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agosto 23, 2008

Cuestión

Todo es lo que queremos que sea
sin conocer lo que realmente es.
Vana completud de la esencia
que nunca se deja aprehender.
Simple inocencia
creer ser lo que somos
cuando nada es lo que pretende ser,
más cierta es la mascara que el rostro
en este confuso teatro.
Tal vez no es real lo que toco
quizás sea más cierto lo que no puedo ver.
Eterna ignorancia de lo que conozco
resignación de lo que no puedo conocer.

El pensador (1880). Auguste Rodin

09 septiembre 2003

marzo 22, 2008

Destiempo



A resucitar mariposas
has vuelto
¿Las recuerdas?
Solían salir por mis poros
Y colgarse en el segundero del reloj.
Uno, diez, treinta, sesenta.
Reiniciaban su juego, puntuales,
me ataban los cabellos a los ojos
confundían mis dedos con el vacío.
Pero crecí de repente
el día en que las mataste
deshaciendo sus alas en el minuto sesenta
cuando te dio por quebrar su vuelo.
Y ahora
¿Cómo las hago regresar?
Ya no hay reloj.

septiembre 15, 2007

Calendario

"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artifício, logramos sobrellevar el pasado". Gabriel García Márquez.


Desmemoriar al recuerdo cuesta mucho
se necesitan setecientas noches de olvido
-me susurró la mariposa que se enredó ayer en la ventana-
Apenas llevo cincuenta
y aun la sombra de su mirada
ronda este espejismo, atado en los suspiros de la tarde.
Me restan seiscientas cincuenta
para descolgar la sombra de sus caricias vespertinas
y exorcizar las palabras
que todavía se esconden en mi oído derecho.
Además, tengo amontonadas
cuatrocientas dieciocho páginas
de descriptivo idilio y desconcertantes promesas llenas de polvo
y que, junto a las historias de todos los días
reposan en el ruedo de mi falda.
Y en este singular rescate
donde te pierdo y me encuentro
voy sembrando girasoles
para entretener las lágrimas que se escapan en las mañanas
cuando toco la ausencia de tus labios
y comprendo, descalza de pasiones
que tu tiempo se va quedando rezagado
en los pasos que dibujan las calles.
Me restan cincuenta y cuatro semanas, más o menos
de este taciturno ejercicio
en el que te despido a sorbos de madrugada
mientras propongo al reloj
volverte pretérito indicativo de mi ausencia.
Pero todavía me quedan
seiscientas cincuenta noches de olvido
cuatrocientas dieciocho páginas de idilios y promesas
y unas cincuenta y cuatro semanas de taciturno ejercicio
para desmemoriar tu recuerdo.

agosto 29, 2007

Regreso

Un día desperté y decidí perderme. Saltar sobre las nubes mientras contemplaba los revoltosos recuerdos posados en mis manos. Sin querer se me enredo el reloj en los cabellos y una lágrima se escapo de la memoria.

Íntimamente acompañada de sueños. De esos sueños con olor a canela que me secuestran de vez en cuando. Sin palabras y sin voz. Absorta ante la inverosímil realidad de mis días.

Silencie mis preguntas. Quizás, pensé, no hay respuestas en este Macondo tan poco mágico. De todas maneras mi cuestionario es muy extenso y esta vida, estoy segura, no me alcanzara para responderme.

Por eso quise cerrar los ojos. Anestesiar las horas. Pero no pude. Abrí los ojos y sacudí los pies. Reclame la presencia de las palabras, las únicas capaces de rescatarme, de hacerme realmente mágica.

Y regrese.

agosto 17, 2007

La búsqueda

Se me extravió. La busque insistentemente en estas últimas semanas. Revise en el closet de las ilusiones mañaneras, en las gavetas donde reposan las palabras imprescindibles, esas que sirven de puente y de testamento, y en los suspiros de las pisadas... pero no la hallé.

Pregunté por su paradero a la mariposa que duerme sobre la almohada, al periódico de ayer que lloraba su olvido, al tiempo derretido sobre la mesa, a las ausencias colgadas en la pared, a la nostalgia del atardecer y al silencio de la noche…pero no sabían donde estaba.

Esta mañana, luego de despedir el letargo de mis manos, mire el espejo…y la encontré.

junio 24, 2007

Confesiones

Después de tantos pasos llegue aquí. Metamorfoseada, irreverente y apasionada, transgredí mis fronteras y, mortalmente humana, remendé mis vestidos con el canto de la luna que, tierna y solitaria, acuna el delirio de las horas que se me escapan.

Rotos los castillos, solté las amarras y bese al viento que desnudaba las cicatrices de mis manos. Exorcice las pesadillas y convoque al mar y a las estrellas. Descolgué los colores y las sombras…calle.

Entonces, pasee por la frontera de las profecías clavadas en el cielo, llena de nuevos amaneceres. Tome los puntos suspensivos de mi voz más secreta y dibuje nuevas pisadas.

Rebelde ante el ayer y el destino, desate los fantasmas y reinvente el paisaje. Atrape el eterno instante que se me regalaba, intenso y breve, y salí, menos ajena, a sembrar luces, a bailar con las hadas y a despertar las lágrimas que duermen en el mar.

marzo 08, 2007

Mujer


Guerrilleras de la cotidianidad, armadas de dulces terquedades para sobrevivir a sorbos de sonrisas y lágrimas. Compositoras de esa melodía que permite al mundo sostenerse en su eje.

Costureras de las heridas de la historia. La sombra, cada vez más luminosa, de los aplausos de los siglos. Indispensables en las derrotas, necesarias en los triunfos. Silenciosamente audibles en el eterno suspiro de los días y en el insomnio de las noches.

Mitad y complemento. Santas y pecadoras. Libres y esclavas. Hechas y deshechas. Pero, ante todo, hacedoras de la magia que sostiene la verosimilitud de los sueños.



*La fotografía corresponde a una escultura hecha por Miguel Mella y forma parte de la Plaza Taina (Jarabacoa, provincia La Vega). Foto: Argénida Romero.

diciembre 14, 2006

Feliz Navidad


Un gordo camuflado con barba blanca y un insistente jo jo jo es el protagonista. Luces de colores decoran las casas y las calles, en la medida que las distribuidoras de electricidad lo permiten. El sueldo trece o el doble, como prefiera llamarlo, fue noticia durante dos semanas. Los comerciantes se quejan a pesar de que las tiendas están repletas.

En esta época el rojo se pone de moda. Inevitable. La nostalgia hace fiesta en las soledades disfrazadas de aguinaldos. Suenan las campanas, las imaginarias, invitándonos a sentir el espíritu navideño a través de las tarjetas de crédito o de los doblados billetes.

Llega el día. Es la víspera de un nacimiento. La mesa se engalana. Pavos unos, pollos otros, “lechón” unos pocos, algunos nada. La caótica combinación de los merengues, las bachatas y las salsas nos hacen sentirnos en ambiente. El ron, el vino, la sidra y la cerveza no faltan.

Es Navidad. ¿Al niño del pesebre quién lo recuerda?

noviembre 16, 2006

Volver

Al llegar, luego de dos horas de retraso, camine ansiosa hacía la salida del aeropuerto y afuera pude enfrentar mis recuerdos con la realidad que se desvelaba, poco a poco, ante mis ojos.

Cientos de luces, como estrellas caídas del cielo, alumbraban Caracas desde las faldas de las montañas que la rodean. Respire y sonreí. El calor de la costa de Maiquetía me desperezaba, mientras un olor distinto invadía mi memoria.

Camino a casa (es difícil sentirla de esa manera) fui descubriendo otra ciudad distinta a las imágenes que celosamente guarde por más de 16 años. La mirada se me perdía en la inmensidad del paisaje, mientras recordaba mi otra mirada; la de mi niñez. Y mis lágrimas antiguas regresaron, silenciosas y tiernas, y me regalaron una canción nueva, mientras los duendes de mis fantasías se despedían, sin contratiempos, de mis manos.

Y todo era palpable, intensamente palpable. Los edificios altos, el latir continuo de la gente en la calles, el olor renovado, mi barrio…y de la casa que, imperturbable, había esperado el aliento de mis pisadas por tantos años. Extraña, si, pero indudablemente la misma que cobijo mis añoranzas de infancia.

Al recorrer sus rincones fui despidiendo las imágenes, que encerradas, habían aguardado mi regreso. Entonces todo estuvo vacío y pude besar a la abuela que, con ojos tristes, no reconocía a la joven que la saludaba y ver al tío, cuyo rostro el tiempo había cambiado.

Luego, presurosa, fui hasta mi habitación y abrí la ventana. Allí, delante del muro que me había arrebatado el paisaje, pude hacer las paces con mis recuerdos y dejarlos ir.

mayo 23, 2006

Alas en el corazón


A un caminante amigo

A veces los pasos se nos marchitan. Cansados de los límites, de las preguntas, de los acertijos…se nos acorta la vista y el lienzo de nuestros horizontes se diluye entre las horas que martillan el camino.

Tocamos la noche sin estrellas y se nos muere la poesía, lentamente, mientras cerramos el alma. Nos detenemos, nos entretenemos en las vitrinas, en las cosas que no son y nos llenamos de vaciedad.

Pero hay algo que nos sobrevive, que continua a pesar nuestro. Y cuando lo encontramos, volvemos a tomar los pinceles para pintar el horizonte, colocamos las estrellas en la noche y encontramos nuestros versos…y los del otros.

Entonces emprendemos nuevamente el camino, ya no con los pies, sino con las alas que nos nacen en el corazón.