"Stat rosa pristina nomime, nomina nuda tenemus". ("De la primitiva rosa sólo nos queda el nombre, conservamos nombres desnudos"). El nombre de la Rosa, Umberto Eco.
diciembre 31, 2023
31 de diciembre
diciembre 13, 2023
13 de diciembre
Escribí en Instagram.
"Ayer, mientras iba camino a la parada de autobuses de la Omsa, cerca del residencial donde vivo, me detuve a ver, primero, y luego a fotografiar este arcoíris. Estaba algo retrasada, sí, sabía que en el horizonte en cualquier momento aparecería el color verde cotorra característico de los autobuses, pero me detuve a ello.
Al dar la espalda y caminar unos pasos, voltee, y allí estaba... Venía el autobús. Corrí. Hace años que no corría. Llegué agotada, y a tiempo, a la parada.
Sostenida de una baranda y haciendo equilibrio para mantenerme de pie, respiraba agitada. A mi alrededor habían rostros cansados, distraídos o con la mirada ocupada en los celulares. Yo también estaba cansada. Saque mis audífonos y mi celular. Empecé a escuchar una canción para evitar las voces, los ruidos. Perderme en la música que escuchaba, evitar que mi cuerpo perdiera el equilibrio.
Tan pasajera como los demás, pero tenía algo que posiblemente nadie tenía allí. Un arcoíris".
***
Lunes y martes desde hace varias semanas, tomo el Metro sobre las 8 de la noche. Ahí está el murmullo, la risa, las conversaciones altisonantes, las palabras llenas de risas, las expresiones y los ademanes que acompañan esas palabras. Carpetas, cuadernos, mochilas, uniformes de trabajo, ropa casual, ojos cansados pero voces vivaces.
Me recuerdo en ellos. Un autobús, dos autobuses. Mi voz vivaz, mis ojos cansados, mis carpetas, mis cuadernos, mi ropa casual. Mis palabras llenas de risas, las expresiones, los ademanes.
Sonrío siempre que los veo.
Un espejo en retrospectiva.
***
Al parecer casi todo debe pasar por un duelo.
¿Hay duelo en perder lo que querías perder?
***
Es importante que la madre ponga límites. He leído que es importante, que se debe, que tiene que ser así la crianza.
Hay que poner límites.
Lo que no te dicen es que los hijos también ponen límites.
Criar un hijo también implica ese campo de lucha en que se empujan los límites.
Quizás por eso hay que construir puentes cuando nacen, cuando son bebés. En medio de la pelea, sabes que están ahí, para cuando ambos los necesiten.
***
Ñamerica, de Martín Caparrós
Escribí en Equis.
"A todo el interesado en ver con nuevos ojos nuestra región, leer este libro de @martin_caparros. Narra, golpea narrando, patea reflexionando y te regala el espejo frente al cual, tal como brujos y brujas sin Blancanieves, nos preguntamos... ¿Hacia dónde apuntamos la utopía?"
Respondó a alguien en ese posteo.
"Un gran libro de crónicas y ensayos. Belleza dura, necesaria. Aunque me quedé un poco con la deuda de que no tocara casi a República Dominicana, donde estuvo asentada la primera corte virreinal de América y donde fue gobernador un hijo de Cristóbal Colón".
***
Escuchar a Lery Laura Piña leer su poesía.Llorar escuchando a Lery leer un poema. Esucharla con la voz quebrada.
"Nosotros llevábamos flores, el trabajo fácil./Tú nos llevabas a nosotros./Era posible sospechar tu miedo, pero pronto abriste serones,/empuñaste un machete/y fuiste a cortar la maleza del apiario./Cosechaste la miel./Te aseguraste de que no faltase nada que habría traído él./Pero tú, ¿adónde te nos fuiste?"
Abrazarla al final de la presentación.
Saber que ese poemario que leyó Lery es un gran libro. Y ella una gran poeta.
Leer su poemario en casa. En pausas para respirarlos, para vivirlos, para sobrevivirlos.
Tomar notas para escribir sobre la poesía de Lery, que me hace llorar, que me patea para que me levante.
***
Pienso en las reflexiones del libro de Caparrós.
El mecanismo del uso del poder y de los pactos de poder.
Y el silencio casi ensordecedor. Elocuente.
noviembre 21, 2023
21 de noviembre
Quito la vista del techo y la dirijo a la lámpara de la mesa de noche. Veo un algo alado detenido en una de las flores de la campana de la lámpara, demarcadas por la luz artificial que las configura gracias a la tela traslúcida que las dibuja.
Me acerco con cuidado. Es una abeja. ¿Es una abeja? No estoy segura. Me sobre pongo al miedo de ser picada y me acerco. No le veo ningún aguijón. Sus patas parecen buscar algo sobre esa flor iluminada. Supongo que la forma la confunde, y busca en ella polen. Está confundida. ¿Está confundida?
Es de noche. ¿Las abejas se posan en las flores de noche? Supongo que la luz de la lámpara también la confunde. Le parecerá la luz del día.
Una falsa flor, un falso Sol.
La sigo observando. La grabo con el móvil. Le tomo varias fotos. Comparto en las redes sociales.
"¿Cómo le hago entender que no es una flor real?". Es mi post.
La sigo observando. No tenemos un lenguaje común. Me separa de ella todo lo que puede separar a un ser humano, de sexo femenino, homo sapiens... ¿Ser humana, femina sapiens? ... de un insecto. Sin embargo, ahí estoy, viendo y haciéndome esta pregunta, preocupada por la confusión de la abeja.
Con la foto hago una busqueda inversa en Google.
"Andrena es el género más numeroso de la familia Andrenidae y uno de los géneros de abejas más numerosos. Cuenta con más de 1300 especies. Es de distribución predominantemente del hemisferio norte. Están ausentes en Oceanía y Sudamérica y en la mayor parte de África".
La abeja andrena camina sobre la superficie de la lámpara. Parece, creo, se ha dado cuenta de que su flor no es una flor; y posiblemente también que su luz no es una luz que venga del Sol.
Su exploración la lleva a las cercanías del bombillo. Me preocupa que se queme. Lo digo en voz alta. "No te quemes". Empieza a volar dentro del espacio cilíndrico iluminado. No es una mariposa ni el bombillo es fuego; así que me dejo de preocupar por una posible combustión de la abeja andrena.
Vuela en círculos. Se posa en la cercanía del bombillo. Retoma su vuelo circular.
- ¿Qué haces?
Me pregunta el esposo luego de saludarme.
Mientras le cuento, la abeja decide salir de su recorrido circular de luz y flores proyectadas. Se estaciona en una de las almohadas.
Él abre la ventana. Con cuidado, acerca la almohada a la apertura y sacude despacio. La abeja se va.
Le deseo un encuentro con una flor real, si sobrevive la noche.
***
Reviso los mensajes de respuesta en el video de la abeja en Instagram.
"No se lo digas, hará miel imaginaria, espacial para artistas".
Le respondo a Luis Martín.
"Tomo nota".
***
Escribo un poema sobre las manos.
Trato de escribir otro sobre la ficción de la calma, o el Sol, después de la tormenta. Una esperanza boba para quien la tormenta le quita la calma y lo deja a la intemperie de un soleado día.
El poema se resiste a ser. Insistiré.
***
Ante mi insistencia y la negación de la idea que no fluye sobre la hoja, recuerdo a un editor que me dijo que tengo diez años sin publicar. O sea, que soy una escritora olvidada, muerta.
¿Será?
Mientras, sigo escribiendo textos zombis y espero al menos una mención honorifica en ese concurso, donde he mandado un poemario que quizás le haya valido esperar diez años para ser leído.
Una esperanza boba, como la soleada calma después de la tormenta.
De todas formas, soy un fantasma que escribe.
noviembre 08, 2023
8 de noviembre
He rebajado. El cabello dejó de caerse. Camino. Más horas para dormir. Leo más. Estoy estudiando por cuenta propia y por cuenta ajena. He visto treinta y ocho atardeceres. Paso los domingos con mi abuela. Converso todas las noches con mi hijo, antes de que se vaya a dormir. Paseo la mirada sobre los lomos de los libros no leídos. Me encuentro con amigas. Recibo consejos. Agradezco apoyos. Lo amo a él. Peleo con él. Olvido el motivo de mis pleitos. Recupero espacio. Organizo mis medidas en el tiempo.
***
Pesco la incertidumbre. Me da miedo el tiempo sin medida. Me enfrento a mis ideas. ¿Seré suficiente? ¿Podré? Mi hijo en su pantalla. Mi hijo en su piano. Mi hijo preguntando cuándo irá a jugar donde sus primos. Mi hijo pidiendo que le lleve donde sus amigos. El perro se acurruca en mi regazo. Él trabaja. Contabilizó. Me restrinjo. ¿Valdrá la pena? Contemplo la posibilidad del fracaso. Pongo piedras en el bolsillo de mis sueños.
***
Mi abuela habla con mi madre a través de mi móvil.
Mi abuela sonríe al ver el rostro de mi madre, su hija, hablarle a través de la pantalla.
Mi abuela acerca la pantalla a su boca. Besa la pantalla. Retira el móvil de su rostro y sonríe.
***
- ¡Ay, sí, mi hija! Estoy agradecida de que ellas están pendientes de mí. Me ayudaron mucho. Cuando tenía la fritura ellas me ayudaban.
Mezcla el tiempo. Mezcla los rostros. Mezcla el cariño. Mira a sus hijas en sus nietas. Mira el mundo desde el movimiento de sus raíces.
Se desvanece agradecida.
***
Esperar un autobús en soledad.
Los pies sobre la equis roja de la acera llena de arbustos. Me siento en el banco improvisado, hecho con un tronco sobre dos piedras, por alguien que con justa razón se dio cuenta que pasaba el suficiente tiempo esperando para cansarse de esperar.
Mi cansancio se entretiene. Veo el sol ocultándose entre las nubes. Me asusta el pitazo de una motocicleta en vía contraria, tan pegado a la acera y tan veloz como puede en el reto de ir contra la corriente de los demás, que van igual de veloces, pero amparados en la dirección correcta, a algún lugar, a otro lugar.
Una señora llega, pero su intención no es esperar, sino cruzar la amplia avenida, evitando la velocidad de los otros. Logra identificar un hueco que no pudo ser alcanzado por la velocidad de nadie, y camina con rapidez, casi corre. La barranda es su primer límite, pero los transeúntes habituales ya han solucionado la forma de saltar el límite: una piedra convertida en escalón. Sube en ella, se impulsa, alzando una de sus piernas. Luego, la otra. Queda allí, en el medio, en una isleta improvisada que según alguien me dijo se planeo que fuera el espacio para otra cosa que al final no se construyó (improvisación de las obras públicas para adelantar inauguraciones).
Ahora la señora se enfrenta a otro obstáculo: un pequeño muro de concreto de reciente construcción, que desde hace meses ha crecido a lo largo de la avenida para evitar que aquellos veloces que van a algún lugar usen la improvisada isleta de atajo. Es fácil de saltar, lo he hecho. El obstáculo real está después de poner los dos pies sobre el asfalto de esa segunda mitad de la avenida y darte cuenta que es demasiado fina la línea que te separa del apuro de los que van al volante y de tu necesidad de cruzar.
Es una apuesta.
Otro hueco. Corre.
Llega del otro lado como lo que es, una triunfadora.
El bus al fin se acerca a la parada.
***
Comprobé que el correo postal aún funciona.
A medida de seis meses y doce días de retraso para que el libro de un amigo llegue a mis manos.
octubre 25, 2023
25 de octubre
No es lo mismo que te cierren una puerta a que la cierres.
La diferencia está en tener la llave.
***
Lograr atrapar en palabras lo que se siente, por ejemplo, cuando tu cuerpo toca la hierba, miras al cielo y estás felizmente sola recordando lo que tus manos hicieron durante las horas de ese día, requiere más que talento.
Necesitas vocación de bomba atómica.
***
¿Han llorado mientras mastican comida y tratan de tragarla?
El bocado se llena de mar.
***
Los gritos.
La furia.
Martillos.
***
Trato de darle lo que no tuve.
Palabras cuando está enojado, cuando es lastimado, cuando está triste. Palabras en tono de caricia, de acogida, de nido.
Perdones. Contar hasta diez. Un beso en la frente. Una cobija para sus monstruos.
octubre 11, 2023
11 de octubre
Es jueves. Es 5 de octubre. Es el cumpleaños del hijo.
Está acostado junto a mí. Son las 6:00 de la mañana. Lo tengo que levantar para que se bañe, se cepille los dientes y se vista. En una hora debe estar camino a la escuela.
Pero me detengo. Lo observo respirar. El aliento sale y entra de él con un ritmo repetitivo, acompasado, con un casi imperceptible ruido parecido a un viento apaciguado que te da en el rostro cuando estás a orillas del mar. Sus ojos y bocas cerradas, quietas. Su cuerpo laxo, abandonado a ese estado de ausencia programa. ¿Estará soñando?
Tiene un rostro hermoso. Es alto para su edad. Su estado de tranquilidad es tan opuesto a sus horas de persona despierta. Es intensamente activo, impredecible, tempestuoso.
En algún momento siento el miedo. El miedo que tiene la edad de mi hijo, que nació el día en que me lo pusieron sobre el pecho por primera vez. Lo recibo, converso con él.
- Hola.
- Hola.
- Aquí, como todos los años.
- Sí. No me tienes que recordar tu papel en mi vida, como todos los años. Sé tu agenda.
- No te quejes. Solo estoy para que estés atenta.
- Eres un miedo desorganizado. Me alertaste tarde con algunas cosas.
- Es mi trabajo también. Regalarte el desasosiego. De todas maneras, mi casa es el futuro, y el futuro no existe.
- Pero va a existir en un presente.
- No habito el presente.
El miedo se va. Sigo observando al hijo. Se mueve, se ladea, lanza su brazo sobre mi pecho, lo usa como ancla para acercarse, suspira sobre mi hombro, beso su frente, beso sus cabellos rulos, detengo mi nariz allí y aspiro el aire buscando el olor de mi hijo. Un olor a viento suave que sopla desde el mar.
***
Es jueves. Es 5 de octubre. Es mi último día en el periódico.
Quince años y tres meses resumidos en dos párrafos de una carta.
Agradezco haber estado. Agradezco también irme. Ambos extremos son logros. Ambos extremos fueron finales de otros caminos, y ambos extremos también son comienzos.
Abrazos y aplausos que se instalan en el baúl de mis tesoros.
En el escritorio dejo mi hasta luego, una frase que tomo prestada de alguien a quien entrevisté: "El lenguaje se convierte en patria".
***
Volver a estar los domingos mirando al sol, sin horarios.
Domingos para resucitar, para volverme escarabajo, mariposa, saltamontes.
Domingos para no esperar, para inmovilizarme, para contemplar.
Domingos para rozar la piel con la sábanas, con él.
Otra vez, míos.
***
Tecleo, organizo, agendo.
Me llaman, llamo.
Las posibilidades están aquí. Raudas y veloces.
Sin ningún miedo de visita.
septiembre 27, 2023
27 de septiembre
- ¿Dónde estabas, mamá?
- Fui a acompañar a una amiga que estaba triste.
- ¿Por qué triste?
- Porque su papá se fue. Cuando la gente está triste necesita compañía. Después fui donde la abuela María.
- Abuela María, mamá.
- Sí. Te mandó un beso.
- Y a ti, ¿cómo te fue hoy, Fernando?
- Bien, mamá
- ¿Qué hiciste en la escuela?
- Clases. Matemáticas y Español.
- ¿Y le preguntaste cómo se llama a la profesora?
- Profesora, mamá.
Debo explicar mi punto.
- Bueno, es saber cómo se llama, cuál es su nombre. Mamá se llama Argénida, papá se llama Waldo y tú te llamas Fernando. Pregunta a la profesora cuál es su nombre.
- ¿Y tus compañeros en la escuela? ¿Ya sabes el nombre de alguno?
- Sí, Ronald.
***
Miércoles. Una de la tarde.
- La maestra me dijo que la sacó al final, cuando se acabaron las clases.
- Ese Fer es un caso.
- Le dije que no lo vuelva a hacer.
Quince minutos después llegan a casa. Fernando se cambia de ropa. Va a mi habitación y me enseña el fondo de pantalla de su tableta.
- Mamá, mira a Ronald.
Le tomó una foto a su recién conocido compañero de clases. La sonrisa amplia en el rostro de ambos me dice que se caen bien.
Quería que conociera a Ronald, que viera quién es Ronald.
Hay un mundo de felicidad que habita en las sonrisas de ambos, y en mí, cuando sonrío viendo la foto.
septiembre 24, 2023
24 de septiembre
No uso las palabras. La abrazo. Ella llora. Yo no puedo contener las lágrimas.
Mientras alrededor de nosotras otros oran, leen versículos de la Biblia y hablan de la creencia en una vida después de la muerte, conversamos, ella en un sofá y yo sentada en el piso, a sus pies, sobre el presente de la muerte.
Me cuenta que la enfermedad de su padre no lo convirtió en un hombre resentido, ni malhumorado, ni rencoroso con la vida. Aceptó, vivió dos años sin que sus riñones funcionaran, como un episodio de cada día.
Ella, hija que restituyó el lazo, que tomó el peso de su sangre y lo convirtió en abrazo, pasó muchas de las últimas horas de su padre a su lado. El padre que en muchos momentos fue reclamo de ausencia, fue presencia en los años que su hija regaló el puente, un regalo que aceptó.
Ella llora. Me hace preguntas. ¿Qué sentido tiene?, me dice. Me pregunta por el sentido de la despedida. Yo, hecha de tantas despedidas que aun buscan sentido, hecha de un padre a quien maté y resucité, le digo que las despedidas no tienen sentido, que la muerte nunca es justa, que el sentido podría estar en la vida, entre el punto de inicio y el final.
- Eso me enseñó.
- Ese es tu regalo.
A veces el amor del peso y el abrazo recaé en el regalo inesperado del sentido cuando se parte, cuando esa partida es un episodio de día a día, cuando ese día a día se vive para decir adiós cruzando un puente.
***
El chofer es haitiano. La voladora, ese pequeño minibús reconvertido en transporte de pasajeros, con asientos soldados en la improvisación de un espacio robado, va a la par de la velocidad y el caos de su español con acento francés.
Habla de lo que ha sido su vida en el país que ahora solo es signo de huída. Nos habla de todo lo que debe y agradece. Nos enseña papeles de una residencia que no le quieren renovar. Tiene un recibo de pago de impuestos. Nos dice que ha sido feliz aquí, que ha hecho una vida, que sus hijos han nacido aquí, pero ahora se tiene que ir "hasta que esto se calme".
- Si me toca pelear, peleo con ustedes.
Hace bromas, se ríe. Algunas (todas somos mujeres), defienden su forma de pensar. Otras dejan escapar ese dejo de superioridad, la que habita en ver al otro como un inferior.
Digo cosas banales. Le digo que se cuide, que ande con su carpeta con sus papeles, esos que no le quieren renovar, con ese recibo de pago de impuestos.
En algún momento su mirada me mira desde el espejo retrovisor. Reconozco esa mirada.
Es la misma que vi hace más de treinta años atrás en el rostro de mis padres, días antes de irse del país donde nací, hacia un destino desconocido, justificado por sus esperanzas.
***
Fito.
Una tarde de un día de un mes del 2006, estaba sentada en una pequeña oficina, en una casa, en un lugar. Dos hombres me acompañaban, dos amigos, los consideraba en ese momento y los considero ahora, en 2023, a pesar y debido a todos los caminos de estos años. Pero ese día de 2006, estabamos allí, escuchando música, creo que había una cerveza, o no... mi único recuerdo nítido es cantar, junto a ellos, esa canción. Al lado del camino.
Anoche, 23 de septiembre. Veo, escucho y canto a toda voz la misma canción, coreando a su compositor y su interprete. Fito mueve su cabeza al ritmo que le dictan los dedos sobre el piano. Es un hombre de belleza extraña, única. Ya no es un flaco de larga melena como lo he visto en videos viejos. Es un hombre que de vez en cuando pasa sus manos por sus rulos canosos, ya no largos, pero no tan cortos.
Tomo el celular. Mientras canta Al lado del camino.
Termina la canción. Abro el Whatsapp. Le escribo a uno de los amigos de esa tarde de un día de un mes del 2006. Le envío el video, recordando ese lazo. Me responde. Nos queremos en esas heridas y alegrías de estos años.
Acaba el concierto. Canté a toda voz, a todo pulmón, el milagro de la vivencia de un hombre salvado por la luz de su talento, salvado de él mismo y del mundo.
Abrazo a quien amo, a quien me ama. Saludo a gente, recibo y doy aprecio, gestos, besos.
Reviso mi móvil y me doy cuenta que el video que envíe no grabó la canción. Apreté el botón rojo cuando finalizó, no cuando empezó. Le escribo al amigo, pido una disculpa, algo vergonzosa. No le da la importancia a ese error que yo sí le doy. Me agradece la presencia lejana. Le envío otro video en compensación, de otra canción.
A veces solo el recuerdo importa, como las intenciones, aunque fallen.
septiembre 20, 2023
20 de septiembre
Las similitudes y las diferencias.
El asunto es saberse parte de un conjunto similar, parecido, igual. Somos personas, somos humanos.
El asunto es saberse diferente dentro del conjunto. Y saberse diferente dentro de otros varios subconjuntos donde también somos similares.
El equilibrio de la moneda.
El otro asunto es convertir las diferencias en collares que colgarse. Predicar sobre la superioridad de esos collares, la pretendida superioridad. Sacarle brillo a los collares, pelear por ellos, vaciarse de cualquier sentido de similitud, de igualdad. Subirnos en una tarima, y mirar desde abajo a los demás, similares y diferentes, y mostrarles nuestros collares.
Ser solo la cara o solo la cruz.
Apostar solo a uno de los dos lados.
***
Ha dicho siempre mi abuela que nadie es moneda de oro para caerle bien a todo el mundo.
***
A veces hay miedo sobre el futuro de otros.
***
Pensar por primera vez en la posibilidad de que te dejen de amar, con conciencia, como mirando las nubes acumuladas en una esquina del cielo. Un pronostico.
Puede llover. Puede no llover.
Antes ha llovido, sin que advirtiera el pronostico.
Saber que hay paraguas.
***
Leo a Leila Guerriero.
"... cada vez nos parecemos menos. Es una buena noticia: logramos no caer en el barro de la mímesis siamesa. Cuando escucho que alguien se separa porque “no teníamos un proyecto juntos” me pregunto si estar vivos al mismo tiempo en el mismo planeta no es suficiente “proyecto juntos”."
septiembre 07, 2023
7 de septiembre
septiembre 04, 2023
4 de septiembre
"Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales".Pequeño poema infinito (fragmento). "Poeta en Nueva York", Federico García Lorca
***
La vulnerabilidad es desnudez. El cuerpo hermoso de las heridas habitadas. Un jardín.
Mostrarlo es un regalo.
***
Recordar el día de lluvia en que descubriste que deponer ciertas armas no es una derrota.
Recordar el día de lluvia en que descubriste que una bola de nieve puede convertirse en una luna, y dar sentido a tus mareas.
***
Compartir confesiones entre el bullicio de los lectores que buscan libros, un ejercicio de mimetismo.
***
Feria del Libro. Compré libros para el hijo. Ninguno para mí. Caminar hasta agotarse, tomada de la mano con él. Mirar los cuadros, hablar con la artista de un díptico en que una ciguapa vuela, mientras los árboles juegan a ser raíces en sus pies. Sonreír con él. Abrazarlo a él. Observar, ambos, al niño que observa, que se distrae, que se sorprende mientras salen cajas de la nada.
***
Pendiente escribir sobre la Fiera del Libro.
Apariencia que mejora, libros, reencuentros. Y la narrativa detrás de los escenarios.
***
Extrañar a la abuela. Poner día de agenda para abrazarla.
***
Renovada coquetería de dejar una nota en un libro que devuelves, junto a la flor de un cactus.
***
Pequeño poema infinito (fragmento). "Poeta en Nueva York", Federico García Lorca
agosto 29, 2023
29 de agosto
Vaciedad.
Profecía cumplida.
***
Después de una tormenta, de la lluvia de esa tormenta, las calles lavadas dan la sensación de que todo sucio se ha ido, aunque sabes que la basura está acumulada en algún lugar, probablemente más cerca de lo que se puede advertir.
Pero la sensación de infierno apagado, de pausa húmeda, regala la ilusión de un tranquilo final que anuncia algún esperanzador comienzo, aunque no se tenga certeza de ningún final ni de ningún comienzo.
***
Algo maravillosamente extraño hay entre leer poesía con la boca cerrada y hacerlo moviendo los labios para darle voz.
Y algo de voyerismo fantástico se evoca cuando esa voz truena en público. La gente parece tratar de mantener una expresión contemplativa, algunos las tendrán, mientras posiblemente esas palabras taladren algo detrás de la forma en que miran, se sientan y ladean la cabeza.
Antes de esa tormenta en público, le leí los versos de Jeannette Miller mientras estabamod detenidos en un semaforo en rojo.
"Eramos todo".
Es el verso que me queda prendado, como el cierre de esas otras palabras que la anteceden y que hablan sobre un hombre que se ama, que te inmata, te completa, te arrebata.
Me dice que "guao". Me dice que leyó el libro hace un tiempo. Me dice que es una gran poeta.
Escribir "todo" es tan contundente. Leer "todo" con los labios cerrados es un tambor. Leer en voz alta "todo" es mirar el hueco, es tronar contra uno/una mismo/misma.
Leer en voz alta ante un público ese "todo" es lanzar una bomba.
***
A Jeannette Miller le han dedicado la Feria del Libro de este año.
Quiero entrevistarla.
Hace tres semanas hablé con ella. Me dijo que sí, pero con un signo que no. Una manera que tiene quien sabe como evadir la busqueda de respuestas, cualquier respuesta, a la interrogaciones de su vida.
Su voz es dulce, pausada, una especie de vuelo de aves en migración. Le digo lo que siento, he sentido, con su poesía desde que la leí por primera vez. Quiero que lo sepa. Me agradece.
Insistiré con la entrevista. Creo que ella lo sabe.
***
Miller recibió el Premio Nacional de Literatura en 2011. Ayer escuché su discurso por primera vez.
"... la vida es un terreno abrupto donde hay que aprender a sortear las trampas de la oscuridad para poder mantenernos en la luz. Yo continúo ese intento..."
Sortear trampas, como cuando miras la calle luego de la tormenta, de la lluvia, y sabes que la basura está acumulada en algún lugar, probablemente cerca.
Combustible para encencer el infierno.
agosto 16, 2023
8 de agosto
Vacaciones.
Retrospectiva.
***
Empecé un proceso burocrático. Renovación de pasaporte. Una certificación de una nacionalidad ya concedida. Reunir documentos, pagar más impuestos, depositar documentos. Esperar.
Certificar lo que me fue dado, y lo que era antes de que me fuera reconocido, ser hija de mi madre y, por consiguiente, ser hija de su pasado, de su herencia, del suelo que pisó, del país donde la suerte mandó a que naciera y del que huyó y en esa lejanía fui concebida.
Pero soy también la hija del retorno.
Una semana antes de finalizar mis días de descanso me dieron la constancia de ello.
***
Día de los padres.
"La ausencia de un padre siempre será una fuente en la que se tiran monedas pidiendo un deseo. Por razones que sé, miro a mi alrededor y siento que eso que llaman figura paterna fue siempre (es siempre) una fuente en la que he lanzado monedas, pero es probable que de allí, de ese hueco lleno de monedas, se me haya concedido uno de los más bellos anhelos: un padre presente para mi hijo".
Un párrafo de un texto que escribí hace seis años.
Sigue vigente.
De todos modos, hace diez años me hice huerfana a través de la poesía. Hice lo que hacen las poetas que tiran monedas a la fuente del deseo paterno. Maté a mi papá.
A veces lo llamo.
***
Noticias inesperadas.
Un supuesto milagro, me dicen.
Yo solo miro la posibilidad de otra vaciedad.
***
Leer. Leer mucho.
Escribí el poema de la rabia que sumará a ese poemario que dicen que es bueno, pero es muy pequeño para ser libro, que necesita más páginas, que no alcanza para un lomo.
Sigo acumulando rabia para escribir.
También acumulo alegrías.
Y las dudas que viven entre la rabia y las alegrías.
Construiré un lomo.
***
No hubo playa.
***
Saludé gente, me reuní con gente, abracé gente, me reí con gente.
Caminé mucho.
Fui al cine acompañada. Fui al cine sola.
Sobreviví el susto de ir sola en los taxis.
***
Un hijo que crece. Nos gritamos, nos perdonamos, nos abrazamos.
Empiezo a conocer sus fisuras, sus colmillos, su sed, sus flores, el tamaño de sus aciertos, el reclamo al amor que de a poco se convertirá en mazo contra mi espejo.
Estoy orgullosa.
***
Tengo nuevo pasaporte.
Posibilidades.
***
Volver al trabajo.
Todo sigue igual.
Puede ser una buena noticia.
julio 06, 2023
6 de julio
"Alguien toma las palabras para llenar el vacío, para detener los llantos por unos momentos", me hizo recordar a Vallejo en "Masa", pero el cadáver, ¡Ay! siguió muriendo...
Tu último mensaje.
No te respondí.
***
Juan Luis Pimentel se fue el lunes, para siempre.
Pimentel, para mí. Ni siquiera recuerdo con precisión la primera vez que intercambie palabras con él, cuándo lo conocí. ¿Fue por este blog? ¿Por las redes sociales? ¿En la librería Cuesta? ¿En alguna actividad?
Quizás él tenía esa memoria exacta.
Lo que sí sé es que desde el momento en que nos conocimos estuvo presente.
Crítico, lúcido, con una especie de sarcasmo cariñoso y hermosamente claro. Un terco, una luz, un hombre que siempre tuvo palabras de aliento, admiración, respeto y enseñanza para mí.
Una porción de un padre que engendró espacios para mis pies.
***
La visita quedó pendiente. Me acostumbré a verlo como un moriviví, siempre enfermo, siempre recuperándose. Sábados en la tarde en el Palacio de la Esquizofrenia (el restaurante del hotel Conde de Peñalba, ese lugar en que se me ha abierto y cerrado el alma más de una vez), la bulla del parque Colón, las palomas, y Pimentel hablándome de política, de la sociología, de este mundo pequeño, y yo hablándole de lo mismo pero sin la intensidad de la experiencia que lo marcaba, al ritmo de sus cigarrillos, su carcajada.
Nunca se podía discutir sobre el cigarrillo.
En su cama, acostado con una laptop y el teléfono celular. Trabajando.
***
Una vez fue a casa. Bebimos vino. Hablamos de poesía.
Vallejo, siempre Vallejo.
***
Moriste un lunes, soleado. No un jueves lluvioso de Vallejo.
Ese lunes, 3 de julio, era aniversario de la muerte de Jim Morrison, quien murió en París, como profetizó Vallejo para sí mismo. El poeta peruano murió en París, pero un viernes, 15 de abril.
Morrison falleció un sábado.
La muerte le huye a las azarosas coincidencias, en la medida de sus posibilidades.
***
Me sentía rara sentada en el banco, sin valor de verte de cerca.
La gente entraba, rodeaba el ataúd y conversaba mirándote. A veces te daban la espalda, y seguían conversando. Detrás de mí escuchaba conversaciones. Un almuerzo programado que no será, cuestiones sobre quién vendrá, preguntas sobre horario de entierro, una voz lúcida de alguien que después de tocar tu frente y limpiarse las lágrimas dice que odiarías todo lo que te rodeaba ahora.
Y te reirías también, con el justo comentario, con la acertada broma, con tu cigarrillo entre los dedos.
Me quedé en silencio por un largo rato, preguntándome si quería tener esta última imagen de ti. Pimentel en silencio, sin su cigarrillo, sin sus ideas revoleteando, sin sus ojos mirando, sin sus piernas cruzadas, sin sus excusas sobre su salud.
Al final, siempre hay un final, decidí que te vería, que quizás también necesitaba ese recuerdo de ti.
Gracias, le dije a tu silencio.
***
Masa
César Vallejo
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...
junio 25, 2023
26 de junio
La muerte.
Tengo recuerdos difusos de cuando supe que era la muerte. Un tío en una cama, sin cabellos, sin poder hablar. La inventiva de los recuerdos, que nunca son fiables, lo colocaba en la casa de ladrillos de mi otro tío, pero mi madre me corrigió hace años que no fue allí, que nunca estuvo allí.
Así que también dudo del ataúd en el medio de una casa, donde me acerqué con cautela para ver, pero que por mi altura no pude ver, o quizás por miedo. Aunque también cabe que no quería ver.
¿Tendría seis años? ¿Siete?
Me veo con un vestido rojo con puntos blancos. Dudo que mi madre me vistiera así para ir a un velorio.
Dormí en una cama con mi hermana y otros niños, en una habitación en que llegaba el eco de los llantos y los susurros de alguna conversación entre adultos. O puede ser que no.
***
Escribí un poema sobre ese recuerdo. Está publicado en un libro que se llama Arraiga.
A primera vista
Tenía siete años cuando conocí la muerte.Estaba pendiente del llanto
dándole la mano a algunos
cabeza abajo, sacando cuentas
modelando sus fanfarrias
y yo, que solo sabía de juguetes y risas,
junio 13, 2023
13 de junio
Calor.
***
El viernes pasado estuve en una oficialía civil. Hay que solicitar siempre los mismos documentos para las mismas cosas que se renuevan.
- Tiene que hacer fila para recibir el turno.
La fila es detrás del edificio. Hay sillas. Me coloco al final. Hago un lazo momentáneo de intercambios de experiencias con quien está frente a mí. La nota siempre es la queja.
- Esto es un tema. Hacer fila para un turno, pero por lo menos aquí hay sombra.
Adelantamos. Nos tocan las sillas. Se une otra mujer a mi dúo. Ahora somos tres, quejándonos.
- Yo cogí una lucha para sacar una acta de defunción hace unos años. Y en al oficina, quienes atienden te tratan mal. Ni caso. Tuve que ir hasta Boca Chica. Semanas en eso y uno en sufrimiento por la muerte de un familiar...
Mientras, un empleado en la sombra bregaba con un tubo largo blanco. Movía la ramas de un árbol. Logra su cometido. Sale de la sombra con un mango en las manos.
***
Me toca desfilar en fila hacia la oficina. Una de compañeras comenta algo que no logro escuchar. El empleado, musculoso y fornido, le responde con tono malhumorado.
- ¡Oh! Pero no te pongas así. Solo fue un comentario.
Voltea hacia mí y la otra compañera de espera.
- Pero mínimo la mujer se lo negó anoche. Yo no me pongo así cuando mi mario no me lo da.
Me sorprende la estampa de respuesta porno sexual de quien hace un rato hablaba de duelo mortificado por la espera burocrática.
La otra integrante de efímero trío se ríe a carcajadas. Yo volteó la cara como quien no va con ellas.
***
Nos dispersamos. El hombre musculoso y fornido me entrega el ticket. Es el 125. Van por el turno 86.
Me distraigo revisando redes. Publico un tuit sobre mi experiencia matinal. Veo reels en Instagram de manera automática.
A mi lado se sienta una de mis excompañeras de fila. Su turno es el 124. Habla de sus dificultades con el acta de nacimiento de su hijo, y que espera no pasarlas nuevamente. Fue una declaración tardía, luego de la muerte del padre del niño. Tuvo que buscar hasta las actas de defunción de los suegros que nunca conoció.
Llega su turno. La pierdo de vista.
Llega mi turno. Corro con poca suerte. Tengo que ir a arreglar un error a otra oficialía, otra no está escaneada y la otra tiene un error que hay que verificar en ese misma oficina.
- Puede esperar una hora por la última. La otra tiene que venir la próxima semana, se hizo la solicitud. Y con la otra, pues tendrá que ir a donde fue declarado a verificar y arreglar el error en el libro.
- Gracias. Espero.
Agradezco no tener urgencias de los documentos. Es algo que hago con antelación a una necesidad futura.
Me reencuentro con la excompañera de fila, la del ticket 124.
- Todo bien. Aquí espero ya mi acta.
- Qué bueno.
No la vuelvo a ver.
***
- ¡Pero cómo que tengo que ir a Barahona!
El señor alza la voz, grita, insulta. Necesita el acta de nacimiento con urgencia, pero su urgencia no calza con los cinco días laborables que le han dado para entregársela en esa oficina.
Se le acerca alguien que parece ser de alto rango allí. Le pide que se calme. No se calma.
Todos miramos. Una mujer que parece ser la esposa del alterado hombre, se acerca con un paño a echarle aire. Le toma el antebrazo derecho con suavidad y se le acerca para decirle algo al odio. El señor se sienta.
- ¡Lo de ustedes es del diablo! ¡Este país es un desorden! ¡He sacado esa acta aquí antes, y ahora me dicen que tengo que ir a Barahona si la quiero hoy! ¡Coño! ¡Voy a perder el vuelo, mi pasaje que ya compré!
Un agente de seguridad y otros hombres, incluyendo alguien vestido de militar, se les acercan.
- Estese tranquilo, mi don.
Media hora después, me encuentro al señor en el colmado cercano a la oficina.
- Si tiene alguien en Barahona sería bueno que lo contactara, para que le resuelvan eso. Mi acta está asentada en Gascue, en la capital, y tengo que esperar cinco días porque no está escaneada.
El señor me mira con resignación y congoja. Me explica que tiene 40 años viviendo en Estados Unidos, que tiene cuatro meses aquí, que se dio cuenta que tenía le pasaporte vencido, que no entiende porque aquí hay que renovar como si se sacara por primera vez el documento.
Lo escucho. Le digo que lo tome con calma, que hace mucho calor, que le puede dar algo.
- Menos mal que me hice ciudadana.
La señora lo dice con alivio y cierta superioridad de la oportunidad, frente al esposo.
***
Ha pasado una hora y media.
- ¿Está lista?
- Deje ver.
Toma el papelito. Verifica en la computadora.
- Tiene que esperar más.
- ¿Vengo el lunes?
- Sí, mejor venga el lunes.
mayo 22, 2023
22 de mayo
Mayo, hasta ahora.
Lluvias en las que no me he podido bañar. Caminatas de casi insolación. Grabar la voz de mi abuela de 91 años, tratando que recuerde lo importante, atándole un cable a tierra. Mis poemas, corregidos. Mis poemas, en edición. Pronto un poemario.
Puertas que se cierran. Muchas mañanas despertando puntual a las 6:30 de la mañana sin alarma. Seis horas de sueño.
***
Entreviste a Sheila Blanco.
Lloré en su concierto.
Su voz resucita a las mujeres que fueron olvidadas. Ellas, espíritus en sus letras, me abrazaron.
Solo tengo una foto del piano que tocó. Los abrazos no me dejaron alzar la cámara.
***
Entrevisté a Gioconda Belli.
Me autografió tres libros.
Es una persona luminosa cuando habla, la misma luz que se encuentra en sus libros. Una foto congeló nuestro abrazo.
- ¿Escribes?
- Sí.
- Se te nota el oficio.
***
Entreviste a Orlando Mondragón.
Tiene 30 años. Es un gran poeta. Es un gran médico poeta.
Mató a su padre, como maté al mío.
Escribió sobre la enfermedad y la muerte. Le hablé sobre mi enfermedad y mis muertes.
Nos reímos en la entrevista. Tiene bonitos tatuajes en su brazo izquierdo. Les enseñé mis pequeños tatuajes. "Son bonitos", me dijo.
Le dije que su poemario, sobre la enfermedad y la muerte, me provocó una especie de puño apretado en el pecho. Lo tuve que dejar sobre la mesa cuando iba por la mitad de su lectura.
No le dije que lloré cuando leí: "Es tan poco lo que hace falta/para ser una casa./Apenas estar lado a lado./Tocarse".
Le hablé sobre mi miedo a la sangre, a las heridas abiertas, mi desmayo en el hospital Darío Contreras. Me dijo que después de terminar el internado se especializa en psiquiatría.
Ambos superamos a Freud.
abril 13, 2023
13 de abril
Supongo que mi primer beso me lo dio mi madre. No lo recuerdo, y supongo que ella no lo recuerda. Cuando me convertí en madre, lo primero que hice fue darle un beso en la frente a mi hijo, recién nacido, cubierto de los restos de mi interior, donde fue creado, donde nos creamos.
***
Un beso es acercamiento.
Un beso boca a boca es abrir una puerta.
Recuerdo abriendo puertas bajo un cerezo, en los pasillos de una iglesia, en calles adoquinadas, con lágrimas y el sonido de un río como música de fondo, en escaleras, bajo la luz intermitente de una lámpara, bailando, ante una puesta del sol, ante un amanecer, con los pies en la arena, calzando unos zapatos forrados en tela de satín violeta, vestida de gala, desnuda, riéndome entre los labios, inmensamente feliz, desgraciadamente triste, en cocinas ajenas, en mi cama, en aeropuertos...
***
Nada más abrazador que un beso en la boca, deseado, buscado.
Nada más desolador que un beso de despedida.
Nada más inolvidable que el deseo de un beso que no fue. Esa puerta cerrada.
abril 04, 2023
4 de abril
Un banco, un parque, cervezas.
- El promedio de vida es ochenta años. Ya hemos vivido la mitad la vida.
Me lo arroja así. Hemos vivido la mitad vida.
- Estamos más cerca del final.
Respondo.
Y seguimos tomando cerveza, y hablando de pasados y de presentes. De algunas constantes crisis, de cómo seguir afrontándolas, de sentirnos perdedores, triunfantes perdedores, resignados ante lo irremediable.
Le cuento cosas pasadas que le son novedosas. También me actualiza sobre novedades, para mí, de su pasado.
Hablamos de máquinas de tiempo inexistentes.
Nos reímos también.
***
Veo la escena final de Kill Bill.
Habrán otras películas, otras obras, en que una mujer se venga. Seguro que habrá otras, pero no recuerdo ahora ninguna. Recuerdo las historias de venganza de hombres.
Veo la escena final de Kill Bill.
La mujer que se venga después de la destrucción de su escape, en las manos de quienes estuvieron a su lado, de manos de alguien que amó.
Mujeres lloran, se guardan sentimientos, perdonan, comprenden, justifican, se sacrifican. Hay algo reconfortante en la mujer que vuela cabezas, que baila con la sangre, que no busca compresión, que no quiere explicar nada que no sea vengar sus años en coma, la ausencia de una hija, un tiro en la cabeza.
Sí, quiere escuchar confesiones antes del tajo y el golpe. Pregunta "por qué", pero la respuesta, las respuestas, no detendrán su espada.
Al final, rompe un corazón. No hay heridas a la vista, y la sangre es poca. Se seca una lágrima, se va con su hija.
Es bueno ver a una mujer vengarse. Ver a una mujer volar cabezas, bailar con la sangre, no buscar compresión, no querer explicar nada, romper un corazón, secarse las lágrimas y que se vaya con lo que fue a buscar.
marzo 29, 2023
29 de marzo
Hace 17 años compraba flores varias veces al mes detrás del Mercado Modelo, calle Benito Monción. Hacia una parada antes de llegar al trabajo. Rosas. Caminaba extasiada, dueña de algún misterio con olor, forma y color de esas rosas. Las colocaba en un florero, con un poco de agua. El pequeño cubículo y las rosas.
Mucho tiempo después vi una película, The Hours. Habían pasado años de su estreno. Uno de sus personajes era Virginia Woolf. Había leído un solo libro de ella, que reunía varios de sus relatos. Aún, ninguna de sus novelas, ni sus ensayos. Solo ese libro, un regalo con una dedicatoria sobre un alegado paralelismo con lo que Woolf escribía, o quizás con su historia, o quizás con sus inquietudes, o quizás con las rosas que me veían llevar varias veces al mes.
Compré el libro en que se basó la película. Leí un ensayo de Woolf. La escuche leer en un video de YouTube. Trate de leer una novela de ella.
Varias veces al año compro flores. También está quien me las regala, porque sabe que me hacen dueña de algún misterio con olor, forma y color de esas flores.
Hace tres semanas volví a ver la película. Hace dos semanas empecé a leer la novela Mrs. Dalloway de Woolf. Obvié el prólogo de Vargas Llosa.
"La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores".
En los siguientes días, un misterioso hueco, con olor, forma y color de las decenas y decenas de flores que compré y me regalaron se instaló en mi estómago.
Respiré, comí, caminé, dormí y me desvelé sentada en ese hueco.
Luego entendí.
Tenía que hacer una parada, mirar las sombras de las flores, aceptar su innecesario misterio y mirarlo.
Poema 23 "una mirada desde la alcantarilla/puede ser una visión del mundo/la rebelión consiste en mirar una rosa/hasta pulverizarse los ojos". Alejandra Pizarnik.
El misterioso hueco ya no tiene ni el olor, ni la forma ni el color de mis flores. Ahora es un jardín.
Todavía no termino de leer la novela.







