Continúo con mis lecturas dominicanas.
Luego de leer la novela "Judas", de Marcio Veloz Maggiolo, me embarqué en los cuentos de Hilma Contreras. Descubrí, de paso, que tenía dos libros idénticos de sus cuentos, las mismas compilaciones, pero de editoras diferentes. Regalé uno.
Descubrir a Hilma Contreras fue darme cuenta que la literatura dominicana esta llena de tesoros, los cuales lamento resulten desconocidos para muchos lectores más jóvenes, y peor aun, para algunos escritores.
Uno de sus cuentos más cautivadores, de los que leí, fue "La Espera".
También di espacio al ensayo. Aquí releí, pues lo había hecho antes pero a saltos y sin mucho interés, el libro "La escritura como opción ética", de la escritora Angela Hernández.
Tal y como ella misma lo confiesa en la introducción del libro, son reflexiones inconexas, reunidas más que nada bajo el tema de la mujer y del tema ético de la escritura. De este texto rescato las referencias, en especial las relacionadas con las poetas de la llamada "Generación del 80", de las que llamó poderosamente mi atención Aurora Arias; y el texto sobre Salomé Ureña de Henríquez, quien es expuesta de manera muy distinta a la que muchos asumen, la de la mujer sumisa. Hernández la revela no solo como escritora, sino como luchadora y enfrentada a su esposo desde sus criterios. Desde se día estoy interesada en conseguir el "Epistolario de la Familia Henríquez Ureña", creo que publicado a finales de la década de 1990.
La primera lectura de poesía la dediqué al poeta dominico haitiano Jacques Viau y su "Permanencia del llanto", una lectura que me marcó, me "revolteo", me traspaso como esos veranos iracundos y huérfanos de mi infancia. Y ese fue el primer paso para decidir embarcarme en una investigación sobre Jacques, el mito, para reconstruir al Jacques, humano. Un viaje de más de tres meses que resultó en una serie de tres entregas en Diario Libre.
Soltado el barco de Jacques Viau pase a escritor y publicista Enriquillo Sánchez. Y comencé con una relectura de sus artículos reunidos, que fueron publicados en el periódico Hoy bajo el título "Devo[ra]ciones".
Compartir muchos de los juicios y sentencias de Sánchez en las redes sociales me ha regalado las mejores discusiones de este mes, en especial por su línea conservadora en sus análisis, con propuestas de reflexiones bastante arriesgadas, como la de plantear como polos que definen la dominicanidad al dictador Rafael Leonidas Trujillo y al ideologo de la independencia dominicana, Juan Pablo Duarte. Y más, ambos polos erigidos por Joaquín Balaguer (y me pregunto si es que no se le ocurrió pensar que el "ser dominicano" está también definido por otros aspectos).
Me aconsejan los más leídos que sus poemas y cuentos son otra historia, y de mayor disfrute y menos dilema. Así que desde que devore y haga (des)devoción las a veces no tan frescas reflexiones de Sánchez, me refrescaré en su poesía y sus cuentos.
"Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus". ("De la primitiva rosa sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos"). El nombre de la Rosa, Umberto Eco.
junio 10, 2015
mayo 26, 2015
Mucha feria, menos libro: lo rescatable y lo desechable (III y último)
![]() |
| Foto tomada de CDN |
¿Qué es lo rescatable? Desde mi visión, los talleres, los invitados y los conversatorios. Y, lamentablemente, son estos los espacios menos atendidos por los visitantes y por los medios de comunicación (que hacen una cobertura pobre y sin ningún propósito de la Feria).
Por estos rescatables es que es necesario sacar la bulla, los stands de televisión (que cambiara de Telemicro a CDN no suma ni resta, simplemente cambia el sentido del ruido innecesario). Por ellos hay que sacar los matatiempos, las pulseras (increíble que en la caseta dedicada a Manuel del Cabral no hubiese libros de Manuel del Cabral y sí un montón de botones y pulseras), la artesanía, las casetas de las iglesias y religiones.
Y algo más. Lograr coordinar estas actividades con las escuelas, que los estudiantes no vayan a dar vueltas como locos, sin ton ni son, que pueda existir una agenda, organizada, con horarios, con actividades en las que hasta los maestro puedan trabajar antes de llegar a la Feria.
Claro, estos son deseos. Sueños. Los organizadores de la FIL siguen insistiendo en que todo va bien, es excelente y es un triunfo. Mientras, la llenan de más ruido, de más bulla, de actividades y más actividades, en mata tiempos..,
Lo peor es leer al final, que el país invitado será para el próximo año...República Dominicana. Sí, dicho así textualmente, Es como si Argénida invitar a su casa a Argénida. Nada que ver con invitar a Macando a una Feria del Libro...eso es literalmente, hermosamente, literario.
Así las cosas, el próximo año no solo nos deparará una especie de "onanismo literario", que espero que de verdad saque algo bueno de los escritores menos conocidos, ya que han anunciado que será "enfocado en la diáspora", sino que al parecer asumen que no hay nada que repensar.
Tengo una duda, ¿los dominicanos que no viven en República Dominicana están diferenciados de los que sí? ¿Eso de "enfocarse en la diáspora" qué es? ¿Son diferentes o hay que diferenciarles de los que no vivimos fuera del país?
P.D. Sobre la Feria me restan tres artículos que no hablarán de la Feria, sino de experiencias allí.
mayo 06, 2015
Mucha feria, menos libro: Lo bueno (II)
![]() |
| Estudiantes protegiéndose del sol en las escalinatas del Teatro Nacional. |
Desde mi visión de alguien que va cada año a la Feria Internacional del Libro a buscar lo mejor dentro de una bulla que me hace cada año la búsqueda más difícil, y menos grata, puedo decir que mi obstinación me depara siempre bonitas experiencias.
Fui el primer día, a eso de la una de la tarde. No había casi nadie. Pude husmear. Llegué a la caseta de Fondo de Cultural Económica y por fin pude encontrar una antología de Jaime Sabines. Solo quedaban tres y el dependiente me aseguró que me guardaría un ejemplar para el día siguiente, pues no tenía los 600 pesos para comprarlo en ese momento.
Pasé por la Pabellón de Perú. Una gran decepción no encontrar un solo libro de Blanca Varela y José Watanabe. Tampoco habían libros de Mario Vargas Llosa. Sobre él, el dependiente me dijo que se debía a que la casa editora, Alfaguara, y dueña de los derechos de este escritor peruano, no había cedido sus obras para venderlas allí, y que además tenían una caseta en la Feria. Me sonó más a excusa que otra cosa, pero ni modo.

Fisgonee y vi otros libros que me podrían interesar, como uno de la periodista y escritora Gabriela Wiener, a quien leí varias veces en la revista Orsai.
El momento simpático sin duda fue cuando, con el periódico de la Feria en mano, me di cuenta que tenía de frente al escritor que reseñaban en portada ese primer día. Christian Reynoso me saludó creo que algo sorprendido cuando me le presente. Caminamos juntos por el recinto ferial un rato y quede de ir a una presentación donde participaría, que era justo antes de otra detrás de la cual había ido.
Visité contados stands. Me di cuenta que habían buenos precios, en especial en libros clásicos. No me aventuré a la zona de los stand de los ministerios, un asunto que entiendo está de más. Vi que había una zona de selfie con imágenes de los protagonistas de la Revolución Constitucionalistas de 1965.
Escuché el conversatorio con Reynoso. Fue un descubrimiento. De él y la visión de Perú y el periodismo, y de esa literatura peruana que desconocía totalmente. Tomé notas, escribiré algo al respecto en otro post.
Ese día también compré el libro de relatos Pardavelito, de José A. Beltrán. Estoy casi finalizando su lectura y les puedo decir que después de leer libros de Rey Andújar y Juan Dicent, no había encontrado una narrativa tan hermosamente explosiva, creativa, visceral y honda como la de este chico dominicano.La segunda vez que regresé fue para una actividad en la que me invitaron. Compartí escenario con Néstor Medrano en el Pabellón de Comunicación, dedicado esencialmente a Yaqui Núñez del Risco. Estuvimos una hora y media leyendo poemas y hablando sobre poesía. Habían pocas personas, pero era muy entusiasta. Ese día fui a buscar la antología de Sabines que dejé guardada. La encontré.
Me fui.
La tercera vez que regresé lo hice para encontrarme con una amiga y por esas casualidades geniales de la vida me encontré con el periodista y cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos, con quien intercambie mensajes una semana antes de que iniciará la Feria del Libro interesada en entrevistarlo. Una conversación accidental pero maravillosa. Pasamos una hora, Alberto, mi amiga y yo caminando por la Feria buscando un libro sobre merengue típico de Rafael Chajub. No lo encontramos.
No pude ir a ninguna de las dos actividades en las que participó Salcedo Ramos, pues mi agenda periodística es una locura. Pero lo entrevisté. Espero que esta semana o la próxima puedan leer la entrevista que le hice.
La cuarta y última vez que regresé fue el sábado pasado, a la presentación del libro "Formas del Ascenso. Estructura Mitológica en Escalera para Electra de Aída Cartagena Portalatín", del escritor dominicano Rey Andújar, Trabajo publicado por Isla Negra y que Andújar presentó como tesis de su doctorado en literatura en Puerto Rico.
La presentación de Rey fue una delicia. Escuchar sus señalamientos, su pensamientos sobre una escritora tan neural en República Dominicana fue uno de los mejores momentos que viví en la Feria. Apuntar que en la Feria no vi un solo libro de Aída Cartagena. Hace años compré en una de las ediciones feriales uno de sus poemarios.
No volví más, aunque no me faltaron ganas de hacerlo. Veía el programa y tenía deseos de no ir a trabajar y pasarme un día ahí dentro, a pesar del calor y la muchedumbre, solo para estar en algunas charlas, para entrevistar a algunos escritores (aquí tengo que decirles que es penosa la cobertura que se hace de la Feria del Libro, con tanta gente interesante para entrevistar y actividades que reseñar, todo se queda en decir a quien se dedica cada día y a repetir casi a la exactitud los mismos clichés de cómo van las ventas y "la masiva asistencia". Ya escribiré lo que pienso de esto), e insistir en encontrar algún libro que quisiera...aunque no encontrara a Varela y Watanabe en el pabellón de Perú me quitara gran parte de este deseo.
Por cierto, estaban vendiendo la primera edición de mi poemario Arraiga. La primera con la portada que se cambió. Lo vendían a 10 pesos en la Librería de Cultura.
![]() |
| Y no estaba en el pabellón Escritores Dominicanos. |
mayo 05, 2015
Mucha feria, menos libro: Todo cabe (I)
![]() |
| Solo tome fotos la primera vez que fui, el primer día de la Feria del Libro. Foto: Argénida Romero |
Ayer concluyó la XVIII Feria Internacional del Libro.
Esta mañana rememoré la única vez que fui a la Feria del Libro antes de ser internacional. Plaza de la Cultura, varias personas ofertando libros, otras personas viendo los libros, comprando libros. Era algo pequeño, pero todo era sobre ir a ver libros y comprarlos.
Las primeras ediciones de la Feria del Libro ya internacionalizada aun guardaban algo de ese espíritu. Recuerdo con nitidez la de 1997, el libro que compré y como pude hojearlo y leer las primeras páginas ahí mismo, porque el ambiente me lo permitía. En ese entonces se realizaba en el antiguo zoológico, donde ahora se monta el "parque de las luces" de la Alcaldía del Distrito Nacional en época navideña.
Luego la Feria se empezó a llenar de bulla. De casetas y stand de ministerios que nada tenían que ver con el libro. Por varios años el canal 5 montó una tarima junto al Teatro Nacional donde hasta bailarinas con poca ropa y música a todo volumen sonaban junto a espacios donde se vendían libros.
Sigo yendo la Feria del Libro, no dejaría de ir. Unos me dicen que apoyo lo mal hecho, otros me dicen que si voy no debo criticar. A los primeros les respondo que es un espacio público, uno que está lleno de cosas no muy buenas, pero también de cosas valiosas. A los segundos les digo: es una actividad que se realiza de fondos públicos, de los contribuyentes, organizada por funcionarios a los que se les puede reclamar desde los argumentos los fallos que entendemos existen.
Todos los años a los que he asistido, siempre he asistido a conversatorios, puestas en circulación, recitales. He conseguido libros que sé no podría encontrar en las pocas librerías que quedan. Este año, por ejemplo, por fin pude comprar una antología de Jaime Sabines en la pequeña caseta del Fondo de Cultura Económica, y pude comprar el ensayo sobre Aida Cartagena Portalatín de Rey Andújar en la pequeña caseta de Isla Negra. Ambos libros a excelentes precios.
Pero no pude hojearlos ahí mismo, ni leer sus primeras páginas. Desde hace años es difícil hacer eso en una Feria del Libro en Santo Domingo.
¿Por qué debe estar una caseta de un canal de televisión en la Feria?
¿Para qué las casetas de ministerios como las Fuerzas Armadas y de otros ministerios que no sean Cultura y Educación? ¿Para qué un stand de la Policía Nacional?
¿Para qué espacios de iglesias y religiones?
¿Para qué las ventas de pulseras, carteras, pucas y accesorios?
¿No se supone que es una Feria del Libro? ¿Desde cuando una Feria del Libro es una Feria Cultural, o sea, donde cabe todo?
¿No sería mejor cambiarle el nombre y celebrar cada año la Feria Internacional de la Cultura?
Ya el libro no es un protagonista.
abril 13, 2015
Galeano
Sé que todo el mundo anda hoy exprimiendo frases de Eduardo Galeano por las redes sociales.
Pero yo voy a contar mi historia con Galeano, quien murió hoy, a los 74 años de edad.
Es una historia corta.
Lo leí por primera vez en la universidad, cuando un día entré al Economato a inventarme una de esas crónicas que entregaba al profesor de Taller de Periodismo I. Y mi crónica era de una tarde en el Economato.
Me tope con el libro "Patas arriba. La escuela del mundo al revés". Lo hojeé. En los días siguientes volví varias veces a hojearlo, hasta que tuve el dinero para comprarlo. Doscientos pesos. Lo leí en tres días.
Entonces lo busque en la Librería Cuesta. Ahí, sentada en el piso o el sofá más escondido, leí "Los hijos de los días", "El libro de los abrazos I" y "Espejos", este último a medias.
Nunca me interesó Las venas abiertas de América Latina. Lo tuve en mis manos varias veces cuando fui asistente del sociólogo e historiador Franklyn Franco. Pero no leí la primera línea. Sabía y sé el tema ideológico que envuelve ese libro. En el 2013, cuando buscaba noticias del porqué Galeano no vino a recoger el galardón del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña que le otorgó la Feria del Libro de Santo Domingo, me enteré que medio se desdecía de este libro.
Hoy en BBC Mundo encontré la transcripción de su declaración sobre su tan matizado libro.
"No sería capaz de leerlo de nuevo (su libro Las venas abiertas de América Latina). Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria. No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada".
Del único libro que compré de él, busqué hoy un pasaje que recordaba hacia referencia a República Dominicana y la gesta revolucionaria de Abril de 1965 y que este año cumple su 50 aniversario (convertida en mito y no en Historia). Aquí lo traigo.
La memoria rota
A fines del siglo dieciocho, los soldados de Napoleón descubrieron que muchos niños egipcios creían que las pirámides habían sido construidas por los franceses o por los ingleses.
A fines del siglo veinte, muchos niños japoneses creían que las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki habían sido arrojadas por los rusos.
En 1965, el pueblo de Santo Domingo resistió treinta y dos noches la invasión de cuarenta y dos mil marines norteamericanos. La gente peleó casa por casa, cuerpo a cuerpo, con palos y cuchillos y carabinas y piedras y botellas rotas. ¿Qué creerán, de aquí a un tiempo, los niños dominicanos? El gobierno no celebra la resistencia nacional en un Día de la Dignidad, sino en el Día de la Confraternidad, poniendo un signo de igual entre quienes habían besado la mano del invasor y quienes habían puesto el pecho a los tanques.
Me gusta su manera de rescatar el silencio de la Historia, esas fisuras, esa grietas. Eso, su manera de escudriñar en los detalles de lo que no se quiere decir, de esa manera de cuenta cuentos, de abuelo heredero de las historias.
El examen ideológico se lo dejo a otros.
Hoy también murió el premio Nobel de Literatura Gunter Grass, pero de él no he leído nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







