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mayo 30, 2025

Presentar una novela

Hace casi dos semanas presenté por primera vez un libro de un amigo, una novela. Me cuesta creerme con la capacidad para tal tarea, pero no podía esta vez negarme por dos razones: primero, Santiago Almada es un gran amigo, de esas personas especiales y únicas, que salen del común denominador de la gente que te rodea y de quien aprendes a ver la vida desde perspectivas nuevas y revolucionarias; y, segundo, porque su novela me encantó.

Así que me guardé mi síndrome de impostora, mis miedos escénicos y mis reservas ante personas que expresaron (lo hicieron) que no era la persona "ideal" para hacer esa presentación. Claro, ante esas personas Santiago hizo lo que hacen los buenos amigos y colegas: lo hará porque yo quiero y me da mi maldita gana. 

Honrando esta especial amistad, y siendo consecuente con el sincero gusto que me dio leer esta novela, me puse de pie frente a un público y leí el siguiente texto. 


Develar el noir dominicano

Buenas tardes/noches

De entrada, me pondré a una distancia prudente de lo que voy a decir: no soy crítica literaria. Lo que sí soy desde mi niñez (que podría decir reciente para cumplir con el cliché de las mujeres y la edad, y aquí me pongo también a una distancia prudente) es ser lectora.

Y como lectora, les hablaré sobre la novela que hoy se presenta, “Nadie me mata dos veces”, de Santiago Almada, y de cómo esta novela me ha develado el noir dominicano.

Noir, la novelle noire —es decir, en francés, me disculpan la pronunciación— es lo que en español conocemos como novela negra. Según explican los manuales literarios, es un subgénero de la novela policial, esas que hicieron famosos a los detectives fuera de la forma habitual (entiéndase uniformados en estaciones de policía), y nos regalaron personajes como Sherlock Holmes, del escritor británico Arthur Conan Doyle, o Hércules Poirot, creación de Agatha Christie.

Pues bien, la novela negra o noir tiene como protagonista a ese detective que no solo es particular y ajeno a lo que suelen darnos las novelas policiales. Es más bien alguien, detective o no, que busca una verdad, resolver un misterio, alejado del camino convencional de los acertijos de salón y familias adineradas. Nos lleva a los callejones, a la corrupción de escritorio de 8 a 5, a los vericuetos del submundo social y político que enlaza las realidades que se tejen desde las mansiones del sector exclusivo al rancho a orillas de un río, no siendo el bueno o la buena, sino un sincero atormentado o atormentada que necesita expiar también su propio misterio.

En América Latina, escritores y escritoras han abordado este tipo de tramas; quizás el más famoso de ellos, el cubano Leonardo Padura y su detective Mario Conde. En República Dominicana, hasta donde mi memoria lectora me alcanza, no tenemos un detective famoso indagando entre Piantini, tapones, motores que calibran, un colmadón en Villa Juana o el escritorio de un despacho.


Pero posiblemente esta noche estemos en la antesala para descubrir uno, o mejor dicho, una detective que desde la pluma —digo, las teclas— de Santiago Almada nos mostrará que tenemos historias que contar sobre una verdad que se busca y misterios para expiar, propios y ajenos, desde las calles de un Santo Domingo.

Amarilis Barnes es la protagonista de esta historia, y aunque no es el primer personaje creado por Almada que investiga muertes misteriosas que ponen su vida en peligro (Fernanda, de su novela La Última Muerte, publicada en 2020, sería la primera), esta abogada nos sumerge no solo en el afán de descifrar la incógnita de una muerte, sino en un recorrido intenso de supervivencia y pasión, que no deja de lado la idiosincrasia de un país en que, el día más claro, llueve.

La vida de Amarilis, que dirige una agencia de investigaciones matrimoniales, cambia cuando una mujer llamada Ramona la contrata para investigar la muerte de su esposo, Juan Radhamés Aguirre Álvarez, quien aparentemente se suicidó. Así se ve envuelta en un caso complejo que la lleva a descubrir una serie de secretos y conspiraciones, incluyendo un posible asesinato, una red de corrupción y un pasado oscuro del abogado.

A partir de esta premisa, Santiago Almada nos sumerge en una trama de intriga y suspenso donde las líneas entre la justicia y la venganza se difuminan. La investigación de Amarilis la lleva desde los despachos de la alta sociedad hasta los barrios más peligrosos de la ciudad, exponiéndola a una red de personajes complejos y moralmente ambiguos: una viuda en busca de la verdad, una joven de pasado misterioso y poderosos hombres con oscuros secretos. También conoce a Jennifer Berlingieris Mori, una estudiante de mercadeo que se convierte en su alumna y luego en su amante.

Y con una prosa ágil, rica en detalles y descripciones, que incluso nos reta a deconstruir estereotipos y prejuicios, Almada logra abordar un mundo que la literatura dominicana ha ignorado, a pesar de una realidad que nos empuja a mirarnos desde esa perspectiva: una novela negra al muy estilo dominicano: la corrupción en las altas esferas, la violencia latente en las calles y la lucha por una verdad en un mundo en donde nadie, ni siquiera la valiente Amarilis Barnes, está a salvo.

"Nadie me mata dos veces", de Santiago Almada, es una inmersión en las sombras luminosas de un Santo Domingo con misterios que caen de un edificio de la zona universitaria, tras un letrero de "Feliz cumpleaños", y que desde la primera página, les aseguro, los mantendrá atentos y ansiosos en pos de los pasos de Amarilis Barnes y la integridad de su expiación detectivesca.

¡Palabra de lectora!

Gracias.

mayo 21, 2024

Relaciones y libros

Mi primera relación extrafamiliar importante fue con los libros. Me recuerdo como una lectora hambrienta con siete años, aunque sin mucho detalle o memoria de lo que leía en ese entonces, fuera de un escándalo entre mis padres por haber tenido acceso a un libro que no era para mi edad y que leía sin entender mucho. 

Luego vinieron otras relaciones importantes. Amigos y amigas, novios, maestros y maestras, compañeros en la escuela, en la universidad, en mis trabajos. Mucha gente ha pasado sobre esos hilos invisibles que nos conectan, y que se rompen con facilidad. Los libros se han quedado.

Con la gente que ha pasado por mi vida hasta ahora han existido esas relaciones marcadas por un libro. Pocas personas me han regalado libros, la mayoría de quienes me han regalado libros son hombres, y la mayoría de esos hombres han tenido un lugar en mi vida en su sentido romántico y pasional.

La novela Cien años de soledad está ligada a mí debido a un hombre de quien me enamoré. En ese embobamiento inicial de esa relación que fue, decidimos un reto cursi: leer la famosa novela de Gabriel García Marquéz al mismo tiempo. No la había leído antes. Tenía 25 años.

No sé, o no recuerdo, si el compañero de lectura, que no me regaló el libro, cumplió con leer la novela al mismo tiempo que yo. Tampoco recuerdo si la comentamos entre nosotros. El hilo de esa relación ya es un fantasma. Pero sí me recuerdo tomar esa edición económica, de páginas hechas con papel posiblemente reciclado, y leerla en cada espacio libre que tenía en esos meses. 

Hice el mapa genealógico de los Buendía en un pedazo de papel que guardaba entre las páginas del libro. La leí en ese entonces y jamás la volví a leer. 

Recordé este relación hace semanas atrás, luego de ver el trailer de la anunciada serie basada en este libro y escribí un pequeño hilo sobre esta memoria en XTwitter.

 


En la serie de tuits mostré una foto de ese libro que lleva en mi librero unos 18 años. También mencioné que me gustaría tener una edición bonita de Cien años de soledad para volver a leer esta novela. Mostré el ejemplar. Un deseo de decorado para la anécdota. 

Casi un mes después de publicar estos tuits recibí una llamada de un número de teléfono que no conocía. Contesté. Me hablaba una desconocida que me había leído, que se disculpó por quizás poder parecer más atrevida de la cuenta.

- Compré dos ediciones de ese libro. Te quiero regalar una. 

Había sido un día particularmente vacío. Un viernes caluroso y atareado, y su ofrecimiento fue una noticia bonita, como una cosquillas de duende, un amuleto literario. 

Agradecí y acepté. 

Días después llegó el libro a la puerta de mi casa. 

 

Me comuniqué nuevamente con la mujer que me había hecho el regalo. Agradecí de nuevo. Le prometí que buscaría la ocasión de que podamos conocernos en persona. Espero cumplir la promesa.

enero 02, 2023

Libros de 2022

 Solo leí dos libros completos. En mi mesa de noche sigue la antología de Ann Sexton, que sigo leyendo de a poco. Y desde mediados de año leo un ensayo de casi 800 páginas sobre el populismo político, Amado Líder, de Diego Fonseca. Espero terminarlo en este mes de enero.


Un libro feminista que recomiendo mucho. Plantea cuestiones actuales sobre nacer y ser mujer, en especial frente a las cuestiones del posmodernismo, el identitarismo y las desiguales relaciones que aún se mantienen entre hombres y mujeres, con marcado abordaje en los mantenidos roles de género. Genial lectura para las adolescentes. Me he anotado leer otros libros de Ana de Miguel.




Margot Glantz, quien espere estuviera en la pasada la Feria Internacional del libro de Santo Domingo, pero no pudo ser (como muchas otras cosas en esa FIL de la que no tuve tiempo ni ánimo de escribir), tiene una forma de escribir que atrapa, muy descriptiva, evocadora, onírica, y sin embargo, con un planteamiento contundente entre lo que se fue y lo que queda. En esta novela repasa la vida de Nora García, una música, a través del cadáver y el recuerdo de su exesposo, también músico.



enero 18, 2022

Pocas lecturas en 2021

Contrario a otros años, leí pocos libros. 

Esto no significa que leyera poco, porque de leer, leo muchos documentos y textos en la web para fines laborales. Pero a lo que se refiere a leer libros por placer, gusto de leer, pues pocos fueron en comparación con otros años.

Y bueno, ya fuera de la queja, les comparto mi corta lista de lecturas del 2021. (La meta de este año es ver menos películas y documentales y leer más).

1. Poesía Completa Norberto James Rawlings. Nada mejor que empezar un año leyendo poesía, y mejor que sea de alguien como James, quien murió el 7 de enero de 2021 mientras leía sus poemas, y luego de tratar de entrevistarlo, algo que fue impedido por su condición delicada de salud. Leerlo es un viaje a una profunda mirada de las circunstancias sociales y políticas que le tocaron vivir. En sus poemas, las palabras se tornan espejos, en los que aborda lo que ve y siente como descendiente de cocolos, caribeño y migrante. "Tendrás derecho a preguntar/¿quién escribió esto?/Tendrás derecho a no llorar/-quizás-/como hacemos nosotros/en la entrada misma de las estaciones/detrás de cualquier pared no hoyada por las balas/no manchada por la sangre/libre de las consignas que proclamamos/continuamente/para que después de todo este llanto/sea justo la razón de tu risa".


2. Papi. Rita Indiana. Leer este libro es subirse a una montaña rusa. Puedo decir que es leer una especie de poema largo en prosa, a veces... o también decir que han momentos en que da duro, como bofetada, y que marea. Eso sí, es una lectura que te retumba, una especie de "realismo mágico" millenial, si he de buscar alguna definición. 

Es un buena historia, contada de la manera menos "formal narrativa" que se puedan imaginar. 





3. La Uruguaya. Pedro Mairal. La leí porque compré un bono para financiar una película basada en esta novela corta. Me encantó.

Tiene una potencia arrolladora, donde una vuelta de tuerca, varias, a la esperada historia de amor romántico entre un escritor y una chica que conoce en una actividad. La incertidumbre y la certeza se combinan a tropezones bajo un horizonte de un amor que el protagonista cree una renovación y un comienzo, y termina... no le puedo contar.

Si quiere saber algo del proyecto de financiación colectiva de la película La Uruguaya, dar click aquí


4. Anécdotas Mejoradas. Orsai. Cuatrocientas páginas de mucha emoción narrativa, con relatos inverosímiles, cotidianos, lacrimógenos y, la mayoría, bien escritos. Un trabajo de compilación bien hecho para celebrar los diez años de la comunidad que ha crecido alrededor de esta editorial, dirigida por Hernán Casciari, y de la que formo parte. 



5. Revista Orsai. Número 3, temporada dos. Desde sus inicios, he sido seguidora de Hernan Casciari, y por supuesto me apunte al proyecto de esta revista, sin anunciantes y financiada solo por sus lectores. Una delicia. Esta edición tiene buenos trabajos de crónicas, relatos, cuentos y perfiles. De mis preferidos:  Instrucciones para desarmar a Nahir Galarza, de Tamara Tenenbaum; La ladrona, de Rodolfo Palacios; y Tics modernos, de Gabriela Menichetti.

La pueden consultar aquí en una edición digital. 


6. Desmorir (ensayo). Anne Boyer. Lo compré en su versión digital porque me urgía leer un texto que abordara de manera crítica, no condescendiente, ni lejana al "positivismo rosa" el cáncer de mama. Y sí que el ensayo ahonda en todo esto, desde la visión de una mujer que sobrevivió a este proceso. 

Explora, desde el contexto de Estados Unidos, lo que es pasar por este este proceso de "estar enferma" de una padecimiento que ha sido convertido en mercancía, marca publicitaria y motor de discursos vacíos de sentido ante la realidad que enfrentan las mujeres diagnosticadas con ese tipo de cáncer. 

Vale la pena leerlo. 

abril 13, 2020

Duarte y Los Persas

En las últimas semanas terminé dos libros. Nada que ver con cuarentena, que en mi caso he tenido que salir a trabajar todos los días, con los cuidados debidos. Digamos que el periodismo no es esencial, pero se tiene que seguir informando, y tratando de no desinformar además de verificar las desinformaciones.

El primero es "Los espejos de Duarte" es un ensayo de Pablo Mella, un sacerdote jesuita e intelectual. Lo empecé a leer en enero, junto con otro libro. Lo terminé de leer ayer, domingo. Es una revisión de la documentación relacionada con uno de los considerados Padres de la Patria (que República Dominicana no tiene un gran independentista, sino que tiene una "trinidad"). Un ensayo revelador, bien llevado, de análisis de los discursos que partieron de los documentos históricos y de cómo estos fueron usados a la "conveniencia política" de cada momento, y bajo las necesidades que los actores políticos de los primeros 50 años de vida republicana.

Lamente que solo abordara tres "espejos" de Duarte, pues su proyecto de investigación abarcaba mucho más, según lo que el mismo Mella explica, pero obviamente si se ponía a ello ese ensayo no solo tomaría mucho tiempo, sino que hubiese tenido que publicarse por tomos, así de amplio y detallado es su estudio y análisis.

Es un libro que hay que leer para entender las bases en que se construyó la historiografía dominicana. Como le comenté a alguien, no es un tema de mentiras o verdades, es un tema de saber lo que no sabemos, de entender que lo que nos enseñaron ha pasado por unos coladores tan interesados que lo que queda es una imagen muy distorsionada, manipulada y lejana de cualquier acercamiento objetivo posible.

El segundo libro lo leí en un día y de una sentada, "Los Persas", de Esquilo. Lo hice, de manera retrasada, siguiendo el reto en Twitter de #Tragedia2020 del profesor y ensayista Pablo Maurette. Voy retrasada. Estoy a mitad de "Los siete de Tebas". He leído poco o nada de literatura griega, así que esta es una manera interesante de empezar. Fuera de una obra de Lorca, no había leído textos de dramaturgia. Tiene su reto, porque la estructura es distinta obviamente a un novela o un poema, pero sin duda es un reto enriquecedor.


diciembre 30, 2019

Los libros del 2019

Hola.

Con el espacio algo abandonado, pero siempre de vuelta.

A poco de finalizar el 2019 me detengo en los libros que leí en este año y que formó parte de mis listas en el Bullet Journal que por primera vez llevé y un sistema que me gustó tanto que seguiré con él en el 2020.

Una de las cosas que me di cuenta llevando la agenda diaria en Bullet Journal es que leo menos de lo que creía, o sea, leo menos libros ante la cantidad de películas, documentales y series. Una de mis metas es equilibrar un poco esta balanza.

Y estos fueron mis libros del 2019.

1) La conciencia uncida a la carne. Diarios de madurez. Susan Sontag (516 páginas)
Leer un diario es leer lo que un escritor quiere que se sepa de él, a la manera que ese escritor o escritora quiere presentarse. ¿Tomar con pinzas? Sí, a pesar de que en el prologo, escrito por su hijo David, se anuncie la sinceridad de lo expuesto por Sontag.

Sontag es una genial ensayista, he leído dos de sus libros de ensayo, y su diario (este segundo, porque hay un primero y un tercero, agendados para 2020) tiene mucho de ensayo. No obstante, tengo que destacar la manera en que reseña. No es un diario de poner día en que se escribí y enumerar hechos o situaciones, es un diario de anotaciones reflexivas, de pareceres muy ligados a sus lecturas y escritura. Además hay una auto reflexión muy marcada sobre su madre, su familia, su maternidad y su impresiones ante la mirada de los demás, desde sus lecturas, al mundo.

"La mano derecha = la mano agresiva, la mano que masturba. Por ello, ¡preferir la mano izquierda... ! ¡Para idealizarla, para volverla sentimental!"

2) Operación Masacre. Rodolfo Walsh. 236 páginas
Era una lectura pendiente desde hace varios años. El periodismo es un ejercicio que asume riesgos cuando lo que se devela es un hecho o verdad incomoda para el sistema de cosas que impera en un país o región. Walsh se arriesga a contar una historia, unos hechos, y lo hace halando un primer hilo que ha primera vista parece solo un comentario sobre una situación fuera de lugar, extraña, pero que ha medida que investiga descubre un trama de impunidad y terror político de proporciones gigantescas.

Me gustó mucho la manera en que se cuenta, en que se relata esta historia, del trato como periodista que hace de los involucrados y de sus reflexiones al final de todo este proceso, y de las dificultades que tuvo no sólo para publicar la crónica, sino las que enfrentó luego de ser publicada.

Un libro necesario de leer en todas las épocas y en todas las sociedades para entender la importancia del periodismo bien hecho y de las circunstancias contra las que hay que luchar en las sociedades para rescatar y mantener los derechos que nos dan libertad.

"Nicolás Carranza no sera feliz, esa noche del 9 de junio de 1956. Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo le mordiera por dentro. Nunca lo sabremos del todo. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba, y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra".

3) Crónicas de Altocerro y Los algarrobos también sueñan. (Cuentos y novela corta). Virgilio Díaz Grullón. 183 páginas
Fue una relectura, a propósito de que este año la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo fue dedicada a este escritor. Buenos cuentos, alguno de ellos crípticos. Me pareció, como me pareció en la primera lectura, que tiene una marcada influencia de Jorge Luis Borges.

La novela corta que incluye esta edición es como un cuento alargado, quizás un intento del escritor de hacer un relato más largo, pero sin duda su fuerte fueron los cuentos. Para mí, uno de los mejores cuentistas de República Dominicana, al menos de los que he leído.

4) Un día cualquiera (Cuentos. Reedicción primera edición de 1958). Virgilio Díaz Grullón. 123 páginas
En este libro se reunen los cuentos que publicó en 1958, una reedición que rescata los dibujos que acompañaron cada cuento (hermosos). Varios de los cuentos los había leído en el libro de Crónicas de Altocerro, pero aquí ha unos que leí por primera vez, la mayoría de estos muy enfocados en el microcosmo familiar, bajo un mundo fantástico y a veces fantasmagórico. Lectura muy recomendada.

5) Estilos Radicales (Ensayo). Susan Sontag. 340 páginas
Sontag es buena ensayista, con múltiples referencias y profundas reflexiones, a veces desde puntos de vista que hace difícil comprender si no tienes al día las referencias a las que ella acude. Como fue un conjunto de textos escritos en la década de 1960 tuve que recurrir bastante a la búsqueda de referencias en Google de películas, autores, libros y situaciones históricas, por lo que fue una lectura que me deparo mucho aprendizaje. Sus textos se enfocan mucho en el análisis de cine. Muy recomendable.

"Mientras el ojo humano mire, siempre habrá algo para ver"

6) En América (Novela). Susan Sontag. 508 páginas
Como se darán cuenta a esta altura de la lectura, leí varios libros de Sontag este año, Una novela que me pareció interesante y me cautivó en varios momentos. Una historia bien contada de la transición de una actriz inmigrante de una realidad a otra y los cuestionamientos que surgen en esa transición. Densa por momentos, y por otros muy descriptiva.

7) Beloved (Novela). Toni Morrison. 311 páginas
Tenía el libro en digital desde hace tiempo, y tras un regalo de una tableta y la muerte de Morrison... pues la leí.

Maravillosa.

Es un un viaje genial al interior del sufrimiento, la identidad y la magia cultura que envuelve a los afrodescendientes en Estados Unidos. Y dentro de ello, una critica desde la anulación y la redención. Una novela con varias lecturas, porque también está la más íntima, la que toca de manera personal y revela nuestro propio sufrimiento, identidad y magia.

"Siempre que lo muerto vuelve a la vida, duele"

8) Otoño y poesía y otros poemas (Poesía). Juan Sánchez Lamouth. 217 páginas
Y terminé el año leyendo un libro de poesía, una antología de Juan Sánchez Lamouth. Si me preguntan, diría que este poeta tiene profundidades que te ahogan y te devuelven a otra vida, a una visión de lo que te rodea impregnada de esa rara esperanza triste. Escribe, o escribía, de una manera que evoca la sencillez para elevarla a las nubes.

Claro que su poesía tiene elementos recurrentes: el mar, la rosa, la primavera, el otoño... algunos clichés, diría, pero que en el conjunto no se perciben como tales.

Descubrirlo más allá del mito, del personaje de alcohólico y errante que se le ha señalado siempre, y hacerlo desde su poesía me recordó lo de siempre: que su poesía es suficiente para apreciarlo como un poeta que vale la pena leer y releer.


Para el 2020 tengo muchos libros, como siempre, aunque creo que daré prioridad a la lectura de un tema particular: la maternidad en la literatura.

Feliz y prospero 2020. Les deseo buenas lecturas.


junio 14, 2019

Sontag y la voz en el motoconcho

Leo un libro de ensayos de Susan Sontag. Se llama Estilos radicales. Fue publicado en 1967.

Ese libro reúne ensayos sobre la pornografía; Cioran y pensar contra sí mismo; la estética del silencio, teatro y cine, la película Persona de Ingmar Bergman y de Jean-Luc Godard.

Es un paseo por otro tiempo. Sontag habla de un presente en esos ensayos que es un pasado extravagante para mí. Aunque con el de la pornografía me entere que no todos asumen a Sade como lo mejor de la literatura erótica y que existen dos novelas: Historia de O e Historia del ojo, que debo buscar; y que Cioran será una lectura complicada para mí el día que decida leerlo.

Pero lo más ajeno de leer para mí fueron los ensayos sobre la película de Bergman, de quien no he visto ninguna película, y de Godard, de quien tampoco he visto ninguna película. Tanto así, que cuando estaba en las primeras páginas de Godard decidí hacer algo: activar la lectura en voz alta de la tableta.

Era como escuchar una conferencia.

Así escuché una voz automatizada, que no lo es tanto como pensaba, hablarme sobre el cine de Godard, el uso de los objetos en el cine de Godard, la improvisación de guión y escenas en el cine de Godard, el examen del lenguaje en el cine de Godard, de una película de Godard que se llama La China, en que estudiantes radicalizan la revolución cultural de Mao, y de como en esta película borran los nombres en una pizarra de los escritores occidentales.

¿Saben que fue lo mejor? Escuchar la voz femenina automatizada hablar de Godard mientras iba en un motoconcho. El viento pegándome en el rostro y escuchando que Godard hizo una película que se llama Una mujer es una mujer; miraba el cielo sin nubes y la voz me relataba las inquietudes de Sontag sobre el cine de Godard, de sus intereses sobre el cine de Godard, de las influencias del cine de Godard, de como Godard incluía una entrevista con un extraño en una de sus películas, de como inició una filmación improvisando el guión. Godard, un cineasta del que no he visto nada y de quien Susan me contó lo que pensaba de él, mientras agarraba mi cartera y veía el hilo de los audífonos salir del extremo derecho del ziper.

Godard y los 36 grados de temperatura.

¿Habrá conocido Godard el Caribe?

Ahora leo el relato que Sontag hizo de una visita a Hanoi, en plena guerra de Vietnam.

marzo 08, 2019

Envidia del pene. Erica Jong

Melanie Burford/Prime for The Washington Pos


Envidio a los hombres que pueden anhelar
con infinita vaciedad
el cuerpo de una mujer,
que esperan que su anhelo
haga un niño,
que su oquedad misma
fertilice lo oscuro.

Las mujeres no se hacen ilusiones sobre esto,
ya que son a la vez
casas y túneles,
copas y las que escancian el vino,
ya que conocen el vacío como estado temporal
entre dos plenitudes,
y no ven en ello ningún romance.

Si yo fuera hombre,
condenado a esa infinita vaciedad,
y no teniendo alternativa,
encontraría, como los otros, sin duda,
una mujer
para bautizarla Vientre de Luna,
Madona, Diosa del Cabello de Oro
y hacerla tienda de mi deseo,
paracaídas de seda de mi lujuria,
icono ojiazul de mi sagrada comezón sexual,
madre de mi hambre.

Pero ya que soy mujer,
debo no sólo inspirar el poema
sino también escribirlo a máquina,
no sólo concebir al niño
sino también darlo a luz,
no sólo dar a luz al niño
sino también bañarlo,
no sólo bañar al niño
sino también alimentarlo,
no sólo alimentar al niño
sino también llevarlo
a todas partes, a todas partes...

mientras que los hombres escriben poemas
sobre los misterios de la maternidad.

Envidio a los hombres que pueden anhelar
con infinita vaciedad.


Penis Envy

I envy men who can yearn
with infinite emptiness
toward the body of a woman,

hoping that the yearning
will make a child,
that the emptiness itself
will fertilize the darkness.

Women have no illusions about this,
being at once
houses, tunnels,
cups & cupbearers,
knowing emptiness as a temporary state
between two fullnesses,
& seeing no romance in it.

If I were a man
doomed to that infinite emptiness,
& having no choice in the matter,
I would, like the rest, no doubt,
find a woman
& christen her moonbelly,
madonna, gold-haired goddess
& make her the tent of my longing,
the silk parachute of my lust,
the blue-eyed icon of my sacred sexual itch,
the mother of my hunger.

But since I am a woman,
I must not only inspire the poem
but also type it,
not only conceive the child
but also bear it,
not only bear the child
but also bathe it,
not only bathe the child
but also feed it,
not only feed the child
but also carry it
everywhere, evertwhere...

while men write poems
on the mysteries of motherhood.

I envy men who can yearn
with infinite emptiness

julio 09, 2018

Leer a Aída

Aída Cartagena Portalatín a orillas del Sena, en París, Francia. 1952.
Imagen tomada del suplemento Ventana, Listín Diario. Junio 1994.


Hasta hace poco las únicas lecturas que tenía de Aída Cartagena Portalatin eran algunos de sus poemas (en especial los de "Una mujer está sola") y su novela Escalera para Electra, que pienso debe ser lectura para los bachilleres de República Dominicana.

El asunto es que desde hace unos meses he leído más sobre Aída, en medio de una investigación que hago en mis tiempos libres con el propósito de publicar un perfil sobre ella, y que me ha costado más que otros trabajos por una razón: Aída fue tan amplia en su vida que cuesta abarcarla de manera resumida. Aunque hace unos días tuve un aliento al leer un artículo sobre un taller de Leila Guerriero: si el reporteo fue bien hecho, hay un 70% de material de más.

Claro que no voy a volver esta investigación eterna. Ya de por sí no lo hice cuando el pasado 18 de junio publiqué uno de mis descubrimientos sobre Aída: no nació el día que dicen todos los textos e investigaciones que nació.

Ese artículo me ha traído uno que otro rumor de "controversia", pues se suponía que había celebraciones del centenario de su nacimiento ese día, y parece que yo agüe la fiesta. Les dejó el artículo aquí: Centenario del natalicio de Aída Cartagena Portalatín no es hoy (Aclaro que el documento que acompaña el artículo fue obtenido por mí, de manera directa, a través de una fuente con acceso a registro civil de Moca. Todo el que enseñe ese documento lo hace porque fue tomado de este artículo o porque un familiar de Aída, al único que le envíe el original, se lo remitió).

Pero bueno... creo que me he desviado de lo que decía al principio. Leer a Aída.

Pues he leído uno de sus textos de investigación: Culturas Africanas. Rebeldes con causa. Para mí, un grandioso descubrimiento, sin sumar lo mucho más que ella aportó como investigadora en el área de la cultura dominicana. Sus cuentos de su libro Tablero son un viaje único, y varios de esos cuentos retratan de manera inquietante y seductora la visión crítica de una mujer a la sociedad de su tiempo, que en cierta manera sigue siendo nuestro tiempo.

Aída fue mucho más que una poeta, una persona de mirada profunda, de reflexión curiosa, una mujer que intento siempre ir más allá. Es lo que me devela su manera de expresar el mundo desde su narrativa, desde sus respuestas a las varias entrevistas que le hicieron, en lo que los demás dicen de ella. (lL recopilación de ellas las puede conseguir en Cielonaranja bajo el título "Archivos. Aída Cartagena Portalatín", así como también la recopilación de los textos de su columna Tablero, publicados en Isla Abierta, y recogidos por esta misma editorial con el título "Ensayos de Isla Abierta").

Creo que el mayor tributo a su centenario apócrifo es leerla, y creo que leerla con la certeza de que el se descubrirá una visión nueva de lo que nos rodea.

Leer a Aída es descubrir una mirada nueva y sentir la construcción de una rebeldía en sus palabras, una que le dio un lugar en el mundo donde no sólo decidió nacer el día en que ella eligió, sino hacernos el guiño que más allá que sola, fue una mujer que no estuvo aquí de más.


mayo 03, 2018

Feria del Libro: sus piedras de levante y tropiezo

Foto de el último viernes de la Feria del Libro, a eso de las 3:00 de la tarde. 


Hablar y escribir sobre la Feria Internacional del Libro Santo Domingo es andar un camino minado. Está el que no quiere que nada se le critique y sólo se hable "de lo bueno", también los que entienden que todo el evento es descartable y lo define de "feria de matatiempos y pizzas".

Me arriesgaré a las minas, situada en el medio de estos dos extremos.

Hemos tenido 21 ediciones hasta esta recién finalizada Feria Internacional del Libro. En ellas se ha conjugado una suerte de maravillas y pesadillas. Desde la presencia de escritores de renombre, incluyendo algunos Nobel de literatura, hasta la ocurrencia de tener a El Vaticano como país invitado o un pabellón de astrología.

A pesar de sus deficiencias, que me consta son dadas producto de una falta de organización interna que a veces se hace muy evidente y de ciertas visiones cortoplacistas, creo que es un espacio que hay que mantener, aunque hay no solo que repensarlo, sino también repensar el sentido y espacio social y económico del libro en República Dominicana.

Las distintas administraciones en el Ministerio de Cultura, entidad encargada de su organización, han dado distintos toques a la Feria Internacional del Libro, con sus aciertos y fallos. No obstante, entiendo que es esta última administración, encabezada por Pedro Vergés desde agosto de 2016, la que ha querido marca con demasiad iantensidad un cambio de aspecto de la Feria del Libro, y creo que en esta meta ha tenido pocos logros.

Las piedras... de levante

Imagen de la Feria del Libro, en su último sábado, antes del mediodía.
Desde mi punto de vista, el cambio positivo en la organización de la Feria del Libro en manos de Vergés se ha limitado al aspecto externo, a lo que se puede mostrar a simple vista. Y en esto tiene un gran logro: desarrabilizar la Feria.

Desde que se realizara en la instalaciones del antiguo Zoológico, actualmente Parque Iberoamérica y donde se encuentra el Conservatorio de Música, la Feria del Libro ha sido una actividad de masas, pero con un criterio desordenado que se traspasó al ser mudada en 2005, con la llegada de José Rafael Lantigua al Ministerio de Cultura, a la Plaza de la Cultura.

Todo tipo de vendedores en las aceras, varios puntos de compra de alimentos, un sin fin de expresiones artísticas, algunas muy ajenas al tema del libro como la artesanía, y hasta se llegó al colmo de colocar tarimas de canales de televisión que transmitían sus programas en vivo desde allí. Hubo años que el escándalo y el desorden eran tales que uno se quería ir corriendo del lugar.

Esta situación se aplacó un poco los años siguientes, pero fue con la llegada de Vergés en 2016 cuando hubo un cambio transcendental en este sentido, convirtiendo el espacio en un lugar menos bulloso, más amigable para caminar y observar los pabellones y los stands.

Punto importante en este año fue no ver esos pabellones exagerados, ostentosos, aunque el del Tribunal Constitucional se veía de lejos así (no entré). Igual los espacios dedicados a los niños y adolescentes eran muy buenos y con actividades varias y ricas. También el material estudiantil e infantil era abundante y a buenos precios.

Sin embargo, el tema de desmasificar el entorno de la Feria del Libro ha sido llevada al extremo de vaciarla de contenido. Está bien, muy bien, que no coloquen tarimas de canales de televisión con bailarinas y música a todo volumen, pero está mal, muy mal, que no exista teatro de calle ni expresiones artísticas fuera del Teatro Nacional como conciertos en horas nocturnas o la presencia de las estatuas vivientes (punto a favor fueron las presentaciones dentro del Teatro Nacional)

Y aquí vamos a los tropiezos...

Las piedras... de tropiezo

Especiales de libros en el stand de la aún Librería La Trinitaria.
Como señalé anteriormente, este versión que recién finalizó, el pasado 30 de abril, era muy organizada externamente pero pobre en contenido. Y con esto no digo que no fueran interesantes ni importantes los paneles, conversatorios y presentaciones hechas durante la actividad, sino que quitaron todo lucimiento artístico deseable y posible dentro de ese espacio ordenado.

Sin obstáculos en las aceras externas a la Plaza de la Cultura, sin artesanía, sin molestosos parlantes y sin tarimas y "conchocientos" puestos de comida, entrar a la Plaza de la Cultura es una delicia. Pero te espanta la ausencia del Espacio Joven, un pabellón con una identidad marcada en la Feria y con un público que cada año lo buscaba. Esta año su contenido fue llevado a un auditorio de un museo... un espacio demasiado formal y acartonado para un público juvenil.

También hizo falta el Bar Café que era un sitio de relajación, de conversación con el café, para escuchar una presentación musical. A cambio, se utilizó el bar de Teatro Nacional, un espacio pequeño, que no podía tener el encanto del al aire libre. Peor, establecieron allí presentaciones de conversatorios y lecturas que se perdían entre la bulla del hielo picándose, las voces de pedido a los camareros y la charla de los que iban allí a tomarse un café o un trago. Luego observé, en una de mis pocas visitas, que extendieron desde la puerta de entrada del bar una lona auspiciada por una marca de café con varias sillas y mesas...que quedó horrible.

También tuve la sensación de ver menos editoriales que en otros años. Digo que sensación porque no pude caminar en toda la Feria. Alfaguara no estuvo. Stand de librerías como Mundo Libro estaban en lugares menos visibles y algunas fueron colocadas en sitios diferentes al de años anteriores, por lo que se pensaba que no estaban o la gente acostumbradas a visitarlas no podían localizarlas.

Además, la ausencia por segundo año del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, que se otorgaba desde el 2013, y de promoción de los escritores invitados (fui a una rueda de prensa en que llegaron dos escritores guatemaltecos y nadie se molestó en presentarlos a los periodistas allí presentes) quitaron ancla a la Feria del Libro.

Y lo peor: convertir la Feria en un marco referente para presentar "la marca país gastronómica". Fue el asunto más descabellado y divorciado de un evento como la Feria del Libro. ¿Chefs en un pabellón que vendía almuerzos a 500 pesos y cenas a 1,300 pesos? Algo que a mi juicio desvirtuó el sentido de la Feria.

¿Recomendaciones?

Dirán, quizás, que recomendar algo es una perdida de tiempo. En mi caso podría enlistar varios asuntos, pero supongo que lo importante no está precisamente en hacer una Feria del Libro, que repito creo que es un espacio que hay que preservar, sino en plantearse un tema más amplio: ¿Qué pasa con el libro en República Dominicana?

Y no hablo del objeto en sí, aunque no se puede obviar, sino en todo lo que rodea su producción y distribución, su arraigo en una sociedad como la nuestra, en una ciudad como Santo Domingo en la que las librerías son casi un "animal extinto" y la librería que tenía el Ministerio de Cultura fue cerrada hace meses sin mayores explicaciones.

¿Hay que plantearse una política del libro? ¿Es eso correcto o es un tema de mercado? ¿No hay librerías porque leemos poco o por otra razón? ¿Para qué celebrar una Feria Internacional del Libro cuando los espacios del libro escasean o desaparecen en República Dominicana? ¿Qué debemos hacer o plantearle a las autoridades u observar en el mercado de libro? ¿Es un síntoma de los tiempos, como dicen?

Me dijo un escritor que entrevisté en la Feria del Libro que recién finalizó que el texto impreso ha ganado la batalla sobre el digital o ebook, que la gente siempre va a preferir abrir un libro, de papel, tocarlo, leerlo. ¿Será? Y si es así, ¿qué podemos hacer para extender y mantener esa experiencia del libro entre nosotros?

¿Qué piensan ustedes?



marzo 13, 2018

#Dante2018 La entrevista con Pablo Maurette

La semana pasada tuve la oportunidad de conversar, vía correo electrónico, con el profesor Pablo Maurette, quien inició el primero de enero de este año una lectura colectiva, compartida y comentada en Twitter de la Divina Comedia, una especie de lectura coral, tras una invitación que hizo en noviembre pasado por esta red social.

Me monté en este tren, pues esta obra del italiano Dante Alighieri es una de mis deudas como lectora (he dejado a mitad al Quijote, a Decameron y a La Mil y una Noches). Este era un chance, y una forma novedosa de leer un texto que había dejado casi al inicio durante mis años de adolescente. Un canto por día, con la motivación de compartir comentarios de la lectura en Twitter a través de la etiqueta #Dante2018

Confieso, voy atrasada por algunos días, pero sin duda he llegado a las puertas del Paraíso con este empujón, y la obra, con sus muchos detalles y referencias, se ha disfrutado más de lo que se pensaba. Hasta he pensado asumir la técnica de manera personal: un capítulo de lo que sea por día para esas obras clásicas a las que le debo el honor de su compañía en mis lecturas.

Les comparto la entrevista, publicada el lunes pasado. Espero la disfruten. (Pinchar en la imagen para leer el texto).



Comparto una de las colaboraciones en Twitter que más me ha gustado de esta lectura, la del ilustrador Leo Achilli. Bellezas.




febrero 26, 2018

Sobre el estilo (Susan Sontag)


Foto por MJS en Unsplash.

"En casi todos los casos, nuestra manera de expresarnos es nuestra manera de ser. La máscara es el rostro"
 "La obra de arte, considerada simplemente como obra de arte, es una experiencia, no una afirmación ni una respuesta a una pregunta. El arte no sólo se refiere a algo; es algo. Una obra de arte es una cosa en el mundo, y no sólo un texto o un comentario sobre el mundo".
 "El arte es seducción, no violación. La obra de arte propone un tipo de experiencia proyectada para manifestar la cualidad de la imperiosidad. Pero el arte no puede seducir sin la complicidad del sujeto que experimenta".
"Naturalmente, nunca dispondremos de una respuesta puramente estética ante los obras de arte; ni siquiera ante una pieza teatral o una novela, cuando describen decisiones y actuaciones de seres humanos, ni aunque esto es ya menos evidente, ante una pintura de Jackson Pollock o un vaso griego (Ruskin ha escrito con agudeza sobre los aspectos morales de las propiedades formales de la pintura). Pero tampoco sería adecuado dar una respuesta moral a algo en una obra de arte, en el mismo sentido en que daríamos a un acto de la vida real. A no dudar, me indignaría si alguno de mis conocidos asesinara a su esposo y saliera bien librado (psicológica y legalmente), pero difícilmente consigo indignarme, como muchos críticos al parecer lo hacen, cuando el héroe de An American Dream, de Norman Mailer, asesina a su esposa y queda impune. Divine, Darling y los demás personajes de Notre Dame des Fleurs de Genet no son personas verdaderas, ni se nos exige que decidamos invitarlas o no a pasar a nuestras salas de estar; son figuras de un paisaje imaginario. Este punto puede parecer obvio, pero la persistencia de juicios propios de una moral de buen tono en la crítica literaria (y cinematográfica) contemporánea hace que valga la pena repetirlo una y otra vez".
 "Una obra de arte puede contener todo tipo de información y ofrecer enseñanzas sobre nuevas actitutdes (a veces encomiables). Podemos aprender teología medieval e historia florentina en Dante; podemos hacer nuestra primera experiencia de melancolía apasionada con Chopin; Goya nos puede convencer de la barbarie de la guerra, y Una tragedia americana, de la inhumanidad de la pena capital. Pero, en la medida en que tratemos estas obras en cuanto obras de arte, la satisfacción que proporcionen será de otro orden. Será una experiencia de las cualidades o de las formas de la conciencia humana". 
 "El estilo es el principio de la decisión en una obra de arte, la firma de la voluntad del artista. Y, como la voluntad humana es capaz de un número indefinido de posiciones, existe un número indefinido de posibles estilos para las obras de arte".
"...una función del estilo es idéntica, por ser simplemente una especificación más individual, a esa importante función de la forma subrayada por Coleridge y Valéry: preservar las obras de la mente contra el olvido. Esta función queda fácilmente demostrada en el caracter ritmico, algunas veces rimado, de todas las  literaturas primitivas, orales. Ritmo y rima, y los más complejos recursos formales de la poesía, como la métrica, la simetría de las figuras, la antítesis, son los medios que las palabras facilitan para crear una memoria de sí mismas antes de la invención de los signos materiales (escritura); de aquí que todo cuanto una cultura arcaica deseó legar a la posterioridad haya sido expresado en forma poética".

febrero 08, 2018

Contra la interpretación

Compré el libro hace casi 8 años, lo empecé a leer y no dejé al poco tiempo. Este año lo he retomado: una compilación de ensayos de Susan Sontag que se titula como el texto que abre el libro, "Contra la interpretación".

Sontag es una escritora que me llama la atención, y con la cual aun no me aventuraba, pero siempre la he perseguido. Tengo con este tres libros de ella, dos los compré y  uno me lo regalaron. Revisando mi librero a principio de año me di cuenta de ello y me dije: Susan, voy por ti.

Susan Sontag, c1964. Foto Paul Popper.
Creo que ahora tengo un ánimo dispuesto para ella, para su escritura, para sus libros. No se si es un asunto de madurez intelectual, de lecturas previas o algo así, pero la he empezado a leer con agrado, a pesar de que con los dos primeros ensayos del libro releí ciertos párrafos para aprehender su sentido, o el sentido que me trasmite. Y claro, el móvil al lado para consultar ciertas palabras en Google.

Y para no perder ciertas cosas, con este libro iniciaré publicaciones de párrafos en este blog de mis lecturas. Empiezo con el primer ensayo de Susan en este libro, redactado originalmente en 1964.

"Comprender es interpretar".
"La interpretación no es sólo el homenaje que la mediocridad rinde al genio. Es, precisamente, la manera modera de comprender algo, y se aplica a obras de toda calidad".
"La interpretación, basada en la teoría, sumamente cuestionable, de que la obra de arte está compuesta por trozos de contenido, viola el arte. Convierte el arete en artículo de uso, en adecuación a un esquema mental de categorías".
"...no pretendo decir que las obras de arte sean inefables, que no puedan ser descritas o parafraseadas. Pueden serlo. La cuestión es cómo. ¿Cómo debería ser una crítica que sirviera a la obra de arte, sin usurpar su espacio?
"Nuestra misión no consiste en percibir en una obra de arte la mayor cantidad posible de contenido, y menos aún en exprimir de la obra de arte un contenido mayor que el ya existente. Nuestra misión consiste en reducir el contenido de modo que podamos ver en detalle el objeto".
" La función de la crítica debiera consistir en mostrar cómo es lo que es, incluso que es lo que es, y no en mostrar qué significa".  

diciembre 26, 2017

Mi última lectura de 2017

Este año ha sido uno de lecturas dispersas y pocas anotaciones sobre ellas. Algo que espero cambiar el próximo año. Pero en noviembre me llegó una novela que resultó ser la última que leo en 2017, pues para esos días no tengo planeado iniciar ninguna lectura hasta la primera semana de enero.

Rendición, de Ray Loriga fue esa novela. Me perdí la oportunidad de entrevistarlo porque tuve unos pendientes de mucha atención en la redacción del periódico, y lamento que así fuera, pues la lectura de su novela, premio Alfaguara 2017, me resultó grata e interesante.

No soy dada a leer un libro porque haya ganado un premio, pero sí me exijo leer un libro de un escritor o escritora que voy a entrevistar si antes no he leído nada de él. Nunca entrevisto a ningún escritor sobre su obra si no conozco aunque sea una de sus obras. No concibo que el asunto sea distinto...pero vamos al tema de la novela.

No voy a hacer un resumen minucioso de ella, pero si puedo decir que la historia, contada en primera persona, evoca mucho el tema del Gran Hermano. Un protagonista nos cuenta su historia en medio de una guerra, de la perdida y de una ciudad que lo protege a él y a su esposa, junto a un niño llegado de la nada, por decirlo de alguna manera. Se va de la normalidad de una crisis, a la incertidumbre, a la resignación engalanada de seguridad...y la rebeldía que termina... y eso no lo puedo contar :)

La escritura del relato me deparó una sensación de intriga, en especial al final del libro y de sorpresa. Un final poco esperado y tan críptico que te deja sin saber que paso de verdad o de asumir que fue real o no en la historia.

Para ser una lectura final de año, me pareció un buen cierre.

Les dejo el primer párrafo de la novela, que a mí me despertó todas las ganas de seguir leyendo, a pesar de tono filosófico y nada descriptivo.

"Nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba, después de un beso, de una charla, de un buen vino, aunque de eso ya casi no nos queda. Rendirse es parecido: nace y crece la ponzoña de la derrota durante un mal día, con la claridad de un mal día, forzada por la cosa más tonta, la misma que antes, en mejores condiciones, no nos hubiera hecho daño y que sin embargo sin más consigue aniquilarnos, si es que coincide por fin ese último golpe con el límite de nuestras fuerzas. De pronto, aquello en lo que no habíamos reparado siquiera nos destruye, como las trampas de un cazador que nos supera en habilidad y a las que no prestábamos atención mientras nos distraíamos con el señuelo. A qué negar, en cambio, que mientras pudimos también cazamos así, utilizando trampas, señuelos y grotescos pero muy efectivos camuflajes".

¿Cuál fue tu última lectura de este año o les agarra este fin de año con un libro en lectura?

Con esto despido el año 2017. Espero seguir por este espacio durante el próximo 2018, compartiendo sobre literatura con los lectores que me siguen por aquí, casi 12 años después de dar el primer teclazo en este blog.

Felices fiestas de fin de año y prosperidad para el que viene.

noviembre 27, 2017

Contarnos a nosotras

Hace unas semanas participé en una actividad de lectura, en el marco de un congreso enfocado en las mujeres, feminismo, investigación sobre género, y discusiones alrededor de varios tópicos. Por mi horario de trabajo me fue imposible asistir a alguno de los foros y ponencias que se celebraron, pero de la lectura en la que participé tengo una cuestión rondando mi cabeza.

Entre las que leíamos habían solo dos narradoras. Una de ellas hizo una representación en la que no leyó nada de su libro, sino que fue una especie de retahíla de agradecimientos (al final leyó algo de su libro, una especie de perfil sobre su abuelo y la progresión de su Alzheimer, a petición de una conocida en la sala). La otra narradora leyó un cuento, un cuento que me dejó un sabor agridulce.

El cuento es más o menos lo siguiente: el asesinato de una mujer y de cómo el hombre que la asesinó habla de ella y de sus razones para matarla. El cuento...quizás no se cuenta muy bien. Desde mi juicio había muchos clichés, pero eso no fue lo que me llamó la atención, sino que...la escritora prefiriera contar ese asesinato desde la voz de un hombre, un hombre que repetía clichés sobre esa mujer. En un momento lo pensé hasta absurdo y me pregunté: ¿Pero por qué no lo hizo al revés, porque no puso a la mujer a contarse, a decirse eso tan detestable que ese hombre encontraba en ella, pero desde su punto de vista?

Pensé en eso por varios días luego de escuchar ese cuento. Resultaría hasta novedoso que la mujer desde la ultratumba, o desde la agonía se contara a ella, se dijera, o que la autora describiera a esa mujer y su forma de ser mujer que exasperaba a ese hombre. ¡Tantas opciones más novedosas que anclarse en un discurso cliché de un hombre que quería salir de una mujer por la vía más sangrienta! En Discovery Investigation es visto historias de asesinatos reales que superaban por millones de años luz ese cuento...

¿Por qué no nos contamos a nosotras?

Y claro, claro que muchas escritoras han hecho ese ejercicio, y lo han hecho maravillosamente bien. Y no es que no podamos crear personajes masculinos, ni que los hombres no puedan crear personajes femeninos, ambos desde su visión, su criterio, sus intereses, sus prejuicios... pero creo que es diferente cuando un hombre aborda a un personaje masculino y una mujer un personaje femenino. Puedo estar equivocada, pero creo que lo que tenemos de género, cómo lo vivimos y actuamos da esas luces de verosimilitud cuando construimos ese personaje. Es una idea, una manera de verlo.

Una de las cosas que me chocaba mientras veía a la chica leer era eso, no le creía el cuento, parecía que leía el cuento de otro, de un hombre.

Y pensé en la novela de Aída Cartagena Portalatín, de su Electra. ¡Una delicia! Mostrar esos vericuetos de una historia encajada en la humanidad de las mujeres.

Ojalá nos contemos con más frecuencia.

***
Este fin de semana vi la serie "Alias Grace", basada en una novela de Margaret Atwood. ¡Fascinante! Y muestra mucho de esto que reflexiono, esa manera genial de contarnos a nosotras. No he leído ninguna novela de Atwood y necesito urgentemente hacerlo. ¿Saben de alguno de sus libros traducidos que pueda comprar?

Les dejo el trailer de la serie.


enero 01, 2017

Lecturas del 2016 y con las que entró el 2017

Dejé dos cosas pendientes el año pasado: mi acostumbrada crónica de la Feria del Libro de Santo Domingo y editar algo especial para el décimo aniversario de este blog. Supongo que, como escribí hace algunos días en Twitter, la vida en parte también es postergación hasta que se acaba. Aplica para este caso.

Así que haré un borrón y cuenta nueva, no sin antes contar las lecturas que más me gustó del año que recién finalizó (algo que no entra dentro del borrón) y los libros con los que recibí el nuevo año y que aún no termino. 

Dos de mis libros favoritos del 2016 fueron de Mario Vargas Llosa. Solo había leído un libro de él, La Fiesta del Chivo, y otro que dejé a medias por ser una de las peores lecturas con las que me encontré en mi vida...por lo que aprovechando su visita al país, que fue en la Feria del Libro, me dije que tenía que leerlo más. 

Aunque me hice de la mayoría de sus libros en versión digital me leí dos en versión impresa: Pantaleón y las visitadoras y la Historia de Mayte. Me encantó el primero. Reí como no recuerdo que lo hiciera con alguna lectura. En el caso del segundo, fue más mi sorpresa y mi curiosidad mientras pasaba las páginas, y me quedé con la duda de si era un especie de mea culpa de su autor. Eso sí, me pareció una historia muy bien narrada. 

Sólo cenizas hallarás, cuya reseña hice en el último texto que publique en este blog en 2016, fue otra de mis lecturas favoritas. Y lo mejor de ella es saber que es una novela dominicana bien escrita, que bordea ese etapa inmediata luego de ajusticimiento del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina. Recomendadísima para el que la quiera leer.

Por último, un poemario, más bien, una antología poética. "Saltaré sobre el fuego", de la polaca Wisława Szymborska. Su lectura se la tengo que agradecer a mi querido Círculo de Lectura de Nueva York, y a mi estimada amiga Rosa Silverio, quien me envió el libro desde Madrid. 

Me gusta leer a Szymborska y es la primera vez que leo un libro en el que se recopilan varios de sus poemas. Es un viaje interesante, leerla. Tuvo la gran capacidad de lograr una poesía profunda desde palabras sencillas, y de situaciones que quizás podamos catalogar sin importancia. Tenía el sentido de la transcendencia ante lo cotidiano. 

Les comparto el vídeo promocional de esta antología.




Y en 2017...

Empecé el año con dos libros, uno en papel y uno en digital, a ambos los empece a leer el año anterior.

En papel leo a Reinaldo Arenas. "Antes que anochezca", su libro biográfico. Un texto que me ha impresionado en todos los sentidos, en especial por la apertura de su autor ante lo más hermoso y más degradante de su vida. De marco, la revolución cubana, con el personaje omnisciente que determina la vida de Arenas.

Llevó más allá de la mita del libro y en ocasiones he tenido que cerrarlo por la tristeza que me causan algunos episodios, también me he reído con él.

Hay un capitulo que se llama "Los cuatro tipos de locas" que tuvo que leérselo a mi suegra de lo divertido que resulta. No obstante, es una lectura visceral, descarnadamente humana, no opta para todo el mundo, creo.



El segundo en lectura, en digital (en Kindle en mi móvil), es una antología de Nicanor Parra. Un poeta maravilloso que el año pasado cumplió 102 años.

"Obra Gruesa", editada por la Universidad Diego Portales, es una delicia, y de paso un estudio por su amplia obra, en me doy cuenta de su experimentación en todo sentido con la poesía y la diversidad de temas que aborda. Uno de mis sueños es que le den el premio Nobel, pero creo que ya no será.

Y, ustedes, ¿qué leyeron en el 2016? ¿El 2017 les llegó con alguna lectura en proceso?

Mis mejores deseos para este nuevo año.

diciembre 22, 2016

Sólo cenizas hallarás

"Vivir, vivir, vivir", murmuró en su interior, y la palabra, vacía de contenido, como una bola hueca, lo llenó de repente de una brusca ansiedad y lo hizo estarse quieto, con los ojos abiertos, clavados en el aire, en un punto intermedio entre él mismo y las cosas. Vivir, un sueño mil veces repetido al que era siempre inútil retornar porque siempre, también, había una realidad, cruel, inhumana, que no tenía otro fin que desmentirlo. Bastaba simplemente con despertar, bastaba con abrir nuevamente los ojos y mirar hacia afuera, para que la hinchazón de aquella falsa pompa estallara en pedazos".
El párrafo es parte de uno de los capitulos de la novela "Sólo cenizas hallarás", del dominicano Pedro Vergés, actual ministro de Cultura, y creo que el texto retrata el sentido general de la historia que se narra en este libro: la esperanza que se desinfla y los caminos distintos que se toman cuando los sueños cambian de rumbo o no encuentran ninguno.

Las historias de Freddy Nogueras, Yolanda Martínez, Wilson Tejada, Altagracia Valle, el teniente Sotero de los Santos, Evelinda Rojas y Lucila, la sirvienta y de los demás personajes que los rodean, como satélites de un universo en caos, muestran o buscan mostrar ese escenario poco abordado a mi parecer en la literatura dominicana, el período entre el fin de la tiranía de Rafael Trujillo y las esperanzas de cambio postdictadura.

Y desde mi punto de vista, la novela lo logra, y lo hace hasta para alguien que no vivió esa época. Es sentirse envuelto en la inquietud del desencanto de Freddy y su escape de la isla como única salida; es sorprenderse de la libertad culposa de Yolanda; ver el pasado reflejado en la camisa de fuerza social de Wilson; llorar la nostalgia de Altagracia y sus amigas; reír con pena y reflexionar la desgracia del vaivén del teniente Sotero de los Santos; querer rescatar la ingenuidad de Evelinda y celebrar la rebeldía sin piso de Lucila, la sirvienta.

Es una lectura que no solo se disfruta. Su estructura es bastante interesante desde las escenas pasadas traídas al presente hasta los episodios que se van aclarando a la medida que se lee el siguiente capítulo, esto sin perder la coherencia.

De los mejores libros que leí en el 2016.

En un artículo del periódico español El País, de abril de 1981, Vergés describe su novela de la siguiente manera.

"En mi novela intento reflejar el gran desencanto que se produjo en mi, país a raíz de la muerte del dictador y los acontecimientos que siguieron», explica Pedro Vergés. «Para ello, me centro en tres planos: la interpretación psicológica de los personajes, la elaboración del lenguaje que emplean de acuerdo con su clase y realidad social y el análisis de la ideología que subyace en ellos y configura su visión del mundo». La misma estructura básica de la novela, concebida según un doble planteamiento, una serie de capítulos saltan y se entrecruzan, mientras otros mantienen una linealidad, «responde a ese intento de expresar el caos en que viven sumergidos los personajes y, al mismo tiempo, la necesidad que tienen de salir de él".

Lo que me sorprende es que con esta novela tan bien lograda, y que le mereció premios, Vergés no continuara su carrera literaria. Y sorprende más saber que "Sólo cenizas hallarás" era, según las propias palabras de su autor, la primera de una trilogía. Lamento que quedara solo en palabras. Al parecer, me dicen algunos, le ganó la burocracia al escritor. Es probable.

De paso les dejó el bolero que da nombre a la novela, interpretado por Javier Solis.




junio 19, 2016

"Número cero"...ni tan ni tan poco

Tenía un rato sin escribir sobre mis lecturas, eso y que he dejado pasar el aniversario número 10 de mi blog (hace más de dos meses) sin pena ni gloria...y con una promesa incumplida, de paso. Pero entiendan, ser madre y periodista, esposa y freelancer, es como para vivir así, distorsionada, apurada y con los tiempos cruzados.

Pero este post va de mi última lectura, la que finalicé hace media hora. "Número cero", de Umberto Eco.

El libro, antes de abrir la primera página, te crea expectativa. Es Umberto Eco. Como no me llevo ni de prólogos ni de textos de contratapa, voy directo siempre a la lectura. Esta es una especie de unas primeras páginas de intriga bien escritas, un buen poco de las siguientes páginas de un casi aburrimiento gracias a una historia conspiranoica, y un final demasiado simple y trillado.

Siento que la novela se queda corta en su supuesto propósito: ser una reflexión sobre le periodismo. Aunque hay situaciones y expresiones de sus personajes en la redacción del proyecto Domani que exponen esa doble cara del periodismo, todo queda en lo anecdótico, en una cháchara que no cae en ningún lugar ni tiene ninguna conexión con el asunto que al final da supuestamente cuerpo y final a la novela.

Rescato algunos diálogos porque me llevan a reflexiones sobre mi ejercicio y el mundo en el que me desenvuelvo, pero fuera de ahí, me parece una historia que le faltó profundidad y que quedó a mitad de un camino, que no convence. Una novela, para mí, olvidable.

Este es uno de los diálogos que me gustaron.


abril 12, 2016

De visitadoras y el aniversario número 10

Hoy terminé de leer "Pantaleón y las visitadoras", de Mario Vargas Llosa.

Era uno de mis libros pendientes...creo que casi todo Vargas Llosa es pendiente en mis lecturas. Este es el segundo libro de él que leo, después de la Muerte del Chivo...bueno el segundo y medio. Uno tercero de Vargas Llosa lo dejé antes de llegar a la mitad: El sueño del celta...uno de los libros peores escritos que he tenido la oportunidad de tener en mis manos.

¿Qué decir de Pantaleón y las visitadoras? Me lo gocé de principio a fin. Es un novela divertida, con una estructura ingeniosa, un personajes con forma y vida propia. Una delicia de historia. Me han dicho que es una de sus mejores novelas, y de acuerdo al mismo autor "un éxito de público que no he tenido antes ni he vuelto a tener" (una anotación que hizo en 1999, año de la edición que tengo en mi libro. La novela se publicó por primera vez en 1973).

Una de las cosas que más me sorprendió es que la bendita novela está basada en una historia real y que el capitán Pantaleón Pantoja es real, así lo asegura Vargas Llosa, en una especie de prólogo que inicia el libro, uno muy corto por cierto, escrito en junio de 1999.

"Algunos años después de publicado el libro -con un éxito de público que no tuve antes ni he vuelto a tener- recibí una llamada misteriosa, en Lima. 'Yo soy el capitán Pantaleón Pantoja', me dijo la enérgica voz. 'Veámonos para que me explique cómo conoció mi historia'. Me negué a verlo, fiel a mi creencia de que los personales de la ficción no deben entrometerse en la vida real".

Tengo las demás novelas que no he leído de Vargas Llosa, gran parte de ellas en versión digital. Las quiero leer antes de septiembre, al menos la mayoría de ellas, pues ese mes se inaugurará la Feria Internacional del Libro, que fue pospuestas según al versión no oficial por el mismo Vargas Llosa, a quien se le otorgó el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña...y bueno, se asume eso porque Vargas Llosa tiene malquerencias en República Dominicana desde que opinó sobre su política migratoria.

¿Vendrá a recibir el premio? Eso espero, porque pretendo lograr entrevistarlo.

Y...

Saliendo de Vargas Llosa hago constancia de  aniversario. El décimo aniversario de este blog.

En primero de abril del 2006 escribí el primer texto en este espacio, una herramienta ajena a toda esa fiebre de los mal llamados blogueros (aquí la razón de porque digo los mal llamados blogueros). Diez años de un viaje interesante en el que esta herramienta, este blog, me ha sido muy útil como medio de expresión, como escaparate, como experimentación y como un ejercicio periodístico.

Para celebrar este décimo aniversario a final de este mes les tengo una sorpresa. Ya les avisaré.


febrero 19, 2016

Murió el escritor a quien este blog le debe el nombre

Esta es la edición que tengo en casa. La compré usada.


No tengo memoria exacta de cuando leí la novela El nombre de la Rosa, de Umberto Eco.

Lo que sí sé es que la primera referencia que tuve de esta novela fue gracias a mi hermana. Teresa estudiaba arquitectura para esa época y un profesor no sé de que materia les había asignado hacer la representación del sentido de una novela que les asignó. Y fue esa, El nombre de la Rosa.

Recuerdo que mi hermana hizo una representación intrigante de la novela. En una tabla dibujo una especie de agujero con una forma parecida a una rosa, con colores raros..creo que había negro y rojo ahí, y le hizo un relieve de clavos. Me parece que en ese entonces tomé el libro, comprado por mi hermana, y lo leí

Di vueltas con eso, pero me olvide de la novela.

En el 2005 (lo confirmó ahora en Wikipedia), el país invitado a la Feria del Libro de Santo Domingo fue Italia. En el ciclo de la cinemateca en ese evento estaba incluida la película basada en esa novela. Me encantó. En esa Feria compré el libro. Y creo que fue la segunda vez que lo leí y también que me di cuenta que fue publicada en el año en que nací.

En los días en que daba vueltas con la idea de abrir un blog, un primer blog, que este abril cumple 10 años, no sé que me hizo recordar la novela. Es probable que haya sido el hecho que por esos días solía comprar rosas camino a mi trabajo. Me detenía en el Mercado Nuevo, de la avenida Mella, a eso de las 7 de la mañana. Tenía las rosas siempre sobre el espacio de mi cubículo y cuando pensé en el nombre...pues me vino a la cabeza la última frase en latín de la novela...

"Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus".

La traducción que encontré de esta frase está en la cabecera de este blog: "De la rosa no nos queda sino el nombre".

Y como de asuntos perecederos pensaba escribir en este blog, de asuntos que al final sólo me quedarían las palabras con las que los había hecho corpóreos para este blog aunque después desaparecieran...pues nada más cercano al sentido que me dio esa frase que El diario de la Rosa.

Umberto Eco murió hoy. Yo solo he leído esta novela de él.

Y de él no solo nos queda el nombre.