tienes papá?
          —Sí. Anda por el conuco.
          El niño se arrebujó en su saco de pita. Había en su cara una dulzura contagiosa, una simpatía muy viva. Al hombre le gustaba ese niño.
          Se oían los golpes que daba el conductor afuera.
          —¿Qué pasó? –preguntó la criatura.
          —Una goma que se reventó, pero están arreglándola. Así hay que arreglarte a ti también. Hay que curarte. ¿Qué te parece si te llevo a la Capital para que te sanes? ¿Dónde está tu papá? ¿Lejos?
          —Unjú… Viene de noche y se va amaneciendo.
          —¿Y tú pasas el día aquí solito? ¿Quién te da la comida?
          —Él, cuando viene. Sancocha yuca o batata.
          Al hombre se le hacía difícil respirar. Algo amargo y pesado le estaba recorriendo el fondo del pecho. Pensó en la noche: llegaría con sus sombras, y ese niño enfermo, con fiebre, tal vez señalado ya por la muerte, estaría ahí solo, esperando al padre, sin hablar palabra, sin oír música, sin ver gentes. Acaso un día cuando el padre llegara lo encontraría cadáver. ¿Cómo resistía esa criatura la vida? Y su amigo, que había afirmado momentos antes que no soportaba ni un día de soledad…
          —Te vas conmigo –dijo–. Hay que curarte.
          El niño movió la cabeza para decir que no.
          —¿Cómo que no? Le dejaremos un papelito a tu papá, diciéndoselo, y dos pesos para que vaya a verte. ¿No sabe leer tu papá?
          El niño no entendía. ¿Qué sería eso de leer? Miraba con tristeza. El hombre estaba cada vez más confundido, como quien se ahoga.
          —Te vas a curar pronto, tú verás. Te va a gustar mucho la ciudad. Mira, hay parques, cines, luz, y un río, y el mar con vapores. Te gustará.
          El niño hizo amago de sonreír.
          —Unq unq, yo la vide ya y no vuelvo. Horita me curo y me alevanto.
          Al hombre le parecía imposible que alguien prefiriera esa soledad. Pero los niños no saben lo que quieren.
          Afuera estaban sus amigos, deseando salir ya, hallarse en la ciudad, vivir plenamente. Anduvo y se acercó más al niño. Lo cogió por las axilas, y quemaban.
          —Mira –empezó–… allá…
          Estaba levantando al enfermito y le sorprendió sentirlo tan liviano, como si fuera un muñeco de paja. El niño le miró con ojos de terror, que se abrían más, mucho más de lo posible. Entonces cayó al suelo el saco de pita que lo cubría. El hombre se heló, materialmente se heló. Iba a decir algo, y se le hizo un nudo en la garganta. No hubiera podido decir qué sentía ni por qué sus dedos se clavaron en el pecho y en la espalda del niño con tanta violencia.
          —¿Y eso, cómo fue eso? –atinó a preguntar.
          —Allá –explicó la criatura mientras señalaba con un gesto hacia la distante ciudad–. Allá… un auto.
          Justamente en ese momento sonó la bocina. Alguien llamaba al hombre y él puso al niño de nuevo en el suelo, sobre los sacos que le servían de cama, y salió como un autómata, aturdido. No supo cuándo se metió en el automóvil ni cuándo comenzó éste a rodar. Su amigo el pálido iba charlando:
          —¿Te das cuenta? Es la civilización, compañero… Cine, luz, periódicos, autos…
          Todavía podía verse el viejo bohío refulgiendo al sol. El hombre volvió el rostro.
          —La civilización es dolor también; no lo olvides –dijo. Y se miraba las manos, en las que le parecía tener todavía aquel niño trunco, aquel triste niño con sus míseros muñoncitos en lugar de piernas. 
Y aquí, la canción.


febrero 21, 2017

En Mamey Librería

Rubén Lamarche y yo en el conversatorio. Foto José Bethancourt.
El pasado miércoles, 15 de febrero, estuve invitada en el espacio Club de Libros, que dirige y gestiona el escritor y publicista Rubén Lamarche en la librería Mamey.

Fue una experiencia genial, en especial porque fue una actividad de conversatorio en la que los asistentes me hicieron preguntas. Además, Lamarche es un entrevistador certero y que sabe buscar puntos de ebullición que animan cualquier velada.

Tuve la oportunidad de leer algunos poetas favoritos, como Batania-Neorrabioso y Sylvia Plath.

Sobre Mamey Librería decir que es un espacio no solo acogedor, sino estimulante para cualquier persona que le guste la literatura, los libros y el arte en general, un ambiente en que se aprecia y se puede intercambiar con otras personas esas pasiones y gustos. Y también disfrutar de un rico café o una deliciosa bebida.

Les invito a visitarlo. Está ubicado en la calle Mercedes 315, entre las calles José Reyes y Sánchez, en la Ciudad Colonial, justo frente a la iglesia Las Mercedes. La edificación en que está ubicada esta librería comprende también el espacio que fue la residencia del historiador y escritor Emilio Domínguez Demorizi.

También decirles que mi poemario Arraiga está en venta en Mamey Librería.

Gracias a la petición de mi amigo Eric Lapaix, Lamarche me grabó leyendo uno de mis poemas. Les dejo el vídeo.


enero 31, 2017

El Premio Nacional de Literatura...de cal y de arena

La semana pasada se entregó el Premio Nacional de Literatura. El galardonado fue Federico Henríquez Gratereaux, ensayista y columnista.

De Henríquez Gratereaux solo había leído algunas decenas de sus columnas, que confieso me aburrieron la mayoría de las veces y que dejé de leer hace unos cuantos años. Aunque con interés me han prestado uno de sus ensayos, ganador de un premio en 1979, "La Feria de las Ideas". Anotado como próxima lectura.

Pero este post no va en medir la calidad o no de los ensayos del galardonado, de los que desconozco todo, sino de un asunto que se ha debatido en las redes sociales: entregar el premio a un relacionado con las organizaciones que lo entregan.

De un lado y de otro
Henríquez Grateraux es funcionario estatal, viceministro del Ministerio de Cultura, una de las entidades que organiza y vota para otorgar este premio. Esto ha sido el dato que ha puesto en cuestión el galardón para muchos. Pero el tema no se queda solo de ese lado. El escritor es columnista de uno de los periódicos que forman parte del Grupo Corripio, emporio empresarial que entrega la dotación de un millón de pesos al elegido para recibir esta premiación.

O sea, el conflicto es doble.

Y es este caso, que no cuestiona la calidad, no es el único ni es la excepción a la regla, pero tampoco es un un aspecto en la mayoría de los galardonados. Pero el Premio Nacional de Literatura ha estado acompañado de esta carga desde el decreto que lo estableció, emitido en 1989 por el entonces presidente Joaquín Balaguer.


Como lo dice el artículo dos del decreto 423-89, el Premio Nacional de Literatura ha tenido dos componentes: el estatal y el privado. Actualmente, y de acuerdo al último decreto que modifica las bases del premio y la de los premios anuales de literatura la simbiosis sigue igual. La dotación económica está a cargo de la Fundación Corripio en la actualidad, pero en sus inicios estuvo a cargo del Banco Hipotecario Miramar, que quebró o se declaró en quiebra en 1991 y que todavía en 2009 estaban devolviendo fondos de esta entidad a sus ahorrantes.

De acuerdo a un artículo de Jimmy Hungría en su página Buena Lectura, el galardón fue creado por el presidente Joaquín Balaguer bajo la propuesta hecha por el escritor Enriquillo Sánchez, quien elaboró las bases del premio. Sánchez, de acuerdo con los datos ofrecidos por Hungría, era empleado de el Banco Hipotecario Miramar y según las bases era representante de la entidad en el jurado con voz pero sin voto. 

En el artículo se cita un texto que escribió Sánchez en su columna que entonces se publicaba en el periódico El Siglo, y que se fecha el 8 de noviembre de 1989. Copio uno de los párrafos compartidos por Hungría de esta columna y que expresa una de las razones de la creación del Premio Nacional de Literatura. 

“Se trata de fundir, en un solo bloque de inspirada estrategia cultural, al sector privado y al sector público. Si queremos cultura -si queremos la permanencia de la cultura y su vigoroso desarrollo- tendremos que contar con el empresariado y el Estado trabajando mano a mano. No hay otro camino. La lógica que los impulsa es firme y nítida: no habrá desarrollo sin cultura, lugar común que repito hasta la saciedad, sin novedades dialécticas, con la misma devoción de un catequista”.

¿Quién ganó el primer Premio Nacional de Literatura? Joaquín Balaguer y Juan Bosch. Sí, el mismo presidente que emitió el decreto que lo creó, junto a su antagonista político. Fue en 1990. Tenía 9 años en ese entonces y creo que aun ni llegaba a vivir en República Dominicana, así que no tengo idea si la decisión trajo su controversia. 

Al año siguiente el premio no se otorgó. Supongo que por el tema de la quiebra del banco que lo auspiciaba y es en esta situación en que la parte del sector privado de este galardón pasa a la Fundación Corripio, del Grupo Corripio, dueño de diversas empresas y de medios de comunicación. Esta inclusión fue decidida a través del decreto 412-91 del 8 de noviembre de 1991.

Y en este punto cito nuevamente el artículo de Jimmy Hungría, en donde se señala que este auspicio se dio debido a la iniciativa del escritor, compositor y dramaturgo Manuel Rueda, quien era su director ejecutivo y quien recibió este galardón en 1994. También fue director del suplemento cultural Isla Abierta (¡Lo extraño tanto!), que publicaba uno de los medios propiedad del Grupo Corripio.

En la década de 1990, ni con un lado ni con el otro

En 1992 el premio recayó en el poeta Manuel del Cabral (uno de mis poetas dominicanos favoritos). En 1993 le fue concedido al poeta Pedro Mir, declarado Poeta Nacional. Al año siguiente lo recibió Rueda, quien para ese momento no sé si seguía dirigiendo la Fundación Corripio. 

En 1995 le fue otorgado al poeta, crítico literario, diplomático, educador, ensayista y filósofo Antonio Fernández Spencer, quien no pudo recibirlo pues murió poco tiempo después del anuncio, el 10 de marzo de ese año. 

En 1996 le fue concedido al escritor y antropologo Marcio Veloz Maggiolo, sobre quien en alguna discusión del tema se me dijo que era funcionario en el momento de la entrega de ese premio, pero no he encontrado evidencia de ello. Un amigo periodista que me supera en años y experiencia  me apuntó que es imposible que Veloz Maggiolo fuera funcionario del gobierno de esa época, de Leonel Fernández (PLD), pues sus afecto político estaban con José Francisco Peña Gómez (PRD), quien perdió la presidencia en ese año frente a la candidatura del peledeísta, quien estaba aliado al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), partido que dirigía el Estado hasta la toma de posesión de Fernández.

Al año siguiente, 1997, lo recibió el escritor Virgilio Díaz Grullón (autor de uno de los cuentos que más amo: Más allá del espejo), de que tengo referencias no específicas de que laboró en el Banco Central, pero no he podido confirmar que haya sido en la época en que le fue entregado el premio.

En 1998 lo recibe  el poeta, ensayista, abogado y profesor universitario Lupo Hernández Rueda, quien sé que trabajó a principio de la década de 1990 para la modificación del Código de Trabajo, nada que ver con un empleo en el Estado.  En 1999 se lo otorgaron a Mariano Lebrón Saviñón, médico y escritor, y quien por varios años ocupará la presidencia la Academia Dominicana de la Lengua. 

De 2000 a 2010, de un lado y de otro
Para el año 2000 las bases del Premio fueron nuevamente modificadas, por el decreto 1053-00 del 27 de octubre de ese año, para aumentar la dotación económica de RD$100,000 a RD$300,000 e incluir como parte estatal a la recién creada Secretaría de Estado de Cultura (en junio de ese año, por el gobierno de Leonel Fernández antes de entregar la presidencia al perredeísta Hipólito Mejía en agosto). 

En ese año, y antes del traspaso del gobierno y de la modificación de sus bases, el premio le fue concedido al escritor y abogado Víctor Villegas, del que no tengo datos sobre funciones públicas en ese momento.

Al siguiente año lo recibe Carlos Esteban Deive, escritor, dramaturgo e historiador. Al momento de recibir el galardón presidía la Feria Internacional del Libro, actividad cuya organización está bajo la tutela de la Secretaria de Cultura, hoy ministerio. Esta función la ocupó hasta 2004, cuando el gobierno pasó otra vez a Leonel Fernández y al PLD. O sea, era funcionario estatal y empleado de una de las entidades responsables del premio. 

En el 2002 le fue otorgado a la escritora Hilma Contreras, convirtiéndose en la primera mujer en recibir este galardón. Fue una escritora redescubierta, alejada de todo el establisment cultural político. Al siguiente año lo recibió el dramaturgo y abogado Franklin Domínguez. 

En 2004 recayó en el escritor y catedrático  Andrés L. Mateo. En ese año, antes de finalizar el gobierno de Hipólito Mejía, Mateo era subsecretario de Cultural, y hasta donde pude leer sobre él en distintos artículos y notas periodísticas, ocupó esa función durante todo el cuatrienio 2000-2004.

Al año siguiente, 2005, el premio recayó en el narrador Diógenes Valdez. Al momento de recibirlo no ocupaba funciones públicas y hasta donde he podido verificar en el Estado solo fungió como director de la Biblioteca República Dominicana en el gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004).

Para el 2006 el Premio Nacional de Literatura correspondió al ensayista, filologo y profesor Bruno Rosario Candelier. Sobre funciones públicas solo he chequeado que entre 1999 a 2000 fue subsecretario de Estado de Educación y Cultura y en 2000 fue Director General de Bellas Artes. Es miembro de la Academia Dominicana de la Lengua desde 1985 y la dirige desde el 2002. 

En 2007 lo recibió el escritor, educador y periodista Diógenes Céspedes. Pasé un buen rato buscando alguna referencia de funciones en el Estado en ese año y en los cercanos anteriores y posteriores y no encontré ninguno. Solo contar que escribe con frecuencia en uno de los periódicos propiedad del Grupo Corripio.

Un año después, en 2008, lo recibió María Ugarte, periodista, escritora, académica, historiadora y paleógrafa dominicana de origen español, la segunda mujer en recibirlo. No ocupó cargos relacionados con organismos culturales o educativos del Estado, y al momento de recibir el Premio Nacional de Literatura tenía más de 90 años y se había retirado de periodismo, cuya mayor trayectoria la hizo en el periódico El Caribe.

En 2009 le fue concedido a, educador, narrador, ensayista y crítico literario José Alcántara Almánzar, quien desde 1996 ha sido director cultural del Banco Central, función que ocupa todavía.

Para el 2010 recibió el galardón el poeta y gestor cultural Mateo Morrison. Al momento de recibirlo fungía como Viceministro de Desarrollo Institucional del Ministerio de Cultura. 

En los últimos años... 
La tercera mujer en ser galardonada con el Premio Nacional de Literatura fue Jeannette Miller, en 2011. Escritora e historiadora de arte, Miller no parece relacionada con ninguna estancia estatal al momento de que fue merecedora del premio. Tampoco encontré evidencia de algún lazo directo con la Fundación Corripio.

En 2012 el premio recayó en el escritor, periodista, critico de cine y educador Armando Almánzar. Hasta donde sé e investigué no tenían ninguna función pública cuando le fue entregado el galardón, ni tampoco relación cercana con el Grupo Corripio.

José Mármol, escritor, filosofo y educador, fue quien recibió el galardón en 2013. Por más años de lo que recuerdo ha sido director de comunicaciones del Banco Popular y hasta donde sé no ha tenido funciones públicas, ni antes ni después de recibir el Premio Nacional de Literatura.

Un año después el premio lo recibió Tony Raful, político y escritor, quien fue secretario de Cultura durante el gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004). Pero en 2014 no se encontraba en ninguna posición estatal. Tampoco he encontrado lazos con el grupo empresaria que entrega la dotación económica del premio.

En 2015 Roberto Marcallé Abreu, periodista y escritor, recibió el reconocimiento. Tras investigar, confieso que no de manera muy detallada, no encontré ninguna información que lo relacionará con algún cargo o empleo en el Estado, ni tampoco con la Fundación Corripio.

El año pasado, en 2016, le fue concedido a escritora Angela Hernández. Conozco su labor en ámbitos de promoción cultural y de género. No recuerdo, ni tampoco he encontrado datos sobre alguna función pública ejercida por ella en la época en que recibió el premio. Tampoco conozco una relación directa de ella con el Grupo Corripio.

Entonces...
Viendo lo visto, a menos que alguna persona que lea este texto tenga algún dato adicional que agregar que exponga alguna información que yo no abarco, los ganadores del Premio Nacional de Literatura cuya presunción de intereses de conflicto pueden ser señaladas, sin que se incluya ningún juicio sobre su obra, son: Joaquín Balaguer, Manuel Rueda, Carlos Esteban Deive, Andrés L. Mateo, Mateo Morrison y Federico Henríquez Gratereaux. 

En el caso de José Alcantara Almánzar hay que apuntar que labora en una dependencia estatal que no tiene que ver con la entrega del galardón. 

Seis de 28 galardonados. 

Es decir, que para fines de un apunte sobre el asunto, no es "la regla" de la mayoría. Y dentro de esa minoría hay dos ganadores relacionados con la administración del gobierno perredeísta de Hipólito Mejía al momentos de ser premiados a través de la entonces Secretaría de Cultura, parte estatal del galardón (Andrés L. Mateo y Carlos Esteban Deive) . Igual pasa con dos más, con los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana. Uno durante el de Leonel Fernández (Mateo Morrison) y el otro el ganador más reciente.

Así que es probable que las percepciones nos engañen con facilidad si antes no investigamos. 

La cuestión es, en estos casos, un dilema de orden ético individual. ¿Está bien recibir un premio auspiciado por el Ministerio de Cultura (aunque no sea el Estado quien de la dotación material, que actualmente es de un millón de pesos) cuando soy funcionario de esa dependencia? 

Considero que es una apelación ética que no está mal señalar, pero que es el galardonado quien tiene la decisión sobre ella, primero en asumir o no tal relación de interés como un conflicto y, segundo, de admitir o no este conflicto al momento de recibir el premio.

enero 01, 2017

Lecturas del 2016 y con las que entró el 2017

Dejé dos cosas pendientes el año pasado: mi acostumbrada crónica de la Feria del Libro de Santo Domingo y editar algo especial para el décimo aniversario de este blog. Supongo que, como escribí hace algunos días en Twitter, la vida en parte también es postergación hasta que se acaba. Aplica para este caso.

Así que haré un borrón y cuenta nueva, no sin antes contar las lecturas que más me gustó del año que recién finalizó (algo que no entra dentro del borrón) y los libros con los que recibí el nuevo año y que aún no termino. 

Dos de mis libros favoritos del 2016 fueron de Mario Vargas Llosa. Solo había leído un libro de él, La Fiesta del Chivo, y otro que dejé a medias por ser una de las peores lecturas con las que me encontré en mi vida...por lo que aprovechando su visita al país, que fue en la Feria del Libro, me dije que tenía que leerlo más. 

Aunque me hice de la mayoría de sus libros en versión digital me leí dos en versión impresa: Pantaleón y las visitadoras y la Historia de Mayte. Me encantó el primero. Reí como no recuerdo que lo hiciera con alguna lectura. En el caso del segundo, fue más mi sorpresa y mi curiosidad mientras pasaba las páginas, y me quedé con la duda de si era un especie de mea culpa de su autor. Eso sí, me pareció una historia muy bien narrada. 

Sólo cenizas hallarás, cuya reseña hice en el último texto que publique en este blog en 2016, fue otra de mis lecturas favoritas. Y lo mejor de ella es saber que es una novela dominicana bien escrita, que bordea ese etapa inmediata luego de ajusticimiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina. Recomendadísima para el que la quiera leer.

Por último, un poemario, más bien, una antología poética. "Saltaré sobre el fuego", de la polaca Wisława Szymborska. Su lectura se la tengo que agradecer a mi querido Círculo de Lectura de Nueva York, y a mi estimada amiga Rosa Silverio, quien me envió el libro desde Madrid. 

Me gusta leer a Szymborska y es la primera vez que leo un libro en el que se recopilan varios de sus poemas. Es un viaje interesante, leerla. Tuvo la gran capacidad de lograr una poesía profunda desde palabras sencillas, y de situaciones que quizás podamos catalogar sin importancia. Tenía el sentido de la transcendencia ante lo cotidiano. 

Les comparto el vídeo promocional de esta antología.




Y en 2017...

Empecé el año con dos libros, uno en papel y uno en digital, a ambos los empece a leer el año anterior.

En papel leo a Reinaldo Arenas. "Antes que anochezca", su libro biográfico. Un texto que me ha impresionado en todos los sentidos, en especial por la apertura de su autor ante lo más hermoso y más degradante de su vida. De marco, la revolución cubana, con el personaje omnisciente que determina la vida de Arenas.

Llevó más allá de la mita del libro y en ocasiones he tenido que cerrarlo por la tristeza que me causan algunos episodios, también me he reído con él.

Hay un capitulo que se llama "Los cuatro tipos de locas" que tuvo que leérselo a mi suegra de lo divertido que resulta. No obstante, es una lectura visceral, descarnadamente humana, no opta para todo el mundo, creo.



El segundo en lectura, en digital (en Kindle en mi móvil), es una antología de Nicanor Parra. Un poeta maravilloso que el año pasado cumplió 102 años.

"Obra Gruesa", editada por la Universidad Diego Portales, es una delicia, y de paso un estudio por su amplia obra, en me doy cuenta de su experimentación en todo sentido con la poesía y la diversidad de temas que aborda. Uno de mis sueños es que le den el premio Nobel, pero creo que ya no será.

Y, ustedes, ¿qué leyeron en el 2016? ¿El 2017 les llegó con alguna lectura en proceso?

Mis mejores deseos para este nuevo año.