septiembre 17, 2010

Lectura en dos facetas

Estoy leyendo en dos facetas. La de siglos, en hojas impresas y cocidas con lindas portadas y buenos textos. Y la otra más moderna: desde un dispositivo electrónico, en mi caso un Kindle.
En el primer caso hago espacio para agradecer a mi amiga Sonia Tejada, quien hace unos meses estuvo en España y, para mi sorpresa, me trajo un bello regalo impreso. El libro tenía un tiempo en sus manos y, según me contó, estuvo a punto de llegar a mis manos por diferentes vías desde Estados Unidos, donde vive Sonia.
Pero los caminos de la vida tienen sus maneras particulares de ser y mi amiga pudo entregar el regalo en persona, en un breve pero maravillosa visita a mi casa. Gracias mil, Sonia. Aquí la foto de un libro difícil de conseguir en mi país.



En el otro caso y por casualidad de los mismos caminos de la vida, en mi Kindle estoy leyendo Un país bajo mi piel, de Gioconda Belli, cuando llego a mis manos el regalo de Sonia. El Kindle es un regalo de mi pareja de hace unos meses atrás y no lo pude usar hasta ahora porque tuve que comprar el cargado vía online y....los caminos de la vida me lo estraviaron por un tiempo.
La experiencia con el Kindle es algo extraña. Les cuento que el primer día, mientras estaba entretenida leyendo en ese dispositivo, hice amagos de pasar la página y no pude hacer más que reírme. La costumbre hace ley.
Aquí las fotos para que lo vean. Mil gracias, amor, por este regalo.


septiembre 10, 2010

Monólogo del príncipe


Comenzaré con decir
que ni azul ni príncipe,
si de carne
nunca perfecto.
No sé de castillos
ni de princesas nerviosas,
moldeadas de cera y mentiras,
tampoco de dragones
menos de codornices.
Diré que soy
alto, bajo, mediano
gordo, flaco
triste, alegre
rico, pobre
todo depende de lo que quieras
y no quieras.
A veces, lloró
escondido, casi siempre
suelo tomar
cerveza, wisky, vodka
también me masturbo,
miro el cielo
y la lluvia me da un no sé qué.
A veces
Suelo ser o no ser
eso depende de mí
y tengo miedo
o soy valeinte
y desgraciado y dichoso,
pero siempre soy espejo
cuando te miro.

septiembre 06, 2010

De montañas y poesía…o de poetas y montañas (que no es lo mismo) III y final


“Defender la palabra contra la música, el sentido contra el sonido, la verdad contra la belleza, lo natural contra lo acabado. Acudir a un congreso de poesía y pronunciar, como forma de protesta, la palabra lechuga”. Alberto Batania, escritor español que conozco gracias a su blog www.batania.blogspot.com

La mañana del domingo se caracterizó por la ausencia de muchos que aun dormían la velada bohemia que sobrepaso las 3 de la madrugada. Yo llegué tarde al desayuno y tuve que merodear por la cocina para no dejar el estomago en pijamas.

El programa del día se resumía en dos puntos: un charla o ponencia titulada “Interiorismo, literatura y arte para nuestro tiempo” y un tours por la ciudad de Jarabacoa, en el cual me inscribí desde el día anterior. No podía irme sin repasar las calles de un lugar tan querido como ese.

Me desayuné, saludé a algunos conocidos y nuevos conocidos. Aunque el salón estaba medio vacío, apure el paso porque no me quería perder detalles de la ponencia antes de irme al recorrido. Aunque no sea afecta a los movimientos literarios, reconozco que quería comprender algunas de las motivaciones del Interiorismo para plantearse como tal.

En la mesa estaban gran parte de los poetas que leyeron en día anterior en representación de este movimiento. Me extrañó no ver a Bruno Rosario Candelier, su director y mentor.

La ponencia pasó del que apuntaba el programa como su encargado a las consideraciones de otros en la mesa principal. Entre lo que señalaron estuvo que el interiorismo plantea la presentación de una tercera realidad, después de la concreta y la subjetiva, que es la transcendente. Claro, dijeron que es algo usado por todos los escritores en todos los tiempos, pero que ellos como movimiento planteaban la búsqueda de esa realidad.

“Es poner la voz del poeta en el interior de la cosa”, dijo una de las escritoras expositoras. La palabra “místico y mística” se repitieron con frecuencia y el micrófono iba de un lado a otro. Sin embargo, y al contestar preguntas de los presentes, se contradijeron unos a otros. Mientras unos defendían el papel del movimiento como motor de búsqueda de una transcendencia que ha sido plantea desde siempre, otro expuso que a pesar de pertenecer al movimiento no se complicaba con ese planteamiento a la hora de escribir.

El asunto se puso más intenso con la intervención de Omar, un escritor de un taller literario del municipio de Sosua, de la provincia de Puerto Plata y cuyo recital me perdí. Omar planteó que el problema del movimiento era de criterio. Según su concepción, el interiorismo es un proceso y que lo que hasta ahora habían expuesto hablaba de la descripción de un proceso y no de la concepción de un movimiento. Eso lo dijo a pesar de que apuntó el hecho de que fue uno de los fundadores de ese movimiento.

Entre unas opiniones y otras, al final me pareció que los escritores del Interiorismo se convirtieron en una Torre de Babel y que, quizás, la presencia de don Bruno hubiese otorgado más claridad a sus explicaciones y auto-contradicciones.

Yo seguí sin encontrarle ni pies ni cabeza.

El paseo
El paseo, genial. Jarabacoa tiene un monumento especial en mi corazón. Claro, el tours estuvo impregnado de lo práctico de estas actividades. Fuimos a una quesería donde no pudimos ver el proceso de hacer queso. Ni modo. Comimos helados de frutas en vasos de plástico. Conocimos un centro de arte que vale su peso en oro y mantiene un programa de educación artística digna de admirar.

También fuimos al Centro Ecológico Profesor Eugenio de Jesús Marcano y hablamos con el director del Plan Cordillera, iniciativa que trabaja con la conservación del medio ambiente. Entonces descubrí que la ciudad de la Eterna Primavera tiene un gran problema: No tiene planta de tratamiento para aguas negras. Mal, muy mal.

En el paseo descubrí, además, la permanencia de otro problema (digno del medioevo). Hace unos meses el sacerdote a cargo de la Parroquia principal del pueblo, la de Nuestra Señora del Carmen, le dio con querer borrar el mural que por doce años a decorado el atrio de esa iglesia, según el sacerdote porque “los ángeles tienen miradas diabólicas y parecen homosexuales”. Como no pudo borrarlo, pues fue declarado Patrimonio Cultural para evitar tal cosa, se le ocurrió una idea mejor: taparlo con una lona. Mal, muy muy mal.

Y al final…
Al regresar a Pinal Quemado todos se encontraban en afán de partir. Algunos no los pude ver para despedirme. Antes de recoger maletas y experiencias nos reunimos en el salón y entre aplausos agradecimos la acogida y el trabajo de los responsables de la actividad, con Taty a la cabeza.

Lo vivido a partir de la curiosidad de saber que puede darse en un festival donde los poetas le leen a poetas la he dejado constar en esta crónica. Humanos escritores dan como resultado cosas de humanos escritores, con lo bueno y no tan bueno.

Deseo, porque tengo un deseo, que si vuelvo los poetas no solo le lean a los poetas. Lo demás, es inevitable.

septiembre 04, 2010

De montañas y poesía…o de poetas y montañas (que no es lo mismo) II

No todo lo que brilla es oro. Proverbio popular

El sábado fue un día intenso. A pesar de las evidentes caras de cansancio resacado de muchos, el día empezó con buen ánimo, sobre todo de los poetas que inauguraron el ciclo de recitales.

Aunque en la mesa estuvieron varios escritores, dos de ellos se robaron toda la atención. Elsa y Rafael P. Elsa es uno de esos seres especiales, todo un personaje. Periodista y escritora. Doy fe de lo último y subrayo que los poemas que he podido leer de ella me han gustado mucho. A Rafael P. lo conocí en Santiago hace unos meses atrás en un recital en el parque de la ciudad. Igual que Elsa, es un todo un personaje. De él no he leído nada escrito, pero si lo he escuchado leer lo que escribe. Ingenioso y irreverente.

Recuerdo la lectura de los demás. Con sus tonos pausados, voces agradables, algunos poemas buenos. La sorpresa de una escritora de poemas infantiles (¡cuanta falta hacen!). Pero Elsa…Elsa es como la bofetada del otro lado de la cara (de la que Jesucristo hablaba, supongo). Nos habló sobre cosmos, nuevos seres humanos evolucionados, ciclos, sus objeciones a las religiones…y luego vino su poesía.

Rafael P. leyó lo que el señaló “una definición de una de las 40 clases de feminismos”, de un diccionario que al parecer anda redactando, algo al estilo del Diccionario del Diablo del periodista británico Ambrose Bierce. Por alguna razón, ni las expresiones de Rafael ni la forma en que las dijo le cayeron bien a Elsa y ella, en su particular forma de ser, hizo ser visible su incomodidad. Si los ojos mataran...

En un momento pensé que la sangre llegaría al río (algo exagerado, lo sé). Pero no. Rafael P. tiene la sonrisa fácil y el ánimo tan etéreo como para tomar las cosas con mucho dramatismo. Y Elsa solo es coraza dura por fuera.

Luego vinieron al turno los poetas de Mao, pero la llegada de una buena amiga me sustrajo de ese momento.

Poesía negra y los poetas que convocan
Retome mi asiento cuando iniciaba un homenaje a la poesía negra de Blas Jiménez. En primer lugar, lo de poesía negra no me acababa de llegar hasta que mi despiste reparo que se refería a lo que en bachillerato me enseñaron como poesía negroide. Y recordé a Nicolás Guillén y a Manuel del Cabral…

Mi segundo despiste es que no sabía que Blas Jiménez había muerto el año pasado. Nunca he leído un texto de él, aunque recordaba su nombre de algunas notas culturales. Así que trate de prestar atención.

El momento fue abierto con la actuación del Luis Arias, el cimarrón. Genial. Luego alguien empezó a hablar sobre Jiménez, sus aportes, su resumé profesional. Hizo algunas ponderaciones sobre sus libros…me aburrió. No recitaron ni una línea de sus poemas, de sus cuentos o de sus ensayos.

Luego nos tocó participar a los poetas que convocábamos…aunque no se precisamente qué. Me hace halago pensar que convocábamos alguna musa perdida, pero no creo en las musas. Estuve rodeada de buenos poetas. De todos, Valentín, Guido y Menoscal me emocionaron. También estuvo a mi lado mi compañero. Waldo me dedicó uno de sus poemas y el rubor se me salía por las pecas (la rima no fue intencional; el rubor, si).

Los movimientos
En el programa del festival estaban pautados reconocimientos a dos movimientos literarios: la Metapoesía y el Interiorismo.

Empiezo con aclarar mi postura. No soy amiga de los movimientos literarios, no pertenezco a ninguno. El terminó metapoesía lo escuche por primera vez esa tarde. Con el Interiorismo tengo una historia, breve pero historia. La resumiré: fui invitada, vi, conocí y me fui. Fin.

Ahí estaban los gestores de ambos movimientos: Jorge Piña y Bruno Rosario Candelier (que para señas es presidente de la Academia Dominicana de la Lengua). Ambos movimientos cumplían 20 años de fundados. En el acto estuvo presente la alcaldesa del municipio de Jarabacoa.

Don Bruno, así le llama todo mundo, fue el primero en recibir el reconocimiento. Hablo, como suele hablar, menos extendido que de costumbre. Siempre lo he visto como un gestor cultural que gusta de la literatura, que la examina desde su perspectiva y que propone. Un trabajo de muchos años que merece ser reconocido. Esto lo digo a pesar que su movimiento, el Interiorismo, para mí no tiene ni pies ni cabeza.

Piña dijo algunas palabras. Habló explicando sobre su movimiento, aunque sin definirlo. Ya en casa busque información. La definición más entendible la encontré en Wikipedia. La que ofrece el Movimiento Internacional de Metapoesia (liderada por dominicanos que viven en Estados Unidos) es una especie de caracol descriptivo que no me dijo nada. Y según yo, claro, creo que todo poeta escribió en algún momento un metapoema, entre ellos Borges. Entonces, ¿para qué el movimiento?

Los poetas del Interiorismo leyeron. Buenos poemas de muchos, que creo escribirían igual sino no fueran interioristas. Al menos, eso creo yo.

Desde fuera y desde lo alto (diáspora y “altísima poesía”)
Lo de la noche de ese sábado fue de antología, y no poética. Desde fuera nos llegó la poesía de la diáspora, dominicanos que no viven en el país, y de los extranjeros que viven aquí o que vinieron al festival. La otra cara la ofreció un grupo de poetas con “Clima de Eternidad” que alguien señaló como de la “alta poesía”, muchos de los cuales me demostraron que los premios no hacen buenos poemas, o lo que es lo mismo, no todo lo que brilla es oro.

El recital de “Versos sin fronteras” nos deparó agradables sorpresas a mí y a un grupo de amigos escritores cercanos. Romina (argentina que ya se nos quedo aquí), Zuleika y Michelle (de la vecina Puerto Rico) y Themys (dominicana residente en Estados Unidos) me emocionaron de manera especial. Las demás participantes, porque todas eran mujeres, no lograron ese efecto en mí. Aunque una de ellas tenía una manera de leer que hacía parecer que las palabras danzaban.

De esa parte mi mención especial la tuvo María, una señora dominicana residente en Estados Unidos. Y no fue por su efusiva manera de leer, sino porque leyó un poema en inglés sin traducirlo al español. A mi me pareció una necedad, pero lo escuché (nada del otro mundo). A Elsa le ofendió y le pidió, vox populi, que lo leyera en español. La poeta María se negó. Elsa abandonó el salón.

Lo que vino luego fue una mezcla de sorpresa, decepción, satisfacción y risa. La “alta poesía” hizo gala como montaña rusa. Ahí en la mesa estaban esos escritores (no había una sola mujer), los poetas que se supone son mi referencia, la mayoría premiados…muy premiados.

Uno de ellos leyó poemas que me recordaron un recital de segundo grado de primaria. Otro lo sentí en un tiempo lejano, ajeno a cualquier sensibilidad que me moviera. Otro me hizo extrañar los versos de esa maravillosa Aída Cartagena Portalatín. Otros dos me devolvieron la fe en que no toda la “alta poesía” era como la que había escuchado hasta ese momento (eso incluyó una porra de mi mesa a uno de ellos). Y otro…

¡Virgen de los encaramados! Ese otro dijo “glu, glu, glu”. Les juro por la muerte que me llevará un día que esa onomatopeya sonó como un cataclismo, dentro de un poema que no me había movido ni un suspiro. Y, si, tuve que llevar las manos a la boca para controlar mi risa y los que me rodeaban hicieron lo mismo. No podíamos creer de lo que la “alta poesía” era capaz…

Si es así de alta, yo prefiero seguir escribiendo en el subterráneo.

Después…después la noche fue bohemia hasta bien entrada la madrugada. Lo del domingo…eso ya se los contaré.

septiembre 01, 2010

De montañas y poesía… o de poetas y montañas (que no es lo mismo) I


“Chuang Tzu soñó que era un perro, al despertarse no sabía si era un perro o un humano que se comía su propia carne”. Yorelis Santo, 11 años. Mi barrio en letras, Hatillo, San Cristóbal. Ejercicios de microrrelatos para niños auspiciados por la Fundación Literaria Aníbal Montaño.

Luego de varios kilómetros y horas, llegue a Jarabacoa (Municipio de la provincia La Vega en República Dominicana) con el firme deseo de curiosear. Si, ni más ni menos. Un Festival de Poesía donde sólo se reúnen poetas para recitarse poemas entre ellos se me asemeja, salvando distancias, a un laboratorio en que los científicos repasan sus pruebas y observaciones sin ningún interés de darlas a conocer a nadie más que no sea un científico. Definitivamente, algo curioso.

Claro, yo fui parte de ese experimento. Al revisar el programa un día antes de partir a Jarabacoa, mi nombre figuraba en un espacio del sábado en la mañana en compañía de otros conocidos y otros desconocidos que escriben poesía. “Poetas que nos convocan”, era el nombre de ese recital mañanero. ¿Será que los poetas podrán convocar una huelga o paro nacional?

Primeras impresiones y una alta voz
Viernes en la tarde. Cinco y media. Con más equipaje del conveniente, mi pareja y yo llegamos a Pinar Quemado, una estancia salesiana en la que celebra desde hace ocho años esta actividad. Había estado antes ahí. Hace unos 11 años fui sometida en se lugar a uno de los tantos retiros religiosos a los que asistí durante toda mi adolescencia y parte de mi “joven adultez”. Pero esa tecla no la voy a tocar, es de montaña y poesía que se trata esta vez. O de poetas y montañas, que no es lo mismo.

Mi primera buena nota del día fue conocer a Tanya Badía, una joven vivaz y trabajadora (además de buena escritora). Ella y sus padres colaboran con la organización del Festival de Poesía de la Montaña. Después de confirmar los datos, pagar la estadía y entregarnos la llave de la habitación, mi compañero y yo divisamos a Taty Hernández, el alma de este festival.

Abrazos efusivos. Taty es una gran gestora cultural que hace un trabajo que muchos “palabreros culturales” quisieran (y debieran) ostentar. “Por fin aquí”, me dijo. Y con algo de vergüenza le dije que si, ahí estaba, después de amagar por dos años mi asistencia.

Camino a la habitación notamos que en el salón al aire libre se realizaba uno de los recitales del programa. No nos detuvimos. Traíamos mucho cansancio a cuestas. Sin embargo, una voz nos persiguió hasta la habitación y se mantuvo con nosotros por largo rato. Y no piensen que fue porque nos dejara impresionados o había atrapado nuestra sensibilidad. Es que la señora que declamaba no lo hacía, sino que gritaba a unos niveles que era imposible distinguir algún halo de música poética en sus palabras.

¡Virgen de los encaramados! (ya les hablaré de ella un día) Sólo pensé en el publico que tenía, por cortesía, que aguantar semejantes alaridos. Tuve curiosidad de ir a ver quién era, pero más pudo mi deseo de tomar un baño y disfrutar el hermoso paisaje del lugar.

¿Poeta yo?
Con las energías renovadas, mi compañero y yo fuimos al salón. Este espacio es una especie de kiosko de cemento rodeado de jardines. Hermoso. Saludamos a los conocidos, que no eran muchos. Tomamos asiento.

Escritores de San Pedro de Macorís agotaban su turno. Me tocó escuchar algunas curiosas combinaciones de palabras y otras que tenía tiempo sin escuchar. “Magia de colores”, “degloto (¿alguien me facilita el significado?) la alegría”, “alborada”, “límpido”…

Luego esta participación toman lugar los poetas de la Fundación Aníbal Montaño de San Cristóbal. Pero según el programa, algo faltaba antes de esta parte: un recital de poesía urbana con “aliento a Homero Pumarol”. Para quienes no lo conocen, Homero es uno de esos escritores sin cánones comunes, ni para escribir ni para vivir. En estos días está recuperándose de un accidente.

El recital con el aliento de Homero estaba a cargo de los chicos del Movimiento Erranticitas (de este movimiento sé que hacen o hacían un festival que se llama o se llamaba “de la cucaracha aplastada” en la zona colonial a raíz de la muerte de uno de sus integrantes. Ya buscaré de qué se trata), pero nunca llegaron.

Pero vamos a los que si llegaron. Dentro de los poetas de San Cristóbal una nos dejó sin aliento y me hizo preguntarme más de una vez: ¿poeta yo? “Este cuerpo que finjo”, dijo esa pequeña de nueve años mientras leía uno de sus poemas. A pocos poetas premiados les he escuchado decir algo así escrito de su puño y letra. ¡Virgen de los encaramados!

“Rebelde de M”, el cimarrón y los performance
Luego de los recitales vi cosas que pensé no ver en un Festival de Poesía en este país, por lo que me encanto que estuvieran. Y cuando digo esto me refiero al hip hop y el subtitulo de esta parte de mi personal crónica nombra una de las rapeadas de RK (no averigüe nunca su nombre), oriundo de San Cristóbal.

Lo de ese chico fue algo que no dejo a nadie quieto en su silla, y no precisamente por bailar. Lanzo dardos nada poéticos contra el gobierno de turno, el presidente de turno y el sistema de turno. Mire a mi alrededor y…muchos de los ahí presentes trabajan en el Ministerio de Cultura de turno. No aguantaba la risa.

Eso sí, debo aclarar (que uno nunca sabe los pensamientos de quien lee), que la “M” es la de mentira. De nada más. Digo, a menos que en vez de rebelde…como guste.

De San Cristóbal también, que por lo visto hace un trabajo cultural digno de admirar y conocer, tuvimos la presentación de un personaje que nos acompañó durante todo el festival. Un cimarrón escapado de nuestra identidad que nos recordó las raíces que nos laten desde África. Luis Arias, el cimarrón, del Teatro Callejero de esa ciudad.

El cierre estuvo a cargo de los performance. Si, esa expresión que ha cobrado tanta fama por estos predios. Yo de performances no se mucho. Los veo como una presentación dramatizada de algún texto o idea, algo así como una mini obra de teatro. He visto pocos y cuento con tres dedos lo que me han gustado y me sobran dedos. Uno de los que me gusto lo vi esa noche.

Luis lanzó papeles al piso después de leerlos. Lissette recito algo que no pude percibir bien mientras le daba forma con el movimiento de su cuerpo. Alexei mezcló mucho frente a un lindo lienzo. Frank y Harry recitaron poemas que me dijeron mucho con una imagen corporal que me dijo mucho más y se convirtieron en mis favoritos.

Después de eso…fue una noche muy bohemia. Yo, como siempre, fui víctima de los rápidos efectos del alcohol en mi sangre, así que me acosté cuando la cosa se puso buena, según las versiones recogidas la mañana siguiente, una mañana que inauguro un sábado de cuestiones feministas, reconocimientos y “altísima” poesía.