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mayo 20, 2018

¿Reclamo moral a la literatura?

En estas últimas semanas se ha "batido" mucho la situación del escritor Junot Díaz luego de las acusaciones de inconducta sexual. Pero en este post no quiero tratar el caso específico de Díaz, sino otro asunto que lo sobrepasa: el reclamo moral a la literatura.

Me explico.

Toda historia publicada en un libro, poemas, ensayos...grandes obras de ayer y de hoy han sido escritas por hombres y mujeres que más allá de su obra literaria tienen una vida, y una que puede chocar con la moral de mucho de nosotros, en algunos casos incluye violaciones a la ley, crímenes y acciones que podemos considerar malvadas y asqueantes.

Si el autor o autora de una gran obra es a la vez una persona que ha cometido un crimen, o hecho daño a terceros, o tiene comportamientos y acciones que riñen con tu moral... ¿Lo dejarías de leer?

La pregunta la hice en dos de las redes sociales que más utilizo: Facebook y Twitter. Por una semana mis contactos contestaron la cuestión, y el asunto trajo resultados interesantes.


El caso de Facebook, 71 contactos votaron. Las personas que tengo relacionadas en Facebook suelen ser personas que les interesa la literatura, que leen y que están relacionados con el mundo literario (escritores y editores). Es obvio que a muchos, un 83%, no les interesa que la obra haya sido escrita por un criminal, si les gusta, la leen. 

En los comentarios a esta publicación de Facebook daban razones. Los que apoyaban a ese 83% expresaron que la obra debe ser independiente del autor, sostenerse por sí misma, por lo que no importa que tan criminal sea su autor. Otros mostraron dudas, de no tener el asunto totalmente resuelto y de que al comprar obras de un autor con crímenes a cuestas sería como darle aprobación, apoyarlo. 

En Twitter la votación fue más alta (145 votos) y con opiniones diversas, y también con un porcentaje mayor para el "no".



Entre las respuestas al tuit de la encuesta que apoyaba el voto mayoritario (66% al "sí") se expresaron razones parecidas a las que me compartieron en Facebook, mientras que el voto al "no" (34%) eran apoyados con mensajes más contundentes que el "no" en Facebook.

Les comparto algunos que me llamaron la atención relacionados con el voto del "sí".










En tanto, otros si expresaron sus reservas en leer o comprar libros que estén escritos por personas señaladas por crímenes.










De manera particular me inclino por asumir una obra independientemente de los crímenes de su autor o autora. La discusión, me parece, que no es ni nueva ni es tan tajante la manera de llegar a una conclusión. Depende del criterio de cada uno. ¿Me ofendería que alguien se negara a leer "Alicia en el país de las maravillas" porque su autor, Lewis Carroll, tiene una estela de sospechas de haber sido un pedófilo? No, no me alarmaría por ello, aunque lamentaría que se perdiera la experiencia.

¿Ustedes que harían?

mayo 10, 2018

Los cambios de ministros... ¿Y la Cultura?

Me he puesto a repasar publicaciones en Facebook de hace dos años atrás hasta la actualidad sobre el Ministerio de Cultura.

Gente que celebró, igual que ahora con Pedro Vergés, la destitución de José Antonio Rodríguez. De como Andrés L. Mateo, que escuché hoy "acabar" con Vergés y Cayo Claudio Espinal, recordaba su diatriba con el hasta ayer ministro de Cultura y autor de la famosa novela (la recomiendo) "Sólo cenizas hallarás".

Muy interesante leer a los que defendían a Rodríguez, a los que denostaban a Vergés y ahora celebran la salida de Vergés. Pero más interesante es leer a los que denostaron Rodríguez y celebraron a Vergés y hoy... hacen mutis o expresan "esperanza" con la gestión de Eduardo Selman.

Recuerdo que a alguien le dije, que me llamó para contarme interioridades de la administración de Vergés y en cierta manera parece que también influenciar en mi punto de vista como periodista, que me sorprendía que no fuera tan expresivo con las patas cojas de la administración de José Antonio Rodríguez. Porque el problema no era el supuesto mal manejo que me señalaba, de los cuáles les mencioné -en contrapartida- acciones parecidas que supuestamente hizo el anterior, sino que con el anterior parece que se sintió beneficiado y con el que fue hasta ayer... no.

En medio de todo esto, por quien doblan las campanas es por una política cultural casi inexistente, del personalismo con que muchos asumen y juzgan la gestión de un ministro frente a otro, del amiguismo y el frenesí de hacer relaciones públicas cuando no se es relacionador público por mantener un empleo o la ayuda o el apoyo (porque parece que no es la labor en un puesto, por más básico que sea, lo que muestra el desempeño y la capacidad).

Y, bueno, no puedo dejar fuera la obsesión de Acento con Pedro Vergés, con el mismo tono que también abordan la Academia Dominicana de la Lengua. Y una obsesión que nada tiene que ver con periodismo y que parece no fue necesaria cuando estaba José Antonio Rodríguez en el puesto. De esto, ese medio hizo su cierre final ayer, cuando la nota sobre el decreto que nombraba a los nuevos ministros era encabezado por... la salida de Vergés de Cultura.


mayo 03, 2018

Feria del Libro: sus piedras de levante y tropiezo

Foto de el último viernes de la Feria del Libro, a eso de las 3:00 de la tarde. 


Hablar y escribir sobre la Feria Internacional del Libro Santo Domingo es andar un camino minado. Está el que no quiere que nada se le critique y sólo se hable "de lo bueno", también los que entienden que todo el evento es descartable y lo define de "feria de matatiempos y pizzas".

Me arriesgaré a las minas, situada en el medio de estos dos extremos.

Hemos tenido 21 ediciones hasta esta recién finalizada Feria Internacional del Libro. En ellas se ha conjugado una suerte de maravillas y pesadillas. Desde la presencia de escritores de renombre, incluyendo algunos Nobel de literatura, hasta la ocurrencia de tener a El Vaticano como país invitado o un pabellón de astrología.

A pesar de sus deficiencias, que me consta son dadas producto de una falta de organización interna que a veces se hace muy evidente y de ciertas visiones cortoplacistas, creo que es un espacio que hay que mantener, aunque hay no solo que repensarlo, sino también repensar el sentido y espacio social y económico del libro en República Dominicana.

Las distintas administraciones en el Ministerio de Cultura, entidad encargada de su organización, han dado distintos toques a la Feria Internacional del Libro, con sus aciertos y fallos. No obstante, entiendo que es esta última administración, encabezada por Pedro Vergés desde agosto de 2016, la que ha querido marca con demasiad iantensidad un cambio de aspecto de la Feria del Libro, y creo que en esta meta ha tenido pocos logros.

Las piedras... de levante

Imagen de la Feria del Libro, en su último sábado, antes del mediodía.
Desde mi punto de vista, el cambio positivo en la organización de la Feria del Libro en manos de Vergés se ha limitado al aspecto externo, a lo que se puede mostrar a simple vista. Y en esto tiene un gran logro: desarrabilizar la Feria.

Desde que se realizara en la instalaciones del antiguo Zoológico, actualmente Parque Iberoamérica y donde se encuentra el Conservatorio de Música, la Feria del Libro ha sido una actividad de masas, pero con un criterio desordenado que se traspasó al ser mudada en 2005, con la llegada de José Rafael Lantigua al Ministerio de Cultura, a la Plaza de la Cultura.

Todo tipo de vendedores en las aceras, varios puntos de compra de alimentos, un sin fin de expresiones artísticas, algunas muy ajenas al tema del libro como la artesanía, y hasta se llegó al colmo de colocar tarimas de canales de televisión que transmitían sus programas en vivo desde allí. Hubo años que el escándalo y el desorden eran tales que uno se quería ir corriendo del lugar.

Esta situación se aplacó un poco los años siguientes, pero fue con la llegada de Vergés en 2016 cuando hubo un cambio transcendental en este sentido, convirtiendo el espacio en un lugar menos bulloso, más amigable para caminar y observar los pabellones y los stands.

Punto importante en este año fue no ver esos pabellones exagerados, ostentosos, aunque el del Tribunal Constitucional se veía de lejos así (no entré). Igual los espacios dedicados a los niños y adolescentes eran muy buenos y con actividades varias y ricas. También el material estudiantil e infantil era abundante y a buenos precios.

Sin embargo, el tema de desmasificar el entorno de la Feria del Libro ha sido llevada al extremo de vaciarla de contenido. Está bien, muy bien, que no coloquen tarimas de canales de televisión con bailarinas y música a todo volumen, pero está mal, muy mal, que no exista teatro de calle ni expresiones artísticas fuera del Teatro Nacional como conciertos en horas nocturnas o la presencia de las estatuas vivientes (punto a favor fueron las presentaciones dentro del Teatro Nacional)

Y aquí vamos a los tropiezos...

Las piedras... de tropiezo

Especiales de libros en el stand de la aún Librería La Trinitaria.
Como señalé anteriormente, este versión que recién finalizó, el pasado 30 de abril, era muy organizada externamente pero pobre en contenido. Y con esto no digo que no fueran interesantes ni importantes los paneles, conversatorios y presentaciones hechas durante la actividad, sino que quitaron todo lucimiento artístico deseable y posible dentro de ese espacio ordenado.

Sin obstáculos en las aceras externas a la Plaza de la Cultura, sin artesanía, sin molestosos parlantes y sin tarimas y "conchocientos" puestos de comida, entrar a la Plaza de la Cultura es una delicia. Pero te espanta la ausencia del Espacio Joven, un pabellón con una identidad marcada en la Feria y con un público que cada año lo buscaba. Esta año su contenido fue llevado a un auditorio de un museo... un espacio demasiado formal y acartonado para un público juvenil.

También hizo falta el Bar Café que era un sitio de relajación, de conversación con el café, para escuchar una presentación musical. A cambio, se utilizó el bar de Teatro Nacional, un espacio pequeño, que no podía tener el encanto del al aire libre. Peor, establecieron allí presentaciones de conversatorios y lecturas que se perdían entre la bulla del hielo picándose, las voces de pedido a los camareros y la charla de los que iban allí a tomarse un café o un trago. Luego observé, en una de mis pocas visitas, que extendieron desde la puerta de entrada del bar una lona auspiciada por una marca de café con varias sillas y mesas...que quedó horrible.

También tuve la sensación de ver menos editoriales que en otros años. Digo que sensación porque no pude caminar en toda la Feria. Alfaguara no estuvo. Stand de librerías como Mundo Libro estaban en lugares menos visibles y algunas fueron colocadas en sitios diferentes al de años anteriores, por lo que se pensaba que no estaban o la gente acostumbradas a visitarlas no podían localizarlas.

Además, la ausencia por segundo año del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, que se otorgaba desde el 2013, y de promoción de los escritores invitados (fui a una rueda de prensa en que llegaron dos escritores guatemaltecos y nadie se molestó en presentarlos a los periodistas allí presentes) quitaron ancla a la Feria del Libro.

Y lo peor: convertir la Feria en un marco referente para presentar "la marca país gastronómica". Fue el asunto más descabellado y divorciado de un evento como la Feria del Libro. ¿Chefs en un pabellón que vendía almuerzos a 500 pesos y cenas a 1,300 pesos? Algo que a mi juicio desvirtuó el sentido de la Feria.

¿Recomendaciones?

Dirán, quizás, que recomendar algo es una perdida de tiempo. En mi caso podría enlistar varios asuntos, pero supongo que lo importante no está precisamente en hacer una Feria del Libro, que repito creo que es un espacio que hay que preservar, sino en plantearse un tema más amplio: ¿Qué pasa con el libro en República Dominicana?

Y no hablo del objeto en sí, aunque no se puede obviar, sino en todo lo que rodea su producción y distribución, su arraigo en una sociedad como la nuestra, en una ciudad como Santo Domingo en la que las librerías son casi un "animal extinto" y la librería que tenía el Ministerio de Cultura fue cerrada hace meses sin mayores explicaciones.

¿Hay que plantearse una política del libro? ¿Es eso correcto o es un tema de mercado? ¿No hay librerías porque leemos poco o por otra razón? ¿Para qué celebrar una Feria Internacional del Libro cuando los espacios del libro escasean o desaparecen en República Dominicana? ¿Qué debemos hacer o plantearle a las autoridades u observar en el mercado de libro? ¿Es un síntoma de los tiempos, como dicen?

Me dijo un escritor que entrevisté en la Feria del Libro que recién finalizó que el texto impreso ha ganado la batalla sobre el digital o ebook, que la gente siempre va a preferir abrir un libro, de papel, tocarlo, leerlo. ¿Será? Y si es así, ¿qué podemos hacer para extender y mantener esa experiencia del libro entre nosotros?

¿Qué piensan ustedes?