enero 02, 2013

Celebración de la alegría


Hay que celebrar la alegría que no ha llegado
prepararle la cuna, junto a la ventana sin rejas,
inventarle una canción
                         
acariciarla cuando al fin llega
hacerle reverencia
tomarle fotos
sacarla a pasear
multiplicarla
ir con ella por las calles
convencerla de quedarse
martillarla en las paredes
sembrarla en las fisuras que destapa el ruido
contagiarla
montarle guardia de honor
regalarle las iglesias vacías
agradecerle la presencia
descomponerla
mirar su misterio

coser su sombra a nuestra espalda
para cuando se vaya
poder sonreír.

Dibujo de Guadalupe Haedo. http://guadalupehaedo.blogspot.com/

diciembre 02, 2012

Un hijo

Mi nombre mal escrito en la pulsera de nacimiento de Fernando.


Se que tengo abandonado este espacio. Tanto así me ha absorbido la novedad y el placer de la maternidad estrenada. De hecho, tecleo este post con una sola mano. El otro brazo esta ocupado sosteniendo a Fernando mientras mama uno de mis senos.

Dejo este poema aquí. Lo compartí en otro espacios, pero quiero dejar constancia de este en el espacio que dedico a la literatura.

Los Hijos Infinitos
Andrés Eloy Blanco


Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.


Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.
Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.



septiembre 29, 2012

Un poemario

Termine un poemario. Creo.

Digo creo porque soy de las que siempre las palabras les dejan dudas de su finitud.

Puedo decir que es un poemario de puertas cerradas. No, no habla de mi próxima maternidad, ni de mi hijo. De hecho, no escribí ningún poema sobre mi embarazo, ni sobre el hijo que espero y que llegará en cualquier momento.

No sé el porqué.

Si escribí un blog sobre embarazo, pero nada de poesía sobre él.

Quizás lo haga luego, o no lo haga nunca.

Volviendo al poemario. Ahí está. No sé cuando lo publicaré, pero espero hacerlo.

Habla de algo muerto que sigue vivo. Eso creo.


septiembre 03, 2012

El viaje del elefante



Después de la decepción de "El sueño del Celta", de Mario Vargas Llosa, leer "El viaje del elefante", de José Saramago fue como sonreír porque sí.

De decir algo, podría decir todo, o nada. Todo porque es una novela corta, sencilla, pero honda en los personajes de Shubro, el conarca, del rey de Portugal y su esposa Catalina, del archiduque de Austria y su archiduquesa, de los bueyes, los soldados...unidos en sus debilidades humanas en un elefante.


No pude evitar imaginarme al travesía, visualmente. Ver al elefante Salomón caminar, lentamente, entre los humanos que disputan sus creencias, sus visiones, y su historia. La lentitud de elefante, su presencia grande, sin voz pero con voto, y muy pesado, entre los que parlotean sus parar, con sus poses, me dejaron esa sensación del viaje que siempre es la vida, de lo que aquello que no habla pero es puede significar en ella.

O no decir nada, nada más que Saramago enternece y cuestiona, como siempre, con esta, su última novela publicada antes de morir.


julio 29, 2012

Matar al padre

Padre mío
que caminas en las sombras
colocando cenizas bajo mis pies
huye de mí
corre a esconderte de tu nombre
de tu herencia de jaulas vacías
huye, padre mío,
que no te alcance el desierto que me dejaste de cobija
destierrate la ausencia
cierra los ojos por tu cuenta, a tu modo,
dame la espalda
huye
llévate las tristísimas flores
las tristísimas muñecas
el tristísimo aliento que me soplas en el cuello

sálvate de la sentencia, padre mío.

Tu niña ha muerto.