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diciembre 22, 2014

Hernán Casciari: “El contenido es libre, para mí debe ser libre siempre” (1)

Un día del año 2004, no recuerdo día ni mes, encontré un blog. El texto de ese día hablaba sobre un jugador de fútbol argentino que, hasta para una desatendida del deporte como yo, era una referencia. Diego Armando Maradona estaba en un estado de salud delicado. Leí en ese texto a una señora hablar de este fútbolista de una manera que me hizo llorar frente al computador.

El nombre la señora era Mirta Bertotti. El blog se llamaba "Más respeto que soy tu madre"

Desde ese día lo seguí hasta el final. Nunca comenté, aunque veía que había mucho afán por hacerlo. Me encantaba que una señora con esposo e hijos hablará sobre su vida de una forma tan poco complicada. 

Pero al final nada de esto resulto cierto. Mirta y su familia eran personajes creados de Hernán Casciari, un escritor argentino a quien después de desearle la peor de las suertes por el engaño magnifico en que nos hizo caer a cientos que seguíamos ese blog (que pasó a ser un libro y una obra de teatro) no le perdí el rastro jamás. 

Casciari tenía otro blog, Orsai, que paso a ser una revista, y de ahí a un proyecto editorial, con una perspectiva bastante interesante: no hay publicidad, no hay nadie en el medio.Y decir esto es dar un gran salto a los detalles de lo qué hace y cómo lo hace. Así que cuando supe que iría a Barcelona, a principios de este año, me dije que no podría estar en esa ciudad sin conocerlo. Si, se me olvidaba ese detalle, Casciari vive en esa ciudad.

Tras un intercambio de correos electrónicos decidimos encontrarnos un jueves de junio. Una cafetería cerca de la Casa Batlló. Lo vi acercarse en compañía del ilustrador Horacio Altuna. Los saludé emocionada, como chica que se encuentra con su cantante de pop favorito. Altuna se despide y ambos nos sentamos a conversar. Una conversación larga, entretenida y con muchas risas, en la que descubrí a un Casciari tan determinado como jovial. Una persona que ha sabido buscarle la vuelta al mundo editorial, alejado de las formulas conocidas y triunfando con su dos más dos no son cuatro.

Aquí la primera parte de nuestra conversación.

Hernán Casciari. Foto Argénida Romero
¿Por qué pasar de un proyecto para adultos, centrado en relatos, crónicas, reportajes de largo suspiro de páginas a una revista dirigida a la familia desde la visión de los niños?
Porque en general yo y el Chiri (Basilis, su amigo de infancia. Sé que su nombre real no es Chiri, pero no recuerdo ahora su nombre real) trabajamos en base a caprichos. Orsai fue un capricho y este es otro. Y estos caprichos siempre surgen por necesidades nuestras, más que nada. Somos muy egoístas, no pensamos en el lector, sino en divertirnos nosotros.

Cuando empezó el tercer año de Orsai, que nosotros queríamos hacer un año pero nos gustó y seguimos un año más, y luego seguimos otro porque nos estaba gustando mucho. Pero más o menos a la mitad del tercer año del Orsai empezó a parecernos a un trabajo.

Entonces a principio del 2013 decidimos que paralelo a Orsai queríamos empezar a hacer un hermano menor, para chicos. La razón es porque nuestros hijos estaban creciendo, no hay otra razón. Cuando empezamos con Orsai, Nina tenía seis, siete años y para el 2013 tenía 9 y la conversación con ella era totalmente distinta. Me di cuenta que tenía mucho más ganas de hablar con ella que con gente grande en la vida diaria. Y también en lo profesional, muchas ganas de escribir cuentos, de interesarme más en el pensamiento de ellos y no tanto de la gente grande, al Chiri le estaba pasando lo mismo y en un momento tomamos la decisión de que no íbamos hacer los dos productos en paralelo, sino  que queríamos darle el cien por ciento de la energía y de corazón a esto y que durará lo que tendría que durar y si después queríamos volver a otra cosa pues lo haríamos.

Para nosotros no fue un cambio grande.  La misma gente trabajando, el mismo papel, casi las mismas historias. Para los lectores sí fue un cambio grande. Pero como somos muy egoístas. Que se adapte, ya veremos con lo otro, cuando de verdad encontremos la manera de que no sea un trabajo.

Una de las cosas que pasa cuando comentaba o comento sobre la revista Orsai en República Dominicana es la cara de interrogante cuando señalaba que era una publicación sin publicidad. ¿Cómo funciona una publicación sin publicidad? ¿Tuviste esa interrogante cuando concebiste a Orsai?
¡Claro! Todo el mundo se preguntaba cómo lo hacíamos. De qué manera .Casi no hay productos sin publicidad. Es complicado. Pero la primera decisión que tomamos, y que formaba parte del capricho, era no darle el cincuenta por ciento de la energía a buscar empresas que patrocinan y que determinan decidiendo ellas hasta cuando podés seguir.

Preferimos poner ese cincuenta por ciento de energía en encontrar un sistema de distribución y de venta que nos diera la posibilidad de que nosotros decidiéramos hasta cuando hacerlo, que de hecho fue lo que hicimos. Fue una decisión nuestra, no una decisión de Coca Cola.

Si nosotros hubiésemos pensado en poner publicidad de Visa, de Coca Cola, de una aerolínea en la contratapa o aquí o allá, ellos terminarían decidiendo hasta cuándo. Y no nos parecía correcto.
Todo lo que hacemos y lo que vamos a hacer va a ser siempre sin publicidad. Es como nuestra marca.

Pero tú llegaste a ahí después de un camino. Por ejemplo, Argénida quizás no podría sostener una publicación como esta porque nadie me conoce…
Es necesario tener una comunidad, obviamente. Empecé con un blog en dos mil tres (2003), dos mil cuatro (2004). Empezó a leerse, empezó a tener gente a su alrededor. Si vos te enteraste del proyecto Orsai es porque venías  siguiendo, un lectura digamos.

Entonces después de seis o siete años de estar en contacto con mucha gente todo el tiempo es menos difícil proponerle a esa gente una aventura nueva. Entonces, forman parte de eso. Si vos venís de ningún lado y decís en tu Facebook que me apoyen para hacer esta revista y quiero un millón de dólares. No puedes abrir un Facebook y decir “hey, quiero un millón de dólares”. Claro, no tenés una comunidad del otro lado a quien le estés hablando. Ahora, si la tenés, si hay confianza y si además seducís con el proyecto es posible que funcione. Pero sin una comunidad por detrás, que has trabajado por detrás, es muy difícil.

Sí, bastante… Háblame del “open acces”. Alguna vez leyendo tu blog me encontré con esta idea y entiendo que la apoyas, de que la gente tenga acceso libre a los contenidos. Del Caribe, de donde vengo, observo resistencia a eso. ¿Por qué crees que es bueno que los textos estén en línea y que lo lea el que quiera, y quien lo quiera bajar de manera gratuita lo haga?
Creo que tiene que ver igual que los animales que nacen en cautiverio y los que viven en libertad. Un animal que nace en cautiverio no va a entender nunca la idea de vivir en la selva. No podría sobrevivir. Yo empecé escribiendo en libertad, no nací en cautiverio. Yo empecé a escribir en internet. No tengo una noción diferente de las cosas.

Este libro (me muestra el libro “Más respeto que soy tu  madre”, que me regaló), y todos los libros que tengo, los escribí gratis. Después se convirtieron en libro, pero en ningún momento vendí inicialmente esto. Escribo y publico todo. Después hay muchísima gente que le gusta esto, porque esto es un objeto, es lindo, es un fetiche, tiene olor. Lo podés regalar para un cumpleaños, lo podés atesorar, guardar, llevarlo en el tren y leerlo. Es mucho más complicado que todas esas cosas la puedas hacer con un texto plano que está en un blog.

Yo diferencio mucho el objeto del contenido. El contenido es libre, para mí debe ser libre siempre. No tiene sentido, y menos con lo que es hoy la tecnología, mantener el contenido en cautiverio. Lo que sí es necesario, es que en algunos casos este objeto tiene un trabajo, una encuadernación, entonces no lo podés regalar porque alguien tiene que poner el dinero que cuesta el objeto.

No tengo ningún problema con que se venda, pero lo que contiene, lo que hay adentro, el contenido, no me parece que tenga que ser en cautiverio.

"A mí me da la impresión que hay gente muy ávida al debate y otra a la acción. No voy a un debate, porque no tengo tiempo porque estoy haciendo cosas. Y a mí me parece mucho más interesante, mucho más divertido, y más prometedor hacer cosas que discutirlas".

¿Crees que en un futuro muy inmediato, cuando se recienta esta tendencia a estar en contra de estos cambios tecnológicos, pueda entender esta forma, este sistema…? (Me interrumpe, porque obvio estoy divagando demasiado…me pasa cuando estoy nerviosa)
No es un asunto de sistema. Entiendo que hay gente grande que nació antes que nosotros, que nació en cautiverio, y que le va a resultar muy difícil vivir en libertad. Por eso te hacía esta metáfora de los animales. Después hay gente de la generación de mi hija, que ni se le ocurre la cautividad de los contenidos. No le entra en la cabeza. Si mi hija quiere algo lo agarra de donde sea. No importa.

Pero al mismo tiempo ella sabe, porque es natural, que si le gusta un cantante, el cantante tiene que comer. Ella lo sabe y puede escuchar toda esa música, pero en algún momento irá a un concierto, tendrá que comprar algo que se cantante vende en su web para que pueda seguir tocando la música que ella le gusta. Es tan simple como eso.

O sea, ¿nosotros cómo hacemos? ¿Cómo hago yo si quiero que Horacio (Altuna) un ilustrador carísimo en español, uno de los más caros, continúe produciendo? Obviamente, la piratería no funcionaría. Pues lo que tenemos es esto, hacemos una revista, que se compra y se le paga a Horacio y en el momento que se le paga por esos dibujos se sube a internet todo para que todo el mundo disfrute de eso. Sino es codicia.

Un herrero que hace esta silla no cobra cada vez que alguien se sienta. ¿Y por qué lo otro sí? ¿Es más importante un dibujo que una silla? No es más importante.

¿Piensas entonces que está discusión, que se pone de moda cada cierto tiempo entre el libro de papel y el libro electrónico, es necesaria o es perder el tiempo?
 A mí me da la impresión que hay gente muy ávida al debate y otra a la acción. No voy a un debate, porque no tengo tiempo porque estoy haciendo cosas. Y a mí me parece mucho más interesante, mucho más divertido, y más prometedor hacer cosas que discutirlas.

Me siento con un editor tradicional a decirle que no, que mejor esto. ¡Qué sé yo! No. Haced libros, usar libros. Y vos vendeló como tú quieras, ponerle un candado acá y yo lo vendo de la manera que se me antoja y cada cual que haga su vida.

A mí lo que no me gusta es sentarme a debatir. Prefiero sentarme con amigos míos y hacer una cosa. Me dicen “no se puede hacer un medio sin publicidad, sin distribución”. Ah, ¿No se puede? No voy a debatir sobre eso. Voy, me siento, lo hago y después que alguien me venga a decir que no se puede. Listo.

Una de las cosas que pasó con Orsai es que cerramos un debate. Hay un debate que no se puede hacer más. Gente inteligente diciendo que…no.  Ya está, ya está hecho. Debatan otra cosa, estoy ya está.

A mí me gusta jugar esto. Este libro, cada vez que alguien lo compra no pasa por ningún canal de intermediación (y lo dice acentuando cada sílaba). Desde mi editorial, lo vendo yo desde mi web, lo escribo yo, lo diseño yo, lo edito yo. Y ya está. Este libro, que está en la Casa del Libro acá (señala al frente de nosotros, justo al lado de la cafetería desde donde nos traen el café, una de las sucursales de la famosa librería. No me había dado cuenta que estaba allí). Yo vivo con esto. No con todas las personas que se meten en el medio quedándose con el quince por ciento y otro quince por ciento.

Tengo que referirte a mi contexto regional. Hay una frase famosa de que “el escritor no vive de escribir”, pero veo tu ejemplo y el de otros. ¿Llegará un momento en que el escritor si viva de lo que escribe? ¿Es posible eso ahora?
Es más rápido. No sé qué tanto es posible. Si te digo en mi caso, que es el único que conozco y lo conozco muy bien, tuvo mucho que ver la suerte, el talento, pero no solo en escribir, sino en comunicarme con la gente. Escribir, sí, está bien. No hay ningún problema. Si conseguís emocionar, hacer reír y eso está funcionando, perfecto. Pero después de todo eso, alrededor de todo eso, hay un trabajo que no incluye escribir y por suerte a mí me encanta que es comunicarme con los lectores, estar en los comentarios, contestar mails, diseñar una web, programar una página web, entender de http, al momento de vender cosas hacer un sistema de comercio electrónico.

No sé, hay un montón de cosas. Cuando me siento a trabajar en casa, dos horas escribo pero las otras seis hago un montón de cosas que no son escribir, que si no las hiciera tendría que llamar a alguien para que las hiciera y ese alguien cobraría también. Tengo una suerte, tengo mucha suerte. Tengo la suerte de ser muy curioso y que me interesa un montón los alrededores de la literatura.

Muchos días me levanto por la mañana y se que por un lado tengo que escribir un artículo, y por otro lado tengo que diseñar la web y tengo más ganas de diseñar la web, ponerles cosas nuevas, aprender un poco de html 5. Y me gusta tanto como escribir, porque en realidad no soy escritor, a mí me gusta comunicar. Para comunicar tener herramientas nuevas. Me imagino que si viviera en mil seiscientos (1,600) estaría muy interesado en las imprentas, en las tipografías. Es lo mismo.

¿Le faltará este criterio a las librerías que ahora se quejan de bajas ventas, de que están desapareciendo? ¿Les falta saber comunicar?
No. Creo que si fuera librero desde los veinte años en este momento tendría muy complicado cambiar de estilo. Me parece que los que nacieron en cautiverio tienen muy complicado todo. Todo cambia, todo, todo.

Si vos entrás a un bar te das cuenta enseguida si el dueño es un viejo o un chico por si hay wifi, si hay wifi liberado. Si el bar es de un viejo el wifi te lo tienen que dar con una contraseña. No, ya está. Ya pasó.

A mí me gusta ver a los chicos, porque ya no tienen vicios del siglo veinte.  Me parece que todo va tendiendo a que todo sea mucho más natural, todo.

Si Nina de acá a dos o tres años termina entendiendo cuál es su vocación, y capaz le gusta la arquitectura, la literatura, la fotografía, va a ser mucho más natural para ella acceder a su público que para mí a los quince años.

Entonces me parece que hay que trabajar mucho en ello, entre ello tener conocimientos básicos de muchas herramientas, mucha atención a lo que está pasando, a donde la gente está poniendo los ojos y seducir con eso. Y obviamente, tener algo para decir. Puedo crear un montón de cosas y no tener nada para decir y es lo mismo.

Me parece que todo será a ser natural, de no ocurrir nada de golpe…

Sí, porque anuncia la muerte de todo. Primero que iba a desaparecer la radio por la televisión, luego que iba a desaparecer la televisión por el internet…que ahora que va a acabar con los libros. Vamos de un apocalipsis cultural a otro apocalipsis cultural.
En tu tiempo histórico, en los años de vida que tengas, puedes tener mucha pasión por la teoría o mucha pasión por la práctica. 

Los apasionados de la teoría se la pasan conversando de lo que pueda pasar, si se va a morir este formato o el otro y hacen mesas redondas. Son amantes de la teoría.

Después, hay gente que es mucho más amante de la práctica. Si estamos en un momento histórico de transición, pues experimentemos, con tranquilidad. A mí me divierte mucho. Me levanto en la mañana y lo que tengo que hacer me gusta. Lo que se me ocurre me gusta saber si puede ocurrir, si puede pasar. El solo hecho de tener la suerte hoy mismo de no estar en una oficina, haciendo algo que no me gusta, es suficiente para sentirme súper bien.

Recuerdo el momento en que dejaste de escribir tu columna en El País…
Eso fue un momento de cautiverio. Era un animalito libre y vino un dueño de un circo y me dijo si no quería trabajar en este circo, que me iba a pagar muy bien, que iba a tener comida. Entre a ver que tal y no me gustó vivir en cautiverio, no me gustó tener jefe, no me gustó dejar de conversar con la gente, conversar con un agente, con mi representante, con mi editor, con mi no se qué.

Me resulto todo extremadamente aburrido y decidí volver al aire libre.

Especial sobre periodismo en la revista Orsai No.13. Foto: Argénida Romero
¿No te has encontrado con algún dueño de ese circo que te diga “¡Ah, ese loco!”?
No, no. Ellos siguen con el circo. A ellos no les importa demasiado si un bonito se escapa. No hay un tema de competitividad.

Hablando de los cautiverios, ¿cómo ves el mundo del periodismo? Es común ver, es mi experiencia viendo televisión informativa aquí, un periodismo monotemático. Uno lo ve en su país pero piensa que no existe o no es así en otros lugares.
¡En absoluto! El mercado tradicional es igual Dominicana, en España, en Argentina, en Uruguay, en México, en Perú. Es igual. Los pequeños monopolios, más grandes o más pequeños de información donde las cosas que ocurren son las que ocurren. Y pueden tener un poco más de presupuesto o menos, pero después es lo que decís vos. Monotemáticamente es plano, plano, plano.

Ahora, es también un tema nuestro si vamos al circo a ver animales o si vamos a la selva a ver animales. La televisión española es mala pero lo se por lo que dice la gente. Yo no veo televisión. En mi casa no tengo varios televisores pero conectados a Yotube y cada quien ve lo que quiere. Vos tenés el internet que es la selva y ahí vos hacés tu vida. Yo me entero de las cosas por otro lado. Tampoco sé si esas cosas de las que me estoy enterando son la verdad, pero por lo menos sé que ese material  está vivo y no está en cautiverio.

Se opina, en ocasiones,  que esa interactividad que da el internet  muchas veces confunde, les falta rigor para confirmar datos…
Pero claro que confunde y le falta rigor, igual que los medios tradicionales. La diferencia es que los medios tradicionales por más que busquen  y busquen no vas a encontrar la verdad. En cambio en internet, si te ponés a buscar bien y tienes un grupo de favoritos fiables te vas a enterar de lo que realmente está pasando.

 Por supuesto que hay mentiras y basura y hay engaños también de este lado. Lo que tiene este lado, que se llama la selva, es que si vos te convertís en Tarzán podés vivir. Del otro lado no, serás un monito amaestrado siempre en todos los casos. En este caso tienes libertad. Estamos haciendo un sector de libertas. El escritor, el periodista, el dibujante o el fotógrafo que entra acá sabe que no va a encontrarse con un monopolio, no con gente codiciosa.

Entonces hay pequeños lugares donde puedes guarecer de toda esa porquería. O crear un lugar.

Hace veinte años no existía la posibilidad. Hoy por lo menos hay una posibilidad.

julio 30, 2014

Una nota de librerías barcelonesas

Con un mes libre de las exigencias del máster que curso ahora vía online, estoy rescatando mis memorias de Barcelona para este blog. Tengo tres entrevista pendientes, una de ellas con Hernán Casciari, a quien tuve el gusto de conocer en mi estancia de tres semanas en Cataluña.

Un primer texto que escribí lo publicaron hoy en la edición digital del periódico donde laboro y tiene que ver con mi post anterior, mi bureo de librerías. Se los copió aquí, con los enlaces de las páginas de las librerías que menciono y más fotos. Si va a Barcelona espero pueda visitar algunos de estos lugares. 

Bureo por las librerías de Barcelona

Por Argénida Romero

BARCELONA.Como un paralelismo a los versos del escritor argentino Jorge Luis Borges en su poema "El lector" de que "otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído", podríamos decir que algunas ciudades se jactan de los libros que guardan en sus calles y esperan ser leídos. Una de estas ciudades es Barcelona.

Y las librerías de esta turística ciudad, ubicada a orillas del Mar Mediterráneo al nordeste de España, van desde las de larga tradición hasta las que regalan una novedosa visión de los libros y el mundo que vive y sobrevive en ellos.

Un recorrido por Barcelona nos acerca a esta riqueza bibliográfica, tan presente en sus calles como su particular arquitectura, y que va más allá de las librerías de amplio mercado y casi obligada referencia, como La Central y La Casa del Libro.

El Siglo

Fotos Argénida Romero
¿Se imaginan un lugar donde convivan los libros, un bar y un escenario? Existe y se llama El Siglo. Abrió sus puertas en el 2006 en el municipio de San Cugat del Vallés. Entrar a sus salones, que ocupan un espacio de 800 metros cuadraros, es una fiesta visual, no solo por sus más de 150 mil libros usados y antiguos a la venta, sino también por su decorado de lámparas de cristal, sus cuadros y sus estantes de madera. Un espacio que comparte la ceremonia de los libros que puedes tocar, revisar y enamorarte de ellos antes de decidir si te los llevas, y la algarabía de la música, el baile, los conversatorios y las distintas presentaciones que suelen realizarse en las noches.

Altair

Fotos Argénida Romero
"El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho", dijo el hidalgo don Quijote de la Mancha en un diálogo de unas de sus aventuras, y es la frase con la que se podría definir a la librería Altaïr, un espacio donde viajar y leer son caras de una misma moneda. Fundada en 1979 en el barrio el Raval, hoy esta librería se encuentra en el centro de Barcelona y es un punto de reunión de los amantes a los viajes. Allí, en sus dos pisos, puedes viajar, primero, entre los libros acomodados en sus estantes por regiones y países, donde abundan los textos sobre aventuras, crónicas de viajes y novelas, además de guías y mapas. Y si te animas a emprender tu propia travesía, puedes consultar un panel en su entrada en donde otros aventureros buscan compañía y organizan excursiones por todo el mundo.

Syndrome Imaginaria

Foto entrada de la librería: Argénida Romero. La fotos de detalles de la página de Faccebook de Syndrome Imaginaria.

Para los niños que inician sus primeras lecturas, y para los jóvenes y adultos que siguen maravillados por el mundo de los libros ilustrados están la librería Syndrome Imaginaria. Abrir las puertas de esta pequeña librería es revivir la fantasía y el encanto de los cuentos infantiles entre muñecos de tela, cuadros de hermosos dibujos y las portadas de las ediciones infantiles y juveniles, donde los libros tridimensionales son protagonistas.

Arkham Comics

Fotos Argénida Romero
Si estás de visita en Barcelona y eres amante de los comics y las mangas, además de las famosas series de televisión y los dibujos animados, no puedes dejar de visitar esta tienda-librería. Arkham Comics es un espacio alucinante, con un desorden organizado de artículos de colección de personajes que van desde Star Treck hasta los simpáticos Minions e historietas de los personajes icónicos del comics en Estados Unidos, Japón y España. Un lugar que sin duda rescata lo que uno nunca debe perder, el aventurero y rebelde niño o niña que hay dentro de cada uno.

Re Read Librería

Fotos Argénida Romero
Perdida en esta ciudad, la autora de este artículo encontró un lugar donde los libros usados vuelven a cobrar vida lejos de las librerías personales: Re Read, una cadena de siete librerías en distintos puntos de Barcelona, aunque también tiene sucursales en Madrid y Málaga, donde se vende y se compra libros de segunda mano en buen estado. En sus estantes ordenados y blancos podemos encontrar los grandes títulos de la literatura clásica, antologías de poetas europeos, novelas, cuentos, ensayos, entre otros géneros. La idea nació de la crisis y apuesta por activar la circulación de libros. Además, y de acuerdo con su página web, apoyan la apertura de más franquicias con este nombre y concepto si alguien quiere aventurarse a este modo de amar y quizás vivir de la venta de los libros.

Casa Beethoven

Fotos Argénida Romero
Un local pequeño pero con un largo pasillo que ofrece libros sobre música, músicos y partituras desde 1880, la Casa Beethoven es una de las referencias culturales más características de la famosa vía La Rambla, en el centro de Barcelona. Un lugar único. 

junio 26, 2014

Bureo de librerías

"Barcelona es una ciudad con librerías interesantes. No dejes de visitarlas". Eso me dijo un amigo escritor. No tenía idea de ello. Investigué y salí a caminar. No visite todas las que quise visitar, aunque aun estoy en Cataluña pero con el presupuesto agotado, pero me gustó lo que encontré. Les dejo algunas fotos. Ya les hablaré sobre los detalles luego, cuando regrese a Santo Domingo.

El Siglo. Una librería que es también bar y teatro. Un sueño. 
La Central. Fui a su sucursal más antigua, o al menos la más antigua desde su lugar original. 

Altair, una librería dedicada a los viajes. Y no solo a vender mapas y guías, sino a la  literatura relacionada con los viajes. 

Syndrome Imaginaria. Una belleza. Librería especializada en libros infantiles, y de los infantiles tridimensionales. Me compré allí una edición de El Principito que es de preciosa...y tridimensional. 

Si es amante de los comics no puede dejar de visitar esta tienda. Arkham Comics es un sueño y su dueño, Xavi, un encanto de persona. Alucinante espacio que rescata lo que uno nunca debe perder, el niño o niña que hay dentro de cada uno.

La librería que no buscaba y que encontré. Compré cinco libros usados por 10 euros. Una ganga. Mucha literatura clásica y, por supuesto, antologías de poetas europeos que ni de juego encuentras en una librería dominicana.

Es una librería de música, vende libros sobre música, músicos y partituras. Está en la famosa calle La Rambla desde 1880. Un lugar único. Su propietario y administrador, Jaume Doncos Pros es un excelente anfitrión e interesante conversador. 

Ukelele. Aquí hay libros, pero en minoría. Esta es una tienda de vinilos y cultura musical. Quede alucinada.