abril 17, 2017

Los escritores "bisoños"

Foto Cliff Johnson/Unsplash

Hoy en las redes algunos escritores han reaccionado en las redes sociales a las afirmaciones del ministro de Cultura, Pedro Vergés, quien en una entrevista publicada en Diario Libre (y de la cuál participé como entrevistadora) señaló a los "escritores bisoños" (o sea, jóvenes...aunque el diccionario lo aplica a inexperto y nuevo, no a alguien joven) como los "distorsionadores del mercado editorial".

De la entrevista rescato de mi transcripción la siguiente declaración de Vergés.

"La literatura dominicana como es una que no está sometida a la industria, porque la industria editorial no existe entre nosotros se compone fundamentalmente de ediciones de autor. Las ediciones de autor, cada quien es libre de cuando le dé la gana publicar un libro, pero las ediciones de autor tienden a confundir el mercado del libro. Porque junto a una gran obra que se publican, se publican muchísimas obras de escritores bisoños que no debieron haber publicado esas obras, porque en la literatura hay un tiempo. Y que si existiera una industria editorial, esos autores probablemente no llegarían al público porque la industria editorial se encarga de filtrarlos, hasta que tengan la calidad de vida, como pasa en cualquier sitio donde hay un mercado editorial".
Estos juicios han dejado a muchos no solo sorprendidos, sino con una certeza de que Vergés tiene una visión limitada y acartonada de la literatura producida en República Dominicana.

En medio de las discusiones, me dedique durante el día de hoy a buscar las edades en que publicaron por primera vez algunos de los escritores dominicanos considerados parte del "canon literario", o como quieran llamarle. Salvando contextos de época (no es lo mismo un adolescente en el siglo XIX que ha principios del siglo XX), he quedado sorprendida con algunos datos que revelan que tan poco adecuado y consistente en cuanto la producción y calidad literaria es el criterio de Vergés.

Aquí le comparto la lista con algunas anotaciones, que solo ocupa a escritores nacidos en el siglo XIX y principios del XX. Prometo extender la lista en los próximos días

  1. Salomé Ureña. Primera publicación “Poesías de Salomé Ureña de Henríquez” 1880. Tenía 30 años. Nació en 1850.
  2. Arturo B. Pellerano Castro. Primera publicación “La última cruzada”. 1888. Tenía 23 años. Nació en 1865.
  3. Fabio Fiallo. Primera publicación “Primavera sentimental” 1902. Tenía 36 años. Nació en 1866.
  4. Vigil Díaz. Primera publicación “Góndolas” 1912. Tenía 32 años. Nació en 1880.
  5. Federico Bermúdez.  Primera publicación “Oro Virgen” 1910. Tenía 26 años. Nació en 1884. Tenía 32 años cuando publicó su famoso poema “Los humildes” en un libro de igual nombre. Murió en 1821 con 36 años. 
  6. Altagracia Saviñon. Su obra se perdió y se dice como un rumor que Osvaldo Bazil robó algunos de sus poemas luego de que fuera ingresada en el siquiatrico Padre Billini. Se dice que estuvo enamorada de Bazil y que empezaban un noviazgo cuando ella fue recluida por lo que se ha reseñado era un diagnóstico de esquizofrenia paranoide. Su famoso poema “Mi vaso verde”, considerado como un poema inaugural del modernismo literario en República Dominicana, fue publicado en 1903 en la revista “La cuna de América”. Tenía 17 años cuando fue publicado. Nació en 1886. 
  7. Osvaldo Bazil. Primera publicación “Rosales en flor” 1901. Tenía 17 años. Nació en 1884. Su segundo libro “Arcos votivos” fue publicado en 1907, cuando tenía 23 años. Con 28 años publicó “Parnaso dominicano” (1912) y al año siguiente, con 29 años. “Parnaso antillano”. 
  8. Apolinar Perdomo. Sus poemas fueron reunidos en  “Cantos de Apolo”, en 1923. Sus poemas fueron publicados en periódicos y revistas antes de su muerte, en 1918. Al momento de fallecer tenía 29 años. “Sonámbulo”, monólogo publicado en la revista cuna de América el 6 de octubre de 1907, cuando tenía 18 años. 
  9. Ricardo Pérez Alfonseca. Considerado por Rubén Dario el “"Benjamín" de la poesía hispanoamericana”, aunque se reseña que sobresalió como ensayista.  Primera obra “Mármoles y lirios” 1909. Tenía 17 años.
  10. Domingo Moreno Jimenes. Primera publicación “Promesa” 1916. Tenía 22 años. Ese mismo año publicó “Vuelos y duelos”. Parte del movimiento Postumismo. 
  11. Carmen Natalia Martínez Bonilla. Primera obra “Alma adentro”. Tenía 22 años. Nació en 1917.
  12. Tomas Hernández Franco. Primera publicación “Rezo Bohemios” 1921. Tenía 17 años. Nació en 1904.
  13. Manuel del Cabral. Primera publicación “12 poemas negros” 1935. Tenía 23 años. Nació en 1912.
  14. Héctor Inchaustegui Cabral. Primera publicación “Poemas de una sola angustia” 1939. Tenía 27 años. Nació en 1912.
  15. Pedro Mir. Su famoso poema “Hay un país en el mundo” fue publicado en 1949. Tenía 36 años. Nació en 1913.
  16. Aída Cartagena Portalatín. No sé si es su primer libro, pero “Vísperas para un sueño” fue publicado en 1944. Tenía 26 años. Nació en 1918
  17. Hilma Contreras. Narradora. Sus primeros cuentos publicados fueron “Tarde de cristal” y “Los buenos se van” en 1937. Tenía 24 años. Nació en 1913.


abril 12, 2017

Once años de El diario de la rosa

Pasé el once aniversario de este blog de largo. Y es bueno, en parte.

Es bueno porque significa que estoy bien ocupada en hacer otras cosas, y en producir contenido de los temas que amo, que en celebrar el cumpleaños de una herramienta.

Pero hay otra parte que no es buena ni mala, sino sentimental. Este blog, El diario de la rosa, muestra esa maduración como escritora y periodista, además de guardar mucho de lo que he querido construir desde ambos ambiciones profesionales.

Lo alegre para mí es que no solo superé la época "del fenómeno blogger", sino que este espacio, que este medio, se ha convertido en una ventana para un crecimiento hacia dentro y hacia fuera.

El año pasado, en el décimo aniversario, pretendí preparar algo que al final se diluyó. Pero este año, y a pesar de que el "aniversario" fue hace once días, quiero compartir algunas de las entradas que han tenido un significado en este "trabajar en mi blog", van desde la muy significativas para mí, como aquellas que exponen asuntos que me parecen de interés, además de ser texto que me enorgullecen.

Agradezco a los que me leen por aquí, a los que han comentado, a pesar de que ahora las redes se hagan desde otras herramientas, pero este hogar llamado El diario de la rosa fue mi primera ventana y mi primera red, y me ha dado no solo espacio para crecer, sino para conocer y desaprender.

El tiempo es una convención, dicen algunos, pero pasa y nos marca. Se darán cuenta cuando lean estas entradas.





marzo 09, 2017

Amelia Francasci y Carmen Natalia: entrevistas a Ylonka Perdomo y Miguel De Mena

Ayer, Día Internacional de la Mujer, se publicó en Diario Libre un artículo que elaboré sobre dos escritoras dominicanas, olvidadas por el canon literario: Amelia Francasci y Carmen Natalia. Aunque no han sido del todo ninguneadas, gracias a algunos críticos, editores, escritores y ensayistas que han reseñado con más o menos datos sus vidas y obras en artículos, blogs y páginas en Facebook.

Dos de estas "rescatadores literarios" son la escritora e investigadora Ylonka Nacidit Perdomo y el editor Miguel De Mena. Ambos han abordado la historia de ambas escritora, y De Mena editó recientemente dos novelas de Francasci, gracias a lo cual me enteré de su existencia.

Publico las entrevistas que les hice a De Mena y Perdomo, vía correo electrónico, en torno a la obra y al olvido literario de estas escritoras.

Amelia Francasci (Amelia Francisca Marchena)


Amelia Francasci, 1901. Colección Ylonka N. Perdomo

Ylonka Nacidit Perdomo

P. Amelia Francasci fue, probablemente, la única mujer además de Salomé Ureña que se destacó como escritora en el siglo XIX, sin embargo es una figura ausente del canón literario dominicano. ¿Cree que el hecho de que no enfocará su escritura en el contexto dominicano ha sido la razón de este “olvido”?

R. A nuestro modo de ver,  su pregunta ha sido inducida por lo que reiteradamente “leemos”:  la opinión tradicional expresada por una “crítica” que no ha tenido  empatía con la autoría femenina, que no se desprejuició en torno a otras autoras que subvirtieron el orden, que hicieron evidente en sus creaciones  un pacto autobiográfico, no meramente intimista, y que nominativamente suprimieron el rol de  sujeto-accesorio en las tertulias,  puesto que reflexionaron desenmascarando el entorno  en el cual advertían un discurso que las narraba “románticamente”.

En el siglo XIX, específicamente en las dos  últimas décadas,  un estallido de mujeres (del norte y der sur de país) que fueron articulistas de opinión en  diarios,  y revistas literarias e ilustradas. Muchos de esos textos -producidos por ellas-  permanecen dispersos sin editarse en colecciones. No obstante, en  la nómina de autoras (poetas, narradoras, periodistas y traductoras)  debe  registrarse dos nombres significativos: Virginia Elena Ortea (1866-1903) y Mercedes Mota (1880-1964) que manifestaron, además, sus tendencias ideológicas y políticas en sus escritos, y estuvieron envueltas como polemistas en torno a un episodio de 1899, lo cual pudo acarrear un debate entre ambas autoras: el ajusticiamiento del tirano Ulises Heureaux. A ninguna de las dos, la “crítica” las define o asume como “viriles”. A Salomé Ureña de Henríquez, sí.

Amelia Francasci (1850-1941) no es la autora decimonónica arquetípica que esperaban. Ella dividió en un antes y un después la escritura de   mujer en la República Dominicana en los ochocientos. Hizo la ruptura con el ámbito de lo doméstico; desorientó a los nacionalistas; puso en crisis los dechados de “virtud” que deben adornar a una madre; se distanció –finalmente- del romanticismo; emergió como novelista para darle a la palabra-de-mujer otros significados, y excepcionalmente narró desde otro ambiente, ficticio, omniscientemente, la tensión que se vive en el mundo desde los enmascaramiento de la  realidad cuando nos enfrentamos a los que somos: contrarios, en tensión.
Amelia Francasci -la escritora que la “crítica” misoginia pretender olvidar y desmeritar-, fue quien inauguró en el país la novela experimental, de suspenso, y psicológica en 1893.

P. ¿Podríamos pensar a Amelia como una escritora rebelde frente al costumbrismo literario de su época (enfocado en narrar la dominicanidad, por decirlo así).

R. La Francasci no encarnaba a una autora simplista, sino  instruida, de consciencia con su oficio, metódica, de  lecturas suficientes;  sabía con cuáles herramientas  y técnicas narrativas suficientes y eficaces podría desde distintos planos  evidenciar a las pasiones mundanas;  cuestionar el orden social subyacente “moralista”, retrógado, etc. para  esbozarlo y  deshilacharlo.

Sus estrategias textuales  se relacionan entre-sí para motivar al lector a continuar  descodificando todos los sintagmas  conexos con el tiempo subjetivo de quien narra. Por ejemplo, independientemente de que la historia de Madre Culpable (1893) ocurra en un Madrid aristocrático, es una novela fundamental en la literatura dominicana escrita por mujer, que nos posibilita decir que con Amelia Francasci surgió un discurso distinto al tradicional, transgresor.

P. ¿Qué tan cierta fue su relación de amistad epistolaria con el escritor francés Pierre Loti? ¿Qué ha pasado con el libro que recoge la correspondencia con él? 

R. Este es un tema pendiente que en mis investigaciones  sobre Amelia Francasci: rastrear, indagar, ubicar ese epistolario, porque sería magnífico leer, de manera fascinante, su vinculación con  este excéntrico escritor-viajero. Espero que la desgracia implacable del hurto de documentos inéditos o de la destrucción no nos impida conocer ese acercamiento entre esos dos personajes de la literatura.

P. ¿Por qué cree que el movimiento feminista de República Dominicana ha obviado su mención o su reconocimiento, como de alguna manera sí ha sucedido con Salomé Ureña? 

R. Su pregunta solo tiene -desde mi perspectiva- una múltiple respuesta posible. Primero: porque las “feministas” del sistema, o agrupadas en el movimiento de mujeres de la República Dominicana,  siguen el canon valorativo de la literatura androcentrica. Segundo: validan los dicho por los otros, por quienes dirigen orgánicamente lo que equivale  semánticamente a “bueno”. Tercero: no se exigen a sí mismas conocer las voces de otras, que no sean aquellas a las cuales los varones le han asignado autoriad en el discurso.

Cuarto: razonalmente no investigan; aceptan lo convencional; no cuestionan el “canon” literario vigente. Lo “verosímil” para ellas es, lo que se ha cosificado de manera vertigionsa a través  de los mitos que validan el Estado patriarcal; son mediáticas, sufren del síndrome de “hazard objectif” (de la coherencia creada) sólo atribuíble al discurso enarbolado por los hombres, y a aquellas otras  cuyo subconsciente, memoria,  consciente, entorno exterior  y  ficional se re-afirma  –asombrosamente-  desde la perspectiva de lo masculino.

En fin,  las “feministas” del sistema  viven una realidad fáctica; sus guías  para análisis de textos no son propias, sino  interpolaciones de lo que dijo el “otro”. Al carecer de una  pluralidad de lecturas,  no le es posible reinvindicar ningún discurso-de-mujer  por falta de autenticidad, y están condicionadas lingüísticamente al discurso machista del “canon”.

Miguel De Mena

P. Amelia Francasci fue, probablemente, la única mujer además de Salomé Ureña que se destacó como escritora en el siglo XIX, sin embargo es una figura ausente del canon literario dominicano. ¿Cree que el hecho de que no enfocará su escritura en el contexto dominicano ha sido la razón de este “olvido”?

R. El problema de Amelia Francasci está en su libro “Meriño íntimo” (1926). La crítica se detuvo ahí, no vio el resto de su obra, la consideró frívola y por eso la desterró. El contenido de las dos novelas de Francasci -"Madre Culpable" (1893) y "Francisca Martinof" (1901)-, le pasó de largo a nuestros lectores, porque se detuvo en una personalidad difícil de resumir, que estaba fuera de los paradigmas tradicionales de “patria”.

P. ¿Podríamos pensar a Amelia como una escritora rebelde frente al costumbrismo literario de su época (enfocado en narrar la dominicanidad, por decirlo así).

R. La rebeldía es un tema muy relativo. Yo diría que más que rebelde ella trascendió el ambiente local, se situó en una sensibilidad postnacional, de época, se negaba a ser “dominicana” en el sentido de no incluir los conflictos tradicionales del país. En nuestro país hay una obsesión en la que el autor tiene que ser “nacional”, tratar temas de nuestra media Isla, y en su caso, al menos en su primera novela, no fue así. En “Francisca Martinoff” los referentes fueron otros. Pero aún así: quedó atrapada entre su primera novela y el libro sobre Meriño.

P. ¿Qué tan cierta fue su relación de amistad epistolaria con el escritor francés Pierre Loti? ¿Qué ha pasado con el libro que recoge la correspondencia con él?

R. Parece que sí. Ella se educó entre el francés y el castellano. Lo que pasó con esas cartas fue el paso del ciclón de San Zenón. Ella vivía sola, la mayoría de sus bienes fueron anegados por esas lluvias, de manera que se perdieron esas cartas.

P.  ¿Por qué cree que el movimiento feminista de República Dominicana ha obviado su mención o su reconocimiento, como de alguna manera sí ha sucedido con Salomé Ureña?

R. En nuestro país, la crítica literatura ha sido muy escasa en el movimiento feminista. Sólo hemos tenido tres mujeres críticas de grandes relieves: Carmen Natalia, Aída Cartagena y Chiqui Vicioso. Pero con nuestras críticas acontece algo parecido: no les ha caído el expediente “Amelia Francasci” porque ella no fue una “luchadora” en el sentido común dominicano.

P. ¿Qué valor entiende tiene la obra de Francasci dentro de la literatura dominicana, así como para la literatura femenina dominicana?

R. Yo le quitaría a Francasci el aditivo de “literatura feminista”. Ciertamente ella trata temas femeninos, pero no aboga por los temas tradicionales de la lucha feminista. Lo suyo es cierto intimismo, una condición humana que se queda dentro de la casa. En “Francisca Martinoff” trata los amores imposibles, el concepto de sacrificio, haciendo una especie de “Bildungs roman”, novela de formación. Lo interesante de la esa novela es la manera en que desarrolla la trama, la precisión del ambiente de cambio de siglo en la sociedad dominicana, el tratamiento de la política, el naciente desencanto ante los caudillismos locales. Eso es lo que la convierte en una gran novela.

P. ¿Qué elementos destacan la escritura de Amelia? 

R. Amelia Francasci se inscribe dentro de una sensibilidad bastante impresionista: ella describe situaciones, personajes, acciones, con pocos recursos, de manera bien condensada. Cuando la leía me sentía como cuando estaba leyendo el “Werther” de Goethe: ese narrar los dolores en los que tú extrañamente te implicas. En ella no hay grandes sorpresas. Su melodrama está muy bien estructurado.

Carmen Natalia (Carmen Natalia Martínez Bonilla)

Carmen Natalia, 1943. Colección Isabel Martínez Bonilla.
Ylonka Nacidit Perdomo

P. Este año se cumple un centenario del nacimiento de Carmen Natalia, ¿qué podría decirnos su trabajo literario hoy en día? ¿Una profecía cumplida o por cumplir, como destaca usted en el artículo “Es preciso soñar con la victoria”? 

R. Carmen Natalia fue una implacable opositora a la dictadura de Trujillo,  que hubiera preferido morir antes que doblegarse.  Humana, medularmente ética, sin máscaras, exploradora ontológica del sentido de la existencia; no dejó que su aliento se fatigara en la lucha, portadora de sentimientos espirituales que comunicaba, deslumbrándonos con su poesía. Ella es merecedora  de ocupar la privilegiada posición  de ser una Poeta de la Patria. Perseguida obsesivamenre por la tiranía, sólo tuvo la posibildiad del exilio, para evitar que el odio la matara a ella,  o ella matara a las hienas colocadas como estatuas de una dinastía en el Estado. 

Carmen Natalia es esteta y artista, escritora y creadora. El centenario de su nacimiento nos encuentra organizando distintas actividades para que ella alcance el tamaño de la eternidad, y su obra poética se busque, se conozca y se comente. Una sola  oración principal puede definir lo que pensamos ahora: Ella es una estrella que alumbra en el infinito,  aun transmitiendo la luz que la atormenta.
Su obra poética desafiante, de plenitud expresiva, es de una singularidad sorprendente; es inspiradora, motivadora para crear una laboriosidad  que permita en el presente derrumbar a los que siguen sedientos de poder, a los corruptibles y corruptores; a los que acosan a los pueblos con sus mentiras; a los que traen oscuros siniestros. Ella es la poeta del exilio que tiene la  dimensión literaria de más grandeza. 

P. ¿Es su poesía escrita en su exilio en Puerto Rico la que rompe con su obra anterior, o mejor dicho, la que define otra trayectoria literaria y cuyos poemas de esa época la ensayista y escritora Chiqui Vicioso la señala como su poesía “más prosaica y militante”? 

R. Carmen Natalia no dejó nunca de escribir. Sus poemas Canto a la tierra (1938),  La Miseria está de ronda (1948), No fue porque yo quise (1949), y El Grito (ca. 1949) son cuatro textos de su obra cumbre desgarradores, que clavan en el alma un aguijón estremecedor. Me pregunto ¿si otra poeta en la dictadura tuvo una  valentía similar: asestarle al monstruo un duro golpe, inquietarlo, desequilibrarlo, alterarlo como lo hizo Carmen Natalia? 

La labor que emprendemos de celebrar su centenario de nacimiento, es también para honrar en vida a Maricusa Ornes (1926)  “despositaria de sus versos”, que  llevó con su voz los versos de Carmen Natalia a distintas tierras y escenarios, al través del arte de la declamación, y que compiló su Obra Poética Completa (1939-1976).

Miguel De Mena

P. Este año se cumple un centenario del nacimiento de Carmen Natalia, ¿qué podría decirnos su trabajo literario hoy en día? 

R. Carmen Natalia Martínez Bonilla es una autora por recuperar. De ella se han recogido sus poemas (casi) completos), pero hace falta el resto de su obra, que sospecho tendrá todavía su familia. Al menos se ha publicado póstumamente “La victoria”, un gran aporte que se lo debemos al crítico Manuel Matos Moquete. Sobre ella cae siempre la estampa de luchadora trujillista. Y claro que lo fue. Pero aparte del valor documental, en su obra hay zonas que todavía son de buenísima literatura.

P. ¿Es su poesía escrita en su exilio en Puerto Rico la que rompe con su obra anterior, o mejor dicho, la que define otra trayectoria literaria y cuyos poemas de esa época la ensayista y escritora Chiqui Vicioso la señala como su poesía “más prosaica y militante”?

R. Ella se consideró siempre una luchadora antitrujillista. Sus poemas –los que escribió en la media Isla y luego los de su exilio-, responden a dos grandes principios: los de tema amoroso y los declaradamente políticos. Lo lamentable es que luego de concluido el trujillato en 1961 la poeta se apagara.

P. He leído que Carmen Natalia no está inscrita dentro de ninguno de los movimientos literarios dominicanos contemporáneos con su escritura. ¿Por qué?

R. Antes de hacerme esa pregunta me cuestionaría en torno a quién le corresponde el derecho de adjudicar escuelas y movimientos. A mí en lo particular el tema me parece secundario. A Carmen Natalia le pasó lo mismo que a Juan Sánchez Lamouth: ninguno encajó en las “escuelas de su época”. Aún así, ambos hicieron grandísimo aportes a nuestra literatura.

P.  ¿Qué elementos destacan en la escritura de Carmen Natalia? 
No me he tenido mucho en la zona más conocida de Carmen Natalia, la poética, porque me seduce particularmente. De su narrativa y su ensayística te podría decir que estamos ante  una autora que destaca por la originalidad en el tratamiento de los temas, pudiendo ser estos en algunas ocasiones bastante “sentido común”. Me explico: en su novela “La libertad” ella le da continuidad a un artículo que había sido incluido en su libro de ensayos “Veinte actitudes y una epístola”: un estudio sobre la escultura “la victoria de Samotracia”. 

Es toda una alegoría al tema de la libertad y la justicia social, las dos grandes banderas contra el trujillato. Ella trata órdenes éticos pero sin caer en una simple denuncia. “La victoria” es una de las grandes novelas dominicanas, por su dinámica, el ritmo y la simpleza de las situaciones que construye. Y sobre todo: porque no te sientes que estás leyendo dentro de una barricada, aunque lógicamente que en su caso, hay una abierta actitud de cuestionamiento al orden social del trujillato.

P.D. Pueden comprar dos de las novelas de Amelia Francasci en Amazon, editadas por Miguel De Mena bajo el sello editorial Cielonaranja. (Para obtener el libro dar click en la imagen).