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diciembre 31, 2007

Fin y comienzo


Tiempo de balance. ¿Qué tal nos fue? Restamos y sumamos. Resultado: hemos vivido. Tal vez el contenido de este resultado no encaje con los planes que, meticulosamente, proyectamos hace un año atrás. Quizás por eso, en el último día del año, nos sorprenda la presencia de ese “no se que” anudado en nuestra alma.

Pero también, y es lo maravilloso, la vida nos ha sabido sorprender. La llamada de esa persona, ese regalo de cumpleaños, ese amigo o amiga, ese nuevo trabajo, aquel hermoso viaje, ese beso inesperado, el nuevo miembro de la familia, aquella palabra justa en ese momento preciso…

Lo que se fue, sobraba. Lo que no llego, llegará. Perdiste a alguien, lo bueno de él o ella te acompaña. Fallaste, perdónate. Te fallaron, perdona. Lloraste, ahora podrás reír. Te dolió, sanará. Se acabo, vuelve a empezar.

Luego del balance llega el tiempo de planificar. Mi plan: vivir.

*Foto: Argénida Romero

octubre 19, 2007

Escenario


Más allá de mi piel, de mi boca y de mis manos; un horizonte de luciérnagas y rosas palpita. Voces trasnochadas, perdidas y sonámbulas se visten de arco iris. Caricias menguantes que crecen e invaden la comisura de mis pasos, al rescate de la vida que se escapa a gritos de tambor y silencio.

Cosecha de lienzos, paisajes pintados de arena y viento, arropan este multiplicado ruego de verdes soledades. Respiran las calles y las casas, se pierde el ruido en los callejones, el ruido de los días que se agotan sin prisa ni avisos.

Y yo soy (todos somos) ese breve instante, irrepetible, que estalla y se consume entre lo indescifrable grito que nos despierta y el inmutable dolor que nos despide.

*Foto: Argénida Romero

diciembre 31, 2006

Fin de año

No puedo evitar reflexionar un poco sobre este calendario que dejo atrás. Ni tampoco diluir la añoranza de los colores que han matizado los días de este moribundo año, en el suspiro de mis cavilaciones.

Muchos de estos días, que hoy despido, me han regalado la intensidad de un beso, de una caricia, de un reencuentro. Momentos inolvidables de emoción, de lágrimas y de sonrisas. Marcas indelebles de los que se fueron, y de los que se quedaron.

También me han dejado la decepción, propia y ajena, de las heridas inevitables, y de las evitables, de las promesas incumplidas, de las palabras inconclusas, del sueño despertado en las mañanas lluviosas del pesimismo.

Pero también (¡y que alegría!) me han dado la oportunidad de disfrutar del dulce aroma de la meta alcanzada, de estrechar la mano de quién me ha ayudado a continuar, de la verdad esparcida en el silencio de los hechos, de la resurrección de cada mañana después de despedir la oscuridad de mis ojos.

A las doce de la noche, yo, tú y los demás, diremos adiós a estos días, los buenos y los malos. Ojalá que esta noche, fuera del bullicio que acompaña esta despedida, podamos tener tiempo de renovar nuestros calzados, para así poder reiniciar nuestro camino.

“Ama y haz lo que quieras”. San Agustín.

octubre 30, 2006

La ceros

¿Donde están los que no están? (con el permiso de Waddys)

Este fin de semana sume ceros, en la curiosa lógica de las casualidades. El sábado en la noche fui convertida en una vendedora improvisada de dulces a veinte pesos, gracias a la sorpresiva confianza de un desconocido “paletero” que me dejo bajo la custodia de la metálica mirada de Quevedo, en las puertas del Teatro Nacional.

Quince minutos después y dos dulces vendidos, me regalo una sonrisa y unos chicles de agradecimiento. Una extraña experiencia, calzada en unos zapatos ajenos. Un cero a mi derecha.

Luego, la sala Ravelo totalmente llena. Gigante ante la curiosidad de mis ojos. Waddys, Maria y Carlota mostrando rostros “ceros” e historias “ceros”. Inmensamente tristes, inmensamente reales. Y yo…descubriendo más ceros a mi derecha.

El domingo. Siete de la noche y el apagón de costumbre. Suspiros hacia el asfalto. Algo entretenida enfrentando la oscuridad y su voz me aclaró el camino. Tome su caja y cruzamos juntas la calle.

Venia de Barahona. Sonriendo me contaba su travesía. Elusina, creo que me dijo que se llamaba. Bendiciones de sus labios, mientras apostaba a la providencia otro casual encuentro con la extraña que cargo su caja y a la que se le olvido darle su nombre. Otro cero a mi derecha.

Al final, en mi casa, ya no era una.

abril 09, 2006

Resucitadas


A las niñas del Hogar Renacer

Es casi increíble ver la fortaleza de sus manos, capaces de construir sueños con las estrellas que, meticulosamente, han cosechado de su oscuridad. Al amanecer no esperan el sol, salen a su encuentro y coronan con sus rayos sus cabezas.

Así resucitan cada día y siembran de eternidad la primavera con sus pasos. Los resucitados pasos de la vida que se les regala, su vida nueva, rehecha a retazos de dulzura y cantos.

Sobrevivientes del oprobio, ahora son emisarias de un milagro; del maravilloso milagro de caminar sobre el miedo y rescatar la esperanza, esa que ahora palpita en sus sonrisas.