marzo 14, 2024

14 de marzo

 - Me he muerto dos veces esta semana.

- Pero yo la veo aquí, viva.

- Sí, sí... pero es como que me moría, pero volvía.

- ¿Y cómo es eso, mi mamá?

- Es... como irse del cuerpo.

- O sea, ¿es no sentir el cuerpo?

- Sí, eso. Algo así. No sentía nada y me iba, pero me espanté y volví.

***

La reunión de amigas no fue el 29 de febrero. Como en otras ocasiones, suspendimos para unos días después. Nos vimos, finalmente, tres días después. 

Hablamos de nuestras cotidianeidades y novedades, de las preguntas que nos hacemos después de los cuarenta años, de las expectativas cumplidas, las aplazadas, las ridículas y las desechadas. 

De los hijos, del trabajo que se tiene, y del trabajo que se abandona. 

De lo emocionante de emprender otros caminos.

De sexo.

De las constantes cuestiones diarias.

***

Reviso el poemario. 

Anuncio con una foto en mis cuentas de redes sociales, no públicas, el próximo acontecimiento en mi vida como una escritora "despasada y olvidada", pero reinvindicada en mandar al carajo esas premisas.

El pequeño milagro de la terquedad.

***


Es costumbre guardar el símbolo de una perdida, de algo o alguien que no está. Un relicario del recuerdo.

Uno de los tantos que me acompañan es una  planta de buganvilia. Crece frondosa en un tarro, en el balcón del apartamento. Sus flores son de un rosado intenso. Desde 2019 me acompaña.

Me recuerda un sueño, una fecha que debía marcar y en la que no pasó lo que se esperaba. Me recuerda el dolor, la sangre, el llanto. Me recuerda su cuerpo pequeño, demasiado pequeño para vivir, flotando en la nada. 

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