julio 23, 2007

Las horas del fantasma


Las sombras de mis palabras muertas deambulan esta noche. Espantos de ayeres descansan en mi almohada. Horas de pactar con la soledad, exorcismo de sonámbulos colores.

Vacía de caricias, espero al fantasma de mis lágrimas, siempre puntual a la cita. Me regala fríos besos con sabor a calles marchitas, a pasos cansados…y me mira, y me desnuda. Frágil ante sus manos, vulnerable al susurro de su silencio, desfallezco.

El recuerdo de un atardecer se resbala por mi espalda. Cierro los ojos. Grito, por dentro. Callo, por fuera. Reinvención de la nada que descansa en mis pies. De nuevo, el camino.

junio 24, 2007

Confesiones

Después de tantos pasos llegue aquí. Metamorfoseada, irreverente y apasionada, transgredí mis fronteras y, mortalmente humana, remendé mis vestidos con el canto de la luna que, tierna y solitaria, acuna el delirio de las horas que se me escapan.

Rotos los castillos, solté las amarras y bese al viento que desnudaba las cicatrices de mis manos. Exorcice las pesadillas y convoque al mar y a las estrellas. Descolgué los colores y las sombras…calle.

Entonces, pasee por la frontera de las profecías clavadas en el cielo, llena de nuevos amaneceres. Tome los puntos suspensivos de mi voz más secreta y dibuje nuevas pisadas.

Rebelde ante el ayer y el destino, desate los fantasmas y reinvente el paisaje. Atrape el eterno instante que se me regalaba, intenso y breve, y salí, menos ajena, a sembrar luces, a bailar con las hadas y a despertar las lágrimas que duermen en el mar.

mayo 23, 2007

Dolfi


Los ominosos anuncios de sus pesadillas se cumplieron una tarde de mariposas ausentes, cuando el reeditado murmullo del pasado se hizo un violento grito que le arrebató las alas y las sonrisas.

Su verdugo condenó sus caricias al silencio y robó las formas que, desde sus primeros sueños, dibujo en el vaivén de las penas y las alegrías que bailaban en el boceto de sus pasos.

Desde ese momento Dolfi camina despacio, con la pesada carga del abismo que se habré en su pecho e invade de tristeza el futuro que llueve en sus ojos; mientras sus canciones duermen, dolorosamente heridas, en su garganta.

Le anuncian que la justicia ha llegado, como siempre retardada. Su verdugo, victimario y victima de estos tiempos de sombras, guardará su rabia tras las rejas y el olvido. Pero a ti, Dolfi, ¿a ti quien te devolverá las alas?





El 25 de noviembre del 2005, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, el ex compañero de Dolfi González la agrede con un machete, cortando sus dos manos y hiriéndola en la cabeza. Dieciocho meses después, su agresor es condenado a 30 años de prisión. A pesar de que sus manos le fueron reimplantadas Dolfi, de 19 años, no podrá volver a usarlas jamás, debido a los daños permanentes sufridos por la severidad de las heridas.

mayo 22, 2007

Extrañarte

Es sentirte tan levemente cerca como para tocar la comisura de tu aliento en mis labios y aferrarme, taciturna y encantada, a la mortal ausencia de tu silueta.

Es contar el tiempo de un fin sin un comienzo, donde se derrite el ruido de las calles y el fantasma de tus pasos roba lágrimas al camino.

Es tocar el suspiro que dejaste olvidado junto a los puntos suspensivos de tus promesas y que ahora agoniza junto a mi cama.

Es saber que te vuelves dolorosamente ajeno al color que ronda el horizonte y que se cuela, puntual y silencioso, por la ventana.

Es despedirme poco a poco de tu voz….para tratar de volverte silencio.

abril 23, 2007

Memorias

"El recuerdo es una manera de encuentro", Gibrán Jalil Gibrán

Siempre regresan despacio, ruidosas y persistentes como la gota que canta al olvido las noches de lluvia llena. Y el aliento de las calles se llena de colores con olor a trinchera, con sabor de guerras pasadas.

Entonces, te atrapa la melodía que dejaste colgada en un abrazo, dos mil quinientos cincuenta y cinco días atrás, y te quedas a merced del tintineo azulado de su aroma. Abres el alma, recién nacida, y se te escapan las luciérganas lunares que una vez, hace una eternidad de amaneceres, robaste al sueño de una promesa.

Desarmada, mortalmente ajena al leve presente que duerme en tu regazo, deletreas las palabras que cuelga de la pared, esas que no han huido a pesar de los conjuros sembrados en los miles de atardeceres estériles de voces y alas.

Llegan y se posan en el florero vacío, ansioso de flores lejanas; en las hojas sobre la mesa, signos del silencio; en el ruido ajeno, preñado de voces extrañas; en el ritmo lento del reloj, dueño de los duendes y las hadas.

Dulcemente mortales, transgreden los límites de la quietud y secuestran el libreto de las escenas repasadas. Ahora, eres tú con tus memorias, colgadas al viento sin luces ni máscaras.