febrero 19, 2023

19 de febrero

 Lo que piensas cuando notas que la puerta tiembla.

"Morir porque la tierra me trague, no es una linda manera de morir. ¿Hay una manera linda de morir? No, no hay lindas maneras de morir".

La puerta deja de temblar. Desde el fondo él me pregunta: "¿Tembló?

Respondo, extrañamente emocionada: "Sí, tembló".

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Oki Doki.

Digo Oki Doki.

Y digo Oki Doki para no decir mierda.

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Cuando tenía 16 años estaba enamorada, como lo estuve a los 14 años, y como lo estuve a los 18. 

Enamorada de distintos que eran iguales. De chicos de mi edad que querían explorar. Yo era exploradora, con límites. Ellos intentaba cruzarlos. 

Era un juego divertido. Lo más peligroso. 

Vivía eternamente enamorada de ese peligro, y del drama de ese peligro. Enamorada del drama de la falsedad romántica de ese peligro.

Adolescente dramática romántica, jugando con el límite del peligro.

"Siempre vivías sufriendo y llorando por uno. ¡Cuánto sufrías!", me dice mi amiga de casi toda la vida, veinticuatro años después, bebiendo cervezas, pasando cuentas de esos temidos peligros románticos de exploradoras, entre risas.

Exploramos y cruzamos en algún momento, y entre risas, reconocemos que nos salvamos de algo.

 

enero 29, 2023

29 de enero

La parada de autobús en la avenida. Cuarenta y cinco minutos de hormigas caminando entre tus pies, viendo el azul iluminado del paraguas, escuchando la canción que gritabas a todo pulmón cuando tenías ocho años en compañía de tu hermano sin saber el bello pozo de desesperación que evocaba con sus letras. Los niños no entienden de metáforas, menos cuando son felices. La parada de autobús en medio del páramo del subdesarrollo habitacional, mirando de reojo, dando vueltas a la mirada, de mi espalda al frente que se convierte en espalda, agarrando fuerte el cinto de la pequeña cartera, con la llave en las manos. Si me roban no me quedaré sin llaves, si me roban nadie tendrá las llaves. La parada de autobús y las limitadas posibilidades de escape, repasando la estrategia del matorral, de salir corriendo, de tirar las llaves, de la suerte que no este armado, y si lo está que no dispare.

La parada de autobús en el que llega un autobús, y subes y dices buenas tardes y respiras. 


enero 15, 2023

15 de enero

El terreno de la creación es siempre inhóspito. No sé de qué hablan cuando hablan de inspiración. Escribir es patear, romper, rasgar y gritar. El agotamiento, después de hacer todo eso, es lo hermoso. 

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Abrir espacios, a codazos. Deseo que sea su deseo tocar el piano. Lo admiro, nunca tuve oídos para la música. Él, sin embargo, copia lo que escucha en las teclas, sino otra instrucción que una especie de talento que creció en él mientras habitaba mi vientre. Pero esto, de desear y admirar, es un tejido que nos une. Mi madre alguna vez me dijo que no entendía de quien heredé mi impulso de escritura. "Nadie es escritor en esta familia", me comentó de forma descuidada. Supongo que alguna vez se ha preguntado en qué momento de esos nueve meses (más o menos) en el que estuve dentro de ella me surgió ese impulso. ¿Me admira?

No sé si el oído para la música y el impulso para escribir tenga el mismo origen. Quizás sean polos opuestos, eso que que se repele para que lo familiar no nos desteja. 

enero 05, 2023

5 de enero

El impulso de los primeros días de un año es una quimera, y hablo en el sentido mitológico de la palabra. Ese animal te empuja sin que quieras ser empujada, te susurra utopías, te ilusiona. Es el primer amor de enero para casi todos, y como los primeros amores, es breve y bravo, y te deja esa sensación de que nada podrá recuperarse. Pero esa sensación es parte de su absurdo. 

enero 03, 2023

3 de enero

 Mi madre dos veces cumple 91 años hoy. Aún me recuerda lo llorona que era cerca de mis dos años, cuando me trajeron por primera vez a República Dominicana y ella me cuidó junto a mis tías hasta que regresé un año después a los brazos de mi madre.

Aún me recuerda con mi dedo en la boca, apegada a ella, lo mucho que conversábamos en las mañanas cuando vivíamos juntas, el asombro cuando me descubrió escritora (le he dicho que fue un talento que me alimentó con sus relatos), de cuando se daba cuenta que iban a casa "medio enamoraó" de mí.

Hay una Argénida que solo conoce ella, una Argénida hecha de su mirada, de su cariño y de sus brazos.

Hoy me recibió con una gran sonrisa, feliz. Y nos llenamos de besos, de miradas y abrazos. "Están bellas las flores", me dijo. Sus flores de vida, como cada año. Quisiera devolver el jardín que una vez tuvo, y esa es una manera de regalárselo de a poquito.

Puedo decir más, pero por hoy, feliz cumpleaños, mi mamá. Gracias a la vida por tu vida.