julio 14, 2016

Respuesta a una declaración descontextualizada: Los "no lectores" dominicanos son más

Foto Listín Diario.


El tema empezó con un artículo publicado el sábado 9 de julio en la página Al Momento. Unas declaraciones atribuidas a José Mármol y que llamaron la atención a más de un incrédulo, empezando con el título de la nota: “RD es segundo país con menor población no lectores de libros AL”.

¡¿Qué?! Sorprende. Y cuando se lee la nota, la boca no se puede cerrar.

“Nosotros somos, sorpresivamente, el segundo país, luego de Chile, con menor población de no lectores de libros, alcanzando un 32%, mientras que la patria de Neruda y Gabriela Mistral un 20%”, detalla. “En Brasil el 50% de su población no lee libros, mientras que en Perú llega al 65% y en Venezuela al 73%. España contó con 39% y Portugal con 43%”, agrega.

Tengo algo con los declaracionismos, la mayoría de ellos originados de notas de prensa: los pongo siempre, siempre en duda.

Hurgando en los datos

El artículo se discutió en mi muro desde posiciones, digamos, “eso es mentira” sin otro deseo de indagar, pero la periodista Margarita Cordero y el abogado Miguel Reyes Taveras se molestaron en tratar de ubicar el origen de este tan halagüeño pronostico.

Empezamos con que el estudio del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), titulado “Comportamiento del lector y hábitos de lectura”, fue publicado en 2012, con datos de una encuesta hecha por el Ministerio de Cultura en…2006.

Buscando referencias de esa encuesta del 2006, que no aparece integra ni en “los centros espiritistas”, me encontré un artículo del Diario Libre del 2008 donde hace referencias interesantes sobre ella y que nos dirige a pensar que el hecho de que un 32% diga que no lee libros no significa que el 68% si lo haga como un habito.

La muestra de la encuesta fue de 1,450 personas. No se sabe si a nivel nacional. El artículo subraya lo siguiente: “el 31.9 por ciento nunca lee, el 13.6 lee una vez al mes, el 4.2 por ciento una o dos veces al año y el 3.2 cada dos o tres meses”.

 Leer una vez al mes, una o dos veces al año o cada dos o tres meses no parece evidenciar un hábito de lectura. Así que sumando porcentajes, podemos decir que un 52.9% de esos encuestados no tiene hábitos de lectura de libros (recuerden que leer, leemos todo los días letreros, instrucciones, artículos en redes sociales…). ¿Ven que descontextualizada está la declaración de Mármol?

Y según los datos de esa encuesta reseñados en Diario Libre, el asunto se pone peor.

“…un 23.3 por ciento de las personas encuestadas aseguraron leer todos los días. Sin embargo, sólo le dedican a este hábito diecinueve minutos de las ocho horas que tienen libres, es decir un 2.6 por ciento de sus momentos de ocio. Esta situación demuestra que las personas prefieren pasar su tiempo libre frente a la televisión en un 40 por ciento, recreándose en un 23 por ciento y leyendo, como última opción, en un 19 por ciento. Por lo tanto, las ofertas y las regatas no ayudan a mejorar esos resultados. Se desconoce el aporte de la Feria del Libro, porque Cultura no tiene un estudio sobre la incidencia”.

Al final, tenemos que solo un 23.3 por ciento tiene, digamos, un real hábito de lecturas de libros a pesar de que solo le dedica un promedio de 19 minutos diarios de sus momentos de ocio, en que solo un 19% (supongo que de los que leen o los que leen diario) opta por leer un libro como primera opción en su tiempo libre.

O sea, que solo un 19% dedica su tiempo de ocio a leer como primera opción. Para el resto, un 81%, leer un libro no es ni primera opción, ni es un hábito que alimentar o dedicarle tiempo. Y extrayendo el dato de los 23.3% que leen todos los días, pero solo un promedio de 19 minutos, un 77.7% no posee hábitos de lectura de libros.

Unos porcentajes que probablemente José Mármol no reseñaría.

junio 19, 2016

"Número cero"...ni tan ni tan poco

Tenía un rato sin escribir sobre mis lecturas, eso y que he dejado pasar el aniversario número 10 de mi blog (hace más de dos meses) sin pena ni gloria...y con una promesa incumplida, de paso. Pero entiendan, ser madre y periodista, esposa y freelancer, es como para vivir así, distorsionada, apurada y con los tiempos cruzados.

Pero este post va de mi última lectura, la que finalicé hace media hora. "Número cero", de Umberto Eco.

El libro, antes de abrir la primera página, te crea expectativa. Es Umberto Eco. Como no me llevo ni de prólogos ni de textos de contratapa, voy directo siempre a la lectura. Esta es una especie de unas primeras páginas de intriga bien escritas, un buen poco de las siguientes páginas de un casi aburrimiento gracias a una historia conspiranoica, y un final demasiado simple y trillado.

Siento que la novela se queda corta en su supuesto propósito: ser una reflexión sobre le periodismo. Aunque hay situaciones y expresiones de sus personajes en la redacción del proyecto Domani que exponen esa doble cara del periodismo, todo queda en lo anecdótico, en una cháchara que no cae en ningún lugar ni tiene ninguna conexión con el asunto que al final da supuestamente cuerpo y final a la novela.

Rescato algunos diálogos porque me llevan a reflexiones sobre mi ejercicio y el mundo en el que me desenvuelvo, pero fuera de ahí, me parece una historia que le faltó profundidad y que quedó a mitad de un camino, que no convence. Una novela, para mí, olvidable.

Este es uno de los diálogos que me gustaron.


mayo 09, 2016

Un paseo decepcionante en la librería Cuesta

La última semana de abril estuve en una de las pocas librerías que quedan en Santo Domingo, y creo que la única ubicada en el centro de la ciudad, Cuesta Centro del Libro.

Es una librería comercial, más ahora que nunca, en que sientes que vas por los pasillos como por gondolas de supermercado. Y eso te pesa, porque te recuerdas como la estudiante con pocos semestres en el universidad sentada en una esquina del piso de esa librería, hojeando libros, anotando referencias, algo que por alguna razón ya esta librería no te motiva hacer.

Mi visita se debió a un supuesto especial anunciado en las redes sociales, por el aniversario 24 de la librería Cuesta. En las redes todo parecía ser genial. Un supuesto 24% de descuento, personajes literarios recomendando lecturas...fui el viernes 29 de abril, dos días antes de que se terminará la semana aniversario.

Eran las dos de la tarde. La librería estaba casi desierta. Sigo directo a las mesas que están a mano derecha. Pensaba que eran la de los especiales, pero mientras observo los libros de biografías que no me importan y de economía y de crianza (sí, todo eso andaba revolteado), me doy cuenta que no son libros que indiquen ningún precio especial. Me acercó al fondo donde con un pedazo de cartulina se anuncia el descuento, pero no veo nada que me interese, aunque si pienso en algunos amigos que podrían gustar de libros sobre cine.

Dado mi desinterés seguí mi recorrido. No se si era porque de entrada nada me llamaba la atención o porque me parecía que los libros estaban colocados sin sentido, me empecé a desanimar.

Me alejo de las mesas y empiezo a ver libros que nada tienen que ver con especiales. Lorca, todos los de García Marquez, Llosa, Onetti...voy y vengo. Toco libros...recuerdo que tengo tantos pendientes por leer y que no debería estar allí. Pienso que en septiembre será la Feria del Libro, que quizás no valía la pena revisar estantes de libros que podría encontrar más baratos en unos meses.

Volteo y solo veo a los empleados en unos cubículos al fondo. Miró a izquierda. Entran dos señores a la librería, conversan de algo en voz alta. Regreso mi mirada al estante y me encuentro con una compilación de artículos de...

¡Leila Guerriero!

Recuerdo el pasado octubre en Medellín. Mi emoción al escucharla en la actividad de la Fundación Nuevo Periodismo. El deseo de saludarla. Pensar que ese no era el momento, ni el otro, ni el otro.

Acercarme a una fiesta en la noche. Decirle que la admiro mucho, que conozco a Frank Báez (por ese asunto de encontrar un punto de puente). Su saludo cortés, pero lejano. Pensar que pensé que seguro muchos se acercan a decirle lo mismo. Escuchar decir que nos podríamos ver al día siguiente, en la cena de despedida.

Quedarme la otra noche, la de la cena de despedida, mirando ocasionalmente la puerta del restaurante a ver si entraba. Saber que ese no era un lugar para conversar, y menos para entrevistar a alguien. Saber que no llegaría. Olvidarme del tema.

Un libro que si despertaba mi interés ese día. Cruce los dedos mientras me acercaba al lector de barras a pocos pasos del estante.

Precio: 1,650 pesos. Me río. Vuelvo a colocar el libro en el lector. Vuelvo a leer: 1,650 pesos. Observo de cerca e libro. No tiene tapa dura, no tiene 500 hojas, pero vale lo equivalente a unos 36 dólares. Paso.

Con menos ánimo sigo viendo el estante. En una esquinita veo los libros de Ana María Matute. Solo he leído una de sus novelas, "Primera infancia". Tomo uno. "Luciérnagas". Me sonrío porque es una palabra que traté de usar mucho en una época para escribir. Leo en la contraportada que fue una novela censurada por el franquismo. A ver si se puede comprar.

Lo pasó por el lector. Trescientos pesos. ¡Genial! No, no es parte de ningún especial.

Sigo mirando más estantes. Mientras escojo un libro del peruano Ivan Thays dos hombres junto a mí hablan y hablan. En un momento les pido permiso para para pasar. Siguen hablando. Hablan de política o algo así, creo. Desde una corta lejanía los observo. No ven los libros, solo hablan. En ese momento diviso a un empleado que acomoda libros en unas mesas. Me le acercó.

- Buenas tardes. Me podría decir cuáles son los libros que están en especial del 24 por ciento.

- Esos que están marcados con los letreros, pero el descuento es para los miembros del club de lectores.

Suspiro. No, no pertenezco al club de lectores. Interrumpe mi decepción la voz del joven.

- Pero estos (señala dos mesas grandes delante de él) están en especial para todo el mundo.

Me acerco a las mesas. Manuales de Excel, libros editados hace como 20 años sobre temas que creo le importen a pocas personas...Todos a 125 pesos. Ejemplares como este...


Veo y veo...y lo único que se me ocurre que puede hacer Cuesta con estos libros es...


Desisto. Sigo directo al área de literatura infantil para ver si puedo comprarle un libro a Fernando, mi hijo de tres años y medio.

Esta área está peor que todo lo demás. Los libros no tienen ningún orden por edad o temática. Todo se confunde. Lo dejo.

Subo a la segunda planta. Me aventuro a ver los libros dominicanos. No hay novedades de ningún tipo, al menos no en el estante que elijo revisar. Puede ser que haya libros de autores dominicanos por algún otro lado...pero a esta altura de juego estaba más que desmotivada.

Juzguen ustedes.


Ya con la hora de irme encima, me siento y pido un capuccino. Compruebo que el café sigue siendo una de las pocas cosas que rescatar de esta librería. Mientras acerco la taza a mi boca, miro hacía el fondo de la segunda planta de la librería y me doy cuenta que hace muchos años que no ha cambiado, se ha hecho vieja, no ha sido renovada ni siquiera para los ojos curiosos. Es una librería triste, no silenciosa, que es una dicha, sino triste. Con lugares donde los libros parecen solo amontonarse, donde un especial incluye manuales de programas de computadora.

No sé que futuro pueden tener las librerías en Santo Domingo, no tengo la menor idea de cuánto tiempo más dejarán envejecer la librería Cuesta, si hay algo que se pueda hacer para devolverle un poquito de luz, una manera de que los libros sean algo más que una especie de amontonamiento...No tengo ideas románticas, quizás solo quiero entrar y que no me engañen con especiales que no existen, que los libros tenga algún orden y que se enteren que hay más escritores además de los de siempre...o algo así.

Eso sí, que el café lo dejen igual. 

abril 12, 2016

De visitadoras y el aniversario número 10

Hoy terminé de leer "Pantaleón y las visitadoras", de Mario Vargas Llosa.

Era uno de mis libros pendientes...creo que casi todo Vargas Llosa es pendiente en mis lecturas. Este es el segundo libro de él que leo, después de la Muerte del Chivo...bueno el segundo y medio. Uno tercero de Vargas Llosa lo dejé antes de llegar a la mitad: El sueño del celta...uno de los libros peores escritos que he tenido la oportunidad de tener en mis manos.

¿Qué decir de Pantaleón y las visitadoras? Me lo gocé de principio a fin. Es un novela divertida, con una estructura ingeniosa, un personajes con forma y vida propia. Una delicia de historia. Me han dicho que es una de sus mejores novelas, y de acuerdo al mismo autor "un éxito de público que no he tenido antes ni he vuelto a tener" (una anotación que hizo en 1999, año de la edición que tengo en mi libro. La novela se publicó por primera vez en 1973).

Una de las cosas que más me sorprendió es que la bendita novela está basada en una historia real y que el capitán Pantaleón Pantoja es real, así lo asegura Vargas Llosa, en una especie de prólogo que inicia el libro, uno muy corto por cierto, escrito en junio de 1999.

"Algunos años después de publicado el libro -con un éxito de público que no tuve antes ni he vuelto a tener- recibí una llamada misteriosa, en Lima. 'Yo soy el capitán Pantaleón Pantoja', me dijo la enérgica voz. 'Veámonos para que me explique cómo conoció mi historia'. Me negué a verlo, fiel a mi creencia de que los personales de la ficción no deben entrometerse en la vida real".

Tengo las demás novelas que no he leído de Vargas Llosa, gran parte de ellas en versión digital. Las quiero leer antes de septiembre, al menos la mayoría de ellas, pues ese mes se inaugurará la Feria Internacional del Libro, que fue pospuestas según al versión no oficial por el mismo Vargas Llosa, a quien se le otorgó el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña...y bueno, se asume eso porque Vargas Llosa tiene malquerencias en República Dominicana desde que opinó sobre su política migratoria.

¿Vendrá a recibir el premio? Eso espero, porque pretendo lograr entrevistarlo.

Y...

Saliendo de Vargas Llosa hago constancia de  aniversario. El décimo aniversario de este blog.

En primero de abril del 2006 escribí el primer texto en este espacio, una herramienta ajena a toda esa fiebre de los mal llamados blogueros (aquí la razón de porque digo los mal llamados blogueros). Diez años de un viaje interesante en el que esta herramienta, este blog, me ha sido muy útil como medio de expresión, como escaparate, como experimentación y como un ejercicio periodístico.

Para celebrar este décimo aniversario a final de este mes les tengo una sorpresa. Ya les avisaré.


febrero 19, 2016

Murió el escritor a quien este blog le debe el nombre

Esta es la edición que tengo en casa. La compré usada.


No tengo memoria exacta de cuando leí la novela El nombre de la Rosa, de Umberto Eco.

Lo que sí sé es que la primera referencia que tuve de esta novela fue gracias a mi hermana. Teresa estudiaba arquitectura para esa época y un profesor no sé de que materia les había asignado hacer la representación del sentido de una novela que les asignó. Y fue esa, El nombre de la Rosa.

Recuerdo que mi hermana hizo una representación intrigante de la novela. En una tabla dibujo una especie de agujero con una forma parecida a una rosa, con colores raros..creo que había negro y rojo ahí, y le hizo un relieve de clavos. Me parece que en ese entonces tomé el libro, comprado por mi hermana, y lo leí

Di vueltas con eso, pero me olvide de la novela.

En el 2005 (lo confirmó ahora en Wikipedia), el país invitado a la Feria del Libro de Santo Domingo fue Italia. En el ciclo de la cinemateca en ese evento estaba incluida la película basada en esa novela. Me encantó. En esa Feria compré el libro. Y creo que fue la segunda vez que lo leí y también que me di cuenta que fue publicada en el año en que nací.

En los días en que daba vueltas con la idea de abrir un blog, un primer blog, que este abril cumple 10 años, no sé que me hizo recordar la novela. Es probable que haya sido el hecho que por esos días solía comprar rosas camino a mi trabajo. Me detenía en el Mercado Nuevo, de la avenida Mella, a eso de las 7 de la mañana. Tenía las rosas siempre sobre el espacio de mi cubículo y cuando pensé en el nombre...pues me vino a la cabeza la última frase en latín de la novela...

"Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus".

La traducción que encontré de esta frase está en la cabecera de este blog: "De la rosa no nos queda sino el nombre".

Y como de asuntos perecederos pensaba escribir en este blog, de asuntos que al final sólo me quedarían las palabras con las que los había hecho corpóreos para este blog aunque después desaparecieran...pues nada más cercano al sentido que me dio esa frase que El diario de la Rosa.

Umberto Eco murió hoy. Yo solo he leído esta novela de él.

Y de él no solo nos queda el nombre.