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julio 28, 2019

Fiume

La foto de Ana Daysi@anadaysy
En algún momento de mi niñez, mientras revisaba los libros de mi hermana mayor, afición que solo abandoné cuando me mude sola, encontré un libro de tapa verde y gris. No recuerdo lo que leí la primera vez en ese libro, pero sé que volví muchas veces a él y fue donde encontré un primer cuento de René del Risco. O al menos eso creo.

Al llegar al grado que cursaba mi hermana cuando tenía ese libro me enteré que ya no se usaba. La literatura se enseñaba con otros textos. El libro de tapa verde y gris, con un titulo en letras negras de mi hermana se había vendido hace años atrás en un puesto de segunda mano para intercambiarse por otros libros escolares.

Manual de Literatura Dominicana y Americana, de Fiume Gómez de Michel.
***

Fiume Gómez Sánchez murió un sábado, el sábado 6 de julio de este año, 2019.

Me enteré como uno se suele enterar de casi todo hoy en día, por Facebook.

Recordé el libro de tapa verde y gris, con el título en letras negras. Recordé que lo leía con frecuencia y que leí allí por primera vez un cuento de René del Risco.

Ese libro ganó en 1979 el Premio Nacional de Didáctica. Toda la generación anterior a la mía fue introducida a la literatura en la escuela con el libro de Fiume.

“El Fiume”, así me dijeron que le decían.

Dos días después revisé los periódicos en línea. En ninguno anunciaban la muerte de Fiume. En ninguno hablaban sobre la vida de Fiume.

En Twitter pregunté quién había recibido clases con “El Fiume” y quién había sido alumno de Fiume.

Sesenta y siete respuestas, siete retuits y 115 “corazones”.

Así supe que Fiume impartió clases en el Colegio Universitario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en los liceos Salomé Ureña, Fabio Amable Mota, Estados Unidos y Socorro Sánchez.

Publicó más libros, varios de ellos de enseñanza primaria.

Fiume tenía 78 años cuando murió. La única referencia pública de su partida es una escueta esquela publicada en el Listín Diario en que se dice el lugar de su velorio, y la hora y el lugar donde sería sepultada.
***

El video de la entrevista de Fiume se detiene a los 46 minutos 58 segundos de reproducción. Su imagen se friza y no sigue corriendo. Antes de detenerse, Fiume habla sobre su vida. Tono pausado, miradas hacia arriba algunas veces, un tenue pintalabios rosado en sus labios, lentes de gruesos cristales sobre un rostro de una mujer de 66 años.

La entrevista el Archivo General de la Nación. Quieren saber sobre su participación en la gesta de la revolución de Abril de 1965, el movimiento cívico militar que quiso restaurar el gobierno de Juan Bosch, derrocado en 1963, y que terminó en un enfrentamiento con las fuerzas de intervención de Estados Unidos.

Buscando en el canal de Youtube donde está este video descubro otro, el mismo video con la imagen fija de Fiume, y el audio de la entrevista. Una hora, 16 minutos y 54 minutos.

Fiume se llamaba también Bienvenida. Fiume Bienvenida Gómez Sánchez. Nació en Montecristi, el 24 de enero de 1941. Su madre se llamaba Minerva Rosa y su padre Bienvenido. Su padre desapareció, dice, el 23 de julio de 1946. Era alférez de navío y su nave zozobró en el Canal de la Mona. Ella tenía 5 años. Tenía tres hermanas, la más pequeña tenía 23 días de nacida el día de la desaparición de su padre.

Sus primeros años de vida transcurrieron en  Puerto Plata, de donde era su padre. Luego en Montecristi y finalmente en la capital, Santo Domingo. Dice que recuerda las invasiones contra el dictador Rafael Leonidas Trujillo, el ambiente politizado, el impacto cuando fueron asesinadas las Hermanas Mirabal.

Decidió militar en el movimiento 14 de Junio.

“Manolo (Manuel Aurelio) Tavarez (viudo de Minerva Mirabal y  líder del movimiento 14 de Junio) fue conmigo donde (Julio César) Castaños Espaillat para probarme la voz. Y desde el 26 de agosto de 1961 fui la locutora del programa político del 14 de Junio, que se grababa en La Voz del Trópico, en la calle Abreu (San Carlos). Grababan el programa a las 10 (de la mañana) y se transmitía a la una, todos los días”.

Fiume tenía 20 años.

"Fidel (Castro), en Cuba, decía que tenía la voz más preciosa..."

En algún momento de esos años, antes de 1965, Fiume se hizo maestra. Entre sus profesores estaba el dramaturgo y escritor Máximo Aviles Blonda. Se convirtió en su amigo y fue el padrino de su primera hija.

Vivía en la calle Cambronal número 7, esquina José Gabriel García. Esa calle existe aún, y esa casa también, de tres pisos. Quedó dentro de lo que se llamó Zona Constitucionalista cuando estalló la gesta de abril de 1965.

“Euclides Gutiérrez (Félix, en ese entonces militante del movimiento 14 de Junio) y Blanco Fernández me llevaron una radio portátil el 24 de abril en la noche y empezamos a bombardear mensajes”. Lo hizo hasta el 28 de abril.

Desfilaba, participaba en las manifestaciones contra la intervención militar de Estados Unidos, aprendió a usar armas en la Escuela Militar instituida por los revolucionarios. Fue quien desvistió, limpió y volvió a vestir el cadáver de Juan Miguel Roman Fernández, responsable militar del 14 de Junio y que murió en el intento de asalto al Palacio Nacional el 19 de mayo de 1965.

Tiñó cabellos de militantes de izquierda que necesitaban camuflarse, llevó encomiendas a cárceles, acompañó viudas y madres a desenterrar los restos de sus esposos e hijos en San Francisco de Macorís, muertos luego de un frustrado levantamiento que buscaba apoyar la revolución constitucionalista en Santo Domingo.

Luego de 1965, vinieron los doce años de Joaquín Balaguer, la persecución.

"Me di cuenta que ya que no tenía partido, tenía que dedicarme a hacer algo interesante para el país, porque tu puedes trabajar en diferentes direcciones, y me dedique a trabajar como maestra".

Empezó en la escuela Uruguay, en Villa Francisca. Luego en la Socorro Sánchez, en Villa Duarte.
***

Busqué el rostro de Fiume en las decenas y decenas de fotos que hay de la Gesta Revolucionaria de Abril de 1965.

No la pude identificar en ninguna. No se señala directamente en ninguna. Parece que no hay archivos de audio de los primeros programas radiales del Movimiento 14 de Junio.

Fiume dice en su entrevista que está en una foto con Manolo, en un ladito. En las fotos de Manolo siempre hay gente, mucha gente. ¿Quién, entre esos todos, será Fiume?

Cuando Fiume respondía sobre esos detalles, parecía restarle importancia a no ser identificada en las imágenes de ese abril.

"Por eso estoy viva, porque yo, perdóname la expresión, no hablaba de mis cosas. Uno no tiene que pasarle recibo a la Patria. Usted hace eso por el deber y el entusiasmo de que usted está haciendo algo correcto".
***

Fiume es una palabra italiana que como nombre significa río, aluvión, corriente. Y como adjetivo,  interminable.

julio 09, 2018

Leer a Aída

Aída Cartagena Portalatín a orillas del Sena, en París, Francia. 1952.
Imagen tomada del suplemento Ventana, Listín Diario. Junio 1994.


Hasta hace poco las únicas lecturas que tenía de Aída Cartagena Portalatin eran algunos de sus poemas (en especial los de "Una mujer está sola") y su novela Escalera para Electra, que pienso debe ser lectura para los bachilleres de República Dominicana.

El asunto es que desde hace unos meses he leído más sobre Aída, en medio de una investigación que hago en mis tiempos libres con el propósito de publicar un perfil sobre ella, y que me ha costado más que otros trabajos por una razón: Aída fue tan amplia en su vida que cuesta abarcarla de manera resumida. Aunque hace unos días tuve un aliento al leer un artículo sobre un taller de Leila Guerriero: si el reporteo fue bien hecho, hay un 70% de material de más.

Claro que no voy a volver esta investigación eterna. Ya de por sí no lo hice cuando el pasado 18 de junio publiqué uno de mis descubrimientos sobre Aída: no nació el día que dicen todos los textos e investigaciones que nació.

Ese artículo me ha traído uno que otro rumor de "controversia", pues se suponía que había celebraciones del centenario de su nacimiento ese día, y parece que yo agüe la fiesta. Les dejó el artículo aquí: Centenario del natalicio de Aída Cartagena Portalatín no es hoy (Aclaro que el documento que acompaña el artículo fue obtenido por mí, de manera directa, a través de una fuente con acceso a registro civil de Moca. Todo el que enseñe ese documento lo hace porque fue tomado de este artículo o porque un familiar de Aída, al único que le envíe el original, se lo remitió).

Pero bueno... creo que me he desviado de lo que decía al principio. Leer a Aída.

Pues he leído uno de sus textos de investigación: Culturas Africanas. Rebeldes con causa. Para mí, un grandioso descubrimiento, sin sumar lo mucho más que ella aportó como investigadora en el área de la cultura dominicana. Sus cuentos de su libro Tablero son un viaje único, y varios de esos cuentos retratan de manera inquietante y seductora la visión crítica de una mujer a la sociedad de su tiempo, que en cierta manera sigue siendo nuestro tiempo.

Aída fue mucho más que una poeta, una persona de mirada profunda, de reflexión curiosa, una mujer que intento siempre ir más allá. Es lo que me devela su manera de expresar el mundo desde su narrativa, desde sus respuestas a las varias entrevistas que le hicieron, en lo que los demás dicen de ella. (lL recopilación de ellas las puede conseguir en Cielonaranja bajo el título "Archivos. Aída Cartagena Portalatín", así como también la recopilación de los textos de su columna Tablero, publicados en Isla Abierta, y recogidos por esta misma editorial con el título "Ensayos de Isla Abierta").

Creo que el mayor tributo a su centenario apócrifo es leerla, y creo que leerla con la certeza de que el se descubrirá una visión nueva de lo que nos rodea.

Leer a Aída es descubrir una mirada nueva y sentir la construcción de una rebeldía en sus palabras, una que le dio un lugar en el mundo donde no sólo decidió nacer el día en que ella eligió, sino hacernos el guiño que más allá que sola, fue una mujer que no estuvo aquí de más.


noviembre 05, 2017

Lupo Hernández Rueda y mi primer podcast

Hace dos semanas murió Lupo Hernández Rueda. Es noticia vieja, lo sé, pero como me gusta tanto lo que he leído de él quise iniciar con sus poemas una ensayo de nuevas maneras de ser periodista: audio.

El asunto es que estoy aprendiendo a editar audios por mi cuenta, porque quiero hacer algo con ese aprendizaje y me dije que la mejor manera de aprender a editar audios y hacer podcast era, pues, haciéndolo. Así que me grabé hablando sobre Hernández Rueda, quien falleció el pasado 23 de octubre, y leyendo parte de uno de sus poemas que es uno de mis favoritos: Círculo.

Sin más, les dejo el audio. Acepto toda crítica, pues quiero saber qué les parece, qué puedo mejorar, y qué les gustaría que incluyera en los podcast (que no sea solo literatura).





¡Ah! Y les dejó un regalo. El poema "Cículo" completo, en un documento PDF. 

mayo 07, 2017

René del Risco: los escritores y sus biografías

Fotograma del documental "René: poeta y cumbanchero".
¿Qué dimensiona la vida de un escritor en su obra? La pregunta me la hice anoche luego de ver por segunda vez un documental sobre René del Risco Bermúdez...y la cuestión en el caso dominicano se me plantea complicada, no por el escritor o escritora a quien se busca mostrar, sino a la forma en que se hace.

Podemos sospechar, suponer y hasta asumir ciertas certezas sobre lo que pensaba un escritor o escritora a través de lo que escribe. Y muchos han dejado documentos gráficos, documentales y testimoniales de sus maneras de actuar, de ver la vida, de ser humanos, y eso incluye desde lo más excelso hasta lo más perturbador.

Hace poco veía un documental de William Burroughs, uno de los escritores famosos de la generación Beat (EE.UU.). Aplaudido y admirado por sus textos, pero con una vida personal que incluye el asesinato accidental de su esposa, la drogradición y el alcoholismo. Pero también un hombre que lloró por días la muerte de su hijo, que mostraba cariño por sus amigos, que fue cuidado por mucha gente y que influenció en la vida y obra de otras personas. Ver su documental fue tener un acercamiento a su profundidad, a las múltiples caras que conforman la vida de alguien, desde las voces distintas de quienes lo conocieron y que no solo echaron flores sobre su recuerdo.

Esto es, a mi modo de ver, casi imposible de hacer con la historia de cualquier escritor dominicano. Existe, porque lo comprobé cuando escribí sobre Jacques Viau, un afán de santificación, de montarle un altar, de no tocar una sola vibra conflictiva de ese personaje, como si hacerlo lo destruyera o lo disminuyera. Entonces, queda esa imagen plana, casi caricatura de lo humano que los definió, y que puede no ser bueno ni correcto, pero que era parte de su vida.

Por eso, mientras veía anoche el documental de René, que se presentó también en la pasadas Feria Internacional del Libro, quedé muy marcada por un recurso que utilizaron sus realizadores: darle la voz a René en un actor en un monologo que exponía, aunque por pocos minutos, ese humano conflictivo, que posiblemente hizo tanto como lo que deshizo, que nado posiblemente en lados muy oscuros al mismo tiempo que dio una luz. Que vivió con sus demonios a flor de piel, como creo que lo percibí en su poemario "El viento frío", uno que sé por algunas lecturas provocó situaciones de enfrentamientos con mucha gente.

Ojalá se pueda entender eso, que una gran obra literaria no muestra un ser humano "santo", porque los humanos que son escritores, buenos escritores, suelen ser los seres más desconcertantes que nos podemos encontrar, y es precisamente en ese desconcierto, en esa falta de pose social o en esa lucha de ellos ante el correctismo social en donde encontramos sus luces.

P.D. Alguien debería arriesgarse y cumplir la voluntad de René del Risco sobre su epitafio.

abril 17, 2017

Los escritores "bisoños"

Foto Cliff Johnson/Unsplash

Hoy en las redes algunos escritores han reaccionado en las redes sociales a las afirmaciones del ministro de Cultura, Pedro Vergés, quien en una entrevista publicada en Diario Libre (y de la cuál participé como entrevistadora) señaló a los "escritores bisoños" (o sea, jóvenes...aunque el diccionario lo aplica a inexperto y nuevo, no a alguien joven) como los "distorsionadores del mercado editorial".

De la entrevista rescato de mi transcripción la siguiente declaración de Vergés.

"La literatura dominicana como es una que no está sometida a la industria, porque la industria editorial no existe entre nosotros se compone fundamentalmente de ediciones de autor. Las ediciones de autor, cada quien es libre de cuando le dé la gana publicar un libro, pero las ediciones de autor tienden a confundir el mercado del libro. Porque junto a una gran obra que se publican, se publican muchísimas obras de escritores bisoños que no debieron haber publicado esas obras, porque en la literatura hay un tiempo. Y que si existiera una industria editorial, esos autores probablemente no llegarían al público porque la industria editorial se encarga de filtrarlos, hasta que tengan la calidad de vida, como pasa en cualquier sitio donde hay un mercado editorial".
Estos juicios han dejado a muchos no solo sorprendidos, sino con una certeza de que Vergés tiene una visión limitada y acartonada de la literatura producida en República Dominicana.

En medio de las discusiones, me dedique durante el día de hoy a buscar las edades en que publicaron por primera vez algunos de los escritores dominicanos considerados parte del "canon literario", o como quieran llamarle. Salvando contextos de época (no es lo mismo un adolescente en el siglo XIX que ha principios del siglo XX), he quedado sorprendida con algunos datos que revelan que tan poco adecuado y consistente en cuanto la producción y calidad literaria es el criterio de Vergés.

Aquí le comparto la lista con algunas anotaciones, que solo ocupa a escritores nacidos en el siglo XIX y principios del XX. Prometo extender la lista en los próximos días

  1. Salomé Ureña. Primera publicación “Poesías de Salomé Ureña de Henríquez” 1880. Tenía 30 años. Nació en 1850.
  2. Arturo B. Pellerano Castro. Primera publicación “La última cruzada”. 1888. Tenía 23 años. Nació en 1865.
  3. Fabio Fiallo. Primera publicación “Primavera sentimental” 1902. Tenía 36 años. Nació en 1866.
  4. Vigil Díaz. Primera publicación “Góndolas” 1912. Tenía 32 años. Nació en 1880.
  5. Federico Bermúdez.  Primera publicación “Oro Virgen” 1910. Tenía 26 años. Nació en 1884. Tenía 32 años cuando publicó su famoso poema “Los humildes” en un libro de igual nombre. Murió en 1821 con 36 años. 
  6. Altagracia Saviñon. Su obra se perdió y se dice como un rumor que Osvaldo Bazil robó algunos de sus poemas luego de que fuera ingresada en el siquiatrico Padre Billini. Se dice que estuvo enamorada de Bazil y que empezaban un noviazgo cuando ella fue recluida por lo que se ha reseñado era un diagnóstico de esquizofrenia paranoide. Su famoso poema “Mi vaso verde”, considerado como un poema inaugural del modernismo literario en República Dominicana, fue publicado en 1903 en la revista “La cuna de América”. Tenía 17 años cuando fue publicado. Nació en 1886. 
  7. Osvaldo Bazil. Primera publicación “Rosales en flor” 1901. Tenía 17 años. Nació en 1884. Su segundo libro “Arcos votivos” fue publicado en 1907, cuando tenía 23 años. Con 28 años publicó “Parnaso dominicano” (1912) y al año siguiente, con 29 años. “Parnaso antillano”. 
  8. Apolinar Perdomo. Sus poemas fueron reunidos en  “Cantos de Apolo”, en 1923. Sus poemas fueron publicados en periódicos y revistas antes de su muerte, en 1918. Al momento de fallecer tenía 29 años. “Sonámbulo”, monólogo publicado en la revista cuna de América el 6 de octubre de 1907, cuando tenía 18 años. 
  9. Ricardo Pérez Alfonseca. Considerado por Rubén Dario el “"Benjamín" de la poesía hispanoamericana”, aunque se reseña que sobresalió como ensayista.  Primera obra “Mármoles y lirios” 1909. Tenía 17 años.
  10. Domingo Moreno Jimenes. Primera publicación “Promesa” 1916. Tenía 22 años. Ese mismo año publicó “Vuelos y duelos”. Parte del movimiento Postumismo. 
  11. Carmen Natalia Martínez Bonilla. Primera obra “Alma adentro”. Tenía 22 años. Nació en 1917.
  12. Tomas Hernández Franco. Primera publicación “Rezo Bohemios” 1921. Tenía 17 años. Nació en 1904.
  13. Manuel del Cabral. Primera publicación “12 poemas negros” 1935. Tenía 23 años. Nació en 1912.
  14. Héctor Inchaustegui Cabral. Primera publicación “Poemas de una sola angustia” 1939. Tenía 27 años. Nació en 1912.
  15. Pedro Mir. Su famoso poema “Hay un país en el mundo” fue publicado en 1949. Tenía 36 años. Nació en 1913.
  16. Aída Cartagena Portalatín. No sé si es su primer libro, pero “Vísperas para un sueño” fue publicado en 1944. Tenía 26 años. Nació en 1918
  17. Hilma Contreras. Narradora. Sus primeros cuentos publicados fueron “Tarde de cristal” y “Los buenos se van” en 1937. Tenía 24 años. Nació en 1913.


marzo 09, 2017

Amelia Francasci y Carmen Natalia: entrevistas a Ylonka Perdomo y Miguel De Mena

Ayer, Día Internacional de la Mujer, se publicó en Diario Libre un artículo que elaboré sobre dos escritoras dominicanas, olvidadas por el canon literario: Amelia Francasci y Carmen Natalia. Aunque no han sido del todo ninguneadas, gracias a algunos críticos, editores, escritores y ensayistas que han reseñado con más o menos datos sus vidas y obras en artículos, blogs y páginas en Facebook.

Dos de estas "rescatadores literarios" son la escritora e investigadora Ylonka Nacidit Perdomo y el editor Miguel De Mena. Ambos han abordado la historia de ambas escritora, y De Mena editó recientemente dos novelas de Francasci, gracias a lo cual me enteré de su existencia.

Publico las entrevistas que les hice a De Mena y Perdomo, vía correo electrónico, en torno a la obra y al olvido literario de estas escritoras.

Amelia Francasci (Amelia Francisca Marchena)


Amelia Francasci, 1901. Colección Ylonka N. Perdomo

Ylonka Nacidit Perdomo

P. Amelia Francasci fue, probablemente, la única mujer además de Salomé Ureña que se destacó como escritora en el siglo XIX, sin embargo es una figura ausente del canón literario dominicano. ¿Cree que el hecho de que no enfocará su escritura en el contexto dominicano ha sido la razón de este “olvido”?

R. A nuestro modo de ver,  su pregunta ha sido inducida por lo que reiteradamente “leemos”:  la opinión tradicional expresada por una “crítica” que no ha tenido  empatía con la autoría femenina, que no se desprejuició en torno a otras autoras que subvirtieron el orden, que hicieron evidente en sus creaciones  un pacto autobiográfico, no meramente intimista, y que nominativamente suprimieron el rol de  sujeto-accesorio en las tertulias,  puesto que reflexionaron desenmascarando el entorno  en el cual advertían un discurso que las narraba “románticamente”.

En el siglo XIX, específicamente en las dos  últimas décadas,  un estallido de mujeres (del norte y der sur de país) que fueron articulistas de opinión en  diarios,  y revistas literarias e ilustradas. Muchos de esos textos -producidos por ellas-  permanecen dispersos sin editarse en colecciones. No obstante, en  la nómina de autoras (poetas, narradoras, periodistas y traductoras)  debe  registrarse dos nombres significativos: Virginia Elena Ortea (1866-1903) y Mercedes Mota (1880-1964) que manifestaron, además, sus tendencias ideológicas y políticas en sus escritos, y estuvieron envueltas como polemistas en torno a un episodio de 1899, lo cual pudo acarrear un debate entre ambas autoras: el ajusticiamiento del tirano Ulises Heureaux. A ninguna de las dos, la “crítica” las define o asume como “viriles”. A Salomé Ureña de Henríquez, sí.

Amelia Francasci (1850-1941) no es la autora decimonónica arquetípica que esperaban. Ella dividió en un antes y un después la escritura de   mujer en la República Dominicana en los ochocientos. Hizo la ruptura con el ámbito de lo doméstico; desorientó a los nacionalistas; puso en crisis los dechados de “virtud” que deben adornar a una madre; se distanció –finalmente- del romanticismo; emergió como novelista para darle a la palabra-de-mujer otros significados, y excepcionalmente narró desde otro ambiente, ficticio, omniscientemente, la tensión que se vive en el mundo desde los enmascaramiento de la  realidad cuando nos enfrentamos a los que somos: contrarios, en tensión.
Amelia Francasci -la escritora que la “crítica” misoginia pretender olvidar y desmeritar-, fue quien inauguró en el país la novela experimental, de suspenso, y psicológica en 1893.

P. ¿Podríamos pensar a Amelia como una escritora rebelde frente al costumbrismo literario de su época (enfocado en narrar la dominicanidad, por decirlo así).

R. La Francasci no encarnaba a una autora simplista, sino  instruida, de consciencia con su oficio, metódica, de  lecturas suficientes;  sabía con cuáles herramientas  y técnicas narrativas suficientes y eficaces podría desde distintos planos  evidenciar a las pasiones mundanas;  cuestionar el orden social subyacente “moralista”, retrógado, etc. para  esbozarlo y  deshilacharlo.

Sus estrategias textuales  se relacionan entre-sí para motivar al lector a continuar  descodificando todos los sintagmas  conexos con el tiempo subjetivo de quien narra. Por ejemplo, independientemente de que la historia de Madre Culpable (1893) ocurra en un Madrid aristocrático, es una novela fundamental en la literatura dominicana escrita por mujer, que nos posibilita decir que con Amelia Francasci surgió un discurso distinto al tradicional, transgresor.

P. ¿Qué tan cierta fue su relación de amistad epistolaria con el escritor francés Pierre Loti? ¿Qué ha pasado con el libro que recoge la correspondencia con él? 

R. Este es un tema pendiente que en mis investigaciones  sobre Amelia Francasci: rastrear, indagar, ubicar ese epistolario, porque sería magnífico leer, de manera fascinante, su vinculación con  este excéntrico escritor-viajero. Espero que la desgracia implacable del hurto de documentos inéditos o de la destrucción no nos impida conocer ese acercamiento entre esos dos personajes de la literatura.

P. ¿Por qué cree que el movimiento feminista de República Dominicana ha obviado su mención o su reconocimiento, como de alguna manera sí ha sucedido con Salomé Ureña? 

R. Su pregunta solo tiene -desde mi perspectiva- una múltiple respuesta posible. Primero: porque las “feministas” del sistema, o agrupadas en el movimiento de mujeres de la República Dominicana,  siguen el canon valorativo de la literatura androcentrica. Segundo: validan los dicho por los otros, por quienes dirigen orgánicamente lo que equivale  semánticamente a “bueno”. Tercero: no se exigen a sí mismas conocer las voces de otras, que no sean aquellas a las cuales los varones le han asignado autoriad en el discurso.

Cuarto: razonalmente no investigan; aceptan lo convencional; no cuestionan el “canon” literario vigente. Lo “verosímil” para ellas es, lo que se ha cosificado de manera vertigionsa a través  de los mitos que validan el Estado patriarcal; son mediáticas, sufren del síndrome de “hazard objectif” (de la coherencia creada) sólo atribuíble al discurso enarbolado por los hombres, y a aquellas otras  cuyo subconsciente, memoria,  consciente, entorno exterior  y  ficional se re-afirma  –asombrosamente-  desde la perspectiva de lo masculino.

En fin,  las “feministas” del sistema  viven una realidad fáctica; sus guías  para análisis de textos no son propias, sino  interpolaciones de lo que dijo el “otro”. Al carecer de una  pluralidad de lecturas,  no le es posible reinvindicar ningún discurso-de-mujer  por falta de autenticidad, y están condicionadas lingüísticamente al discurso machista del “canon”.

Miguel De Mena

P. Amelia Francasci fue, probablemente, la única mujer además de Salomé Ureña que se destacó como escritora en el siglo XIX, sin embargo es una figura ausente del canon literario dominicano. ¿Cree que el hecho de que no enfocará su escritura en el contexto dominicano ha sido la razón de este “olvido”?

R. El problema de Amelia Francasci está en su libro “Meriño íntimo” (1926). La crítica se detuvo ahí, no vio el resto de su obra, la consideró frívola y por eso la desterró. El contenido de las dos novelas de Francasci -"Madre Culpable" (1893) y "Francisca Martinof" (1901)-, le pasó de largo a nuestros lectores, porque se detuvo en una personalidad difícil de resumir, que estaba fuera de los paradigmas tradicionales de “patria”.

P. ¿Podríamos pensar a Amelia como una escritora rebelde frente al costumbrismo literario de su época (enfocado en narrar la dominicanidad, por decirlo así).

R. La rebeldía es un tema muy relativo. Yo diría que más que rebelde ella trascendió el ambiente local, se situó en una sensibilidad postnacional, de época, se negaba a ser “dominicana” en el sentido de no incluir los conflictos tradicionales del país. En nuestro país hay una obsesión en la que el autor tiene que ser “nacional”, tratar temas de nuestra media Isla, y en su caso, al menos en su primera novela, no fue así. En “Francisca Martinoff” los referentes fueron otros. Pero aún así: quedó atrapada entre su primera novela y el libro sobre Meriño.

P. ¿Qué tan cierta fue su relación de amistad epistolaria con el escritor francés Pierre Loti? ¿Qué ha pasado con el libro que recoge la correspondencia con él?

R. Parece que sí. Ella se educó entre el francés y el castellano. Lo que pasó con esas cartas fue el paso del ciclón de San Zenón. Ella vivía sola, la mayoría de sus bienes fueron anegados por esas lluvias, de manera que se perdieron esas cartas.

P.  ¿Por qué cree que el movimiento feminista de República Dominicana ha obviado su mención o su reconocimiento, como de alguna manera sí ha sucedido con Salomé Ureña?

R. En nuestro país, la crítica literatura ha sido muy escasa en el movimiento feminista. Sólo hemos tenido tres mujeres críticas de grandes relieves: Carmen Natalia, Aída Cartagena y Chiqui Vicioso. Pero con nuestras críticas acontece algo parecido: no les ha caído el expediente “Amelia Francasci” porque ella no fue una “luchadora” en el sentido común dominicano.

P. ¿Qué valor entiende tiene la obra de Francasci dentro de la literatura dominicana, así como para la literatura femenina dominicana?

R. Yo le quitaría a Francasci el aditivo de “literatura feminista”. Ciertamente ella trata temas femeninos, pero no aboga por los temas tradicionales de la lucha feminista. Lo suyo es cierto intimismo, una condición humana que se queda dentro de la casa. En “Francisca Martinoff” trata los amores imposibles, el concepto de sacrificio, haciendo una especie de “Bildungs roman”, novela de formación. Lo interesante de la esa novela es la manera en que desarrolla la trama, la precisión del ambiente de cambio de siglo en la sociedad dominicana, el tratamiento de la política, el naciente desencanto ante los caudillismos locales. Eso es lo que la convierte en una gran novela.

P. ¿Qué elementos destacan la escritura de Amelia? 

R. Amelia Francasci se inscribe dentro de una sensibilidad bastante impresionista: ella describe situaciones, personajes, acciones, con pocos recursos, de manera bien condensada. Cuando la leía me sentía como cuando estaba leyendo el “Werther” de Goethe: ese narrar los dolores en los que tú extrañamente te implicas. En ella no hay grandes sorpresas. Su melodrama está muy bien estructurado.

Carmen Natalia (Carmen Natalia Martínez Bonilla)

Carmen Natalia, 1943. Colección Isabel Martínez Bonilla.
Ylonka Nacidit Perdomo

P. Este año se cumple un centenario del nacimiento de Carmen Natalia, ¿qué podría decirnos su trabajo literario hoy en día? ¿Una profecía cumplida o por cumplir, como destaca usted en el artículo “Es preciso soñar con la victoria”? 

R. Carmen Natalia fue una implacable opositora a la dictadura de Trujillo,  que hubiera preferido morir antes que doblegarse.  Humana, medularmente ética, sin máscaras, exploradora ontológica del sentido de la existencia; no dejó que su aliento se fatigara en la lucha, portadora de sentimientos espirituales que comunicaba, deslumbrándonos con su poesía. Ella es merecedora  de ocupar la privilegiada posición  de ser una Poeta de la Patria. Perseguida obsesivamenre por la tiranía, sólo tuvo la posibildiad del exilio, para evitar que el odio la matara a ella,  o ella matara a las hienas colocadas como estatuas de una dinastía en el Estado. 

Carmen Natalia es esteta y artista, escritora y creadora. El centenario de su nacimiento nos encuentra organizando distintas actividades para que ella alcance el tamaño de la eternidad, y su obra poética se busque, se conozca y se comente. Una sola  oración principal puede definir lo que pensamos ahora: Ella es una estrella que alumbra en el infinito,  aun transmitiendo la luz que la atormenta.
Su obra poética desafiante, de plenitud expresiva, es de una singularidad sorprendente; es inspiradora, motivadora para crear una laboriosidad  que permita en el presente derrumbar a los que siguen sedientos de poder, a los corruptibles y corruptores; a los que acosan a los pueblos con sus mentiras; a los que traen oscuros siniestros. Ella es la poeta del exilio que tiene la  dimensión literaria de más grandeza. 

P. ¿Es su poesía escrita en su exilio en Puerto Rico la que rompe con su obra anterior, o mejor dicho, la que define otra trayectoria literaria y cuyos poemas de esa época la ensayista y escritora Chiqui Vicioso la señala como su poesía “más prosaica y militante”? 

R. Carmen Natalia no dejó nunca de escribir. Sus poemas Canto a la tierra (1938),  La Miseria está de ronda (1948), No fue porque yo quise (1949), y El Grito (ca. 1949) son cuatro textos de su obra cumbre desgarradores, que clavan en el alma un aguijón estremecedor. Me pregunto ¿si otra poeta en la dictadura tuvo una  valentía similar: asestarle al monstruo un duro golpe, inquietarlo, desequilibrarlo, alterarlo como lo hizo Carmen Natalia? 

La labor que emprendemos de celebrar su centenario de nacimiento, es también para honrar en vida a Maricusa Ornes (1926)  “despositaria de sus versos”, que  llevó con su voz los versos de Carmen Natalia a distintas tierras y escenarios, al través del arte de la declamación, y que compiló su Obra Poética Completa (1939-1976).

Miguel De Mena

P. Este año se cumple un centenario del nacimiento de Carmen Natalia, ¿qué podría decirnos su trabajo literario hoy en día? 

R. Carmen Natalia Martínez Bonilla es una autora por recuperar. De ella se han recogido sus poemas (casi) completos), pero hace falta el resto de su obra, que sospecho tendrá todavía su familia. Al menos se ha publicado póstumamente “La victoria”, un gran aporte que se lo debemos al crítico Manuel Matos Moquete. Sobre ella cae siempre la estampa de luchadora trujillista. Y claro que lo fue. Pero aparte del valor documental, en su obra hay zonas que todavía son de buenísima literatura.

P. ¿Es su poesía escrita en su exilio en Puerto Rico la que rompe con su obra anterior, o mejor dicho, la que define otra trayectoria literaria y cuyos poemas de esa época la ensayista y escritora Chiqui Vicioso la señala como su poesía “más prosaica y militante”?

R. Ella se consideró siempre una luchadora antitrujillista. Sus poemas –los que escribió en la media Isla y luego los de su exilio-, responden a dos grandes principios: los de tema amoroso y los declaradamente políticos. Lo lamentable es que luego de concluido el trujillato en 1961 la poeta se apagara.

P. He leído que Carmen Natalia no está inscrita dentro de ninguno de los movimientos literarios dominicanos contemporáneos con su escritura. ¿Por qué?

R. Antes de hacerme esa pregunta me cuestionaría en torno a quién le corresponde el derecho de adjudicar escuelas y movimientos. A mí en lo particular el tema me parece secundario. A Carmen Natalia le pasó lo mismo que a Juan Sánchez Lamouth: ninguno encajó en las “escuelas de su época”. Aún así, ambos hicieron grandísimo aportes a nuestra literatura.

P.  ¿Qué elementos destacan en la escritura de Carmen Natalia? 
No me he tenido mucho en la zona más conocida de Carmen Natalia, la poética, porque me seduce particularmente. De su narrativa y su ensayística te podría decir que estamos ante  una autora que destaca por la originalidad en el tratamiento de los temas, pudiendo ser estos en algunas ocasiones bastante “sentido común”. Me explico: en su novela “La libertad” ella le da continuidad a un artículo que había sido incluido en su libro de ensayos “Veinte actitudes y una epístola”: un estudio sobre la escultura “la victoria de Samotracia”. 

Es toda una alegoría al tema de la libertad y la justicia social, las dos grandes banderas contra el trujillato. Ella trata órdenes éticos pero sin caer en una simple denuncia. “La victoria” es una de las grandes novelas dominicanas, por su dinámica, el ritmo y la simpleza de las situaciones que construye. Y sobre todo: porque no te sientes que estás leyendo dentro de una barricada, aunque lógicamente que en su caso, hay una abierta actitud de cuestionamiento al orden social del trujillato.

P.D. Pueden comprar dos de las novelas de Amelia Francasci en Amazon, editadas por Miguel De Mena bajo el sello editorial Cielonaranja. (Para obtener el libro dar click en la imagen).




marzo 05, 2017

Un cuento de Juan Bosch convertido en canción

No he leído todos los cuentos de Juan Bosch. En mi pequeña biblioteca tengo solo un de sus ensayos históricos, sobre la Guerra de la Restauración de 1863. Los cuentos que he leído de él son los publicados de manera dispersa en ediciones escolares, en la internet. Creo que he leído una veintena de ellos así.

Más allá de esto, los cuentos de Juan Bosch son una puerta para descubrirse y descubrir. Los amo, no solo porque están bien escritos, sino porque Bosch tenía la capacidad de lograr una descripción vivida, una manera de convertir sus personajes en palpables, en figuras que salen de las páginas y cobran vida en tu cabeza. Es literatura de la buena. 

Siempre me he quejado de que su afán político aniquiló a su "yo escritor", uno que probablemente de haber seguido con vida nos hubiera regalado mucho más, y quien sabe si hasta un premio Nobel. Y aquí también apunto algo: su literatura es bastante política. 

Pero lo que no fue no será, así que están los cuentos que si están, y unos que han inspirado obras de teatro y hasta música. Y de esto último vengo a traer aquí: una canción hecha desde uno de sus cuentos.

El compositor y cantante es mi esposo, Waldo Rincón, cuyo talento escapa a cualquier vidrio empañado que pueda exponer mi lazo con él (que el amor nos pone ciegos, dicen, aunque muchas veces nos hace también ver con claridad). El cuento es "Un niño" y es bueno que lo lean antes de escuchar la canción, compuesta para un proyecto cultural en que participaron otros compositores y cantantes, todos desconocidos por el establisment cultural dominicano.

UN NIÑO
(Más cuentos escritos en el exilio, 1964)

      A poco más de media hora, cuando se deja la ciudad, la carretera empieza a jadear por unos cerros pardos, de vegetación raquítica, que aparecen llenos de piedras filosas. En las hondonadas hay manchas de arbustos y al fondo del paisaje se diluyen las cumbres azules de la Cordillera. Es triste el ambiente. Se ve arder el aire y sólo de hora en hora pasa algún ser vivo, una res descarnada, una mujer o un viejo.
          El lugar se llama Matahambre. Por lo menos, eso dijo el conductor, y dijo también que había sido fortuna suya o de los pasajeros el hecho de reventarse la goma allí, frente a la única vivienda. El bohío estaba justamente en el más alto de aquellos chatos cerros. Pintado desde hacía mucho tiempo con cal, hacía daño a la vista y se iba de lado, doblegándose sobre el Oeste.
          Sí, es triste el sitio. Sentados a la escasa sombra del bohío, los pasajeros veían al chofer trabajar y fumaban con desgano. Uno de ellos corrió la vista hacia las remotas manchas verdes que se esparcían por los declives de los cerros.
          —Allá –señaló– está la ciudad. Cuando cae la noche desde aquí se advierte el resplandor de las luces eléctricas.
          En efecto, allá debía estar la ciudad. Podían verse masas blancas vibrando al sol, y atrás, como un fondo, la vaga línea donde el mar y el cielo se juntaban. Pasó un automóvil con horrible estrépito y levantando nubes de polvo. El conductor del averiado vehículo sudaba y se mordía los labios.
          De los tres viajeros, jóvenes todos, uno, pálido y delicado, arrugó la cara.
          —No veo la hora de llegar –dijo—. Odio esta soledad.
          El de líneas más severas se echó de espaldas en la tierra.
          —¿Por qué? –preguntó.
          Quedaba el otro de ojos aturdidos. Fumaba un cigarrillo americano.
          —¿Y lo preguntas? Pareces tonto. ¿Crees que alguien pueda no odiar esto, tan solo, tan abatido, sin alegría, sin música, sin mujeres?
          —No –explicó el pálido–; no es por eso por lo que no podría aguantar un día aquí. ¿Sabes? Allá, en la ciudad, hay civilización, cines, autos, radio, luz eléctrica, comodidad. Además, está mi novia.
          Nadie dijo nada más. Seguía el conductor quemándose al sol, golpeando en la goma, y parecía que todo el paisaje se hallaba a disgusto con la presencia de los cuatro hombres y el auto averiado. Nadie podía vivir en aquel sitio dejado de la mano de Dios. Con las viejas puertas cerradas, el bohío medio caído era algo muerto, igual que una piedra.
          Pero sonó una tos, una tos débil. El de ojos aturdidos preguntó, incrédulo:
          —¿Habrá gente ahí?
          El que estaba tirado de espaldas en la tierra se levantó. Tenía el rostro severo y triste a un tiempo. No dijo nada, sino que anduvo alrededor del bohío y abrió una puerta. La choza estaba dividida en dos habitaciones. El piso de tierra, disparejo y cuarteado, daba impresión de miseria aguda. Había suciedad, papeles, telarañas y una mugrosa mesa en un rincón, con un viejo sombrero de fibras encima. El lugar era claro a pedazos: el sol entraba por los agujeros del techo, y sin embargo había humedad. Aquel aire no podía respirarse. El hombre anduvo más. En la única portezuela de la otra habitación se detuvo y vio un bulto en un rincón. Sobre sacos viejos, cubierto hasta los hombros un niño temblaba. Era negro, con la piel fina, los dientes blancos, los ojos grandes, y su escasa carne dejaba adivinar los huesos. Miró atentamente al hombre y se movió de lado, sobre los codos, como si hubiera querido levantarse.
          —¿Qué se le ofrece? –preguntó con dulzura.
          —No, nada –explicó el visitante–; que oí toser y vine a ver quién era.
          El niño sonrió.
          —Ah –dijo.
          Durante un minuto el hombre estuvo recorriendo el sitio con los ojos. No se veía nada que no fuera miserable.
          —¿Estás enfermo? –inquirió al rato.
          El niño movió la cabeza. Después explicó:
          —Calentura. Por aquí hay mucha.
          El hombre tocó su bracito. Ardía, y le dejó la mano caliente.
          —¿Y tu mamá?
          —No tengo. Se murió cuando yo era chiquito.
          —¿Pero tienes papá?
          —Sí. Anda por el conuco.
          El niño se arrebujó en su saco de pita. Había en su cara una dulzura contagiosa, una simpatía muy viva. Al hombre le gustaba ese niño.
          Se oían los golpes que daba el conductor afuera.
          —¿Qué pasó? –preguntó la criatura.
          —Una goma que se reventó, pero están arreglándola. Así hay que arreglarte a ti también. Hay que curarte. ¿Qué te parece si te llevo a la Capital para que te sanes? ¿Dónde está tu papá? ¿Lejos?
          —Unjú… Viene de noche y se va amaneciendo.
          —¿Y tú pasas el día aquí solito? ¿Quién te da la comida?
          —Él, cuando viene. Sancocha yuca o batata.
          Al hombre se le hacía difícil respirar. Algo amargo y pesado le estaba recorriendo el fondo del pecho. Pensó en la noche: llegaría con sus sombras, y ese niño enfermo, con fiebre, tal vez señalado ya por la muerte, estaría ahí solo, esperando al padre, sin hablar palabra, sin oír música, sin ver gentes. Acaso un día cuando el padre llegara lo encontraría cadáver. ¿Cómo resistía esa criatura la vida? Y su amigo, que había afirmado momentos antes que no soportaba ni un día de soledad…
          —Te vas conmigo –dijo–. Hay que curarte.
          El niño movió la cabeza para decir que no.
          —¿Cómo que no? Le dejaremos un papelito a tu papá, diciéndoselo, y dos pesos para que vaya a verte. ¿No sabe leer tu papá?
          El niño no entendía. ¿Qué sería eso de leer? Miraba con tristeza. El hombre estaba cada vez más confundido, como quien se ahoga.
          —Te vas a curar pronto, tú verás. Te va a gustar mucho la ciudad. Mira, hay parques, cines, luz, y un río, y el mar con vapores. Te gustará.
          El niño hizo amago de sonreír.
          —Unq unq, yo la vide ya y no vuelvo. Horita me curo y me alevanto.
          Al hombre le parecía imposible que alguien prefiriera esa soledad. Pero los niños no saben lo que quieren.
          Afuera estaban sus amigos, deseando salir ya, hallarse en la ciudad, vivir plenamente. Anduvo y se acercó más al niño. Lo cogió por las axilas, y quemaban.
          —Mira –empezó–… allá…
          Estaba levantando al enfermito y le sorprendió sentirlo tan liviano, como si fuera un muñeco de paja. El niño le miró con ojos de terror, que se abrían más, mucho más de lo posible. Entonces cayó al suelo el saco de pita que lo cubría. El hombre se heló, materialmente se heló. Iba a decir algo, y se le hizo un nudo en la garganta. No hubiera podido decir qué sentía ni por qué sus dedos se clavaron en el pecho y en la espalda del niño con tanta violencia.
          —¿Y eso, cómo fue eso? –atinó a preguntar.
          —Allá –explicó la criatura mientras señalaba con un gesto hacia la distante ciudad–. Allá… un auto.
          Justamente en ese momento sonó la bocina. Alguien llamaba al hombre y él puso al niño de nuevo en el suelo, sobre los sacos que le servían de cama, y salió como un autómata, aturdido. No supo cuándo se metió en el automóvil ni cuándo comenzó éste a rodar. Su amigo el pálido iba charlando:
          —¿Te das cuenta? Es la civilización, compañero… Cine, luz, periódicos, autos…
          Todavía podía verse el viejo bohío refulgiendo al sol. El hombre volvió el rostro.
          —La civilización es dolor también; no lo olvides –dijo. Y se miraba las manos, en las que le parecía tener todavía aquel niño trunco, aquel triste niño con sus míseros muñoncitos en lugar de piernas. 
Y aquí, la canción.


diciembre 22, 2016

Sólo cenizas hallarás

"Vivir, vivir, vivir", murmuró en su interior, y la palabra, vacía de contenido, como una bola hueca, lo llenó de repente de una brusca ansiedad y lo hizo estarse quieto, con los ojos abiertos, clavados en el aire, en un punto intermedio entre él mismo y las cosas. Vivir, un sueño mil veces repetido al que era siempre inútil retornar porque siempre, también, había una realidad, cruel, inhumana, que no tenía otro fin que desmentirlo. Bastaba simplemente con despertar, bastaba con abrir nuevamente los ojos y mirar hacia afuera, para que la hinchazón de aquella falsa pompa estallara en pedazos".
El párrafo es parte de uno de los capitulos de la novela "Sólo cenizas hallarás", del dominicano Pedro Vergés, actual ministro de Cultura, y creo que el texto retrata el sentido general de la historia que se narra en este libro: la esperanza que se desinfla y los caminos distintos que se toman cuando los sueños cambian de rumbo o no encuentran ninguno.

Las historias de Freddy Nogueras, Yolanda Martínez, Wilson Tejada, Altagracia Valle, el teniente Sotero de los Santos, Evelinda Rojas y Lucila, la sirvienta y de los demás personajes que los rodean, como satélites de un universo en caos, muestran o buscan mostrar ese escenario poco abordado a mi parecer en la literatura dominicana, el período entre el fin de la tiranía de Rafael Trujillo y las esperanzas de cambio postdictadura.

Y desde mi punto de vista, la novela lo logra, y lo hace hasta para alguien que no vivió esa época. Es sentirse envuelto en la inquietud del desencanto de Freddy y su escape de la isla como única salida; es sorprenderse de la libertad culposa de Yolanda; ver el pasado reflejado en la camisa de fuerza social de Wilson; llorar la nostalgia de Altagracia y sus amigas; reír con pena y reflexionar la desgracia del vaivén del teniente Sotero de los Santos; querer rescatar la ingenuidad de Evelinda y celebrar la rebeldía sin piso de Lucila, la sirvienta.

Es una lectura que no solo se disfruta. Su estructura es bastante interesante desde las escenas pasadas traídas al presente hasta los episodios que se van aclarando a la medida que se lee el siguiente capítulo, esto sin perder la coherencia.

De los mejores libros que leí en el 2016.

En un artículo del periódico español El País, de abril de 1981, Vergés describe su novela de la siguiente manera.

"En mi novela intento reflejar el gran desencanto que se produjo en mi, país a raíz de la muerte del dictador y los acontecimientos que siguieron», explica Pedro Vergés. «Para ello, me centro en tres planos: la interpretación psicológica de los personajes, la elaboración del lenguaje que emplean de acuerdo con su clase y realidad social y el análisis de la ideología que subyace en ellos y configura su visión del mundo». La misma estructura básica de la novela, concebida según un doble planteamiento, una serie de capítulos saltan y se entrecruzan, mientras otros mantienen una linealidad, «responde a ese intento de expresar el caos en que viven sumergidos los personajes y, al mismo tiempo, la necesidad que tienen de salir de él".

Lo que me sorprende es que con esta novela tan bien lograda, y que le mereció premios, Vergés no continuara su carrera literaria. Y sorprende más saber que "Sólo cenizas hallarás" era, según las propias palabras de su autor, la primera de una trilogía. Lamento que quedara solo en palabras. Al parecer, me dicen algunos, le ganó la burocracia al escritor. Es probable.

De paso les dejó el bolero que da nombre a la novela, interpretado por Javier Solis.




marzo 12, 2015

Moñerío

Hace unos meses, Claudio Mena y yo nos contactamos por Facebook.

Me presentó su blog Moñohecho, que había editado como revista dos publicaciones. Conversamos un poco por chat sobre literatura. 

Un día hablamos de poesía y me comentó sobre un nuevo proyecto, que en esencia era el mismo, pero con otro nombre, en la que el arte plástico y poesía buscaban una sinergia. 

Me encantó. Y me gustó mucho más cuando me invitó. 

Entre conversación y conversación por chat, un día me invita a una reunión y junto a otros poetas y artistas invitados vi el resultado: la primera edición de la revista Moñerío.

¿Qué es Moñerío? Claudio lo define así.

"Es una revista enfocada a la poesía y a las artes visuales, abriendo un espacio de difusión de ambas disciplinas de manera integral y participativa".

Y como se quiere dar la vuelta a la tuerca, que no es otra forma de decir que se quiere dar amplitud a este proyecto, pues se dio a conocer con la exposición de las piezas resultantes de este diálogo entre imagen y palabra, que se realizó la semana pasada y finalizó ayer. El sábado pasado tuvimos un recital con algunos de los poetas participantes. 

Algo que me gusta de este proyecto es que busca autogestionar sus recursos. Por eso, las piezas están a la venta para los que quieran comprarlas. También, según me comentó Claudio, se pueden reproducir. A ver si organizan la manera de hacer los pedidos, si se pueden hacer les aviso.

Aquí la revista. Disfruten.



enero 25, 2015

El año de lecturas dominicanas I

Este año he decidido leer todos los libros de autores dominicanos que tengo en el librero.

En los primeros días limpié mi atestado librero y aparte en una caja los dominicanos. Me di cuenta que en alguna parte se quedó olvidado o desapareció "La Sangre" de Tulio Manuel Cesteros, una de las pocas novelas dominicanas que me gustó leer de las listas obligadas de bachillerato y que el año pasado cumplió cien años de su primera publicación...y por alguna extraña razón no hubo nada oficial ni no oficial que lo recordara.

Mi primer libro del año fue "Paisajes Agrestes" de Ramón Marrero Aristy, sí, del mismo autor de "Over". Es un libro de relatos rescatado del olvido por Ediciones Cielonaranja. Una interesante lectura de un muy joven Marrero Aristy en que se puede entrever las primeras pinceladas del mundo de Over. Relatos que describen un mundo campesino y sus costumbres, algunos muy buenos y otros...no tanto, al menos para mí.



"Se deslizó por el cauce del río. Se levantó dos o tres veces y otras tantas resbaló sobre los camarones y las guabinas que se morían sin agua. Por fin, a pocas distancia vio algo que parecía una cruz. Abrió los ojos; era la muleta de Taquito que estaba recostada de una rama de un árbol seco que el río había arrastrado hasta allí en otro tiempo.
Y al pie de la cruz, un ahogado: era su hijo.
La vieja no pudo más. Hizo el último esfuerzo: corrió, gritó de nuevo:
- ¡Taquitooooooooo! 
Y este fue su último grito. Resbaló sobre la tierra mojada, y sin querer ni poder evitarlo, cayó en un charco y se hundió.
Su última voz se fue río abajo, río abajo, como algo doliente, y llegó, sabe Dios, si hasta el mar.
El río, para Luis A. Zorrilla B


Anoche empecé a leer el segundo libro. "Judas", una novela corta de Marcio Veloz Maggiolo, escrita hace más de cuarenta años. Hasta hoy solo había leído una novela de él, "El jefe iba descalzo". Y sí, trata sobre ese Judas...el de los evangelios. La estructura anunciada en un prologo que es parte de la historia es simple. Dos cartas que se cruzan. Empiezo a leer el libro y encuentro la voz de Judas desde la muerte o el más allá, reflexionando sobre su papel en la historia de los evangelios.

Anoté este párrafo.

"La frustración del ideal es la más permanente de las muertes. Es mentira que yo haya muerto cuando la carne no pudo soportar más el nudo agobiante y enloquecedor que me ataba al fracaso. Mi muerte había transcurrido momentos antes, cuando vi que todo lo que había imaginado era mentira y, que al fin y al cabo Jesús había degenerado en un hombre corriente. Le vi aparentemente perder sus facultades, sus fuerzas poderosas y su gesto altivo". 

octubre 21, 2014

El duende de Mariano Lebrón Saviñón

Mariano Lebrón Saviñón (Foto: www.encaribe.org)

Hoy es día del poeta en República Dominicana. Lo es por el natalicio de Salomé Ureña de Henríquez. Sus poemas son lectura obligada en las escuelas. La leí por eso. De sus poemas me gusta "Mi Pedro", que dedicó a su hijo, Pero Henríquez Ureña, una de las lumbreras de la intelectualidad dominicana.

Pero hoy de quien quiero hablar, en parte, es de Mariano Lebrón Saviñón. No porque me guste, pues del movimiento al que perteneció, la poesía Sorprendida, prefiero a Franklin Mieses Burgos, Aida Cartagena Portalatín y Freddy Gatón Arce. De Lebrón he leído uno que otro poema. Desde hace horas ando buscando en internet uno que recuerdo por un verso vago...pero no lo he encontrado.

Pero este post tampoco se trata de la poesía de Lebrón Saviñón, quien falleció el pasado sábado a la edad de 92 años.

Se trata del duende de don Mariano.

Lo conocí hace años. Bueno, no lo conocí, lo vi. Trabajaba en el 2005 en la Academia Dominicana de la Lengua y estaba de visita un poeta argentino, cuyo nombre no recuerdo ahora. Minutos antes de iniciar la actividad vi entrar a don Mariano, quien presidió esa Academia durante años, y a su lado, sosteniendo sus brazos para ayudarlo a caminar, un joven alto, con cara adusta. Estuvo a su lado durante toda la actividad. Pensé que era su nieto.

Años después volví a encontrar a ese joven en las redes sociales. Sus textos eran reflexiones con destellos geniales de imágenes, a modo de rompecabezas o, a veces, tan sencillos como una taza de café sobre una mesa. Lo conocí en persona y era mucho más alto de lo que lo recordaba.a.

Y su forma de ser, tan rompecabezas y taza de café como sus textos, es igual a la de un duende, un ser fantástico que provoca alboroto y estruendo, que puede ser a la vez un niño y un viejo.

Cuando murió Don Mariano, el sábado, estaba desconectada de las redes sociales. Mi esposo fue quien me dio la noticia. Lamenté que muriera al que creí hasta ese día el abuelo de ese duende. Cerca de la medianoche decidí entrar a Facebook y con lo primero que  me encontré fue con la sentida despedida del duende a Don Mariano. Así supe que no era su nieto, y supe también que mucho de lo fantástico de ese duende se lo regaló ese escritor de la poesía Sorprendida, a quien todos conocimos porque hablaba sobre literatura y lengua española en un programa sabatino llamado "Esta Noche Mariasela".

Confirme, conmovida hasta las lágrimas, que la literatura no solo hace puentes, también construye un diálogo entre las distancias generacionales, algo tan poco común en el mundo literario.

Aquí comparto lo que Gabriel del Gotto, el duende, escribió sobre Don Mariano, con previa autorización de su autor. Es la mejor manera de celebrar un Día del Poeta.

A los adioses nunca pude tenerles miedo, nací de ellos y nunca tuve a donde esconderme.
Cuando tenía 14 años, luego de haber sido expulsado de al menos un 50% de los colegios "bien" de esta ciudad, estaba yo en la Academia Militar del Caribe y se me pidió que recitara algo en presencia de un escritor "famoso" al que ellos habían llevado. Si bien nunca estaba en clase, ya sea por aburrimiento o por haber sido expulsado, siempre se me dieron demasiado bien algunas materias: historia, lengua española, filosofía, biología, astronomía y en fin, aunque aquello me parecía otro honor falso, me regalaban 50 puntos que no podía rechazar por esas que no se me daban nada bien. Aquel señor era don Mariano Lebrón Saviñón, recuerdo que recité un poema ingenuo, quizá nefasto, barroco hasta más no poder, pero sorprendentemente todos allí tuvieron tan mal gusto que me aplaudieron de pie, incluido don Mariano quien al acercarse a mi, de esta forma entró a mi vida diciéndome: "Aléjate de Umbral, de Neruda y de Becquer. Y ven a mi casa, en la Estrelleta, este jueves a las 4 de la tarde. Eres un poeta."
 Nadie se resiste a ser halagado y menos un muchacho marginal, prepotente, solitario y desorientado. Fui a su casa por un tiempo de aproximadamente 1 año, nos hicimos amigos, me enseñó de estructuras, de belleza; me enseño a leer, cosa que nunca podré pagar, y me enseñó también a estudiar con mayor claridad los misterios.
Creía más en mi de lo que yo nunca podré creer. 
Me narró su vida, los tesoros que dejó escondidos en sus viajes; me presentó con sus amigos y sus amigos con sus libros. Al pasar un año, ya el Alzheimer se hacía evidente y todas sus historias se borraban y mi amigo se iba alejando, poco a poco, casi a desconocerme. La última vez que lo vi me dijo: "La poesía me sorprende tanto que ahora me está quitando todo y me manda como a Rimbaud al exilio del nunca."
Gracias por quererme, por creer en mi y por tu paciencia, amigo. 
Donde estés, espero que hayan grandes y buenas bocinas para oír a Bach. Te deseo todos esos poemas que sólo la luz absoluta conoce. Pasearemos por un jardín gigante, lleno de lindas muchachas que nos sonreían al pasar y habrán caballos trotando libres en todas partes y nos meteremos en muchos líos y la aventura seguirá por siempre.

Este es un homenaje que le hizo su sobrina, Mariasela Alvarez, en su programa.


mayo 27, 2014

Vamos hablar de la Feria del Libro

Les confieso que tengo una especie de bostezo literario con la Feria Internacional del Libro.

Al igual que su edición del año pasado, esta vez fui por momentos muy específicos y por poco tiempo. Mi razón principal es que se me hace demasiado caótica para llevar a mi hijo, que aún no cumple dos años. La otra razón, tengo en el librero lleno de libros por leer. No, no puedo comprar más libros.

Los que han estado interesados en la FIL 2014 y leído sobre sus críticas, buenas y malas, sabrán que el Ministro de Cultura llamó a consultas para ponderar esas críticas y aplicar cambios. Dijo que serían antes de que mayo terminará. Faltan seis días para que mayo termine y no me he enterado de si están en curso, si se han celebrado o no. ¿Se realizarán? Espero...

...y lo espero porque desde mi punto de vista la Feria Internacional del Libro debe repensarse. Una Feria del Libro cuyo espacio físico está lleno de stands gubernamentales totalmente ajenos a la educación y literatura y que solo aportan ruido y confusión; la casi nula promoción a la lectura antes y después de la FIL (como si leer un libro solo es importante durante el espacio ferial); la ausencia de una política que permita agenciar una interacción entre escritores y editores son los puntos que veo más urgentes.

Hay detalles que harían mucho también para mejorar la FIL, como evitar que coincidan en espacios cercanos una actividad musical y un conversatorio o taller y retirar todos los stands gubernamentales no relacionados con aspectos relativos al libro. Y claro, evitar excesos como los del Ministerio de Educación y su stand de 18 millones de pesos. 

Puntos buenos que destacar fue una organización más armoniosa de los espacios dedicados a los libros, que redujeron los dedicados a la venta de comida, y que la molestosa tarima de canal 5, donde ponían música a todo volumen y aparecían mujeres bailando en poca ropa, no estuvo presente.

Sobre la actividad de Ernesto Cardenal...me he detenido mil veces en mis notas porque me hubiese gustado escribir una crónica de su recital, en donde como un abuelo a sus nietos contó su vida al ritmo de sus poemas. Dejar constancia de que solo me gusta su poesía amorosa, de esa primera que escribió, no su poesía panfletaria, y que en su recital me enamoré de un poema que creo dijo se llama "Aparición en Hamburgo", de cómo intente acercarme a él para hacerle algunas preguntas y de cómo no lo logré (ni siquiera pude cruzar un saludo como lo hice con Juan Gelman)...Pero el tiempo para escribir se me ha hecho corto en estos días.

Les dejó un vídeo que hice del recital y el audio de una charla, que promocionaron como conferencia y que me facilitó el periodista Bienvenido Scharboy, que ofreció Cardenal el día de la inauguración de la FIL, cuando recibió el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, premio con el que también fue galardonado Eduardo Galeano que supuestamente no vino a recogerlo en persona por problemas de salud...pero extrañamente estuvo semanas antes en una Feria del Libro en Brasil. Cosas veredes.




Y no puedo dejar sin mencionar a Frank Báez. A las pocas actividades que asistí estuvo la de la dedicatoria a este escritor de una de las calles de la Plaza de la Cultura, lugar donde se monta la Feria del Libro. Merecido, un escritor que vale la pena siempre leer y escuchar leer.




Aunque el clima caluroso del día hizo de las suyas en su ropa. Cosas del Caribe.

marzo 18, 2014

Rescatar lo perdido. Junot Díaz

Encontré otro tesoro en mi correo de Gmail, el artículo que escribí sobre la visita de Junot Díaz, en ese año en que su aura estaba dominada por su recién recibido Premio Pulitzer.

Recuerdo ese encuentro en la Feria Internacional del Libro. Recuerdo como algunos funcionarios del Ministerio de Cultura bajaban la cabeza o volteaba a otro lado ante muchas de sus afirmaciones y comentarios. Recuerdo la reacción de mucha gente: admirada, escandalizada y hasta los que criticaban sus libros sin haber leído una línea de ellos.

El tiempo ha demostrado que Junot es un escritor que será referencia, nos guste o no su forma de escribir, y sus opiniones siguen siendo tan punzantes como las de esa noche, inclusive algunas recientes sobre el tema de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional que provocó que un grupo de escritores dominicanos hicieran algo más que aquellos funcionarios que se hundían en sus asientos o volteaban las caras ese día, del 2008, y le respondieran con los siguientes argumentos.

Aquí les dejó la reseña rescatada, publicada en el desaparecido Clave Digital.

Junot Díaz. Foto Argénida Romero
UN ESCRITOR CON VOZ REBELDE

'El racismo dominicano me preparo muy bien para enfrentar el norteamericano'

Díaz carece de esa aura de intelectualidad que acompaña a ciertos escritores. Sus expresiones son tan variopintas como las del mundo que alimenta sus cuentos y novelas. Y habla sin muchos rodeos sobre cada tema, con una voz rebelde y mordaz.

Argénida Romero/Clave Digital

SANTO DOMINGO, DN/República Dominicana.- Quizás si la reciente fama del Premio Pulitzer hubiese acompañado al escritor dominicano Junot Díaz hace unos años atrás, no le hubieran impedido la entrada a una discoteca por el color de su piel. Pero para el recién galardonado novelista la experiencia forma parte de una lección.

"El  racismo dominicano me preparo muy bien para enfrentar el norteamericano", afirma al recordar el episodio. "Un grupo de cómo cinco tratamos de entrar a unos de esos clubes de papí y mamí y nos dijeron que no, aquí ustedes no entran son demasiados morenos", explica sin abandonar el tono inteligentemente irónico de sus palabras.

Las referencias del incidente, desconocido para muchas de las personas que la noche de este jueves colmaron la sala de la Cinemateca Nacional para conocer al escritor dominicano residente en Estados Unidos, son celebradas con risas y aplausos.

Díaz, quien demuestra ser tan jovial como mordaz y directo en sus respuestas, explica que un año después en un encuentro casual le relató lo ocurrido al presidente Leonel Fernández. "El me dijo: ¡No puede ser. En República Dominicana no hay racismo!".

Recuerda que en ese momento el único que "quería pelear" con él fue el comediante Jochy Santos. "Ahora todo el mundo quiere celebrar conmigo". Otro episodio de aplausos y risas lo interrumpe.

Su franqueza se siente como agua helada, pero parece sintonizar con el ánimo de muchas personas que asientan con la cabeza sus afirmaciones.

El tema, iniciado por la pregunta al respecto hecha por el periodista Pablo Mckenny, se agota con rapidez. Pero el conversatorio apenas acaba de empezar.

Junot junto a Freddy Ginebra y Pablo Mckinney
La fama es…
Para Junot la recién fama, adquirida luego de obtener el importante premio, es un bien transitorio y la califica de una manera bastante particular. "Es como una mierda", dice sonriendo.

Considera que el galardón literario obtenido el pasado 7 de mayo es un reconocimiento a la comunidad dominicana de la diáspora. "Creo que con este premio al fin los gringos reconocieron el genio dominicano", afirma.

Sostiene que el "sueño americano" es único para cada inmigrante. Su vida y su obra ha sido marcada por su propia experiencia, la de un niño pobre de Villa Juana que emigró con apenas 7 años junto a su familia a Nueva Jersey.

Entre las risas y el aplauso constante del público, además de las intermitentes interferencias de un micrófono que no funciona muy bien, Junot habla sobre su novela.

Un esfuerzo de 11 años
"The Brief Wondrous Life of Oscar Wao", un relato de ficción sobre un inmigrante dominicano "pariguayo",  como el mismo lo define, fue un esfuerzo de 11 años. Tiempo en el que su inspiración literaria tuvo sus altas y sus bajas.

Dice, en broma, que hasta su novia tuvo que intervenir con amenazas de dejarlo si no la terminaba.

El proceso creativo para él es difícil, o mejor dicho, imposible de definir. Afirma que en su caso primó el esfuerzo y la dedicación, al igual que las inevitables ocurrencias que la vida siempre regala.

Narra que, por ejemplo, el termino "cortina de plátano", utilizado en su novela para mostrar la situación de aislamiento en que vivía República Dominicana en la era de Trujillo, fue la frase que le vocifero un amigo borracho a quien no quería dejar entrar a su casa. "Me dijo que yo le tenía una cortina de plátano".

De su lado, Freddy Ginebra da una noticia. Miramax compró los derechos de la novela para hacer una película. Junot bromea. "Me imagino que no van a tener ningún papel para los dominicanos".

También hay otra novedad, esta trabajando en su próxima novela: Dark America. Un libro que representa para él una nueva aventura y del que no ofrece ningún detalle.

Un escritor con voz rebelde
Díaz carece de esa aura de intelectualidad que acompaña a ciertos escritores. Sus expresiones son tan variopintas como las del mundo que alimenta sus cuentos y novelas. Y habla sin muchos rodeos sobre cada tema, con una voz rebelde y mordaz.

"Bush es un super animal", dice al responder una inquietud de Ginebra sobre su nueva novela Dark America. Sus taladrantes palabras, siempre matizadas por su tono jocoso, también fueron dirigidas al ex presidente Joaquín Balaguer. "Cuando a mi me dicen que Balaguer fue el genio del pueblo, yo me muero de la risa".

Dice que si el ex presidente Balaguer es "el genio del pueblo" el escritor y catedrático Silvio Torres, a quien aseguró muestra todo lo que escribe, "es un Jesucristo".

Muchos ríen. Otros, los menos, tratan de mantener una expresión inmutable ante sus afirmaciones.

Junot y su madre. Foto Argénida Romero.
De preguntas y respuestas
Al responder las preguntas del público mantiene la misma actitud. No quiere hablar mucho sobre la labor comunitaria que realiza y evade los mini discursos que algunos de los participantes tratan de pronunciar en vez de hacer preguntas.

El momento se interrumpe con la llegada de su madre a la sala. Junot se levanta y va a abrazarla. Su progenitora, al responder una pregunta del público cedida por su hijo, dice que no tomó a mal la vocación literaria de Junot. "Quería ser astronauta primero", asegura.

Las respuestas de Junot Díaz son tan diversas como las preguntas que le hacen. Pone como su primer ejemplo de escritores comprometidos con la sociedad a los periodistas que murieron asesinados durante el gobierno de los 12 años de Balaguer, de quienes dice perecieron tratando de hacer justicia. Menciona a Orlando Martínez.

También sugiere a Haití como país invitado a la próxima Feria Internacional de Libro. Una respuesta que provoca aplausos.

¿Habría sido distinta la vida de ahora famoso escritor de no haber inmigrado a Estados Unidos? Es el sentido de la pregunta que le hace una inquieta joven y su respuesta a esta una reflexión de su perspectiva de República Dominicana.

"Hay mucha gente que se mete en la política, que viene de raíces humildes y tienen casas enormes y están viviendo muy bien, mejor que yo. Creo que es posible aquí cosechar, parece que es posible. Sería posible que yo logrará lo mismo acá. Pero imagínate las cosas que tendría que hacer para lograrlo".

Prefiere, confiesa, ser lo que es y quiere seguir siendo. "Quiero escribir dos novelas más, y estaré conforme con eso".

febrero 11, 2014

Con Julia de Burgos

Estaré el sábado acompañando a Chiqui Vicioso y Angela Hernández en un recital de Julia de Burgos.

Emocionada y nerviosa. Espero que el miedo escénico no me trague.

Los invito.


enero 23, 2014

El chico de los seis mil ebooks

Me toco entrevistar a un chico que ha vendido más de seis mil ebooks de una novela que escribió sobre fantasía y dragones.

No les miento que la motivación para entrevistarlo estaba en saber cuál fue el truco, cuál es el truco.

No hay ninguno.

Supongo que depende de la moda del tema, que fue escrito en inglés, que a los jóvenes les encanta estos libros y aman leer en ebooks y que la historia que escribió Gabriel gusta, y que cuesta 99 centavos de dólar.

¿Qué creen ustedes?

Aquí la entrevista.

LITERATURA|23 ENE 2014, 12:00 AM|5|POR ARGÉNIDA ROMERO

El joven dominicano de los seis mil ebooks vendidos

El joven de 19 años publicó la primera parte de esta historia como un libro electrónico en Amazon
Gabriel Vicioso
SANTO DOMINGO. Conversa con vivacidad, pero con frases entrecortadas. Su educación bilingüe suele atravesarle las palabras del español al inglés y viceversa, confiesa. Hace casi tres años, Gabriel Vicioso Barrera empezó a escribir una historia cuando la mudanza de la ciudad de Puerto Plata (norte) a La Romana (Este) lo dejó sin una brújula de diversión nocturna. Sin intermediarios, el joven de 17 años publicó la primera parte de esta historia como un libro electrónico (ebook) en Amazon.

Para enero de este año había vendido más de seis mil copias. Seguir leyendo