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junio 29, 2024

Retrocrónica de un poemario

Tres semanas después, volteo el cuello de la memoria. Cierro los ojos. Hay que cegarse para verse por dentro, para evocar, para recordar y tratar de rescatar el sentido de lo sentido.

Los que escribimos tenemos esa vocación alimentada de contarnos a nosotros mismos/mismas. No es del todo ego, es también insistencia y, por supuesto, falta de interés de otros que cuenten que aun se presentan libros, porque si no envías una nota eso no se va a saber. Peor, que después de presentar el libro tienes que sentarte a escribir una nota y mandárselas, porque la presentación de un libro, y para más de un poemario, no es algo que interesa. Y ya los suplementos literarios no existen.
Contarse también es quejarse.

Así que podría empezar por decirles que el jueves 6 de junio de 2024 presenté mi tercer poemario, que se llama Jamás Perder. Pero para serles sincera, el cuento de esa presentación no comienza esa noche lluviosa de un junio, cuando me entretenía hojeando un libro con mi nombre en la portada, mientras veía al editor de ese libro caminar nervioso, tratando que todo saliera bien.

El cuento, mi cuento, empezó mucho antes. Podría citar varios puntos de partida. Decirles que todo empezó un año después de que se publicara mi segundo libro, también de poemas, y me dijera "tienes que escarbar para encontrar una voz". O quizás fue semanas después de eso, cuando me pregunté, "¿Sobre qué vas a escribir?". También puede ser el día, a meses de distancia de esa pregunta, en que apunté en alguna libreta: "Escribiré sobre maternidad". O cuando se lo dije al esposo. Tal vez cuando empecé a escribir, escribir... y después borré todo lo escrito, y solté porque no hallaba ninguna voz. Probablemente pueda decir que todo empezó el día en que escribí sobre un corvato, o cuando vi flotar a un hijo y pensé en el mar y escribí en ese pensamiento. 

O quizás fue el día que salí enojada de un encuentro, con una veintena de hojas grapadas dentro de la cartera, porque me habían sacado cuentas. Diez años sin publicar. Y escribí de una sentada un poema rabioso.

Contarse también es desahogarse.

No, podría empezar por la tarde en que me senté con Harry Troncoso, mi editor, a hablar de esos poemas y, por fin, darme cuenta del claro canto de una voz.

O podría empezar por lo más concreto. El final de ese cuento sobre escribir poemas y publicarlos. Y ese final, que es esta retrocrónica, fue un jueves, distinto pero igual al de un poeta peruano que escribió que moriría un jueves; uno lluvioso, tal cual como el imaginado epitafio del poeta peruano, con la diferencia que no era en París, ni era otoño, sino las últimas semanas de una primavera caribeña en Santo Domingo.

***

Iba a llover. Era seguro. Como los días anteriores. Pero me puse un vestido estampado de flores azules y unos zapatos rojos con tacones. Tomé el móvil, abrí una app y pedí un taxi. Eran las 4:30 de la tarde. 

Llegué primero que todos y más temprano de lo que imaginé. "Estoy aquí", escribí por WhatsApp al editor de Ladiabla Ediciones, Harry Troncoso, un hombre de fe en la literatura, o sea, una especie en peligro de extinción. 

Me responde, dándome razones de su posible retraso tempranero, asuntos de tránsito en días de lluvia en Santo Domingo. Lo habitual. Así que me senté y empecé a repasar los poemas que leería horas después. Tome una foto de mis zapatos rojos y di constancia de ellos en mi cuenta de Instagram, anotando lo que hace unos días atrás me di cuenta: la casualidad de presentar libros siempre calzando zapatos rojos. 

Quien lleva la logística, en el Centro Cultural Banreservas, se acerca y me saluda, me da algunas indicaciones, me hace algunas preguntas. "Sí". "Luego". "Llegué temprano para no retrasarme". "No hay problema". "Ya viene de camino". "Subo en un rato al salón". 

Tío Víctor entra. Nos abrazamos. Me alegra verlo. Me explica que anda por la zona porque tenía una diligencia por allí y que se quedó porque "no valía la pena irse y luego tratar de volver, con estos tapones". Me dice que va a resolver algo y que regresa.

Casi las 6:00 de la tarde. El editor llega con esa actitud ambigua y contradictoria que da la agitación del sosiego. Con él, Marcela y Angie, su equipo. Subimos a la segunda planta, al salón. 

Todo está dispuesto. Dos sillas, una mesita, un pequeño florero, dos copas, dos botellas de agua. Al fondo, el chico del sonido. Todos se movilizan, menos yo. Me siento y me pregunto si las cerca de 60 sillas serán ocupadas, si interesa eso de sentarse a escuchar leer poesía. 

Llega Johanna, Jenny y a la Johanna que usualmente nombramos por su apellido, Tamariz. Ellas, mis amigas desde la adolescencia. Sonrientes, felices, presentes, solidarias. Empezaron leyendo mis palabras bonitas de adolescencia, ahora vienen a escuchar a una mujer que, como dice un verso del poema que escribí de una sentada, enojada, es "una mujer poeta que deja de sangrar".

Juntas volvemos a ser un poco las colegiadas de antes, contándonos los pormenores que se nos acumulan. No me doy cuenta por un momento, entretenida en los comentarios y risas, de que llegan más personas. Pero el rumor de las voces me hace levantar la vista. Entonces, me muevo. Empiezo a saludar, a abrazar, a sonreír.

- Una vez un periodista fue a la presentación de un libro de René del Risco. Me preguntó que cuándo llegaba el señor René. Le dije (Miguel sonríe con picardía y suspira) que quizás podría llegar.

Nos reímos. 

Empezaron a llegar otros conocidos, familiares, mi madre con un ramo de girasoles. Me los entrega y me abraza. Las flores son del esposo, que decide mantenerse al margen de todo lo que revolotea a mi alrededor. Se mueve, eso sí, con el editor, con el equipo. En algún momento me sonríe desde una esquina y le sonrío. 

Me siento en una de las sillas. El editor se acerca. "Vamos a empezar". 

7:15

***

El editor y yo dialogamos. Señalo asuntos sobre el poemario. Hago filosofía sobre escribir, borrar, volver a escribir y decidir publicar. La escritura es un ejercicio solitario, pero escribimos para alguien, creo que digo. Y sí, a veces lo hacemos para nosotros mismos, pero casi siempre es para que nos lean otros.

No recuerdo con exactitud que dije o quise decir y no dije en ese primer momento, antes de empezar a leer. Opte, eso sí, por ser lo menos ceremoniosa posible. 

En algún momento vi gente entrar, rostros conocidos, personas de puentes, de siempres. 

Me dispongo a leer el primer poema. Es de mi libro anterior. Del único ejemplar que me queda en casa, uno con un particular y común error: la portada está al revés de los textos, o puede ser que sean los textos que estén contrarios a la portada. Tomo el libro, leo "Mamá" y se me anuda la garganta. Ella está frente a mí y es la primera vez que escucha ese poema de mi voz. Debía llegar ese día. Ella también tiene, como yo, los ojos llenos de lágrimas. Y si tratara de hablar, sé que también se le ahogarían las palabras, como me pasaba a mí. Nos miramos cuando termino de leerlo.

Respiro, me recompongo y sonrío. Hay aplausos

Leo, ahora sí, los nuevos poemas. Aquí copio la secuencia que escribió Harry Troncoso, el editor, días después, en una crónica que publicó en la página web de su editorial.

(Acto de fe)                     
¿Dónde están tus libros, poeta?
¿Dónde están tus reseñas?

(Veinte de diciembre)
¿Dónde está el viento frío que te espera?

(Corvato)          
Sonríes para alimentar al cuervo
que me comerá los ojos

(De la arena)  
el mar lejos está de este deseo de rehacerse / (…)
en principio / el hambre / (...) 
es hora de comer
de atragantarse los corales blanqueados 
de abrazar los peces muertos

(Abandono)
la memoria es un cajón de corotos
un hoyo en la pared
un sitio que se inventa desde lo que se olvida / (...)
¿qué te dejo?
demasiadas palabras.

Hablo sobre otros asuntos, quizás caí en algún lugar común e hice un mal chiste. Pongo dedos en llagas. Reparo en las pérdidas y las ganancias en esto de ser mujer y madre y poeta y escritora y... 

Vuelvo a leer (y vuelvo a copiar)

Tanatofórica

(...)
Te llamé, te nombré
pequeño pez sobre la arena
tu encomienda fue decirme
hay otra ley, negarse al nombre 
al sentido lineal de la dicha
volverse escarabajo.

Me hacen preguntas. Respondo haciendo muecas, riéndome, saludando, moviendo las manos, buscando una forma correcta de sentarme, cruzando y descruzando los pies. 

Leo un último poema (copio los versos que eligió el editor para su crónica).

(…) 
los pies en el piso 
las puertas cerradas
y todo tiembla. 

Harry despide. Agradecemos. Bajo de la pequeña tarima. Saludo, abrazo y me abrazan. Recibo felicitaciones. Soy una mujer de zapatos rojos de tacones y vestido estampado de flores azules que desciende de su transitorio y efímero trono, de su instante de palabras, del púlpito de su voz. 

Afuera hay una mesa, con libros bien dispuestos. Escribo dedicatorias con mi torpe grafía. Puentes, alas, palabras. Siempres. 

Hay poses y fotos. El salón queda vacío. La gente se marcha. 

Salgo a la calle. El esposo va a buscar el vehículo. 

Es un jueves lluvioso. Es una moribunda primavera caribeña en Santo Domingo. Calzo unos bonitos zapatos rojos. Leí poemas. Presenté un libro. 

¿El poeta peruano? Murió un viernes de primavera.

mayo 21, 2024

Relaciones y libros

Mi primera relación extrafamiliar importante fue con los libros. Me recuerdo como una lectora hambrienta con siete años, aunque sin mucho detalle o memoria de lo que leía en ese entonces, fuera de un escándalo entre mis padres por haber tenido acceso a un libro que no era para mi edad y que leía sin entender mucho. 

Luego vinieron otras relaciones importantes. Amigos y amigas, novios, maestros y maestras, compañeros en la escuela, en la universidad, en mis trabajos. Mucha gente ha pasado sobre esos hilos invisibles que nos conectan, y que se rompen con facilidad. Los libros se han quedado.

Con la gente que ha pasado por mi vida hasta ahora han existido esas relaciones marcadas por un libro. Pocas personas me han regalado libros, la mayoría de quienes me han regalado libros son hombres, y la mayoría de esos hombres han tenido un lugar en mi vida en su sentido romántico y pasional.

La novela Cien años de soledad está ligada a mí debido a un hombre de quien me enamoré. En ese embobamiento inicial de esa relación que fue, decidimos un reto cursi: leer la famosa novela de Gabriel García Marquéz al mismo tiempo. No la había leído antes. Tenía 25 años.

No sé, o no recuerdo, si el compañero de lectura, que no me regaló el libro, cumplió con leer la novela al mismo tiempo que yo. Tampoco recuerdo si la comentamos entre nosotros. El hilo de esa relación ya es un fantasma. Pero sí me recuerdo tomar esa edición económica, de páginas hechas con papel posiblemente reciclado, y leerla en cada espacio libre que tenía en esos meses. 

Hice el mapa genealógico de los Buendía en un pedazo de papel que guardaba entre las páginas del libro. La leí en ese entonces y jamás la volví a leer. 

Recordé este relación hace semanas atrás, luego de ver el trailer de la anunciada serie basada en este libro y escribí un pequeño hilo sobre esta memoria en XTwitter.

 


En la serie de tuits mostré una foto de ese libro que lleva en mi librero unos 18 años. También mencioné que me gustaría tener una edición bonita de Cien años de soledad para volver a leer esta novela. Mostré el ejemplar. Un deseo de decorado para la anécdota. 

Casi un mes después de publicar estos tuits recibí una llamada de un número de teléfono que no conocía. Contesté. Me hablaba una desconocida que me había leído, que se disculpó por quizás poder parecer más atrevida de la cuenta.

- Compré dos ediciones de ese libro. Te quiero regalar una. 

Había sido un día particularmente vacío. Un viernes caluroso y atareado, y su ofrecimiento fue una noticia bonita, como una cosquillas de duende, un amuleto literario. 

Agradecí y acepté. 

Días después llegó el libro a la puerta de mi casa. 

 

Me comuniqué nuevamente con la mujer que me había hecho el regalo. Agradecí de nuevo. Le prometí que buscaría la ocasión de que podamos conocernos en persona. Espero cumplir la promesa.

enero 18, 2022

Pocas lecturas en 2021

Contrario a otros años, leí pocos libros. 

Esto no significa que leyera poco, porque de leer, leo muchos documentos y textos en la web para fines laborales. Pero a lo que se refiere a leer libros por placer, gusto de leer, pues pocos fueron en comparación con otros años.

Y bueno, ya fuera de la queja, les comparto mi corta lista de lecturas del 2021. (La meta de este año es ver menos películas y documentales y leer más).

1. Poesía Completa Norberto James Rawlings. Nada mejor que empezar un año leyendo poesía, y mejor que sea de alguien como James, quien murió el 7 de enero de 2021 mientras leía sus poemas, y luego de tratar de entrevistarlo, algo que fue impedido por su condición delicada de salud. Leerlo es un viaje a una profunda mirada de las circunstancias sociales y políticas que le tocaron vivir. En sus poemas, las palabras se tornan espejos, en los que aborda lo que ve y siente como descendiente de cocolos, caribeño y migrante. "Tendrás derecho a preguntar/¿quién escribió esto?/Tendrás derecho a no llorar/-quizás-/como hacemos nosotros/en la entrada misma de las estaciones/detrás de cualquier pared no hoyada por las balas/no manchada por la sangre/libre de las consignas que proclamamos/continuamente/para que después de todo este llanto/sea justo la razón de tu risa".


2. Papi. Rita Indiana. Leer este libro es subirse a una montaña rusa. Puedo decir que es leer una especie de poema largo en prosa, a veces... o también decir que han momentos en que da duro, como bofetada, y que marea. Eso sí, es una lectura que te retumba, una especie de "realismo mágico" millenial, si he de buscar alguna definición. 

Es un buena historia, contada de la manera menos "formal narrativa" que se puedan imaginar. 





3. La Uruguaya. Pedro Mairal. La leí porque compré un bono para financiar una película basada en esta novela corta. Me encantó.

Tiene una potencia arrolladora, donde una vuelta de tuerca, varias, a la esperada historia de amor romántico entre un escritor y una chica que conoce en una actividad. La incertidumbre y la certeza se combinan a tropezones bajo un horizonte de un amor que el protagonista cree una renovación y un comienzo, y termina... no le puedo contar.

Si quiere saber algo del proyecto de financiación colectiva de la película La Uruguaya, dar click aquí


4. Anécdotas Mejoradas. Orsai. Cuatrocientas páginas de mucha emoción narrativa, con relatos inverosímiles, cotidianos, lacrimógenos y, la mayoría, bien escritos. Un trabajo de compilación bien hecho para celebrar los diez años de la comunidad que ha crecido alrededor de esta editorial, dirigida por Hernán Casciari, y de la que formo parte. 



5. Revista Orsai. Número 3, temporada dos. Desde sus inicios, he sido seguidora de Hernan Casciari, y por supuesto me apunte al proyecto de esta revista, sin anunciantes y financiada solo por sus lectores. Una delicia. Esta edición tiene buenos trabajos de crónicas, relatos, cuentos y perfiles. De mis preferidos:  Instrucciones para desarmar a Nahir Galarza, de Tamara Tenenbaum; La ladrona, de Rodolfo Palacios; y Tics modernos, de Gabriela Menichetti.

La pueden consultar aquí en una edición digital. 


6. Desmorir (ensayo). Anne Boyer. Lo compré en su versión digital porque me urgía leer un texto que abordara de manera crítica, no condescendiente, ni lejana al "positivismo rosa" el cáncer de mama. Y sí que el ensayo ahonda en todo esto, desde la visión de una mujer que sobrevivió a este proceso. 

Explora, desde el contexto de Estados Unidos, lo que es pasar por este este proceso de "estar enferma" de una padecimiento que ha sido convertido en mercancía, marca publicitaria y motor de discursos vacíos de sentido ante la realidad que enfrentan las mujeres diagnosticadas con ese tipo de cáncer. 

Vale la pena leerlo. 

diciembre 30, 2019

Los libros del 2019

Hola.

Con el espacio algo abandonado, pero siempre de vuelta.

A poco de finalizar el 2019 me detengo en los libros que leí en este año y que formó parte de mis listas en el Bullet Journal que por primera vez llevé y un sistema que me gustó tanto que seguiré con él en el 2020.

Una de las cosas que me di cuenta llevando la agenda diaria en Bullet Journal es que leo menos de lo que creía, o sea, leo menos libros ante la cantidad de películas, documentales y series. Una de mis metas es equilibrar un poco esta balanza.

Y estos fueron mis libros del 2019.

1) La conciencia uncida a la carne. Diarios de madurez. Susan Sontag (516 páginas)
Leer un diario es leer lo que un escritor quiere que se sepa de él, a la manera que ese escritor o escritora quiere presentarse. ¿Tomar con pinzas? Sí, a pesar de que en el prologo, escrito por su hijo David, se anuncie la sinceridad de lo expuesto por Sontag.

Sontag es una genial ensayista, he leído dos de sus libros de ensayo, y su diario (este segundo, porque hay un primero y un tercero, agendados para 2020) tiene mucho de ensayo. No obstante, tengo que destacar la manera en que reseña. No es un diario de poner día en que se escribí y enumerar hechos o situaciones, es un diario de anotaciones reflexivas, de pareceres muy ligados a sus lecturas y escritura. Además hay una auto reflexión muy marcada sobre su madre, su familia, su maternidad y su impresiones ante la mirada de los demás, desde sus lecturas, al mundo.

"La mano derecha = la mano agresiva, la mano que masturba. Por ello, ¡preferir la mano izquierda... ! ¡Para idealizarla, para volverla sentimental!"

2) Operación Masacre. Rodolfo Walsh. 236 páginas
Era una lectura pendiente desde hace varios años. El periodismo es un ejercicio que asume riesgos cuando lo que se devela es un hecho o verdad incomoda para el sistema de cosas que impera en un país o región. Walsh se arriesga a contar una historia, unos hechos, y lo hace halando un primer hilo que ha primera vista parece solo un comentario sobre una situación fuera de lugar, extraña, pero que ha medida que investiga descubre un trama de impunidad y terror político de proporciones gigantescas.

Me gustó mucho la manera en que se cuenta, en que se relata esta historia, del trato como periodista que hace de los involucrados y de sus reflexiones al final de todo este proceso, y de las dificultades que tuvo no sólo para publicar la crónica, sino las que enfrentó luego de ser publicada.

Un libro necesario de leer en todas las épocas y en todas las sociedades para entender la importancia del periodismo bien hecho y de las circunstancias contra las que hay que luchar en las sociedades para rescatar y mantener los derechos que nos dan libertad.

"Nicolás Carranza no sera feliz, esa noche del 9 de junio de 1956. Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo le mordiera por dentro. Nunca lo sabremos del todo. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba, y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra".

3) Crónicas de Altocerro y Los algarrobos también sueñan. (Cuentos y novela corta). Virgilio Díaz Grullón. 183 páginas
Fue una relectura, a propósito de que este año la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo fue dedicada a este escritor. Buenos cuentos, alguno de ellos crípticos. Me pareció, como me pareció en la primera lectura, que tiene una marcada influencia de Jorge Luis Borges.

La novela corta que incluye esta edición es como un cuento alargado, quizás un intento del escritor de hacer un relato más largo, pero sin duda su fuerte fueron los cuentos. Para mí, uno de los mejores cuentistas de República Dominicana, al menos de los que he leído.

4) Un día cualquiera (Cuentos. Reedicción primera edición de 1958). Virgilio Díaz Grullón. 123 páginas
En este libro se reunen los cuentos que publicó en 1958, una reedición que rescata los dibujos que acompañaron cada cuento (hermosos). Varios de los cuentos los había leído en el libro de Crónicas de Altocerro, pero aquí ha unos que leí por primera vez, la mayoría de estos muy enfocados en el microcosmo familiar, bajo un mundo fantástico y a veces fantasmagórico. Lectura muy recomendada.

5) Estilos Radicales (Ensayo). Susan Sontag. 340 páginas
Sontag es buena ensayista, con múltiples referencias y profundas reflexiones, a veces desde puntos de vista que hace difícil comprender si no tienes al día las referencias a las que ella acude. Como fue un conjunto de textos escritos en la década de 1960 tuve que recurrir bastante a la búsqueda de referencias en Google de películas, autores, libros y situaciones históricas, por lo que fue una lectura que me deparo mucho aprendizaje. Sus textos se enfocan mucho en el análisis de cine. Muy recomendable.

"Mientras el ojo humano mire, siempre habrá algo para ver"

6) En América (Novela). Susan Sontag. 508 páginas
Como se darán cuenta a esta altura de la lectura, leí varios libros de Sontag este año, Una novela que me pareció interesante y me cautivó en varios momentos. Una historia bien contada de la transición de una actriz inmigrante de una realidad a otra y los cuestionamientos que surgen en esa transición. Densa por momentos, y por otros muy descriptiva.

7) Beloved (Novela). Toni Morrison. 311 páginas
Tenía el libro en digital desde hace tiempo, y tras un regalo de una tableta y la muerte de Morrison... pues la leí.

Maravillosa.

Es un un viaje genial al interior del sufrimiento, la identidad y la magia cultura que envuelve a los afrodescendientes en Estados Unidos. Y dentro de ello, una critica desde la anulación y la redención. Una novela con varias lecturas, porque también está la más íntima, la que toca de manera personal y revela nuestro propio sufrimiento, identidad y magia.

"Siempre que lo muerto vuelve a la vida, duele"

8) Otoño y poesía y otros poemas (Poesía). Juan Sánchez Lamouth. 217 páginas
Y terminé el año leyendo un libro de poesía, una antología de Juan Sánchez Lamouth. Si me preguntan, diría que este poeta tiene profundidades que te ahogan y te devuelven a otra vida, a una visión de lo que te rodea impregnada de esa rara esperanza triste. Escribe, o escribía, de una manera que evoca la sencillez para elevarla a las nubes.

Claro que su poesía tiene elementos recurrentes: el mar, la rosa, la primavera, el otoño... algunos clichés, diría, pero que en el conjunto no se perciben como tales.

Descubrirlo más allá del mito, del personaje de alcohólico y errante que se le ha señalado siempre, y hacerlo desde su poesía me recordó lo de siempre: que su poesía es suficiente para apreciarlo como un poeta que vale la pena leer y releer.


Para el 2020 tengo muchos libros, como siempre, aunque creo que daré prioridad a la lectura de un tema particular: la maternidad en la literatura.

Feliz y prospero 2020. Les deseo buenas lecturas.


mayo 20, 2018

¿Reclamo moral a la literatura?

En estas últimas semanas se ha "batido" mucho la situación del escritor Junot Díaz luego de las acusaciones de inconducta sexual. Pero en este post no quiero tratar el caso específico de Díaz, sino otro asunto que lo sobrepasa: el reclamo moral a la literatura.

Me explico.

Toda historia publicada en un libro, poemas, ensayos...grandes obras de ayer y de hoy han sido escritas por hombres y mujeres que más allá de su obra literaria tienen una vida, y una que puede chocar con la moral de mucho de nosotros, en algunos casos incluye violaciones a la ley, crímenes y acciones que podemos considerar malvadas y asqueantes.

Si el autor o autora de una gran obra es a la vez una persona que ha cometido un crimen, o hecho daño a terceros, o tiene comportamientos y acciones que riñen con tu moral... ¿Lo dejarías de leer?

La pregunta la hice en dos de las redes sociales que más utilizo: Facebook y Twitter. Por una semana mis contactos contestaron la cuestión, y el asunto trajo resultados interesantes.


El caso de Facebook, 71 contactos votaron. Las personas que tengo relacionadas en Facebook suelen ser personas que les interesa la literatura, que leen y que están relacionados con el mundo literario (escritores y editores). Es obvio que a muchos, un 83%, no les interesa que la obra haya sido escrita por un criminal, si les gusta, la leen. 

En los comentarios a esta publicación de Facebook daban razones. Los que apoyaban a ese 83% expresaron que la obra debe ser independiente del autor, sostenerse por sí misma, por lo que no importa que tan criminal sea su autor. Otros mostraron dudas, de no tener el asunto totalmente resuelto y de que al comprar obras de un autor con crímenes a cuestas sería como darle aprobación, apoyarlo. 

En Twitter la votación fue más alta (145 votos) y con opiniones diversas, y también con un porcentaje mayor para el "no".



Entre las respuestas al tuit de la encuesta que apoyaba el voto mayoritario (66% al "sí") se expresaron razones parecidas a las que me compartieron en Facebook, mientras que el voto al "no" (34%) eran apoyados con mensajes más contundentes que el "no" en Facebook.

Les comparto algunos que me llamaron la atención relacionados con el voto del "sí".










En tanto, otros si expresaron sus reservas en leer o comprar libros que estén escritos por personas señaladas por crímenes.










De manera particular me inclino por asumir una obra independientemente de los crímenes de su autor o autora. La discusión, me parece, que no es ni nueva ni es tan tajante la manera de llegar a una conclusión. Depende del criterio de cada uno. ¿Me ofendería que alguien se negara a leer "Alicia en el país de las maravillas" porque su autor, Lewis Carroll, tiene una estela de sospechas de haber sido un pedófilo? No, no me alarmaría por ello, aunque lamentaría que se perdiera la experiencia.

¿Ustedes que harían?

mayo 03, 2018

Feria del Libro: sus piedras de levante y tropiezo

Foto de el último viernes de la Feria del Libro, a eso de las 3:00 de la tarde. 


Hablar y escribir sobre la Feria Internacional del Libro Santo Domingo es andar un camino minado. Está el que no quiere que nada se le critique y sólo se hable "de lo bueno", también los que entienden que todo el evento es descartable y lo define de "feria de matatiempos y pizzas".

Me arriesgaré a las minas, situada en el medio de estos dos extremos.

Hemos tenido 21 ediciones hasta esta recién finalizada Feria Internacional del Libro. En ellas se ha conjugado una suerte de maravillas y pesadillas. Desde la presencia de escritores de renombre, incluyendo algunos Nobel de literatura, hasta la ocurrencia de tener a El Vaticano como país invitado o un pabellón de astrología.

A pesar de sus deficiencias, que me consta son dadas producto de una falta de organización interna que a veces se hace muy evidente y de ciertas visiones cortoplacistas, creo que es un espacio que hay que mantener, aunque hay no solo que repensarlo, sino también repensar el sentido y espacio social y económico del libro en República Dominicana.

Las distintas administraciones en el Ministerio de Cultura, entidad encargada de su organización, han dado distintos toques a la Feria Internacional del Libro, con sus aciertos y fallos. No obstante, entiendo que es esta última administración, encabezada por Pedro Vergés desde agosto de 2016, la que ha querido marca con demasiad iantensidad un cambio de aspecto de la Feria del Libro, y creo que en esta meta ha tenido pocos logros.

Las piedras... de levante

Imagen de la Feria del Libro, en su último sábado, antes del mediodía.
Desde mi punto de vista, el cambio positivo en la organización de la Feria del Libro en manos de Vergés se ha limitado al aspecto externo, a lo que se puede mostrar a simple vista. Y en esto tiene un gran logro: desarrabilizar la Feria.

Desde que se realizara en la instalaciones del antiguo Zoológico, actualmente Parque Iberoamérica y donde se encuentra el Conservatorio de Música, la Feria del Libro ha sido una actividad de masas, pero con un criterio desordenado que se traspasó al ser mudada en 2005, con la llegada de José Rafael Lantigua al Ministerio de Cultura, a la Plaza de la Cultura.

Todo tipo de vendedores en las aceras, varios puntos de compra de alimentos, un sin fin de expresiones artísticas, algunas muy ajenas al tema del libro como la artesanía, y hasta se llegó al colmo de colocar tarimas de canales de televisión que transmitían sus programas en vivo desde allí. Hubo años que el escándalo y el desorden eran tales que uno se quería ir corriendo del lugar.

Esta situación se aplacó un poco los años siguientes, pero fue con la llegada de Vergés en 2016 cuando hubo un cambio transcendental en este sentido, convirtiendo el espacio en un lugar menos bulloso, más amigable para caminar y observar los pabellones y los stands.

Punto importante en este año fue no ver esos pabellones exagerados, ostentosos, aunque el del Tribunal Constitucional se veía de lejos así (no entré). Igual los espacios dedicados a los niños y adolescentes eran muy buenos y con actividades varias y ricas. También el material estudiantil e infantil era abundante y a buenos precios.

Sin embargo, el tema de desmasificar el entorno de la Feria del Libro ha sido llevada al extremo de vaciarla de contenido. Está bien, muy bien, que no coloquen tarimas de canales de televisión con bailarinas y música a todo volumen, pero está mal, muy mal, que no exista teatro de calle ni expresiones artísticas fuera del Teatro Nacional como conciertos en horas nocturnas o la presencia de las estatuas vivientes (punto a favor fueron las presentaciones dentro del Teatro Nacional)

Y aquí vamos a los tropiezos...

Las piedras... de tropiezo

Especiales de libros en el stand de la aún Librería La Trinitaria.
Como señalé anteriormente, este versión que recién finalizó, el pasado 30 de abril, era muy organizada externamente pero pobre en contenido. Y con esto no digo que no fueran interesantes ni importantes los paneles, conversatorios y presentaciones hechas durante la actividad, sino que quitaron todo lucimiento artístico deseable y posible dentro de ese espacio ordenado.

Sin obstáculos en las aceras externas a la Plaza de la Cultura, sin artesanía, sin molestosos parlantes y sin tarimas y "conchocientos" puestos de comida, entrar a la Plaza de la Cultura es una delicia. Pero te espanta la ausencia del Espacio Joven, un pabellón con una identidad marcada en la Feria y con un público que cada año lo buscaba. Esta año su contenido fue llevado a un auditorio de un museo... un espacio demasiado formal y acartonado para un público juvenil.

También hizo falta el Bar Café que era un sitio de relajación, de conversación con el café, para escuchar una presentación musical. A cambio, se utilizó el bar de Teatro Nacional, un espacio pequeño, que no podía tener el encanto del al aire libre. Peor, establecieron allí presentaciones de conversatorios y lecturas que se perdían entre la bulla del hielo picándose, las voces de pedido a los camareros y la charla de los que iban allí a tomarse un café o un trago. Luego observé, en una de mis pocas visitas, que extendieron desde la puerta de entrada del bar una lona auspiciada por una marca de café con varias sillas y mesas...que quedó horrible.

También tuve la sensación de ver menos editoriales que en otros años. Digo que sensación porque no pude caminar en toda la Feria. Alfaguara no estuvo. Stand de librerías como Mundo Libro estaban en lugares menos visibles y algunas fueron colocadas en sitios diferentes al de años anteriores, por lo que se pensaba que no estaban o la gente acostumbradas a visitarlas no podían localizarlas.

Además, la ausencia por segundo año del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, que se otorgaba desde el 2013, y de promoción de los escritores invitados (fui a una rueda de prensa en que llegaron dos escritores guatemaltecos y nadie se molestó en presentarlos a los periodistas allí presentes) quitaron ancla a la Feria del Libro.

Y lo peor: convertir la Feria en un marco referente para presentar "la marca país gastronómica". Fue el asunto más descabellado y divorciado de un evento como la Feria del Libro. ¿Chefs en un pabellón que vendía almuerzos a 500 pesos y cenas a 1,300 pesos? Algo que a mi juicio desvirtuó el sentido de la Feria.

¿Recomendaciones?

Dirán, quizás, que recomendar algo es una perdida de tiempo. En mi caso podría enlistar varios asuntos, pero supongo que lo importante no está precisamente en hacer una Feria del Libro, que repito creo que es un espacio que hay que preservar, sino en plantearse un tema más amplio: ¿Qué pasa con el libro en República Dominicana?

Y no hablo del objeto en sí, aunque no se puede obviar, sino en todo lo que rodea su producción y distribución, su arraigo en una sociedad como la nuestra, en una ciudad como Santo Domingo en la que las librerías son casi un "animal extinto" y la librería que tenía el Ministerio de Cultura fue cerrada hace meses sin mayores explicaciones.

¿Hay que plantearse una política del libro? ¿Es eso correcto o es un tema de mercado? ¿No hay librerías porque leemos poco o por otra razón? ¿Para qué celebrar una Feria Internacional del Libro cuando los espacios del libro escasean o desaparecen en República Dominicana? ¿Qué debemos hacer o plantearle a las autoridades u observar en el mercado de libro? ¿Es un síntoma de los tiempos, como dicen?

Me dijo un escritor que entrevisté en la Feria del Libro que recién finalizó que el texto impreso ha ganado la batalla sobre el digital o ebook, que la gente siempre va a preferir abrir un libro, de papel, tocarlo, leerlo. ¿Será? Y si es así, ¿qué podemos hacer para extender y mantener esa experiencia del libro entre nosotros?

¿Qué piensan ustedes?



febrero 26, 2018

Sobre el estilo (Susan Sontag)


Foto por MJS en Unsplash.

"En casi todos los casos, nuestra manera de expresarnos es nuestra manera de ser. La máscara es el rostro"
 "La obra de arte, considerada simplemente como obra de arte, es una experiencia, no una afirmación ni una respuesta a una pregunta. El arte no sólo se refiere a algo; es algo. Una obra de arte es una cosa en el mundo, y no sólo un texto o un comentario sobre el mundo".
 "El arte es seducción, no violación. La obra de arte propone un tipo de experiencia proyectada para manifestar la cualidad de la imperiosidad. Pero el arte no puede seducir sin la complicidad del sujeto que experimenta".
"Naturalmente, nunca dispondremos de una respuesta puramente estética ante los obras de arte; ni siquiera ante una pieza teatral o una novela, cuando describen decisiones y actuaciones de seres humanos, ni aunque esto es ya menos evidente, ante una pintura de Jackson Pollock o un vaso griego (Ruskin ha escrito con agudeza sobre los aspectos morales de las propiedades formales de la pintura). Pero tampoco sería adecuado dar una respuesta moral a algo en una obra de arte, en el mismo sentido en que daríamos a un acto de la vida real. A no dudar, me indignaría si alguno de mis conocidos asesinara a su esposo y saliera bien librado (psicológica y legalmente), pero difícilmente consigo indignarme, como muchos críticos al parecer lo hacen, cuando el héroe de An American Dream, de Norman Mailer, asesina a su esposa y queda impune. Divine, Darling y los demás personajes de Notre Dame des Fleurs de Genet no son personas verdaderas, ni se nos exige que decidamos invitarlas o no a pasar a nuestras salas de estar; son figuras de un paisaje imaginario. Este punto puede parecer obvio, pero la persistencia de juicios propios de una moral de buen tono en la crítica literaria (y cinematográfica) contemporánea hace que valga la pena repetirlo una y otra vez".
 "Una obra de arte puede contener todo tipo de información y ofrecer enseñanzas sobre nuevas actitutdes (a veces encomiables). Podemos aprender teología medieval e historia florentina en Dante; podemos hacer nuestra primera experiencia de melancolía apasionada con Chopin; Goya nos puede convencer de la barbarie de la guerra, y Una tragedia americana, de la inhumanidad de la pena capital. Pero, en la medida en que tratemos estas obras en cuanto obras de arte, la satisfacción que proporcionen será de otro orden. Será una experiencia de las cualidades o de las formas de la conciencia humana". 
 "El estilo es el principio de la decisión en una obra de arte, la firma de la voluntad del artista. Y, como la voluntad humana es capaz de un número indefinido de posiciones, existe un número indefinido de posibles estilos para las obras de arte".
"...una función del estilo es idéntica, por ser simplemente una especificación más individual, a esa importante función de la forma subrayada por Coleridge y Valéry: preservar las obras de la mente contra el olvido. Esta función queda fácilmente demostrada en el caracter ritmico, algunas veces rimado, de todas las  literaturas primitivas, orales. Ritmo y rima, y los más complejos recursos formales de la poesía, como la métrica, la simetría de las figuras, la antítesis, son los medios que las palabras facilitan para crear una memoria de sí mismas antes de la invención de los signos materiales (escritura); de aquí que todo cuanto una cultura arcaica deseó legar a la posterioridad haya sido expresado en forma poética".

agosto 14, 2017

El compromiso literario

Ruperto Long, escritor y político uruguayo. Diario Libre/Pedro Bazil
Entrevisté al escritor uruguayo Ruperto Long el pasado viernes. En esencia, hablamos sobre su novela "La niña que miraba los trenes partir", pero durante la conversación hablamos de un tema que me ha llamado la atención con frecuencia. El compromiso en la literatura.

¿Debe un escritor militar a través de lo que escribe? Eso implicaría, creo, volver un texto propaganda y en los casos menos graves, pretender de manera explicita mandar un mensaje. Pero... ¿El escritor o escritora siempre manda un mensaje en lo que escribe? Digo, creo, que siempre hay uno aunque no sea la intención del escritor o escritora darlo. 

Claro, una cosa es que el lector saque conclusiones, todos lo hacemos cuando leemos, ese reflexionar sobre una historia que relata una novela, un cuento, un poema. Entiendo que la manera de pensar del escritor o escritora permea sin remedio en lo que escribe, así que, me pregunto, ¿qué convierte un texto en una propaganda? ¿Es un tema de estilo evitarla suponiendo que siempre se envía un mensaje (sea este interpretado de manera distinta por cada lector)?

A mí el asunto no me queda del todo claro, o mejor dicho, no me queda del todo concluido. 

Ruperto Long, quien escribe novelas históricas opina al respecto. 

"A mí no me gusta escribir con mensajes. No, para nada. Creo que la literatura es una forma de búsqueda. No es la forma de la propaganda. No se tiene que escribir para dar un determinado mensaje. Si, en la medida que uno relata estas cosas, cada uno saca sus conclusiones y me parece que es una conclusión que saca al final todo el mundo: lo parecido que somos todos. Esa niña pudo ser cualquiera de nosotros y así como otro de los muchos personajes también".

Al final de la entrevista le hice la pregunta directa sobre el tema, ya que se había referido a la cuestión y me interesaba que ampliara al respecto, más cuando la novela que presentaba está contextualizada en la época de la Segunda Guerra Mundial, una contexto dado a los muchos mensajes, intencionales o no.

- Es la línea filosófica que plantea el compromiso social o político a través de la literatura, una referencia sería Sartre. ¿Qué piensa sobre ello?
A ver. En el sentido que eso se usaba en la época del 60 y el 70, yo era jovencito (risas), yo no lo comporto. Ahí era una especie de propaganda disfrazada de literatura, y en algunos casos, trajo ejemplos increíbles de autores extraordinarios que le escriben una oda a Stalin. ¡Es increíble!
Creo que se deben separar las dos cosas. No se refiere a no poner lo comprometido en el sentido de ponerle el alma a lo que uno escribe. Ahí sí, hay que ponerle cariño, pasión a lo que se hace y hacerlo lo mejor posible, y que la historia que uno está encarando refleje lo mejor posible lo que uno está tratando de reflejar.
En la historia de Charlotte, de Domingo, de la Segunda Guerra Mundial, si meto ideas entre medio estoy banalizando, faltando el respeto a todas esas personas que vivieron esa situación. Y, además, por qué le va a decir uno a otra persona lo que tiene que pensar. Uno tiene que formar su propio pensamiento, y si una obra sirve para enriquecerse y formar nuestro propio pensamiento. Pero no tengo la autoridad para decir escribo esto pero lo que quiero es convencerte de esta cosa. Eso no me gusta.
La entrevista completa aquí Ruperto Long: “La mezcla de la realidad y la ficción es un territorio muy fascinante” 

O si prefiere, puede escucharla. Eso sí, me dispensan los gageos y muletillas. Aunque tengo que confesar que he mejorado como entrevistadora.


abril 24, 2017

Redes sociales y literatura ¿Puente o muro?

El sábado pasado estuve en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo hablando sobre redes sociales y literatura, junto con el escritor y curador de arte Luis Graham Castillo.

La dinámica fue genial, aunque algo amenazada en principio por la falta de apoyo tecnológico. Al parecer los pabellones carecen de una laptop para hacer proyecciones. Ya otras personas invitadas como expositores a la FILSD 2017 han pasado por el mismo problema. Y es increíble que ese pase. Le diré que exigí que me facilitaran la laptop, porque sin ella no podría presentar a mis invitados internacionales, a quienes entrevisté semanas antes y cuyas entrevistas pasé horas editando.

Gracias a Thor y Yemanyá que las chicas que llevan la logística del pabellón no solo fueron diligentes, sino comprensivas. Gracias a ellas la dificultad fue sorteada.

En resumen hablé un poco de los origines de las redes sociales, que en esencia existen desde que el internet para uso público y masivo existe. Luis y yo hablamos de algunas experiencias en Geocities, Hotmail, Messenger, Hi5 hasta las actuales redes de Facebook, Twitter e Instagram (que son las que más se usan).

Hicimos algunos apuntes sobre su uso como herramienta para la literatura, aunque discrepamos en la idea de que las herramientas no crean nuevos géneros literarios. Ahí hablamos de la "blogonovela" de Hernán Casciari, de los famosos "poetuits", y de la novela por entregas del dominicano Miguel Piccini, que integró un blog y varias redes sociales

Luego de algunos comentarios más presenté a los internacionales: Memes Literarios y Alejandra Arévalo.

Los dos administradores que entrevisté de Memes Literarios (Charli y Mifune) explicaron algunos aspectos de la página en Facebook que hoy supera el millón de seguidores, lo interesante y fuera de lo común que ha sido traer a la gente a la literatura a través de los famosos memes (curioso el porqué los memes se llaman memes). No pude pasar todo el vídeo porque el tiempo apremiaba.

La segunda invitada, Alejandra, es una booktuber (termino también que tiene un pleito conmigo como el de blogger y tuitero...un sin sentido porque las redes no dan profesión, pero esto no viene al caso), pero antes de booktuber es licenciada en Letras Mexicanas, gestora cultural y fue profesora. Su entrevista no solo encantó, sino que entre el pública había seguidores de ella en Youtube.

Aquí les comparto los vídeos de ambas entrevistas. La edición fue mía, así que no es algo muy profesional que digamos, pero fue lo mejor que pude hacer con Movie Maker.

Sobre el tema, pues las redes en conclusión son lo que han sido siempre: puentes. Aunque algunos confundan el medio con el contenido (si, ya se que hay una teoría marxista o algo así de que el medio es el mensaje, pero no estoy del todo de acuerdo con ella. Creo más bien que el medio da forma el mensaje, no es el mensaje).

Memes Literarios



Sputnik (Alejandra Arévalo)


enero 01, 2017

Lecturas del 2016 y con las que entró el 2017

Dejé dos cosas pendientes el año pasado: mi acostumbrada crónica de la Feria del Libro de Santo Domingo y editar algo especial para el décimo aniversario de este blog. Supongo que, como escribí hace algunos días en Twitter, la vida en parte también es postergación hasta que se acaba. Aplica para este caso.

Así que haré un borrón y cuenta nueva, no sin antes contar las lecturas que más me gustó del año que recién finalizó (algo que no entra dentro del borrón) y los libros con los que recibí el nuevo año y que aún no termino. 

Dos de mis libros favoritos del 2016 fueron de Mario Vargas Llosa. Solo había leído un libro de él, La Fiesta del Chivo, y otro que dejé a medias por ser una de las peores lecturas con las que me encontré en mi vida...por lo que aprovechando su visita al país, que fue en la Feria del Libro, me dije que tenía que leerlo más. 

Aunque me hice de la mayoría de sus libros en versión digital me leí dos en versión impresa: Pantaleón y las visitadoras y la Historia de Mayte. Me encantó el primero. Reí como no recuerdo que lo hiciera con alguna lectura. En el caso del segundo, fue más mi sorpresa y mi curiosidad mientras pasaba las páginas, y me quedé con la duda de si era un especie de mea culpa de su autor. Eso sí, me pareció una historia muy bien narrada. 

Sólo cenizas hallarás, cuya reseña hice en el último texto que publique en este blog en 2016, fue otra de mis lecturas favoritas. Y lo mejor de ella es saber que es una novela dominicana bien escrita, que bordea ese etapa inmediata luego de ajusticimiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina. Recomendadísima para el que la quiera leer.

Por último, un poemario, más bien, una antología poética. "Saltaré sobre el fuego", de la polaca Wisława Szymborska. Su lectura se la tengo que agradecer a mi querido Círculo de Lectura de Nueva York, y a mi estimada amiga Rosa Silverio, quien me envió el libro desde Madrid. 

Me gusta leer a Szymborska y es la primera vez que leo un libro en el que se recopilan varios de sus poemas. Es un viaje interesante, leerla. Tuvo la gran capacidad de lograr una poesía profunda desde palabras sencillas, y de situaciones que quizás podamos catalogar sin importancia. Tenía el sentido de la transcendencia ante lo cotidiano. 

Les comparto el vídeo promocional de esta antología.




Y en 2017...

Empecé el año con dos libros, uno en papel y uno en digital, a ambos los empece a leer el año anterior.

En papel leo a Reinaldo Arenas. "Antes que anochezca", su libro biográfico. Un texto que me ha impresionado en todos los sentidos, en especial por la apertura de su autor ante lo más hermoso y más degradante de su vida. De marco, la revolución cubana, con el personaje omnisciente que determina la vida de Arenas.

Llevó más allá de la mita del libro y en ocasiones he tenido que cerrarlo por la tristeza que me causan algunos episodios, también me he reído con él.

Hay un capitulo que se llama "Los cuatro tipos de locas" que tuvo que leérselo a mi suegra de lo divertido que resulta. No obstante, es una lectura visceral, descarnadamente humana, no opta para todo el mundo, creo.



El segundo en lectura, en digital (en Kindle en mi móvil), es una antología de Nicanor Parra. Un poeta maravilloso que el año pasado cumplió 102 años.

"Obra Gruesa", editada por la Universidad Diego Portales, es una delicia, y de paso un estudio por su amplia obra, en me doy cuenta de su experimentación en todo sentido con la poesía y la diversidad de temas que aborda. Uno de mis sueños es que le den el premio Nobel, pero creo que ya no será.

Y, ustedes, ¿qué leyeron en el 2016? ¿El 2017 les llegó con alguna lectura en proceso?

Mis mejores deseos para este nuevo año.

julio 14, 2016

Respuesta a una declaración descontextualizada: Los "no lectores" dominicanos son más

Foto Listín Diario.


El tema empezó con un artículo publicado el sábado 9 de julio en la página Al Momento. Unas declaraciones atribuidas a José Mármol y que llamaron la atención a más de un incrédulo, empezando con el título de la nota: “RD es segundo país con menor población no lectores de libros AL”.

¡¿Qué?! Sorprende. Y cuando se lee la nota, la boca no se puede cerrar.

“Nosotros somos, sorpresivamente, el segundo país, luego de Chile, con menor población de no lectores de libros, alcanzando un 32%, mientras que la patria de Neruda y Gabriela Mistral un 20%”, detalla. “En Brasil el 50% de su población no lee libros, mientras que en Perú llega al 65% y en Venezuela al 73%. España contó con 39% y Portugal con 43%”, agrega.

Tengo algo con los declaracionismos, la mayoría de ellos originados de notas de prensa: los pongo siempre, siempre en duda.

Hurgando en los datos

El artículo se discutió en mi muro desde posiciones, digamos, “eso es mentira” sin otro deseo de indagar, pero la periodista Margarita Cordero y el abogado Miguel Reyes Taveras se molestaron en tratar de ubicar el origen de este tan halagüeño pronostico.

Empezamos con que el estudio del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), titulado “Comportamiento del lector y hábitos de lectura”, fue publicado en 2012, con datos de una encuesta hecha por el Ministerio de Cultura en…2006.

Buscando referencias de esa encuesta del 2006, que no aparece integra ni en “los centros espiritistas”, me encontré un artículo del Diario Libre del 2008 donde hace referencias interesantes sobre ella y que nos dirige a pensar que el hecho de que un 32% diga que no lee libros no significa que el 68% si lo haga como un habito.

La muestra de la encuesta fue de 1,450 personas. No se sabe si a nivel nacional. El artículo subraya lo siguiente: “el 31.9 por ciento nunca lee, el 13.6 lee una vez al mes, el 4.2 por ciento una o dos veces al año y el 3.2 cada dos o tres meses”.

 Leer una vez al mes, una o dos veces al año o cada dos o tres meses no parece evidenciar un hábito de lectura. Así que sumando porcentajes, podemos decir que un 52.9% de esos encuestados no tiene hábitos de lectura de libros (recuerden que leer, leemos todo los días letreros, instrucciones, artículos en redes sociales…). ¿Ven que descontextualizada está la declaración de Mármol?

Y según los datos de esa encuesta reseñados en Diario Libre, el asunto se pone peor.

“…un 23.3 por ciento de las personas encuestadas aseguraron leer todos los días. Sin embargo, sólo le dedican a este hábito diecinueve minutos de las ocho horas que tienen libres, es decir un 2.6 por ciento de sus momentos de ocio. Esta situación demuestra que las personas prefieren pasar su tiempo libre frente a la televisión en un 40 por ciento, recreándose en un 23 por ciento y leyendo, como última opción, en un 19 por ciento. Por lo tanto, las ofertas y las regatas no ayudan a mejorar esos resultados. Se desconoce el aporte de la Feria del Libro, porque Cultura no tiene un estudio sobre la incidencia”.

Al final, tenemos que solo un 23.3 por ciento tiene, digamos, un real hábito de lecturas de libros a pesar de que solo le dedica un promedio de 19 minutos diarios de sus momentos de ocio, en que solo un 19% (supongo que de los que leen o los que leen diario) opta por leer un libro como primera opción en su tiempo libre.

O sea, que solo un 19% dedica su tiempo de ocio a leer como primera opción. Para el resto, un 81%, leer un libro no es ni primera opción, ni es un hábito que alimentar o dedicarle tiempo. Y extrayendo el dato de los 23.3% que leen todos los días, pero solo un promedio de 19 minutos, un 77.7% no posee hábitos de lectura de libros.

Unos porcentajes que probablemente José Mármol no reseñaría.

junio 19, 2016

"Número cero"...ni tan ni tan poco

Tenía un rato sin escribir sobre mis lecturas, eso y que he dejado pasar el aniversario número 10 de mi blog (hace más de dos meses) sin pena ni gloria...y con una promesa incumplida, de paso. Pero entiendan, ser madre y periodista, esposa y freelancer, es como para vivir así, distorsionada, apurada y con los tiempos cruzados.

Pero este post va de mi última lectura, la que finalicé hace media hora. "Número cero", de Umberto Eco.

El libro, antes de abrir la primera página, te crea expectativa. Es Umberto Eco. Como no me llevo ni de prólogos ni de textos de contratapa, voy directo siempre a la lectura. Esta es una especie de unas primeras páginas de intriga bien escritas, un buen poco de las siguientes páginas de un casi aburrimiento gracias a una historia conspiranoica, y un final demasiado simple y trillado.

Siento que la novela se queda corta en su supuesto propósito: ser una reflexión sobre le periodismo. Aunque hay situaciones y expresiones de sus personajes en la redacción del proyecto Domani que exponen esa doble cara del periodismo, todo queda en lo anecdótico, en una cháchara que no cae en ningún lugar ni tiene ninguna conexión con el asunto que al final da supuestamente cuerpo y final a la novela.

Rescato algunos diálogos porque me llevan a reflexiones sobre mi ejercicio y el mundo en el que me desenvuelvo, pero fuera de ahí, me parece una historia que le faltó profundidad y que quedó a mitad de un camino, que no convence. Una novela, para mí, olvidable.

Este es uno de los diálogos que me gustaron.


mayo 09, 2016

Un paseo decepcionante en la librería Cuesta

La última semana de abril estuve en una de las pocas librerías que quedan en Santo Domingo, y creo que la única ubicada en el centro de la ciudad, Cuesta Centro del Libro.

Es una librería comercial, más ahora que nunca, en que sientes que vas por los pasillos como por gondolas de supermercado. Y eso te pesa, porque te recuerdas como la estudiante con pocos semestres en el universidad sentada en una esquina del piso de esa librería, hojeando libros, anotando referencias, algo que por alguna razón ya esta librería no te motiva hacer.

Mi visita se debió a un supuesto especial anunciado en las redes sociales, por el aniversario 24 de la librería Cuesta. En las redes todo parecía ser genial. Un supuesto 24% de descuento, personajes literarios recomendando lecturas...fui el viernes 29 de abril, dos días antes de que se terminará la semana aniversario.

Eran las dos de la tarde. La librería estaba casi desierta. Sigo directo a las mesas que están a mano derecha. Pensaba que eran la de los especiales, pero mientras observo los libros de biografías que no me importan y de economía y de crianza (sí, todo eso andaba revolteado), me doy cuenta que no son libros que indiquen ningún precio especial. Me acercó al fondo donde con un pedazo de cartulina se anuncia el descuento, pero no veo nada que me interese, aunque si pienso en algunos amigos que podrían gustar de libros sobre cine.

Dado mi desinterés seguí mi recorrido. No se si era porque de entrada nada me llamaba la atención o porque me parecía que los libros estaban colocados sin sentido, me empecé a desanimar.

Me alejo de las mesas y empiezo a ver libros que nada tienen que ver con especiales. Lorca, todos los de García Marquez, Llosa, Onetti...voy y vengo. Toco libros...recuerdo que tengo tantos pendientes por leer y que no debería estar allí. Pienso que en septiembre será la Feria del Libro, que quizás no valía la pena revisar estantes de libros que podría encontrar más baratos en unos meses.

Volteo y solo veo a los empleados en unos cubículos al fondo. Miró a izquierda. Entran dos señores a la librería, conversan de algo en voz alta. Regreso mi mirada al estante y me encuentro con una compilación de artículos de...

¡Leila Guerriero!

Recuerdo el pasado octubre en Medellín. Mi emoción al escucharla en la actividad de la Fundación Nuevo Periodismo. El deseo de saludarla. Pensar que ese no era el momento, ni el otro, ni el otro.

Acercarme a una fiesta en la noche. Decirle que la admiro mucho, que conozco a Frank Báez (por ese asunto de encontrar un punto de puente). Su saludo cortés, pero lejano. Pensar que pensé que seguro muchos se acercan a decirle lo mismo. Escuchar decir que nos podríamos ver al día siguiente, en la cena de despedida.

Quedarme la otra noche, la de la cena de despedida, mirando ocasionalmente la puerta del restaurante a ver si entraba. Saber que ese no era un lugar para conversar, y menos para entrevistar a alguien. Saber que no llegaría. Olvidarme del tema.

Un libro que si despertaba mi interés ese día. Cruce los dedos mientras me acercaba al lector de barras a pocos pasos del estante.

Precio: 1,650 pesos. Me río. Vuelvo a colocar el libro en el lector. Vuelvo a leer: 1,650 pesos. Observo de cerca e libro. No tiene tapa dura, no tiene 500 hojas, pero vale lo equivalente a unos 36 dólares. Paso.

Con menos ánimo sigo viendo el estante. En una esquinita veo los libros de Ana María Matute. Solo he leído una de sus novelas, "Primera infancia". Tomo uno. "Luciérnagas". Me sonrío porque es una palabra que traté de usar mucho en una época para escribir. Leo en la contraportada que fue una novela censurada por el franquismo. A ver si se puede comprar.

Lo pasó por el lector. Trescientos pesos. ¡Genial! No, no es parte de ningún especial.

Sigo mirando más estantes. Mientras escojo un libro del peruano Ivan Thays dos hombres junto a mí hablan y hablan. En un momento les pido permiso para para pasar. Siguen hablando. Hablan de política o algo así, creo. Desde una corta lejanía los observo. No ven los libros, solo hablan. En ese momento diviso a un empleado que acomoda libros en unas mesas. Me le acercó.

- Buenas tardes. Me podría decir cuáles son los libros que están en especial del 24 por ciento.

- Esos que están marcados con los letreros, pero el descuento es para los miembros del club de lectores.

Suspiro. No, no pertenezco al club de lectores. Interrumpe mi decepción la voz del joven.

- Pero estos (señala dos mesas grandes delante de él) están en especial para todo el mundo.

Me acerco a las mesas. Manuales de Excel, libros editados hace como 20 años sobre temas que creo le importen a pocas personas...Todos a 125 pesos. Ejemplares como este...


Veo y veo...y lo único que se me ocurre que puede hacer Cuesta con estos libros es...


Desisto. Sigo directo al área de literatura infantil para ver si puedo comprarle un libro a Fernando, mi hijo de tres años y medio.

Esta área está peor que todo lo demás. Los libros no tienen ningún orden por edad o temática. Todo se confunde. Lo dejo.

Subo a la segunda planta. Me aventuro a ver los libros dominicanos. No hay novedades de ningún tipo, al menos no en el estante que elijo revisar. Puede ser que haya libros de autores dominicanos por algún otro lado...pero a esta altura de juego estaba más que desmotivada.

Juzguen ustedes.


Ya con la hora de irme encima, me siento y pido un capuccino. Compruebo que el café sigue siendo una de las pocas cosas que rescatar de esta librería. Mientras acerco la taza a mi boca, miro hacía el fondo de la segunda planta de la librería y me doy cuenta que hace muchos años que no ha cambiado, se ha hecho vieja, no ha sido renovada ni siquiera para los ojos curiosos. Es una librería triste, no silenciosa, que es una dicha, sino triste. Con lugares donde los libros parecen solo amontonarse, donde un especial incluye manuales de programas de computadora.

No sé que futuro pueden tener las librerías en Santo Domingo, no tengo la menor idea de cuánto tiempo más dejarán envejecer la librería Cuesta, si hay algo que se pueda hacer para devolverle un poquito de luz, una manera de que los libros sean algo más que una especie de amontonamiento...No tengo ideas románticas, quizás solo quiero entrar y que no me engañen con especiales que no existen, que los libros tenga algún orden y que se enteren que hay más escritores además de los de siempre...o algo así.

Eso sí, que el café lo dejen igual. 

febrero 19, 2016

Murió el escritor a quien este blog le debe el nombre

Esta es la edición que tengo en casa. La compré usada.


No tengo memoria exacta de cuando leí la novela El nombre de la Rosa, de Umberto Eco.

Lo que sí sé es que la primera referencia que tuve de esta novela fue gracias a mi hermana. Teresa estudiaba arquitectura para esa época y un profesor no sé de que materia les había asignado hacer la representación del sentido de una novela que les asignó. Y fue esa, El nombre de la Rosa.

Recuerdo que mi hermana hizo una representación intrigante de la novela. En una tabla dibujo una especie de agujero con una forma parecida a una rosa, con colores raros..creo que había negro y rojo ahí, y le hizo un relieve de clavos. Me parece que en ese entonces tomé el libro, comprado por mi hermana, y lo leí

Di vueltas con eso, pero me olvide de la novela.

En el 2005 (lo confirmó ahora en Wikipedia), el país invitado a la Feria del Libro de Santo Domingo fue Italia. En el ciclo de la cinemateca en ese evento estaba incluida la película basada en esa novela. Me encantó. En esa Feria compré el libro. Y creo que fue la segunda vez que lo leí y también que me di cuenta que fue publicada en el año en que nací.

En los días en que daba vueltas con la idea de abrir un blog, un primer blog, que este abril cumple 10 años, no sé que me hizo recordar la novela. Es probable que haya sido el hecho que por esos días solía comprar rosas camino a mi trabajo. Me detenía en el Mercado Nuevo, de la avenida Mella, a eso de las 7 de la mañana. Tenía las rosas siempre sobre el espacio de mi cubículo y cuando pensé en el nombre...pues me vino a la cabeza la última frase en latín de la novela...

"Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus".

La traducción que encontré de esta frase está en la cabecera de este blog: "De la rosa no nos queda sino el nombre".

Y como de asuntos perecederos pensaba escribir en este blog, de asuntos que al final sólo me quedarían las palabras con las que los había hecho corpóreos para este blog aunque después desaparecieran...pues nada más cercano al sentido que me dio esa frase que El diario de la Rosa.

Umberto Eco murió hoy. Yo solo he leído esta novela de él.

Y de él no solo nos queda el nombre.