enero 12, 2007

Utopías

A Amaury Germán Aristy, Virgilio Perdomo, Bienvenido Leal y Ulises Gerón.
Hace tiempo crecían por todas partes. Se podían encontrar fácilmente, coloridas y alegres, entre las líneas inconclusas de las manos que cultivaban la luz en la tierra, en la transpiraración del horizonte y en el permanente murmullo los sueños colgados en el pecho.

Eran tan inmensas que cubrían el oprobio de esperanza. Tan intensas que, a pesar de sus crucifixiones diarias, resucitaban a cada paso, redimiendo la razón del presente y el deseo del futuro.

Hoy son parte del recuerdo, envejecieron aniquiladas por las burlas de los inquisidores de la fe del tener y no ser. Pero si observamos con atención el paisaje, podremos distinguir el color alegre de muchas que, a pesar de todo, ha logrado sobrevivir.

4 comentarios:

Noris Eusebio-Pol dijo...

a pesar de "las burlas de los inquisidores", esos hombres y esos días de lucha quedan en muchos de mi generación como una historia heroica de gran belleza e inspiración. andábamos en las calles, buscando El Nacional y oyendo la radio, deseando que lo imposible sucediera, y la admiración y respeto y también el orgullo nos llenaba por lo que ellos hacían... hicieron...
honrar a nuestros héroes es saludable. gracias

Anónimo dijo...

Y como has dicho, algunas sobreviven. Gracias al latir colectivo de aquellos -como tu, como yo, como noris- que en cada jornada asumimos la lucha de nuestros heroes como nuestra batalla personal. La justicia social, la equidad de oportunidades, la libertad y seguridad ciudadana deben ser nuestras metas... elevarlas a utopías sería reforzar su naturaleza de inalcanzables. ¡No desmayes poeta! Buena entrada.

Carolina Rodoli

Anónimo dijo...

Tambièn mi vida se vio colmada de hermosas utopias, que no eran tales sino que estaban disfrasadas pues se convirtieron en verdades. Hoy puedo sentir que lo que mas lejos parece estar se encuentra mas cerca. Pido al cielo, amiga, que nunca muera en ti ese pluma soñadora que hace posible que muchos deseemos seguir amando las cosas pequeñas y sencillas de la vida que son invisibles a los ojos y se ven con el corazòn.
Te quiere Angela.

Anónimo dijo...

Y yo, también corroboro con Noris y el otro comentarista. Esos recuerdos no se borran y los que no vivimos esa época, nos imaginamos esas emociones, que aunque terminaron mal, nos dejan el recuerdo y el aprendizaje de la lucha en sí. Ese sentir de que debemos luchar por nuestra libertad. Y ellos son de los que viven en nuestros recuerdos, aunque estén muertos en la carne...