mayo 13, 2011

Periodismo y literatura: animales de sangre fría

*Texto que elaboré para un conversatorio que dirigí hoy en el pabellón Espacio Joven, en la Feria Internacional del Libro 2011. No lo leí, sino que asumí algunos pocos apuntes para dirigir un momento sobre el tema con un grupo de vivarachos adolescentes. Para mí esto siempre es un riesgo y aventura, eso de compartir conocimientos, así que cualquier corrección y aporte será bienvenido.

Periodismo y literatura: animales de sangre fría

Me gustan las metáforas. ¿Qué es una metáfora? De manera sencilla podemos decir que es una comparación entre dos conceptos, no para igualarlos, sino para que nos ayuden a comprender con más facilidad el sentido de lo que queremos decir. Por ejemplo, “la primavera de la vida”. No es que la vida tenga primavera, en el sentido literal, pero cuando lees la oración o la escuchas sabes que se está refiriendo, posiblemente, a la juventud o a un momento que consideramos hermoso en la vida.

¿Por qué empiezo este conversatorio hablando de metáforas? Bueno, porque vamos a hablar de dos conceptos, periodismo y literatura, a partir de una metáfora: los animales de sangre fría. ¿Y que tiene que ver la zoología con el periodismo y la literatura? Posiblemente nada. Pero me gustan las metáforas.

¿Cuando les hablan de un animal de sangre fría en que piensan? Posiblemente en un sapo. Esos animales que están en la humedad, babosos, difíciles de atrapar, feos…a menos que lo vean con curiosidad. Entonces se despierta el interés. Para serles sincera titulé este conversatorio así porque sonaba lindo e interesante. Luego, cuando busqué información sobre los animales de sangre fría me di cuenta que eran más que un sapo en un charco.

"Sangre fría” es un termino antiguo y poco adecuado ya ante los conocimientos actuales de biología, pero sirvió en un principio para incluir a un mundo diverso de animales que mantienen su temperatura o la cambian de acuerdo a su necesidad por diferentes métodos. El sapo, por ejemplo, necesita espacios húmedos para mantener la temperatura que le hace posible la vida y reproducirse. Pero también hay lagartijas que necesitan ponerse al sol para mantener una temperatura adecuada a su sistema por lo que también son animales de “sangre fría”.

Ahora pasamos al periodismo y la literatura: imagínenselos como animales de sangre fría que necesitan controlar su temperatura con elementos de su ambiente. Viven en el papel, en un libro o en un periódico. Su cuerpo está hecho de letras, signos, un idioma. A veces, si los vemos desde lejos, pensamos que son “feos”: un periódico que nos dicen que está lleno de malas noticias o un libro grande, lleno de letras y sin dibujos.

Ahora vamos a verlo con curiosidad y la curiosidad se manifiesta en preguntas. ¿Qué es el periodismo? ¿Qué es la literatura? ¿Qué dicen ustedes? Vamos al diccionario.

Según la definición de la RAE el periodismo es la captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas o variedades. Mientras que la literatura (en una primera definición) es el arte que emplea como medio de expresión una lengua.

La base de ambas, el oficio del periodismo y el arte de la literatura, tienen algo en común. La lengua. Ambas asumen una misma materia prima: la humanidad y lo que a ella rodea, o sea, lo que nos rodea. Entonces, ¿cuál es la diferencia? La diferencia es su objetivo.

El objetivo del periodismo es informar. Informar a partir del hecho relevante, de interés social. La literatura no tiene como fin informar y sus hechos suelen ser ficticios. Es más bien, por decirlo de una manera, narrar el sentido transcendente de la realidad, una especie de respuestas largas a nuestro cuestionario humano. Filosofar sobre la vida, desde la ficción o la realidad.

Sí estos dos animales se hubiesen mantenido dentro de estos límites, pues este conversatorio no tendría sentido. El asunto es que no lo hicieron.

En un momento los periodistas supieron que muchos hechos no solo podían transmitirse con responder un qué, quien, donde, cómo y cuando. Y eso fue algo que se hizo evidente a principios del siglo XIX, cuando el periodismo escrito se vio ante el reto de informar sobre una realidad marcada por los cambios económicos, sociales y políticos generados por las guerras, la industrialización y la migración.

El periodismo necesitaba mantener la temperatura al mismo nivel de la realidad que vivía el mundo y la prensa empezó a utilizar los elementos narrativos de la novela para que los lectores conocieran la magnitud de lo que pasaba, por ejemplo, en los frentes de batalla de la primera guerra mundial. Reportajes y crónicas empezaron a ser las lecturas más seguidas de la gente día tras día. La cobertura del hundimiento del Titanic y los frentes de la batalla son ejemplos de cómo el periodismo tomaba otra temperatura.

Esta nueva temperatura fue escuela para escritores, que ejercían periodismo, y futuros escritores, que en ese momento eran solo periodistas, como Ernest Hemingway, Mark Twain, que era el seudónimo periodístico de Samuel Langhorne Clemens, Whalt Whitman, Stephen Crane, John Reed y Sherwood Anderson.

Empezó la simbiosis que traería las mudanzas de temperaturas del oficio al arte y del arte al oficio. Los escritores que eran periodistas y los periodistas que empezaron a ser escritores llevaron también a la literatura los elementos del periodismo: precisión de las frases, oraciones cortas, narraciones basadas en hechos reales. Y, además, fueron más allá: novelaron acontecimientos sociales e históricos. Entonces nació lo que se ha llamado “nuevo periodismo” a mediados del siglo XX y que también estuvo contextualizado en una nueva ola de cambios sociales, políticos y económicos..

Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote, Hunter S. Thompson, Terry Southern, Robert Christgau, Rubén Adrián Valenzuela, Raúl Aguayo Chávez, Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, son algunos de los que se destacan dentro de esta nueva forma de hacer periodismo. Uno de los más significativos ejemplos es el libro “A sangre fría”, de Capote. Una novela que él calificó como “novela de no ficción” y que relata en detalles el asesinato de los miembros de una familia en el pueblo de Holcomb, Kansas, y de las motivaciones de los dos asesinos.

De esta lista también destaca un latinoamericano, el argentino Rodolfo Walsh. Su libro “Operación Masacre” (1957) es un testimonio de cómo la literatura es vehículo para que acontecimientos de índole noticiosa que no pueden ver la luz en su amplitud por los medios informativos tradicionales, sean conocidos a través del mecanismo de una novela de no ficción. Este relato novelado de un hecho real y publicado siete años antes de “A sangre fría”, relata el testimonio de siete sobrevivientes de una matanza en 1956 durante el gobierno de facto de del general Pedro Eugenio Aramburu.

Otro escritor que ha sumado de un lado y otro es Gabriel García Márquez. Primero periodista y después escritor, el colombiano ha publicado libros que fueron crónicas periodísticas o reportajes que bien cabrían como novela de no ficción. Y viceversa. Un ejemplo de lo primero es el libro “Relato de un náufrago”, la historia de un marino perdido en altamar por 10 días y cuyos detalles publicados en el periódico El Espectador por el Gabo periodista destapó un caso de contrabando gubernamental. Del otro lado, del hecho real que terminó convertido en novela con elementos de ficción, es “Noticia de un secuestro”.

Todo este movimiento de un lado para otro, de una temperatura a otra, significó el enriquecimiento del oficio de informar y del arte de narración literaria. Claro, las discusiones sobre qué tanto podría afectar la integridad de los hechos informativos el uso de elementos literarios se ha hecho presente. ¿Puede afectar?

“Una pareja de esposos murió ayer en un accidente, a la altura del kilómetro 9 y medio de la autopista Duarte. El hecho ocurrió alrededor de las 5:00 de la tarde, mientras el vehículo se trasladaba en dirección este-oeste y perdió el control cuando un camión trato hacer un rebase en el otro carril. Varios familiares llegaron al lugar del hecho, y entre lágrimas, lamentaban la muerte de Josefina Pérez y Manuel González, quienes tenían un mes de casados”.

Podríamos decir, luego de investigar sobre accidentes de transito en esta autopista. “Los sueños de una vida juntos de Josefina Pérez y Manuel González se esfumaron ante la imprudencia de un conductor. La autopista Duarte, donde se han registrados X accidentes en lo que va de año y en los que han muerto X personas, sumó la tarde de ayer a su lista de víctimas a esta joven pareja. Familiares que hace un mes celebraron la feliz unión de Josefina y Manuel, lloraban el trágico final de los esposos”.

El hecho de informar esta por encima, pero narrado de una forma tal que dibuja con mayor amplitud el drama y la realidad que envuelven este accidente.

Así, la temperatura de estos dos animales de “sangre fría” está desde hace casi un siglo amparada en esta colaboración, que los ayudó a sobrevivir ayer y les da vigencia hoy ante una época en que la imagen es primordial, dándonos una cara de las tantas de nuestra humanidad, desde la ficción y desde la realidad, y convirtiendo al sapo y a la lagartija en buenos vecinos, aunque a uno le guste el agua y al otro el sol.

3 comentarios:

Proyecto Madrugada dijo...

Excelente...para que decir demasiado.
Que pena que no pude asistir
besos, versos y abrazos desde Sadalsuud.

Víctor Manuel Ramos dijo...

Argénida, no lo había pensado de esa manera, pero para eso están las metáforas -- nos presentan lo que creemos que sabemos en una nueva luz. Es posible que algún futuro animal de sangre fría entre los asistentes recordará tus palabras. Me hubiera gustado estar ahí.

Argénida Romero dijo...

Frank: Gracias. Para otro momento será :)

Víctor: Suele pasar. Espero que alguno de los chicos presentes se haya quedado con algo de lo que son estas dos maneras de ver e interpretar la realidad, los que nos rodea. Espero un día podernos juntar y que no sea un día lejano.